Semillas de Dios.

sábado, 24 de agosto de 2013

Agosto 25.Homilía del XXI domingo durante el año (Ciclo C).Desde Guatemala, por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

 
 
Homilía del XXI domingo durante el año (Ciclo C) 
 
Vivamos de tal manera que estemos siempre preparados para estar para siempre con el Señor.
 
 Feliz domingo
 
MONSEÑOR COLOMINAS
 
 
  1. En el Evangelio que acabamos de escuchar se nos decía que a Jesús le hicieron una pregunta: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvarán?» Esta pregunta lleva dentro de sí misma otra cuestión igualmente importante: « ¿Yo seré de esos pocos que se salven? » 
  2. A lo largo de nuestra vida muchas veces hemos oído hablar de la salvación. Incluso, para muchos se ha convertido en una especie de obsesión el asunto de salvarse. En la propaganda de las sectas, constantemente nos están hablando de la salvación. Pero es necesario tener muy claro qué es lo que se entiende por «salvación». 
  3. En primer lugar, debemos tener muy claro que cuando hablamos de salvación no estamos hablando de algo puramente negativo: «de no irse al infierno». Para salvarse, en este sentido, bastaría con cumplir los mandamientos de la Ley de Dios. 
  4. Es la respuesta que Jesús le dio al joven rico: « Si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos.» En este sentido, salvarse  vendría a ser lo mismo que participar de la vida eterna. Para esto el Señor no nos está pidiendo cosas especiales. Nos pide simplemente que cumplamos los mandamientos de la ley de Dios. 
  5. Podemos decir que la salvación tiene mucho que ver con la victoria, la vida y la paz. La verdadera salvación consiste en el triunfo en contra del mal y de la muerte. La  salvación nos lleva a vivir la vida en plenitud. La salvación nos lleva a encontrar la paz que necesitamos. 
  6. A Jesús, en el Evangelio de hoy, le preguntan si son muchos o pocos los que se salvan. Pero Jesús no responde a esta pegunta, porque se trata de una simple curiosidad humana. El Evangelio no da respuestas a las curiosidades, sino que nos comunica aquello que es necesario para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. 
  7. Jesús a esta pregunta responde con una enseñanza concreta: «Esfuércense por entrar por la puerta angosta». Con esto Jesús nos hace ver que si bien es cierto que la salvación viene exclusivamente de Dios, porque solamente Dios puede salvarnos, sin embargo, la salvación nos pide nuestra colaboración.
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  10. Hemos de poner todo lo que está de nuestra parte para poder participar de la salvación eterna. Este poner de nuestra parte significa: vivir de tal manera que todo lo que hagamos esté de acuerdo con lo que Dios nos pide. No podemos esperar la salvación, si no vivimos de acuerdo con la voluntad de Dios. 
  11. Hay muchas personas que creen que la salvación es algo automático; que nos salvamos por el mero hecho de morirnos. Y Jesús nos hace ver que no es así. Nos indica claramente que hemos de vivir como Dios nos lo pide. 
  12. Por eso Jesús nos advierte: «Aquel día muchos tratarán de entrar y no lo lograrán». Es claro que todos nosotros queremos ser felices por toda la eternidad. Todos queremos salvarnos. Pero no se trata solamente de querer. Si no ponemos de nuestra parte, no vamos a lograr la salvación.  
  13. Muchas personas quieren ser buenas, pero no se esfuerzan por serlo. Muchos quieren dominar su carácter, pero no hacen nada por dominarlo. Muchos quieren vivir en gracia de Dios, pero viven buscando constantemente las ocasiones de pecado. 
  14. Querer en serio, es poner todo lo que está de nuestra parte para lograr alcanzar lo que queremos alcanzar. Los buenos deseos y los buenos propósitos no sirven de nada, a menos que hagamos el esfuerzo necesario por alcanzar lo que deseamos. 
  15. Este esfuerzo nos exigirá muchas veces renunciar a muchas cosas que nos gustan o a hacer aquello que no nos gusta. Pero si nosotros de verdad queremos alcanzar una meta, tenemos que poner los medios necesarios para alcanzarla. 
  16. Recordemos que en la vida, sobre todo, en la vida cristiana, no siempre lo que nos agrada es lo mejor. Hay muchas cosas que nos cuestan o que francamente no nos gustan, pero que es necesario hacerlas. Y hay otras muchas cosas que nos agradan y que no nos ayudan para alcanzar la salvación. 
 
  1. Es lo que pasa con muchos estudiantes que quieren ganar sus exámenes; quieren graduarse; quieren obtener las mejores calificaciones. Esto es un buen deseo. Pero si no ponen el medio para alcanzar todo esto, es decir, si no estudian, de nada les servirán los buenos deseos, ni ponerle una candelita al santo de su devoción o prometer algún sacrificio a la santísima Virgen. Hay que estudiar y hay que hacer todo el esfuerzo que sea necesario. 
  2. Jesús hoy nos hace una advertencia muy clara: «Luchen por entrar por la puerta estrecha, porque, les digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. La puerta estrecha nos habla de dos cosas: del esfuerzo que hemos de hacer por vivir como Dios quiere y del dejar todo aquello que no nos deje hacer lo que el Señor nos manda. 
  3. Por una puerta estrecha no podemos entrar llenos de cosas. Solamente nos deja pasar a nosotros con lo más estrictamente necesario. Porque, en realidad, lo más necesario ya habrá entrado antes de nosotros: son las buenas obras que hayamos hecho durante la vida 
  4. Luego el Señor nos advierte «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, ustedes los que estén fuera se pondrán a llamar a la puerta, diciendo: "¡Señor, ábrenos!" Y Él les responderá: "No sé de dónde son ustedes." Entonces empezarán a decirle: "Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas"; y Él les volverá a decir: "No sé de dónde son. ¡Apártense de mí, todos los que han hecho el mal! Ellos se quedarán afuera y allí será el llanto y el rechinar de dientes, 
  1. El dueño de casa es Dios. La puerta que se cierra es el final de nuestra vida, cuando se acaben todas las oportunidades de vivir como Dios quiere que vivamos y cuando seremos juzgados por todo lo que hayamos hecho. El golpear la puerta es el descubrir que nuestra vida ha estado vacía y alejada de Dios. 
  2. ¡Qué triste será escuchar que Dios nos desconoce en esos momentos! Pero la verdad es que Dios solamente reconoce a su Hijo y nosotros participaremos de la salvación en la medida en que vivamos nuestra incorporación a Cristo por la gracia. 
  3. Nadie se salva por sus propios méritos, sino por estar incorporado a Cristo. Al estar incorporados a Cristo somos hijos en el Hijo único de Dios. Y nosotros mantenemos nuestra unión con Cristo en la medida en que vivimos en gracia de Dios.
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  6. No basta con formar parte de la Iglesia. Ni siquiera el haber asistido a Misa, o el haber escuchado la Palabra de Dios o incluso, el  haber comulgado. Es necesario vivir de acuerdo con lo que Cristo nos ha enseñado. Es necesario vivir la fe que profesamos. 
  7. Ahora, no podemos estar ya seguros de salvarnos. Es necesario que correspondamos a los llamados de Dios. Mucha gente que aparentemente está alejada de Dios, pero que sabe responderle haciendo su voluntad, serán partícipes de la vida eterna. 
  8. En cambio, muchos de nosotros que presumimos de justos, pero que en realidad no lo somos, ni hacemos lo que Dios nos pide, tenemos el peligro, si nos descuidamos, de quedarnos fuera del Reino de Dios.  
  9. Vamos a pedirle a Nuestro Señor la gracia de saber vivir de acuerdo a su voluntad. Que no nos conformemos con ser cristianos solamente de nombre, que esto es muy cómodo para esta vida, pero que nos puede acarrear la eterna condenación. Un cristianismo solamente de nombre es muy cómodo, porque no nos compromete a nada. 
  10. Esforcémonos, pues por entrar por la puerta angosta. No nos quejemos de las exigencias que tiene nuestra vida cristiana. Es exigente, porque nos hace morir al mal y al pecado. Es exigente porque destruye en nosotros todo aquello que nos aleja de Dios. Pero, gracias a estas exigencias es como nuestros corazones se llenan de la verdadera vida que comienza ahora en el tiempo y que va a durar por toda la eternidad. 
 
 
Oración de los fieles 
Sacerdote: Sabiendo que nuestro Padre Dios quiere lo mejor para nosotros, presentémosle confiados nuestras intenciones y necesidades. 
 
Sacerdote: Recibe Padre de Misericordia las súplicas que te hemos presentado. Concédenos vivir de tal manera que podamos esperar gozar eternamente de tu gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. 
 
 
 

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