Semillas de Dios.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Septiembre 15.Homilía del XXIV domingo durante el año (Ciclo C). Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

Qué felicidad saber, que Dios no nos desprecia a
 
nosotros pecadores y que siempre nos concede, la
 
oportunidad de alegrar su corazón con nuestra
 
conversión.
 
Feliz Domingo
 
MONSEÑOR COLOMINAS
 
 
 
 
 
Homilía XXIV domingo durante el año (Ciclo C) 
 
  1. La primera lectura que hemos escuchado hoy nos invita a ponernos frente a nuestra realidad pecadora. El pecado está presente en nuestra vida aunque a veces tratemos de negarlo o de ocultarlo. 
  2. En la Sagrada Escritura, a lo largo de toda la historia del Pueblo de Israel, nos encontramos constantemente con esta realidad del pecado. Hoy en la primera lectura se nos relataba cómo acabando Dios de establecer su Alianza con los Israelitas, ellos ya la habían roto adorando a un dios que ellos mismos se habían fabricado.  
  3. Esto, evidentemente era algo que dolía y molestaba a Dios. Porque Dios amaba a su Pueblo de una manera muy especial. Por eso fue que, en un primer momento, la reacción de Dios ante el pecado de los Israelitas fue como la que hubiéramos tenido nosotros:quería aniquilarlos y formarse un nuevo pueblo que fuera fiel a la Alianza. 
  4. Pero Moisés intercede ante Dios a favor de su Pueblo y le pide que lo perdone. Y Dios, que es Misericordioso lo perdona. Y así como lo hizo en esta ocasión, el Señor perdonó a su Pueblo infinidad de veces. Sin embargo, el Pueblo no supo valorar el amor y la misericordia de Dios y siguió pecando. 
  5. A nosotros nos pasa lo mismo. Tampoco sabemos valorar el infinito amor que Dios nos tiene. A pesar de que somos sus hijos, a pesar de que nos ha perdonado infinidad de veces nuestros pecados, nos hemos comportado de una manera ingrata con Él. Hemos seguido pecando y hemos seguido rechazando su amor. 
  6. Hoy, la lectura del Evangelio nos presenta tres parábolas que nos muestran de una manera palpable lo que es el amor misericordioso de Dios: La parábola de la oveja perdida que se aleja del pastor y sigue un camino de muerte y de destrucción; la parábola de la moneda perdida y la parábola del hijo que se aleja del Padre. 
  7. En los tres casos nos encontramos con algo o con alguien que se pierde y que deja de estar en el lugar en donde debería estar. En estos tres casos nos encontramos con alguien que busca y que espera encontrar lo que se había perdido. Y también, en cada uno de estos casos, nos encontramos con la alegría del encuentro. 
 
  1. Nosotros hablamos con frecuencia de la justicia de Dios, de la bondad de Dios, de la omnipotencia de Dios, de la providencia de Dios, del amor de Dios. Pero no solemos hablar mucho de la  alegría de Dios. Las tres parábolas que hemos escuchado hoy nos hablan de la  alegría de Dios.  
  2. Dios siempre quiere lo mejor para nosotros. Aunque nosotros mereceríamos ser destruidos por el mal que hemos cometido, sin embargo Dios no quiere destruirnos, porque Él nos creó para la vida y para que fuésemos felices. Esta es la razón por la que Dios se alegra cuando nosotros regresamos al camino del bien. 
  3. Nosotros nos sentimos felices cuando Dios abre sus brazos y nos acoge ofreciéndonos el perdón. Pero, curiosamente, muchas veces nos sentimos mal cuando vemos que Él también perdona misericordiosamente a aquellas personas a las que nosotros no habríamos perdonado 
  4. Esta es una manifestación de nuestro egoísmo, porque nos alegramos cuando el Señor nos perdona a nosotros, pero no lo hacemos cuando perdona a nuestro prójimo.  
  5. San Lucas nos decía que, en tiempos de Jesús, en el pueblo judío, aquellos que se creían los buenos, los justos, los religiosos y cumplidores, murmuraban de Jesús porque acogía a los pecadores y "comía con ellos". 
  6. Pero esta es la manera de actuar de Dios con los pecadores. En la segunda lectura, hemos leído una clara afirmación de San Pablo  que  resume su experiencia personal respecto al perdón de Cristo: "Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores".  
  7. Jesús, para salvar a los pecadores, escogió el camino de tratar amigablemente con ellos, de relacionarse asiduamente con ellos. Jesús no despreció a nadie por ser pecador, sino que se acercó para atraerlo con los lazos del amor y de la misericordia.
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  10. Nosotros a veces nos parecemos a aquellos judíos que se consideraban justos, buenos y cumplidores. Porque a veces también nosotros hemos criticado o murmurado a algunas personas que como Cristo se han acercado a los pecadores para acercarlos al amor de Dios. 
  11. No hay duda que hoy en la Iglesia, quienes nos consideramos fieles cristianos, quisiéramos que aquellos a quienes consideramos "pecadores" se convirtieran y orientaran su vida según la verdad  y el amor de Dios que nos reveló Jesús.  
  12. Pero quizá, en bastantes ocasiones, parece como que esto lo queremos de un modo más bien teórico que real, ya que lo deseamos casi diría "a distancia", sin relacionarnos con ellos, sin "comer" con ellos. 
  13. Jesús, como respuesta a la murmuración de quienes se  consideraban "buenos", expuso estas tres maravillosas parábolas que hemos escuchado: la del  buen pastor que deja las 99 ovejas para ir en búsqueda de la una oveja descarriada, la de  la pobre mujer que no abandona la búsqueda de la moneda que ha perdido.  
  1. Y las dos  parábolas terminan igual: hablándonos de la alegría de Dios, no porque los justos y buenos continúen siendo justos y buenos, sino porque "un pecador se ha convertido". 
  2. Al leer hoy el Evangelio, llama la atención esta expresión: "un solo pecador". A  veces nosotros –en la Iglesia- hablamos de la conversión de "muchos" pecadores. Pero Jesús habla de la alegría que siente por conversión de "un solo pecador". Uno solo, porque cada uno vale inmensamente; cada uno provoca una enorme alegría en el corazón de Dios. 
  3. La conversión de un solo pecador causa la gran alegría de Dios. Y este solo pecador  puedo ser yo, puedes ser tú, puede ser cada uno de nosotros. Dios goza cuando ve que nosotros nos convertimos. 
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  1. ¿Hemos pensado alguna vez, cuando reconocemos que somos  pecadores, que nuestra conversión podrá ser causa de gran  alegría en el cielo, de una gran alegría entre los ángeles de Dios, de esta inmensa alegría de  Dios, de la que nos habla Jesús? 
  2. En la tercera parábola, la del hijo pródigo, se nos presentan las actitudes de los que aman y sienten como Dios y la de aquellos que encerrados en su orgullo y egoísmo no se alegran por aquellos que regresan a la casa del Padre. 
  3. El Padre hace un banquete por la alegría del regreso de su hijo que andaba perdido. En cambio el hermano mayor se enoja y se niega a participar de la fiesta que ha organizado el Padre para festejar al Hijo que regresa. 
  4. Ojalá que todos nosotros no solamente nos alegremos por el regreso de aquellos que se han alejado de Dios, sino que personalmente seamos capaces de alegrar el corazón de nuestro Padre con nuestra sincera conversión. Que no seamos causa de pena para el corazón de Dios, sino que le demos la alegría de nuestra conversión. 
  5. Todos necesitamos convertirnos porque todos somos pecadores. Alegremos a Dios con nuestra sincera conversión personal y participemos de la alegría del Padre acogiendo con amor a todos aquellos hermanos que dejando el mal vuelven a la casa del Padre. 
 
Oración de los fieles 
Sacerdote: Como Moisés, que intercedió por el pueblo, acerquémonos a la presencia del Señor y pidamos por la Iglesia y por la paz en el mundo entero. 
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Sacerdote: Padre misericordioso, mira a tus hijos que te suplican, acoge sus oraciones a favor del mundo entero y manifiéstate a sus corazones que están deseosos de tu amor.  Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 
 
 

 

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