Querido José Luis:
Aunque sea un poco tarde, te mando la Homilía. Para ustedes está amaneciendo. Pero nosotros nos vamos a dormir ahora. Que Dios te bendiga.Que el encuentro con Cristo, el Hijo de Dios vivo, nos ayude a vivir libres de las ataduras del mal. Feliz domingo.
Aunque sea un poco tarde, te mando la Homilía. Para ustedes está amaneciendo. Pero nosotros nos vamos a dormir ahora. Que Dios te bendiga.Que el encuentro con Cristo, el Hijo de Dios vivo, nos ayude a vivir libres de las ataduras del mal. Feliz domingo.
Monseñor Colominas.
Homilía del IV domingo durante el año (Ciclo B)
1. Hay muchas personas que desearían encontrarse cara a cara con Dios y escuchar su voz. El deseo es muy bueno. Pero, en realidad, encontrarse cara a cara con Dios y escuchar su voz no es algo tan fácil y agradable.
2. ¿Por qué? ¿Acaso Dios no es amor? ¿Acaso no es nuestro Padre? ¿Acaso no es Él la fuente de todo bien? Cierto. Dios es el ser más bueno y misericordioso. Pero Dios nos sobrepasa de una manera total y absoluta en todo sentido. El encuentro con Dios es algo que nos estremece porque nosotros somos pequeños, débiles y pecadores.
3. No se trata de que Dios, por sí mismo, nos cause temor o nos infunda miedo. Se trata más bien de que el encuentro con Dios nos hace más conscientes de nuestra realidad, de nuestra miseria y de nuestra nada. Al encontrarnos con Él nos hacemos conscientes de que no somos lo que deberíamos ser.
4. Esta fue la experiencia que vivió el Pueblo de Israel cuando estaba reunido al pie del monte Horeb y Dios se manifestó ante ellos en medio del fuego, de los truenos, del sonido de las trompetas y de una densa nube. El pueblo temblaba de miedo y se mantenía a distancia mientras Dios les hablaba y les daba los mandamientos.
5. Por eso fue que llenos de temor le dijeron a Moisés: ‘No queremos volver a oír la voz del Señor nuestro Dios, ni volver a ver otra vez ese gran fuego; pues no queremos morir’.
6. Dios, que es nuestro Padre y creador comprendió perfectamente el miedo que sentía el Pueblo. Por eso le dijo a Moisés: ‘Está bien lo que han dicho. Por eso, Yo haré surgir en medio de sus hermanos un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que yo le mande’.
7. Dios, a lo largo de los siglos, fue suscitando grandes profetas en medio de su pueblo para hablar en su nombre al corazón de su pueblo. Pero aquella antigua promesa se cumplió de un modo pleno y total en su propio Hijo, a quien Dios envió «al llegar la plenitud de los tiempos».
8. Es el Hijo único del Padre, nacido de Mujer, un profeta “como Moisés”. Jesús no hizo más que hablar en nombre de su Padre: «Las palabras que les digo, no las digo por mi cuenta… la palabra que escuchan no es mía, sino del Padre que me ha enviado»
9. Esto es lo que nos quiere enseñar hoy el Evangelio que hemos escuchado. Cristo es la Palabra hecha carne y en Él Dios quiso manifestarse a Sí mismo y darnos a conocer el misterio de su voluntad.
10. El Dios invisible, infinito y todopoderoso movido por el inmenso amor que nos tiene, por medio de su Hijo Único, nos habla como amigos, comparte nuestra vida, está en medio de nosotros para invitarnos y recibirnos en su compañía.
11. Solamente en Cristo y por medio de Él es como nosotros podemos conocer realmente a Dios. Cristo es la plenitud de toda la revelación, es decir, por Él Dios ha querido decirnos todo lo que necesitamos saber en orden a nuestra salvación y reconciliación con Dios.
12. A lo largo de la historia de la salvación Dios se fue dando a conocer poco a poco. Conforme vamos recorriendo todo el Antiguo Testamento podemos descubrir las diversas etapas por las cuales Dios se fue dando a conocer a la humanidad. Esta revelación que Dios hace de sí mismo llega a su plenitud cuando el Hijo de Dios se hace hombre y vive entre nosotros.
13. El Evangelio de este Domingo nos decía que Jesús, acompañado de sus primeros discípulos, llegó a Cafarnaúm y el sábado, fue a la sinagoga. Como buen Judío, tomó parte activa en la celebración y fue invitado para hacer una explicación de los textos que se habían leído.
14. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. La explicación de los textos divinos se hacía generalmente apoyándose en las enseñanzas de los rabinos más importantes. Jesús, en cambio, hablaba con autoridad.
15. De esta manera, sin decirlo, Jesús estaba haciendo realidad lo que el Padre le había prometido a Moisés cuando le dijo: ‘Yo haré surgir un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y Él dirá lo que yo le mande’.
16. En esta misma ocasión, en la Sinagoga de Cafarnaúm la autoridad de Jesús se manifiesta no solamente a través de sus enseñanzas. Su palabra tiene un poder nunca antes visto: por su palabra Cristo es capaz de sanar al hombre y curarlo de todas sus dolencias.
17. Por su palabra Cristo domina las fuerzas indomables de la naturaleza; por su palabra expulsa los espíritus inmundos y somete el poder del demonio; por su palabra Cristo tiene incluso poder sobre la misma muerte. Su palabra realiza maravillas con el poder que sólo puede provenir de Dios.
18. En la Sinagoga de Cafarnaúm, Jesús nos da a conocer que su autoridad es divina. Que Él es Dios con nosotros. Esta autoridad divina se manifiesta abiertamente a todos los que estaban presentes en la Sinagoga al curar a un hombre que tenía un espíritu inmundo.
19. Se trata de un endemoniado que, en medio de la asamblea, se pone a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». La pregunta de si ha «venido a acabar con nosotros». Se trata de una clara referencia a la lucha de Dios contra el poder del demonio.
20. El endemoniado también dice saber que Cristo es «el Santo de Dios». Lo califica así porque reconoce en Él al enviado de Dios para traer la victoria sobre “ellos”, es decir sobre los demonios. Pero Jesús le ordena: “Cállate y sal de él”». La razón de este silencio que Jesús le impone es la de no divulgar anticipadamente que Él es el Mesías.
21. Al ordenarle salir de él «el espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió». Al ver esto los asistentes quedan más asombrados aún.
22. El poder sobre el demonio es una prueba clara y patente de su poder y dominio absoluto sobre el reino del mal. Su manera de enseñar con autoridad no es sólo por la forma como enseña, sino porque «hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen».
23. Nosotros necesitamos de la Palabra de Dios. Solamente Dios es quien puede señalarnos el camino que hemos de seguir. No podemos ser cristianos a nuestra manera. El verdadero cristiano es aquel que hace vida la Palabra de Dios.
24. Para esto Dios nos habla constantemente y de muchas maneras. No lo hace con los signos portentosos que realizó en el Horeb. No lo hace tampoco en medio de gritos y de bulla. Nos habla en el silencio del corazón por medio de su Hijo y nos guía por medio de la gracia del Espíritu Santo.
25. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de saber escuchar su Palabra con fe, con humildad y con espíritu de obediencia. Que Él con su poder vaya destruyendo en nosotros el poder del demonio para que podamos vivir como hijos de Dios que somos.
Oración de los fieles
Sacerdote: Hermanos, oremos a Dios que nos permite escuchar su Palabra en su Iglesia, y, sabiendo que ella es nuestra fuerza, presentémosle nuestras necesidades.
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Sacerdote: Oh Dios, tu Palabra siempre es eficaz y salvadora, escucha nuestros ruegos y haz que ella se grabe en nuestros corazones y transforme nuestras vidas a semejanza de la tuya.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
1. Hay muchas personas que desearían encontrarse cara a cara con Dios y escuchar su voz. El deseo es muy bueno. Pero, en realidad, encontrarse cara a cara con Dios y escuchar su voz no es algo tan fácil y agradable.
2. ¿Por qué? ¿Acaso Dios no es amor? ¿Acaso no es nuestro Padre? ¿Acaso no es Él la fuente de todo bien? Cierto. Dios es el ser más bueno y misericordioso. Pero Dios nos sobrepasa de una manera total y absoluta en todo sentido. El encuentro con Dios es algo que nos estremece porque nosotros somos pequeños, débiles y pecadores.
3. No se trata de que Dios, por sí mismo, nos cause temor o nos infunda miedo. Se trata más bien de que el encuentro con Dios nos hace más conscientes de nuestra realidad, de nuestra miseria y de nuestra nada. Al encontrarnos con Él nos hacemos conscientes de que no somos lo que deberíamos ser.
4. Esta fue la experiencia que vivió el Pueblo de Israel cuando estaba reunido al pie del monte Horeb y Dios se manifestó ante ellos en medio del fuego, de los truenos, del sonido de las trompetas y de una densa nube. El pueblo temblaba de miedo y se mantenía a distancia mientras Dios les hablaba y les daba los mandamientos.
5. Por eso fue que llenos de temor le dijeron a Moisés: ‘No queremos volver a oír la voz del Señor nuestro Dios, ni volver a ver otra vez ese gran fuego; pues no queremos morir’.
6. Dios, que es nuestro Padre y creador comprendió perfectamente el miedo que sentía el Pueblo. Por eso le dijo a Moisés: ‘Está bien lo que han dicho. Por eso, Yo haré surgir en medio de sus hermanos un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que yo le mande’.
7. Dios, a lo largo de los siglos, fue suscitando grandes profetas en medio de su pueblo para hablar en su nombre al corazón de su pueblo. Pero aquella antigua promesa se cumplió de un modo pleno y total en su propio Hijo, a quien Dios envió «al llegar la plenitud de los tiempos».
8. Es el Hijo único del Padre, nacido de Mujer, un profeta “como Moisés”. Jesús no hizo más que hablar en nombre de su Padre: «Las palabras que les digo, no las digo por mi cuenta… la palabra que escuchan no es mía, sino del Padre que me ha enviado»
9. Esto es lo que nos quiere enseñar hoy el Evangelio que hemos escuchado. Cristo es la Palabra hecha carne y en Él Dios quiso manifestarse a Sí mismo y darnos a conocer el misterio de su voluntad.
10. El Dios invisible, infinito y todopoderoso movido por el inmenso amor que nos tiene, por medio de su Hijo Único, nos habla como amigos, comparte nuestra vida, está en medio de nosotros para invitarnos y recibirnos en su compañía.
11. Solamente en Cristo y por medio de Él es como nosotros podemos conocer realmente a Dios. Cristo es la plenitud de toda la revelación, es decir, por Él Dios ha querido decirnos todo lo que necesitamos saber en orden a nuestra salvación y reconciliación con Dios.
12. A lo largo de la historia de la salvación Dios se fue dando a conocer poco a poco. Conforme vamos recorriendo todo el Antiguo Testamento podemos descubrir las diversas etapas por las cuales Dios se fue dando a conocer a la humanidad. Esta revelación que Dios hace de sí mismo llega a su plenitud cuando el Hijo de Dios se hace hombre y vive entre nosotros.
13. El Evangelio de este Domingo nos decía que Jesús, acompañado de sus primeros discípulos, llegó a Cafarnaúm y el sábado, fue a la sinagoga. Como buen Judío, tomó parte activa en la celebración y fue invitado para hacer una explicación de los textos que se habían leído.
14. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. La explicación de los textos divinos se hacía generalmente apoyándose en las enseñanzas de los rabinos más importantes. Jesús, en cambio, hablaba con autoridad.
15. De esta manera, sin decirlo, Jesús estaba haciendo realidad lo que el Padre le había prometido a Moisés cuando le dijo: ‘Yo haré surgir un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y Él dirá lo que yo le mande’.
16. En esta misma ocasión, en la Sinagoga de Cafarnaúm la autoridad de Jesús se manifiesta no solamente a través de sus enseñanzas. Su palabra tiene un poder nunca antes visto: por su palabra Cristo es capaz de sanar al hombre y curarlo de todas sus dolencias.
17. Por su palabra Cristo domina las fuerzas indomables de la naturaleza; por su palabra expulsa los espíritus inmundos y somete el poder del demonio; por su palabra Cristo tiene incluso poder sobre la misma muerte. Su palabra realiza maravillas con el poder que sólo puede provenir de Dios.
18. En la Sinagoga de Cafarnaúm, Jesús nos da a conocer que su autoridad es divina. Que Él es Dios con nosotros. Esta autoridad divina se manifiesta abiertamente a todos los que estaban presentes en la Sinagoga al curar a un hombre que tenía un espíritu inmundo.
19. Se trata de un endemoniado que, en medio de la asamblea, se pone a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». La pregunta de si ha «venido a acabar con nosotros». Se trata de una clara referencia a la lucha de Dios contra el poder del demonio.
20. El endemoniado también dice saber que Cristo es «el Santo de Dios». Lo califica así porque reconoce en Él al enviado de Dios para traer la victoria sobre “ellos”, es decir sobre los demonios. Pero Jesús le ordena: “Cállate y sal de él”». La razón de este silencio que Jesús le impone es la de no divulgar anticipadamente que Él es el Mesías.
21. Al ordenarle salir de él «el espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió». Al ver esto los asistentes quedan más asombrados aún.
22. El poder sobre el demonio es una prueba clara y patente de su poder y dominio absoluto sobre el reino del mal. Su manera de enseñar con autoridad no es sólo por la forma como enseña, sino porque «hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen».
23. Nosotros necesitamos de la Palabra de Dios. Solamente Dios es quien puede señalarnos el camino que hemos de seguir. No podemos ser cristianos a nuestra manera. El verdadero cristiano es aquel que hace vida la Palabra de Dios.
24. Para esto Dios nos habla constantemente y de muchas maneras. No lo hace con los signos portentosos que realizó en el Horeb. No lo hace tampoco en medio de gritos y de bulla. Nos habla en el silencio del corazón por medio de su Hijo y nos guía por medio de la gracia del Espíritu Santo.
25. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de saber escuchar su Palabra con fe, con humildad y con espíritu de obediencia. Que Él con su poder vaya destruyendo en nosotros el poder del demonio para que podamos vivir como hijos de Dios que somos.
Oración de los fieles
Sacerdote: Hermanos, oremos a Dios que nos permite escuchar su Palabra en su Iglesia, y, sabiendo que ella es nuestra fuerza, presentémosle nuestras necesidades.
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Sacerdote: Oh Dios, tu Palabra siempre es eficaz y salvadora, escucha nuestros ruegos y haz que ella se grabe en nuestros corazones y transforme nuestras vidas a semejanza de la tuya.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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