Semillas de Dios.

martes, 17 de diciembre de 2013

Diciembre 18.Miércoles de la 3ª semana de Adviento. La Expectación del Parto. Nuestra Señora de la O. Virgen de la Esperanza, Patrona de los agentes comerciales.

Miércoles de la 3ª semana de Adviento
 

PRIMERA LECTURA
Suscitaré a David un vástago legítimo
Lectura del libro de Jeremías 23, 5-8
«Mirad que llegan días -oráculo del Señor en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra.
En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro.
Y lo llamarán con este nombre:
 
"El-Señor-nuestra-justicia".
Por eso, mirad que llegan días -oráculo del Señor - en que no se dirá:
 
"Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto", sino que se dirá:
 
"Vive el Señor, que sacó a la raza de Israel del país del Norte y de los países adonde los expulsó, y los trajo para que habitaran en sus campos."
Palabra de Dios.

Salmo 71, 1-2. 12-13. 18-19

R. Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R.
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén! R.

EVANGELIO


Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
 
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
_ «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.
 
 
Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
Palabra del Señor
 
Nuestra Señora de La Esperanza. Málaga(España).
 
La Expectación del Parto. Nuestra Señora de la O. Virgen de la Esperanza, Patrona de los agentes comerciales.
 
Cuando se espera algún acontecimiento importante que trae consigo tristeza y pena, la reacción espontánea de la persona normal es de temor acompañado a veces por la congoja y angustia, que tiende a aumentarse por la fantasía ante la consideración de los males futuros previsibles.
 
Cuando, por el contrario, se prevé la llegada de un bien que tiene una entidad considerable se vive en una espera atenta y presurosa que va desde el anhelo y la ansiedad hasta la euforia acompañada de una prisa impaciente.
 
A mayor mal futuro, más miedo; a mejor bien futuro, más esperanza gozosa.
 


 
Algo de esto pasó al Pueblo de Israel que conocía su carácter de transitoriedad funcional, al menos en los círculos más creyentes o especializados en la espiritualidad premesiánica.
 
El convencimiento de que la llegada del Mesías Salvador era inminente hizo que muchos judíos piadosos vivieran en una tensión de anhelo creciente –basta pensar en el anciano Simeón– hasta poder descubrir en Jesús al Mesías que se había prometido a la humanidad desde los primeros tiempos posteriores al Pecado.
 
Era todo un Adviento.
Y, como el Mesías llega por la Madre Virgen, es imposible preparar la Navidad prescindiendo de la contemplación del indecible gozo esperanzado que poseyó Santa María por el futuro próximo inmediato de su parto.
 
Eso es lo que se quiere expresar con «La Expectación del Parto», o «El día de Santa María» como se le llamó también en otro tiempo, o «Nuestra Señora de la O» como popularmente también se le denomina hoy.
Fue en España, concretamente en Toledo, en el décimo concilio que se celebró en el año 656, siendo S. Eugenio III el obispo de aquella sede y que posteriormente un muy devoto de la Virgen María –San Ildefonso– se tomó bastante en serio propagar.
 

 

La intuición del pueblo denominando a la expectante Doncella joven «Virgen de la O» está basada en la directa contemplación de las obras pictóricas o esculturales que presentan piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida.
El origen del título es no obstante más espiritual, más fino, más litúrgico y menos somático.
 
Tiene su origen en que las antífonas marianas del rezo de vísperas comienzan con la O:
 
O Sapientia, O Adonai, O Enmanuel... veni!
Se me ocurre advertir una vez más que tienen un notable valor catequético las dignas representaciones de los misterios de la fe, y que, en ocasiones, enseñan al pueblo sencillo más que los libros y la misma liturgia.
 
Es bueno tenerlo en cuenta a la hora de atender las peticiones de las modas iconoclastas que a temporadas van y vienen por las iglesias.
 
 
 

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