Semillas de Dios.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Septiembre 8.Homilía del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo C). Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

 

 
 Homilía del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo C).
 
Sigamos a Cristo y no nos conformemos con
 
ir con Él por el camino.
 
Cristo quiere que seamos sus discípulos.
 
Feliz domingo.
 
MONSEÑOR COLOMINAS
 
 
  1. El Evangelio de este Domingo nos presenta al Señor Jesús de camino a Jerusalén, seguido por mucha gente: «grandes multitudes iban con él», nos dice San Lucas literalmente. 
  2. Fijémonos en que San Lucas no dice que estas multitudes «lo seguían», y es porque este término «seguir» lo reserva exclusivamente para sus discípulos.  
  3. San Lucas establece una diferencia entre quienes solamente acompañan al Señor Jesús sin comprometerse profundamente con Él y quienes por el contrario caminan detrás de Él, lo siguen.  
  4. Es decir, hace una distinción entre quienes lo toman como auténtico guía y maestro, y quienes viven de acuerdo a sus enseñanzas y ejemplo. Si los primeros son multitud, los últimos son pocos. 
  5. También hoy los que “vamos” con Cristo por el camino somos una muchedumbre. ¡Somos más de mil millones de católicos en el mundo entero! Pero, ¿cuántos de entre esos mil millones de católicos bautizados podríamos decir que verdaderamente somos “discípulos” de Cristo? 
  6. En su Evangelio, San Lucas marca una gran diferencia entre “seguir” al Señor e “ir con Él de camino”. El que “va de camino” con Cristo lo ve como un gran hombre, un maestro sabio, alguien que por ejemplo, nos ayuda a resolver inmediatamente nuestros problemas cuando sufrimos, pero no se compromete con Él.  
 
  1. Puede ser que lo siga cuando todo va bien. Pero deja de acompañarlo cuando se cansa y se fatiga, o cuando acaso tiene otros asuntos “más importantes” que atender, o cuando Su lenguaje se hace “demasiado duro”, o cuando las exigencias y renuncias se hacen más costosas. 
  2. El que va con Jesús por el camino lo acompaña solamente mientras no le pida sino aquello que está dispuesto a darle, o mientras que no le pida cargar sino la cruz que él quiere elegir y está dispuesto a cargar.  
  3. En realidad, el que va con Jesús por el camino lo busca y lo acompaña mientras pueda obtener algo de Él: una curación milagrosa, un bien material, la pronta solución de un problema cualquiera, etc. 
  4. Pero, por el contrario, seguir al Señor implica estar siempre con Él, implica seguirlo adonde Él vaya, estar con Él en las buenas y en las malas, cuando todo resulte fácil, como cuando la cuesta se hace escarpada. 
  5. Nos preguntamos: ¿A qué se debe que sean tan pocos los que de verdad siguen a Cristo? La razón encontramos está en el hecho de que en realidad no es fácil ser discípulo de Cristo. Hemos escuchado hoy como el Señor les habla a sus discípulos con toda claridad acerca de las exigencias que tiene el seguirle como discípulos.  
  6. Nos dice que solamente puede ser discípulo suyo aquel que es capaz de preferirlo a Él antes que todo lo demás. El discípulo de Cristo ha de preferirlo a Él antes que a todos aquellos a quienes humanamente hablando debería amar más. 
  7. El discípulo de Cristo ha de preferir a Cristo incluso antes que su propia vida. Esto significa que, si para seguir a Cristo hemos de entregar nuestra vida, hemos de estar dispuestos a hacerlo. 
 
  1. Para seguir a Cristo hemos de cargar con nuestra propia cruz, es decir, hemos de aceptar las dificultades y las luchas con las que nos vamos a encontrar en este seguimiento de Cristo. 
  2. Por eso es que quien no carga su propia cruz y quien no renuncia a todos sus bienes, no puede seguir a Cristo como discípulo. Lo podrá seguir como un entusiasta de la causa de Cristo. Podrá seguirlo como parte de una multitud que va con Él. Pero no como discípulo suyo. 
  3. Sin duda, semejantes exigencias asustan a muchos. Sobre todo en nuestros tiempos en los que ya nos hemos acostumbrado a vivir un cristianismo muy cómodo y fácil que no nos compromete a nada y en el que no hacemos nada. 
  4. Para ser discípulos de Cristo, la preferencia de nuestra vida ha de ser Jesús. Él debe ser el centro de nuestra vida. Nosotros no podemos poner a Cristo en un segundo lugar, porque entonces algo distinto de Cristo sería lo que ocuparía el primer lugar. 
  5. Él no nos pide que tengamos una actitud de rechazo y desprecio hacia nuestros padres y hacia nuestros hermanos, sino que nos pide que lo amemos a Él de tal modo que, por amor a Él, estemos dispuestos a posponer o poner en un segundo lugar todo lo demás. 
  6. Hemos de poner en un segundo lugar todo lo demás, ya sea el amor a las personas que más queremos, el apego a la propia vida o a los bienes materiales. Se trata de poder renunciar y sacrificar todo por alguien a quien se ama más y por encima de todo. 
  7.  
  1. El amor al Señor debe estar por encima de todo lo que el ser humano considera como lo más valioso para él. Por ese amor supremo al Señor Jesús el discípulo debe estar dispuesto a sacrificar hasta los vínculos más fuertes cuando llegue el momento de hacer una opción.  
  2. En ciertos casos se nos puede exigir un desprendimiento completo e inmediato de aquellas personas a las que se ama muchísimo, de los bienes materiales que dan tanta seguridad e incluso de la propia vida. En situación de elección, hay que preferir siempre a Cristo.  
  3. “Preferir” a Cristo quiere decir, por tanto, que Cristo debe tener el primer lugar en toda opción que nosotros hagamos. La razón de este preferir a Cristo está en que lo amamos a Él con todo el corazón y en que nada hay que pueda compararse con Jesús.  
  4. Alguno podría preguntarse: ¿Pero cómo puede exigir el Señor Jesús que le tengamos un amor por encima de todo? ¿Acaso no es esto una soberbia extravagante? ¿En qué se diferencian las exigencias de Jesús de las de muchos exaltados caudillos que a lo largo de la historia han exigido a sus fanáticos seguidores sacrificarlo todo y sacrificarse a sí mismos por ellos?  
  5. Ciertamente sería un fanatismo puro —y lo será siempre para quien no cree en Jesucristo— si Jesucristo fuese un hombre más. Si Jesús fuera un hombre común y corriente. Si embargo, sabemos por la fe que Él es Dios verdadero que, por nosotros y por nuestra salvación, se hizo hombre.  
  6. Por eso es que la exigencia del Señor Jesús coincide plenamente con el primer mandamiento de la Ley: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.» Quien ama sobre todo al Señor Jesús, está amando a Dios sobre todo.  
  7. Ese amor total y absoluto a Cristo no se opone al recto amor que hemos de tener hacia los demás, hacia nosotros mismos, hacia todo lo creado, sino que al contrario reorienta y le da su verdadero valor a todos esos amores y los lleva a su plenitud.  

  8. Seguir verdaderamente al Señor Jesús implica necesariamente hacerse su discípulo, es decir, tomarlo como Maestro, ponerse a la escucha de sus enseñanzas, aprender de su estilo de vida, asumir sus criterios de juicio, su visión de la realidad, su aproximación a las cosas y a las personas.  
  9. Ser discípulo de Cristo implica por sobre todo entrar en un proceso de transformación interior, que solamente es posible por la acción del Espíritu Santo en el alma del creyente, proceso por el que nos vamos asemejando cada vez más a Él. 
  10. Hemos de aprender a amar como Dios y con su mismo amor. Quien aprende a amar a Dios sobre todas las cosas se deja inundar por su amor.  
  11. Quien ama a Dios sobre todo, ama plenamente como ser humano; ama con un amor que le lleva a la comunión con Dios y con todos los hermanos. Ama la creación entera y su corazón se llena una felicidad inmensa. 
  12. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de seguirlo y de ser discípulos suyos. Que estemos dispuestos a darlo todo por amor a Él y que siendo discípulos suyos, podamos ser también sus misioneros para hacer presente entre nosotros el Reino de Dios. 
 


Oración de los fieles 
Sacerdote: El Señor que nos invita a seguirle nos ofrece su gracia y su ayuda. Presentémosle, pues, confiadamente nuestras intenciones y necesidades. 
 
 
 

Sacerdote: Recibe Señor nuestras súplicas y concédenos tu ayuda y protección. Por Jesucristo Nuestro Señor.
 AMEN.
 
 
SANTA MARÍA DEL MONTE CALVARIO.
VIERNES SANTO. MÁLAGA.(ESPAÑA)
 
 

No hay comentarios: