Semillas de Dios.

sábado, 14 de diciembre de 2013

15 de Diciembre.HOMILÍA DEL III DOMINGO DE ADVIENTO (Ciclo A).Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

HOMILÍA DEL III DOMINGO DE ADVIENTO (Ciclo A) 
 
 
El Señor está cerca.
Dejemos que entre en nuestro corazón.
El pasa, pero no sabemos si volverá a pasar.
Feliz Domingo.MONSEÑOR COLOMINAS.

 
 
 
  1. A lo largo de la historia han ido apareciendo muchas personas que se han presentado como salvadores de la humanidad. Han hecho muchas promesas. Han levantado muchas esperanzas en las personas, pero no han logrado darle a la humanidad el sentido de la vida que necesita. 
  1. Esto nos lleva a ser desconfiados. Nuestras esperanzas se han visto defraudadas una y otra vez. Por eso es que ante tantos que ofrecen una vida plena, muchos han optado ya por no creer y vivir a su manera. 
  1. Esto es lo que se nos ocurre pensar con respecto de Cristo. ¿No será otro salvador falso? ¿No estaremos alimentando en nosotros falsas esperanzas de vida y de plenitud? ¿Realmente nosotros podemos poner en Jesús nuestra esperanza? ¿Podemos confiar en Cristo? 
  1. No nos asustemos al plantearnos estas preguntas. No somos nosotros los primeros en hacerlas. Más aún, es necesario que nos planteemos esta realidad para poder estar seguros de nuestra Fe. 
  1. Muchas personas no viven su vida cristiana porque no están plenamente seguros de su Fe. La tienen «por si acaso». Pero, de hecho, no quieren comprometer plenamente su vida con Cristo.  
  1. Tienen miedo de arriesgarse a poner en práctica la Palabra de Cristo. Tienen miedo a soltar las aparentes seguridades humanas en las que se apoyan. Por eso es que su vida cristiana es una vida tibia y sin mucha fuerza. 
  1. Juan el Bautista también se hizo esta pregunta. Nos decía el Evangelio de hoy que «Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo, por lo que envió a sus discípulos a preguntarle: « ¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» 
  1. Porque ciertamente hay, y habrá siempre, personas que hagan algunas cosas maravillosas y que despierten en las personas grandes esperanzas. Pero una cosa es hacer maravillas y hablar bien y otra cosas muy distinta es ser realmente el Mesías, el enviado por Dios. 
  1. Siglos antes del nacimiento de Cristo, el Profeta Isaías había ido trazando el retrato del Mesías que había de venir. Por eso, para poder decir que una persona es realmente el Mesías que había de venir es necesario que en ella se den todos esos detalles que presenta Isaías como características propias del Mesías. 
  1. Pero no basta que haya coincidencia en uno ú otro detalle. Se trata de que se den en esa persona todos los detalles y características que presenta la Profecía. 
  1. Cristo, a lo largo de su vida, nos mostró que Él es realmente el Mesías prometido por el hecho de que en Él se cumple todo lo que fue anunciado por los Profetas del Antiguo Testamento. 
  1. Por eso, ante la pregunta que le dirigen los enviados por Juan el Bautista, Cristo no responde diciendo simplemente: «Díganle a Juan que no tenga pena; que yo soy el Mesías». Porque eso cualquiera lo hubiera podido decir. 
  1. Fijémonos bien en el hecho de que Cristo no anda diciendo y anunciando su mesianismo. Incluso hemos oído muchas veces en el relato del Evangelio, cómo, cuando Jesús realiza algún milagro, lo primero que les pide a las personas que han sido beneficiadas es que no anden contando lo sucedido. 
  1. A lo demonios que proclaman que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, les prohíbe terminantemente que hablen. ¿Por qué? Sencillamente porque Cristo no quiere que la gente se forme una falsa imagen de su misión salvadora.  
  1. Jesús no quiere que nosotros andemos detrás de un mesianismo barato que venga a convertirlo solamente el sanador de las enfermedades, el milagrero, el solucionador fácil de problemas.  
  1. Cristo quiere que por medio de Él tengamos la vida y la tengamos en abundancia. Pero no una vida que se termina en la corrupción del sepulcro. Cristo ha venido para darnos la vida eterna y a rescatarnos del mal y del pecado. 
  1. Cristo, de acuerdo a la voluntad del Padre, quiere ser el Mesías, el Salvador, que actúe en profundidad en la vida de la humanidad y que destruyendo las raíces del mal nos lleve a todos a alcanzar la verdadera vida, que es la vida eterna. 
 

  1. Por eso es que, en esta ocasión, cuando los enviados por Juan le preguntan si Él es el Mesías, Jesús no impone el secreto ante lo que hace, sino que, después de actuar, de realizar curaciones, de expulsar demonios, les dice a los enviados de Juan: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están oyendo y viendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. ¡Y dichoso aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!» 
  1. Jesús está citando las palabras de Isaías que hemos escuchado en la primera lectura: «En aquel día, los ojos de los ciegos se despegarán, y los oídos de los sordos se abrirán, los cojos saltarán como cabritos y la lengua de los mudos gritará de alegría».  
  1. Jesús con las obras está mostrando que esas palabras se cumplen en Él. Por lo mismo, Juan ya puede sentirse tranquilo porque el Mesías ha llegado y ya está entre nosotros. La Salvación ha llegado a la humanidad. 
  1. Esto tiene que ser también para nosotros la fuente de nuestra confianza y de nuestra esperanza. Fijémonos en que nosotros, hoy día, no solamente contamos con el testimonio de su poder y de su misión que Cristo nos dio al principio. Nosotros tenemos ahora todas las obras que Cristo ha realizado en la humanidad a través de los tiempos. 
  1. Podríamos decir que nosotros, ahora, tenemos muchas más razones para creer en Cristo que las que tenían Juan, los Apóstoles y las personas que vivieron en su tiempo. El mejor fundamento de nuestra Fe es la presencia de Cristo que atraviesa la historia. 
  1. Podemos contemplar, a lo largo de los 2000 años de Cristianismo, las legiones de mártires que han entregado su vida por proclamar su Fe. Han entregado su vida personas de toda clase y de toda condición. Niños y ancianos, hombres y mujeres, gente instruida y gente sencilla. Todos han sellado su Fe en Cristo con la entrega de su propia vida por Él.  
  1. Pero no hablemos solamente de los mártires. También nos encontramos con una inmensa multitud de personas que han entregado su vida como testimonio de su Fe en Cristo. Han entregado su vida a través de su trabajo diario, de sus sacrificios y dificultades aceptados amorosamente. 
  1. En nuestros tiempos, la Iglesia, a pesar de estar formada por personas débiles, pecadoras, llenas de defectos e inclinadas constantemente al mal, sin embargo, ha continuado la obra de Cristo a lo largo de los siglos a lo largo y a lo ancho del mundo. 
  1. Muchos se podrán preguntar: ¿Esta es la verdadera Iglesia de Cristo o tenemos que buscar otra? La respuesta de la Iglesia hoy ha de ser la misma que dio Cristo a los enviados de Juan: Vayan y digan lo que han visto y oído. 
  1. Por eso es que nosotros tenemos que esforzarnos ahora por vivir de tal manera que, a través de nuestra vida y de nuestras obras, podamos manifestar a los que no creen que Cristo es realmente el Salvador del mundo. 
  1. El Adviento nos invita a dar testimonio de nuestra fe. No nos desanimemos ante las dificultades con las que nos encontramos. Lo importante es luchar con perseverancia y dejarnos llevar por la gracia de Dios. 
  1. Esta espera del Señor debe ser una espera activa, tratando de dar lo mejor de nosotros mismos. Viviendo la Caridad y la misericordia como Cristo nos lo pide. Hagamos el esfuerzo. Ya estamos a las puertas de la Navidad. No desperdiciemos esta oportunidad que Dios nos ofrece de ir mejorando en nuestra vida cristiana. 
  1. Aprovechemos estos días para perdonar y pedir perdón a todas aquellas personas con las que tengamos problemas. Visitemos a aquellas personas que están solas y desamparadas. Hagamos descubrir la misericordia de Dios a todas aquellas personas que sufren o están alejadas de Dios por medio de la caridad en sus diversas formas. 
  1. Que la Navidad nos encuentre a todos nosotros sirviendo amorosamente a Cristo en cada uno de nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados. 
 

 
Oración de los fieles 
Sacerdote: Demos gracias a Dios que nos ofrece un futuro lleno de esperanza y presentémosle las necesidades de todos los que necesitan de su ayuda y de su misericordia. 
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Sacerdote: Gracias, Padre, porque nos escuchas y porque nos das tu Espíritu para aguardar con paciencia la venida de nuestro Salvador; danos tu fuerza para mantenernos firmes en la verdad, y abre nuestros ojos para reconocerte presente en nuestras vidas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 
 

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