Semillas de Dios.

domingo, 11 de agosto de 2013

Agosto 11.Santa Clara de Asís,religiosa (1193-1253).Domingo de la 19ª semana durante el año. Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.

Domingo de la 19ª semana durante el año.

PRIMERA LECTURA
Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti
Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6-9
La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.

Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables,pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.

Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada:
 
 Que todos los santos serian solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

Palabra de Dios.
 
 
Salmo 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia,para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

SEGUNDA LECTURA
Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios
Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19
Hermanos:
La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.
Por su fe, son recordados los antiguos.
Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac: y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por fe, también Sara, cuando ya le habla pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos -como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.
Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.
Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.»
Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos.
Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.
Palabra de Dios.
 
 
EVANGELIO
Estad preparados
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 32-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien datos el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.
 
Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas.
 
Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Pedro le preguntó:
- «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió:
- «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así.
 
Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa:
 
"Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»
Palabra del Señor.
 
 
 
Santa Clara de Asís,religiosa (1193-1253)


 
Un 11 de agosto, el del año 1253, fue el verdadero dies natalis, cuando dejó este destierro para pasar a su verdadera casa. Estaban presentes, cuando Clara murió, los frailes franciscanos León, Ángel y Junípero, aquellos que de modo más genuino habían entendido y hecho vida el espíritu del Poverello.
 
Ese día quiso, en un primer momento, decir la misa del común de vírgenes –que no funeral de difuntos– el papa Inocencio IV, por el convencimiento personal que tenía de su llegada al Cielo.
No había preocupación en la casa del conde de Favarone por buscar marido para ninguna de sus hijas; había dinero y bienes abundantes para dotarlas de modo conveniente como sucedía en su tiempo.
 
Eran de buen ver sin que el buen Dios les hubiera negado a las hijas ninguna de las abundantes dotes de su hermosa madre, la bella Ortolana. Ya algún mozo de familia ilustre –e incluso otros algo más viejos– les habían lanzado los tejos.
Vivían allí los Favarone: En la patria pequeña del que años antes había sido tachado de loco, cuando vendió todos sus bienes para darlos a los pobres y decidió romper con los anhelos del mundo y sus criterios.
 
Ella, Clara Favarone, se había embelesado con la doctrina de Francisco que se comentaba por Asís y al que se acercó, primero con mucho recato, luego con firme decisión y siempre con tan grandísimo respeto que llegó a ser auténtica veneración.
 
Deseaba saber si era posible a la mujer vivir como ellos... se refería a los pocos que ya seguían al que practicaba de modo tan genuino y radical el Evangelio.
 
Había captado desde su feminidad y con intuición certera el espíritu de aquel predicador incomprendido y hasta despreciado por sus paisanos. Quería vivir bajo su dirección y consejo.
Cuajada la vocación, decide otra locura para los hombres a sus dieciocho años.
 
Se escapa de su casa y va a ver al hombre santo. En la iglesia de la Porciúncula, primero hay un solemne corte de pelo y después la imposición del velo, con promesa de obediencia a Francisco.
 
Provisionalmente entra en el convento benedictino de San Pablo de las Abadesas donde la acogerán las monjas y luego pasará a Sant´Angelo in Panzo.
Se forma, con toda lógica humana, una auténtica revolución en casa al notar su ausencia. La familia de Clara y los criados se movilizan en busca del paradero.
 
Localizada la joven, quieren obligarla a regresar a casa y luego estudiará la familia el asunto con tranquilidad; su padre, Favarone di Offreduccio, utiliza primero mimos, después razones y por último amenazas.
 
No le queda más remedio a Clara que meterse en la iglesia y, agarrada a un altar, se quita el velo para mostrar, sin la cabellera larga de otro tiempo, la cabeza rapada; es un signo evidente de que su decisión la tomó en serio y convencida.
 
Todos quedan perplejos, pero menos que cuando, a los pocos días, Inés, la otra hermana, se escapa también de casa para recorrer el mismo camino que Clara y con idéntica decisión.
 
 
Y vienen otras; se cuentan hasta diecisiete las que pasan a un nuevo convento que Francisco ha buscado para que puedan vivir sin testigos según la regla que él ha ido preparando para ellas.
 
Es San Damián, también en Asís, en una vivienda que había restaurado Francisco; y el modo de vivir el espíritu franciscano es muy parecido al de ellos.
 
En 1215 se aprobó la segunda Orden. Clara es la abadesa que por cuarenta y dos años gobernará a las «Damas Pobres».
 
Aquellos muros fueron testigos de amor intensísimo a Jesucristo en la Eucaristía, mantenido en la contemplación de Jesús-Niño en Belén y de Jesús en la Pasión, de incontables penitencias y de admirable paciencia alegre en las continuas enfermedades que padecía.
Las clarisas habían tomado de la mano para siempre a la hermana Pobreza y no querían soltarla.
 
Es su carisma. Vivirían solo de limosna –como mendigas– y ¡que fueran pequeñas!
 
La misma Clara se negaba a tomar donaciones que le ofrecieron y defendió la pobreza total y absoluta con uñas y dientes, con pasión, cuando un papa quiso mitigarla.
 
No cedió jamás a su espíritu por consejo o enseñanza de nadie.
 
Cuentan sus biógrafos que ni siquiera aceptó un pan si estaba entero, prefería el mendrugo sobrante.
 
Fue copia fiel del espíritu de Francisco, su maestro, haciendo una perfecta versión femenina de su pensamiento.
 
 
Por cierto, antes de morir san Francisco, viendo la veneración que le mostraba Clara, fue apartándose de sus monjas porque no quería ser un obstáculo entre ellas y Dios.
 
Se ve que la generosidad y el desprendimiento los refería no solo de las cosas, sino en sentido pleno.
¿Sabías que a Clara la canonizó, el 15 de agosto de 1255, su amigo y protector el papa Alejandro IV, solo a los dos años de su marcha al Cielo?
¿Sabías que también su propia madre pasó, cuando quedó viuda en el año 1226, a engrosar el número de monjas de su convento?
 
¿Y que su otra hermana, Beatriz, entró igualmente tres años más tarde?
¿Sabías que el primer convento de «Damas Pobres» se abrió en España en 1228?
 

 

 

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