Semillas de Dios.

sábado, 10 de agosto de 2013

AGOSTO 11.Homilía del XIX domingo durante el año (Ciclo C).Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

Que las preocupaciones y los afanes de este mundo no nos distraigan y nos alejen de lo que es más importante: la vida eterna.
 
Feliz Domingo.
 
MONSEÑOR COLOMINAS.
 
 
 
Homilía del XIX domingo durante el año (Ciclo C) 
  1. Muchas veces me han preguntado acerca de que si el tener ambiciones es algo malo. Es claro que la respuesta no puede ser un sí o un no. Porque todo depende de la clase de ambiciones que uno tenga. Porque hay ambiciones buenas y ambiciones malas. 
  2. Las ambiciones buenas son todas aquellas que nos llevan a ser mejores, a superarnos como personas y como hijos de Dios, a hacer el bien a los demás, a alcanzar metas altas en nuestra vida. Esta clase de ambiciones, no solamente no es mala, sino que ojalá que todos estuviéramos llenos de ellas. 
  3. Precisamente una de las razones por las que muchas personas no se superan en la vida es porque no tienen ambiciones. Son conformistas y nunca tratan de superarse. Se conforman con ser como son y no se esfuerzan por desarrollar los dones y cualidades que han recibido de Dios.  
  4. Esos dones que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros los hemos recibido para que los desarrollemos y, para que con ellos, podamos hacer mucho bien a los que nos rodean.  
  5. Acordémonos de la parábola de los talentos. No basta con conservar los talentos. Hay que trabajar con ellos para que produzcan fruto abundante. Para eso estamos en este mundo. 
  6. Ya nos hace ver el Evangelio que Dios nos va a pedir cuentas de lo que hemos hecho con los dones que nos dio. Pobres de aquellos que entierran los dones que recibieron de Dios y no tienen la ambición de superarse ni tratan de ser cada vez mejores. 
  7. Pero así como hay ambiciones buenas, también hay ambiciones malas. Estas son aquellas que no buscan hacernos mejores ni servir de mejor manera a nuestros hermanos. Buscan simplemente tener cada vez más cosas materiales, dinero, propiedades.  
 
  1. Las ambiciones malas son las que buscan el poder, el dominio sobre los demás. Son aquellas que son el fruto del capricho o del egoísmo. Las ambiciones malas son aquellas que nos encierran en nosotros mismos y nos llevan a olvidarnos de los demás o a verlos solamente como medios para satisfacer nuestros deseos. 
  2. Es necesario dejar a un lado estas malas ambiciones porque no nos llevan a construirnos ni como personas ni como hijos de Dios. Nos destruyen a nosotros mismos y hacen mucho daño a los demás. 
  3. Debemos, pues, fomentar las ambiciones buenas. Debemos tener altos ideales en nuestra vida. Lejos de nosotros el ser conformistas. Estamos llamados a reflejar a Dios en nuestra vida y esa debe ser una de las metas que, con la ayuda de Dios hemos de proponernos. 
  4. Hoy, en la lectura del Evangelio se nos invita a ser ambiciosos. Se nos invita ser ricos. Pero no ricos de cosas materiales que se pueden destruir, o se las pueden robar o se pueden perder. Se nos invita a acumular la riqueza de las buenas obras. 
  5. Hay algo que nosotros tenemos que tener muy claro y es que todos los bienes de la tierra solamente son medios que nos pueden servir para alcanzar las verdaderas riquezas. Son medios que pueden ayudarnos en muchos aspectos, pero que no hemos de convertirlos en la meta de nuestras luchas y de nuestros desvelos. 
  6. Nosotros estamos llamados a hacer el bien a todas las personas que nos rodean. Hemos de ser como Jesús, que pasó por este mundo haciendo el bien a todos, sin distinción. 
 
  1. Evidentemente, para hacer el bien, no necesitamos tener bienes materiales. Porque podemos hacer el bien con una palabra, con ponerle atención a la persona que quiere hablarnos, con dar un buen consejo o un buen ejemplo a quien lo necesita. 
  2. Pero, si tenemos bienes materiales, se nos presenta la ocasión de ayudar de otras muchas maneras a las personas que sufren precisamente por carecer de los medios necesarios para vivir de una manera digna. 
  3. Lo importante, si queremos hacer buenas obras, es tener los ojos y el corazón abiertos a las necesidades de los demás para compartir con ellos todo lo que el Señor nos ha dado a nosotros. De esta manera, utilizando bien los bienes materiales, nos estaremos haciendo un verdadero tesoro en el cielo. 
  4. Las personas que ambicionan los bienes materiales, necesitarían hacerse una pregunta: ¿Para qué quiero esos bienes? ¿Cuál es la meta que me propongo alcanzar al buscar los bienes materiales con tanto afán?  
  5. Si solamente buscamos tener, o presumir por encima de los demás, o si creemos que somos más importantes por los bienes materiales que poseemos, nos estaríamos engañando a nosotros mismos. No se nos olvide que todos los bienes materiales los vamos a dejar en el momento de nuestra muerte. Y ciertamente todos, sin excepción, vamos a morir. 
  1. Por lo mismo, tenemos que buscar y anhelar aquellos bienes que no vamos a perder jamás. Y esos bienes son las obras buenas que realizamos en nuestra vida. Esos son los bienes que nos van a acompañar por toda la eternidad. 
  2. Hoy, el Señor nos dice qué es lo que hemos de hacer para ser verdaderamente ricos delante de Él. Primeramente, hemos de aprovechar el tiempo que Dios nos regala. No hemos de dejarlo pasar en vano. El tiempo que perdemos jamás va a regresar a nosotros. 
  3. Cada instante de nuestra vida es una oportunidad que se nos presenta para hacer el bien. Es una oportunidad para desarrollar nuestras capacidades. Es una oportunidad para manifestar nuestro amor a Dios y a nuestro prójimo. 
 
  1. Hay muchas cosas que nosotros podemos hacer a favor de nuestro prójimo. Por ejemplo:  
  • Podemos compartir nuestros bienes con los necesitados, de acuerdo a nuestras posibilidades.  
  • Podemos apoyar el trabajo de todas aquellas personas que trabajan en la difusión de nuestra Fe ayudándolas no solo moralmente sino también con las ayudas materiales.  
  • Podemos hacer llegar la Palabra de Dios a todos aquellos que aún no lo conocen. 
  • Podemos colaborar activamente en las diversas tareas de nuestra comunidad parroquial.  
  • Podemos ayudar al sostenimiento de las diversas obras a favor de los niños minusválidos, de los ancianos, de los enfermos, de aquellas personas que necesitan reintegrarse a la comunidad. 
  1. La persona que quiera hacer buenas obras, lo único que necesita es abrir los ojos. Posiblemente, en nuestra misma casa o a nuestra misma puerta, haya personas que necesitan de nuestra ayuda y de nuestra caridad sincera. Muchas veces no hay que buscarlas, sino que incluso vienen a nosotros a pedirnos que las ayudemos. 
  2. No hemos de dejar pasar las oportunidades en las que es el mismo Jesús el que toca a nuestras puertas. En realidad, Dios no nos viene a pedir grandes cosas. A veces son cosas insignificantes, pero que si somos generosos, Él las sabe premiar con la vida eterna. Ese es el tesoro que hemos de ir acumulando. 
  3. Aquellas personas que saben hacer el bien, siempre viven felices porque su vida tiene sentido. Aunque tengan muchos bienes materiales, se sienten tranquilas porque saben que sus bienes no los han esclavizado y que con ellos han podido ayudar a otras muchas personas.  
  4. Dios nos pide que vayamos aprovechando cada instante de nuestra vida para hacer lo que tenemos que hacer, sin prisas pero poniendo en cada una de las cosas toda nuestra dedicación y nuestro esfuerzo. 
  5. Nos decía Jesús que en donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón. Si de verdad ponemos todo nuestro esfuerzo por ir acumulando este tesoro en el cielo, podemos decir con toda verdad que nuestro corazón ya está delante de Dios. Que se nos ha adelantado juntamente con las buenas obras. 
  6. Pero si toda nuestra ambición se queda solamente en el poseer las cosas de la tierra. Ahí, bajo todas esas cosas materiales, estará enterrado nuestro corazón,. Y qué difícil será desenterrarlo. Porque, si no hay una verdadera conversión, se quedará allí para siempre y se podrirá juntamente con todas esas riquezas. 
  7. Administremos bien nuestra vida. No nos confiemos. No sabemos cuánto tiempo nos queda. Hagamos el bien y vivamos felices. Que cuando el Señor venga a buscarnos nos encuentre haciendo el bien y cuidando a nuestros hermanos con amor y dedicación.  
  8. Que la fe nos sostenga, como sostuvo la Fe de tantas personas santas, que supieron aprovechar los bienes de la tierra para conseguir los bienes del cielo. 
  9.  Veamos nuestra vida bajo la luz de la eternidad. Esa luz será la que nos ayudará a orientarla y a aprovecharla de la mejor manera posible. No vamos a quedarnos para siempre en este mundo. Hay una vida eterna que tenemos que irla preparando desde ahora, en el tiempo. 
 
 
Oración de los fieles 
Sacerdote: Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, para que, acordándose de su promesa, escuche la oración de los que nos hemos reunido en su nombre. 
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Sacerdote: Escucha, Señor, nuestras oraciones y haz que los corazones de tus fieles se inflamen en la fe que impulsó a nuestro padre Abraham a vivir como extranjero en la tierra que le prometiste, y que esperando vigilantes el regreso de tu Hijo, podamos así ser acogidos por Cristo en el banquete eterno. Por Jesucristo Nuestro Señor.
AMEN
 
 

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