Semillas de Dios.

sábado, 23 de agosto de 2014

Agosto 24.HOMILIA DEL XXI DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A) ¿Quién es Jesús para mí? Esa es la pregunta que hemos de hacernos hoy, porque de lo que respondamos va a depender, lo que es nuestra vida cristiana, que no es un nombre, sino una vida. Feliz Domingo. Monseñor Colominas desde Guatemala.

 
 
¿Quién es Jesús para mí?
 
Esa es la pregunta que hemos de hacernos hoy.
 
Porque de lo que respondamos va a depender, lo que es nuestra vida cristiana.
 
Que no es un nombre, sino una vida.
 
Feliz Domingo.
 
Monseñor Colominas(Guatemala).
 
HOMILIA DEL XXI DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A) 
 
 
  1. Si nosotros queremos vivir nuestra Fe de una manera coherente, es fundamental  que tengamos muy claro en quién creemos y en qué creemos. Porque muchas veces todo esto lo tenemos confuso. Esto viene a hacer que nos dé lo mismo creer en una cosa que creer en otra.  
  1. Mucha gente hace suya aquella expresión: “No hay que creer ni dejar de creer”. Piensan que de esta manera están expresando una gran verdad y que muestran una gran sabiduría. Y es todo lo contrario. Con esto están diciendo que no tienen fe en nada y que hacen las cosas «por si acaso». Es una manera de aceptarlo todo sin comprometerse con nada.  
  1. Esta es la triste postura que tienen muchos cristianos. Por eso es que, no solamente no crecen en la Fe, sino que son víctimas de cuantas supersticiones y falsedades se les van presentando. Vean ustedes la actitud de muchas personas que dicen que son cristianas ante las brujerías, ante las falsas profecías, ante los adivinos, ante los que echan las cartas.  
  1. Es triste ver cómo se pisotea tranquilamente el primer mandamiento de la Ley de Dios que nos pide poner todo nuestro amor y toda nuestra confianza únicamente en Dios Nuestro Señor. Es cierto que a veces como que nos sentimos presionados ante los problemas y las dificultades de la vida. Es cierto que hay momentos muy duros y difíciles. Pero no hay que olvidar que, aunque la fe es dura, sin embargo es la única seguridad que no nos defrauda. 
  1. Tenemos que tener muy claro en quién creemos. Por eso Nuestro Señor nos dirige hoy algunas preguntas importantes: ¿Quién dice «la gente» que soy Yo?. ¿Qué piensa la gente que soy yo? ¿Qué opina la gente acerca de Jesús de Nazaret? 
  1. Cuando Jesús pregunta acerca de la opinión de «la gente» se está refiriendo a esa multitud que constituye una gran mayoría en el mundo, es decir, se refiere a todos aquellos que alguna vez han oído hablar de Él pero que no son todavía sus discípulos. Son las opiniones que aparecen en libros, revistas, entrevistas, conversaciones. Nosotros las hemos escuchado muchas veces. 
  1. Para muchos Jesús es, como decían los judíos de sus tiempos, un gran profeta. Otros opinan que ha sido un gran pensador. Otros que ha sido un revolucionario social. Otros afirman que ha sido un hombre perfecto. Otros que fue un charlatán y un embaucador. En fin, hay toda clase de opiniones. Pero todas ellas están viendo a Jesús desde afuera. Realmente no saben nada de Cristo. No lo conocen. 


  1. Desgraciadamente para muchos que se dicen cristianos, esta es la opinión que tienen acerca de Cristo. La poca catequesis que recibieron hace quién sabe cuántos años no supo llevarlos de la mano a un descubrimiento de Cristo. A lo más llegaron a pensar en Cristo como en un personaje del pasado o en una imagen bella y venerada. Pero en el fondo no hay un verdadero conocimiento de Cristo. 
  1. Ante cristianos que desconocen realmente a Jesús, no es de extrañar que la vida cristiana sea algo nulo, superficial y solamente como un ingrediente social. Porque, evidentemente, no tiene sentido comprometer la totalidad de la vida con una persona que es igual a nosotros. Que quizá tiene sus grandezas, pero que, como nosotros, va a pasar de moda y se va a quedar en el olvido. 
  1. Pero esta no es la respuesta que nos lleva a vivir en serio nuestra fe cristiana. Por eso Jesús, queriendo que nosotros profundicemos en lo que El significa para nosotros, vuelve a formular la pregunta, pero ahora de un modo más personal. ¿Quién es Jesús para nosotros?. No se trata de dar una respuesta que hayamos aprendido de memoria. Tenemos que descubrir lo que verdaderamente Cristo significa para cada uno de nosotros personalmente. 
  1. Esta respuesta la vamos a encontrar en lo concreto de nuestra vida. Nosotros mostramos lo que Cristo significa y vale para nosotros a través de nuestras obras. Nuestra manera de vivir y de actuar es, en realidad, la expresión de lo que nosotros creemos. 
  1. Podemos decir muchas cosas acerca de Cristo, que pueden ser ciertas teológicamente. Podemos repetir al pie de la letra lo que se nos ha enseñado en la catequesis y en la predicación. Podemos estar de acuerdo con todos los documentos del magisterio de la Iglesia. Pero si esto no se convierte en vida, si no luchamos por expresarlo a través de nuestras obras, quiere decir que no creemos en todo esto. Que es muy bonito; que estamos intelectualmente de acuerdo, pero que en realidad no creemos en esas cosas. 
  1. La respuesta que ha vivido siempre la Iglesia es la misma que dio Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Esta es la respuesta que ha de iluminar y orientar nuestra respuesta personal. Es lo que nosotros tenemos que confesar, no solamente con nuestros labios, sino con toda nuestra vida, 
  1. Cuando afirmamos que Cristo «Es el Mesías», nos estamos refiriendo a Cristo como el Salvador que Dios ha enviado al mundo para rescatarnos del pecado y de la muerte y llevarnos al reino de su luz admirable. Él es el único que puede darle sentido y valor a nuestra vida. Fuera de Cristo, el Mesías, el Redentor, no existe salvación. No nos vamos a salvar por nuestras fuerzas o por nosotros mismos, sino por Él que es quien nos da la nueva vida. 
  1. Esta verdad es fundamental, ya que muchas veces consideramos a Cristo como un elemento más dentro de nuestra religiosidad, pero de hecho, no le dejamos entrar dentro de nuestra vida para que tome posesión de nuestro ser y nos transforme desde lo más profundo.  


  1. A Cristo lo toleramos, pero no le damos poder sobre nuestra vida. Por eso es que no vivimos consecuentemente nuestra Fe. Porque lo tomamos como un pensador que nos da “buenos consejos” y allí nos quedamos. No ponemos nuestro ser en sus manos y no dejamos que El sea el que nos lleve y nos guíe en todo momento. Tomamos a Cristo como fuente de moralidad, pero no dejamos que El sea nuestra vida. 
  1. Cuando nosotros confesamos con la Iglesia que Cristo es «El Hijo de Dios Vivo» estamos afirmando que Cristo no es simplemente un hombre como cualquier otro. Cristo es el Hijo Unigénito del Padre; es la  segunda persona de la Santísima Trinidad que se hizo hombre en el seno de la Santísima Virgen para salvarnos. Es el mismo Dios que ha querido compartir nuestra humanidad para que nosotros podamos compartir su divinidad. 
  1. Por eso es que nosotros podemos darle la totalidad de nuestra vida. Porque El es Dios. Por eso podemos creer totalmente en su Palabra, porque El es el mismo Dios que nos habla. Por eso hemos de obedecer sus mandamientos, porque al obedecerle, es a Dios quien obedecemos. 
  1. Lo que nosotros confesamos de Cristo hemos de vivirlo y de manifestarlo en nuestra vida. Si decimos que El es «nuestro Maestro», hemos de dejarnos instruir por El. Si afirmamos que es «Nuestro Señor», hemos de dejar que El guíe y gobierne nuestra vida. Si decimos que El es «la Verdad» hemos de aceptar lo que nos dice y hemos de creerle. Si decimos que El es «nuestro camino» hemos de recorrerlo. Si decimos que El es «nuestra Vida» hemos de dejar que esta vida se manifieste en todas nuestra acciones. 
  1. Es importante, pues, que en este domingo, con toda sinceridad dejemos que la pregunta de Jesús resuene profunda y fuertemente en nuestros corazones y que tratemos de responderla con toda sinceridad. Y es necesario también que nuestra respuesta sea la que marque y oriente la totalidad de nuestra vida.  
  1. La Eucaristía que estamos celebrando nos debe situar delante del mismo Jesús de Nazaret. Ojalá que nos encontremos ahora personalmente con El, le demos nuestra respuesta personal como se la dio San Pedro y que con una fe renovada salgamos a anunciarlo a todo el mundo. 
  1. El mundo necesita hoy cristianos que sean verdaderos testigos de la Fe. Ya no tienen ni valor ni sentido las prácticas religiosas vacías como un ingrediente más dentro de la vida social. Pidamos al Señor la gracia de que viviendo plenamente nuestra Fe en Cristo, nuestro Dios y Salvador ayudemos a los demás a descubrirle y a que ellos también pongan en las manos de Cristo todo cuanto son y cuanto tienen. Este es el camino que hemos de seguir para poder esperar una renovación en nuestro mundo y en toda la humanidad.  

Oración de los fieles 
 
Sacerdote: Hermanos, la misericordia de Dios es eterna; por eso presentémosle con confianza nuestras intenciones. 
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Sacerdote: Padre, escucha las súplicas de tus hijos y concédenos la gracia de tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 

 
 


 

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