Semillas de Dios.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Septiembre 22.Domingo XXV durante el año.Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

Que en nuestra vida nos esforcemos por
 
 buscar los valores que van a durar para
 
siempre.
 
Feliz domingo.
 
MONSEÑOR COLOMINAS.
 
 
 
 Homilía del XXV domingo durante el año (Ciclo C) 
  1. Constantemente leemos en los periódicos que muchas personas son procesadas por malversación de fondos. Otros son acusados de haberse enriquecido de una manera ilícita. Otros más viven solamente pensando en aumentar sus riquezas. No comen ni duermen con tal de ganar más dinero. Para muchísimas personas el dinero es el centro de su vida. 
  2. Por otra parte, vemos también cómo las riquezas mal habidas no duran. Se van de la misma manera que vinieron. Además, por si esto fuera poco, somos conscientes de que tarde o temprano vamos a morir y que lo tendremos que dejar todo. Por muchas riquezas que tengamos no nos vamos a librar de la muerte. 
  3. Hoy, la lectura del Evangelio nos ha presentado la parábola del Administrador infiel. Se trata de un hombre que no ha administrado  correctamente los bienes de su patrón. Y que ante la perspectiva de su destitución trata de ganarse la buena voluntad de las personas para que lo ayuden cuando se quede sin trabajo. 
  4. Esto nos plantea una pregunta: ¿Cuál es el verdadero sentido de las riquezas? ¿Cuál es la verdadera riqueza por la que hemos de trabajar? ¿Acaso estamos condenados a amontonar riquezas para luego perderlas y quedarnos sin nada? 
  5. La Palabra de Dios que hemos escuchado hoy trata de hacernos descubrir el verdadero sentido de las riquezas y de las cosas materiales, para que aprendamos a usar de ellas tanto cuanto sea necesario. Para que no convirtamos las riquezas en dioses que nos alejen del único Dios verdadero. 
  6. Nosotros no somos más personas ni tampoco somos mejores por el hecho de poseer más bienes materiales. La verdadera riqueza no se encuentra en las cosas o en el dinero que una persona posee, sino en lo que esa persona es en realidad. Nuestra verdadera riqueza la encontramos en nosotros mismos. 
  7. Hay que tener muy claro que los bienes materiales son necesarios para todos. Más aún, los bienes materiales son queridos por Dios mismo para el ser humano; para su subsistencia, su desarrollo y pacífica convivencia. ¿Quién puede subsistir sin los bienes materiales? 
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  12. Por tanto, es lícito a toda persona humana tener, poseer, administrar y aumentar, para sí mismo y para sus seres queridos, los bienes materiales, ya sean esto dinero, bienes muebles o inmuebles. Dios quiere que todos nosotros trabajemos honradamente por conseguir lo que necesitamos para la vida. 
  13. El peligro que existe en la posesión de riquezas o en el deseo de poseerlas consiste en que las riquezas son capaces de cambiar completamente al ser humano, de volverlo avaro, egoísta, insensible a las necesidades de los demás, astuto para el mal, implacable y cruel.  
  14. Por dinero, por el afán de “tener”, el ser humano es capaz de robar, engañar, traicionar, cometer fraudes, ir a la guerra, asesinar. En efecto, «por amor a los bienes materiales muchos han pecado.»  
  15. El dinero seduce, obceca, provoca divisiones fratricidas, despierta instintos de ambición, destruye hasta los principios más santos y nobles, endurece el corazón, deshumaniza e incluso,  hasta hace olvidarse de Dios. 
  16. Ahora bien, si las riquezas en sí mismas no son malas y si su posesión es lícita al ser humano, ¿en qué consiste su peligro? El peligro está en entregarles el corazón, en hacer del dinero un ídolo ante el cual se es capaz de ofrecer cualquier sacrificio. 
  17. Quien es seducido por el dinero, no es él quien posee las riquezas, sino las riquezas que lo poseen a él, convirtiéndose, de esta manera, ya no en su dueño sino en su esclavo. 
  18. El apego del corazón o amor a las riquezas trae consigo, al mismo tiempo, un ‘aborrecimiento’ de Dios, aun cuando quien padece el yugo de esta esclavitud esté convencido de que ama a Dios.
 
  1. Se engaña quien dice amar a Dios cuando tiene el corazón apegado a los bienes materiales. El amor a las riquezas divide interiormente a la persona que lo padece, la aparta de Dios y esto se expresa en la injusticia que vive con respecto a su prójimo. Por eso nos decía Jesús que nadie puede servir a dos señores. 
  2. Esta injusticia para con el prójimo se manifiesta tanto a nivel personal como también a un nivel social, produciendo estructuras injustas, sistemas en los que se explota a los demás en beneficio de unos pocos. 
  3. De hecho, la codicia es un acto que va contra el amor de Dios y por lo tanto es una idolatría. Por ello el desapego del dinero, el no poner la confianza en él y más bien hacer un sabio uso de él, para beneficiar a los demás, es una condición fundamental en la vida cristiana. 
  4. Jesús en el Evangelio nos decía que hemos de ganarnos amigos con el dinero, para que, cuando nos llegue a faltar, podamos ser recibidos en las eternas moradas. Esto fue precisamente lo que hizo el mal administrador: Se ganó amigos para que lo recibieran en sus casas cuando le faltara el trabajo.  
  1. Fue un hombre que no pensó solamente en el momento actual que estaba viviendo sino que pensó en su futuro. Así hemos de hacer nosotros. No tenemos que vivir afanados por tener y poseer. Basta con que tengamos lo necesario para vivir dignamente.  
  2. Tenemos que ser libres ante el dinero y las cosas. Esta libertad se manifiesta cuando somos capaces de compartir con los demás lo que hemos recibido de Dios y hemos ganado con nuestro trabajo. 
  3. Cuando Jesús nos dice que no hemos de servir a dos señores nos está recordando que nosotros hemos de servirnos de las riquezas para hacer el bien y que jamás hemos de hacernos esclavos de las cosas que poseemos. 
 
  1. De hecho, cuando nosotros compartimos lo que tenemos con los más pobres y necesitados, no solamente estamos viviendo nuestra libertad con respecto a las cosas materiales; no solamente los estamos aliviando en sus necesidades, sino que de esta manera, también nos estamos ganando amigos que nos reciban en la Patria del cielo.  
  2. Lo que el Señor permite que nosotros tengamos, no ha de ser solamente para nuestro bien, sino para el bien de nuestro prójimo. Cuando el Señor nos concede bienes en abundancia, nos está dando la oportunidad de ganarnos con ellos el premio eterno de la gloria. 
  3. Pero la condición está en que sepamos compartirlos con los demás. Que tengamos un corazón abierto a las necesidades de nuestro prójimo. Lo malo, pues, no está en tener riquezas, sino en cerrar el corazón al prójimo. 
  4. Todo esto nos invita a todos a hacer un examen de conciencia acerca de nuestra actitud con respecto a los bienes materiales. Todos tenemos el peligro de contagiarnos con la manera de pensar del mundo. Decimos que como todos lo hacen… y esa no es una manera cristiana de pensar. 
  5. El mal no deja de ser mal por el hecho de que muchos lo cometan. El mal es mal en si mismo y el bien solamente es bien en la medida en que esté de acuerdo a la voluntad de Dios. 
  6. Vivamos como Dios nos lo pide. Sirvamos a Dios con todo nuestro corazón. Que nuestro afán no consista en tener más, sino en vivir como verdaderos hijos de Dios, y hermanos los unos de los otros. Que la Misericordia marque nuestra vida y que no cerremos nuestro corazón a nuestros hermanos más pobres y necesitados. 

 
 

Oración de los fieles 
Sacerdote: Hermanos, confiando en el amor de Dios, y con la seguridad de que siempre nos escucha presentemos ahora nuestras intenciones. 
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Sacerdote: Todo esto te lo pedimos a Ti Padre, que eres nuestro único Señor, por intercesión de tu enviado Jesucristo, que vive y Reina por los siglos de los siglos. Amén. 
 

 
 
 

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