Semillas de Dios.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Diciembre 1.Homilía del 1º Domingo de Adviento.Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.Dejemos que el Señor venga a nosotros y transforme nuestras vidas.



 
Dejemos que el Señor venga a nosotros y
 
transforme nuestras vidas.
 
 Feliz Domingo.
 
Monseñor Colominas.
 
 
 
 Homilía del I domingo de Adviento (Ciclo A) 
  1. Hoy estamos comenzando el tiempo del Adviento. En este  tiempo se nos invita a abrir nuestro corazón para recibir al Señor que viene a nosotros. Es cierto que el Señor ya vino a nosotros, al hacerse hombre. Pero el Señor sigue llegando a nosotros de muchas maneras y por eso hemos de estar siempre dispuestos a recibirlo. 
  1. Dios no vino a pasar vacaciones en la tierra. Dios vino a traernos el don de la salvación. Y Dios viene ahora para invitarnos nuevamente a participar de su misma vida para  que podamos vivir y gozar con Él por toda la eternidad. 
  1. Recordemos que Dios nos creó para que participáramos de su gloria y de su eterna felicidad. Y, que, a pesar de que el pecado vino a trastornar el plan de Dios, Él no nos abandonó, sino que mantuvo firme este deseo de que participáramos de su eterna felicidad. Dios quiere que todos nos salvemos.  
  1. La salvación es un regalo que Dios nos ofrece. Es un don gratuito así como lo fue también la vida que recibimos. Pero no nos imaginemos que, por el hecho de que la salvación sea un don gratuito de Dios, nosotros no tenemos que hacer nada para alcanzar la vida eterna.  
  1. Por el contrario. Hemos de hacer todo lo que Dios nos pide para poder alcanzar este regalo de la salvación que nos ofrece. Dios es infinitamente misericordioso, pero debemos prepararnos, a lo largo de nuestra vida, para el momento en el que el Señor nos llame a su presencia 
  1. A lo largo de nuestra vida, Dios nos está dando constantemente la oportunidad de arrepentirnos y de ser perdonados. No esperemos que, en el último momento, llegue un sacerdote y nos administre los últimos Sacramentos. Porque Dios no se deja engañar.  
  1. La salvación es un camino que hemos de recorrer juntos, Dios y nosotros. La salvación se va haciendo realidad en nuestra vida en la medida en que nosotros nos esforzamos por vivir de acuerdo a la Palabra de Cristo. 
  1. Hay algunos que piensan que la salvación es algo que esperamos alcanzar después de la muerte. Como si esta vida de ahora fuera distinta de la vida eterna. En realidad, la salvación comienza ya en este mundo. Ahora es cuando empezamos a vivir la salvación o empezamos a vivir la condenación. 
  1. Empezamos a vivir la salvación y la vida nueva que Cristo nos ofrece cuando vivimos de una manera agradable a Dios y tratamos de que nuestra vida esté de acuerdo con su voluntad.  
  1. Ciertamente nosotros no nos vamos a salvar por nuestros méritos ni por las grandes cosas que hayamos hecho. Pues Dios no se deja impresionar por los méritos humanos. Aún cuando seamos muy buenos y santos, la salvación siempre será un don gratuito de Dios.  
 

  1. Nuestras buenas obras son una condición que Dios nos pone para poder recibir la salvación. Pero en definitiva, nos salvamos por un don gratuito y misericordioso de parte de Dios. 
  1. El fundamento de la esperanza cristiana está en el hecho de que la salvación es un don de Dios y, por lo tanto, si vivimos de acuerdo a lo que Cristo nos ha enseñado, podemos tener la esperanza de alcanzar algún día la plenitud de la salvación.  
  1. Precisamente porque la salvación es un regalo de Dios, por eso es que hemos de vivir con responsabilidad. La salvación nos la está ofreciendo el Señor en cada momento de nuestra vida. Somos nosotros quienes libremente la aceptamos o la rechazamos, según sea la actitud que tengamos frente a Cristo que se nos presenta en cada uno de nuestros hermanos, en cada uno de los acontecimientos y en cada una de las circunstancias de la vida. 
  1. Cuando vivimos y actuamos con caridad para con nuestro prójimo estamos abriendo las puertas de nuestro corazón para recibir el don de la salvación que Dios nos ofrece. Cuando nos esforzamos por vivir la justicia, la reconciliación y la paz a lo largo de nuestra vida nos vamos preparando para recibir el don de la salvación eterna. 
  1. Hoy, Jesús, en la lectura del Evangelio que hemos escuchado, nos invitaba a vivir con una actitud vigilante. No debemos pasar nuestra existencia despreocupados como lo hizo la gente que vivía en tiempos de Noé. Ellos sólo se interesaban por tener una vida cómoda y confortable. Hacían lo que se les daba la gana. Por eso, no hicieron caso de las llamadas a la conversión que se les hacía. 
  1. Por eso fue que, cuando llegó el diluvio, a todos los encontró desprevenidos, porque no quisieron vivir como Dios se los estaba pidiendo. Vivir en actitud vigilante es hacer lo que el Señor nos ha indicado para que en el momento en el que Él llegue, estemos listos para salir a su encuentro. 
  1. La salvación, nos dice Jesús, no nos va a llegar por parentesco o por contagio. No nos vamos a salvar por el hecho de que alguna persona de nuestra familia sea muy buena y santa. De nada nos servirá la santidad de esa persona, si nosotros no nos esforzamos también por vivir santamente. 
  1. Cada quien será juzgado de acuerdo a sus propias obras. Eso es lo que nos quiere enseñar Jesús cuando nos dice: « Estarán dos en el campo: uno será tomado, el otro dejado; dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada, la otra dejada. » Cada quien será responsable  de sus propias obras. 
  1. Lo que la Palabra de Dios nos pide en este domingo es que vivamos preparados para recibir al Señor que viene a nosotros en cada uno de los acontecimientos de la vida. Que recibamos a Cristo que se acerca a nosotros en la persona de cada uno de nuestros prójimos. Que le hagamos caso a Cristo que nos habla de muchas formas y que nos pide una respuesta. 
  1. No esperemos a que el Señor llegue de una manera espectacular. Él llega siempre de la manera más inesperada. Puede llegar a través de una enfermedad, o en la visita de un amigo, o en un problema que surge en nuestra vida, o en un pobre que pide nuestra ayuda, o de una persona que nos pide perdón. 
  2.  
  3.  Lo importante es que tratemos de reconocerlo en cada una de estas llegadas para que, cuando venga al final de nuestra vida estemos preparados para vivir eternamente con Él. 

  1. Recordemos las palabras finales del Evangelio de hoy: «Estén preparados, porque en el momento que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre. »  Que así como nos preparamos para celebrar materialmente la Navidad, así nos preparemos también para acoger a Cristo que viene a ofrecernos la salvación. 
  1. No tendría sentido prepararnos para celebrar la Navidad, si no nos preparamos para recibir a Cristo. No confundamos la Navidad con Cristo. La Navidad es una fiesta en la que actualmente ya, de hecho, nos hemos olvidado de Cristo. Y lo importante es que nos preparemos para recibir a Cristo, aunque no podamos celebrar, externamente, las fiestas navideñas. 
  1. Pidámosle a Jesús la gracia de recibirlo en nuestra vida para poder hacer en todo momento su divina voluntad. Que vivamos de tal manera que podamos experimentar vivamente su presencia entre nosotros. 
 

 
Oración de los fieles 
Sacerdote: Vigilantes ante la próxima llegada del Mesías, elevemos nuestras oraciones a Dios para que nos prepare a vivir el «encuentro» con su enviado Jesucristo, y para que el mundo entero lo reconozca como el esperado de los tiempos, el libertador. Presentemos nuestras peticiones. 
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Sacerdote: Gracias, Padre, porque siempre nos escuchas; mira con piedad nuestras súplicas confiadas, modela nuestros corazones para acoger tu próxima venida, y haz que un día te contemplemos cara a cara y cantemos con los santos tus grandezas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 
 

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