Semillas de Dios.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Septiembre 19.Jueves 24ª semana durante el año. Cuídate tú y cuida la enseñanza; así te salvarás a ti y a los que te escuchan.Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.

Jueves 24ª semana durante el año.


 
PRIMERA LECTURA


Cuídate tú y cuida la enseñanza; así te salvarás a ti y a los que te escuchan


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 12-16
 
Querido hermano:
 
Nadie te desprecie por ser joven; sé tú un modelo para los fieles, en el hablar y en la conducta, en el amor, la fe y la honradez.
 
Mientras llego, preocúpate de la lectura pública, de animar y enseñar.
 
No descuides el don que posees, que se te concedió por indicación de una profecía con la imposición de manos de los presbíteros.
 
Preocúpate de esas cosas y dedícate a ellas, para que todos vean cómo adelantas.
 
Cuídate tú y cuida la enseñanza; sé constante; si lo haces, te salva ras a ti y a los que te escuchan.
 

Palabra de Dios.


 
Salmo 110, 7-8. 9. 10


R. Grandes son las obras del Señor.
 
Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos merecen confianza: son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y rectitud. R.
 
Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza, su nombre es sagrado y temible. R.
 
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor, tienen buen juicio los que lo practican; la alabanza del Señor dura por siempre. R.
 

EVANGELIO


Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.


Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 36-50
 
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa.
 
Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
 
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
 
-«Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. »
 
Jesús tomó la palabra y le dijo: -«Simón, tengo algo que decirte.»
 
Él respondió:
 
-«Dímelo, maestro.»
 
Jesús le dijo:
 
-«Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta.
 
Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos.
 
¿Cuál de los dos lo amará más?»
 
Simón contestó:
 
-«Supongo que aquel a quien le perdonó más.»
 
Jesús le dijo:
 
-«Has juzgado rectamente.»
 
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
 

-«¿Ves a esta mujer?
 
Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo.
 
Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
 
Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume.
 
Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama. »
 
Y a ella le dijo:
 
«Tus pecados están perdonados.»
 
Los demás convidados empezaron a decir entre sí:
 
 -«¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»
 
Pero Jesús dijo a la mujer: -«Tu fe te ha salvado, vete en paz. »
 
Palabra del Señor
 
 
 

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