Semillas de Dios.

sábado, 30 de agosto de 2014

Agosto 31.DOMINGO XXIII DURANTE EL AÑO.No le tengamos miedo a la Cruz. El Señor que nos la manda, lleva la mayor parte. Además nos da fuerza para cargarla. Feliz domingo. Monseñor Colominas desde Guatemala.

No le tengamos miedo a la Cruz.
 
El Señor que nos la manda, lleva la mayor parte.
 
Además nos da fuerza para cargarla.
 
 Feliz domingo. Monseñor Colominas.
 





  1. A lo largo de su predicación, Jesús fue preparando a sus discípulos para enfrentarse al misterio de la Cruz. Misterio de dolor por el que llegaría al mundo la vida nueva de hijos de Dios.  
  1. La Cruz, nos hace comprender el misterio del dolor que es una realidad siempre presente en la vida de toda persona. 
  1. El dolor, lo sabemos, es consecuencia del pecado. Dios no hizo a la persona humana para sufrir. Pero a causa del pecado, entró en el mundo la muerte con todo su cortejo de angustias, sufrimientos y penas que la acompañan.  
  1. Jesús nos salvó del pecado y de la muerte por medio de la Cruz. Con su muerte y resurrección hizo  suyo el dolor y el sufrimiento de la humanidad y le cambió su sentido y de esta manera lo convirtió en el camino por el cual también nosotros habíamos de llegar a encontrar la verdadera vida.  
  1. Para cada uno de nosotros es una real aquella afirmación que dice que por la cruz se llega a gozar de la verdadera luz, de la verdadera vida. 
  1. En la lectura que hemos tenido del Evangelio, Jesús da a conocer a los suyos el misterio de su pasión y de su muerte violenta. Les dice: Subimos a Jerusalén, donde voy a «padecer mucho»; donde seré,  incluso, «ejecutado». Este anuncio sonó como un golpe en la mente y en el corazón de aquellos buenos pescadores galileos que esperaban un Mesías glorioso, triunfador y terreno.  
  1. La respuesta que dio Pedro al anuncio que Jesús les hizo es una muestra de lo que aquellas buenas personas sintieron ante las palabras de Cristo: «No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte». Para ellos esta perspectiva era algo que ni siquiera se podía imaginar. ¿Por qué una persona tan buena como Jesús había de ser objeto de tanto odio y de tanto rechazo?  
  1. Una de las cosas que más nos cuesta aceptar es el hecho de que una persona buena y santa tenga que sufrir y padecer. Damos por descontado que una persona malvada y pecadora tenga que pagar sus maldades con castigos y sufrimientos. Porque para nosotros el que la hace, la paga. Esa es nuestra justicia y esos son nuestros caminos.  
  1. Pero los caminos de Dios son totalmente diversos. La justicia de Dios no es una justicia de venganza y de castigo, sino de perdón y santificación. Dios perfecciona al justo con el sufrimiento. Dios lo purifica y le hace crecer en gracia. Y muchas veces esto lo realiza por el camino del dolor. En el caso de Cristo, el camino de la Cruz era el camino que llevaba a la destrucción del pecado para iniciar, con la resurrección, una nueva creación. 
  1. Por eso tenemos que decir que la respuesta que dio Pedro al anuncio que Jesús les hizo de su pasión y de su muerte fue una respuesta llena de buenas intenciones, pero totalmente opuesta a los planes de Dios.  
  1. Por eso Jesús le responde a Pedro con la respuesta más dura que registra el Evangelio: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar, es decir, que me quieres apartar de los planes de Dios. Tú piensas como los hombres, no como Dios». 
  1. Los planes de Dios eran que el Mesías se humillase, sufriese y muriese en la Cruz. Pero fijémonos bien que no se trataba de sufrir por sufrir ni de morir por morir, sino de un sufrir y morir pero motivados por una obediencia amorosa a la voluntad del Padre y con una clara finalidad: para alcanzar la salvación de toda la humanidad. 
  1. Para alcanzar la vida nueva que Dios nos ofrece, nosotros tenemos que seguir las huellas de Cristo. Tenemos que seguir el camino de la cruz. Por eso Jesús les repite unas palabras que ya les había dicho en otra ocasión: «El que quiera venirse conmigo (el que quiera ser discípulo mío) que se niegue a si mismo, que cargue con su cruz y me siga». 
  1. Más adelante les explicaría con más claridad todo esto que les acababa de decir cuando les enseñe, en la última Cena, que « El discípulo no es mayor que su Maestro». 
  1. Si Él ha subido al Calvario con la cruz, nosotros no podemos ir detrás de El por un camino de flores y coronados de laurel. Nosotros no podemos seguirle por un camino fácil y lleno de triunfos humanos. No podemos estar nosotros libres del dolor y del sufrimiento que llenó la vida de Cristo. necesitamos cargar con nuestra cruz. 
  1. Ahora bien, ¿Cuál es la cruz que cada uno debe echar sobre sus hombros?  Es la cruz de cada día, a saber:  
  1. Esta cruz nos alcanzará muchos beneficios. No solamente nos abrirá las puertas de la vida eterna, sino que además: 
  1. Qué bien entendió san Pablo todo esto, hasta el punto que pudo a exclamar: « ¡Sólo hemos de gloriamos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo! » Pensemos por otra parte que cuando nuestra cruz la convertimos en «la cruz de Jesucristo», pesa incluso menos. Porque la lleva Él con nosotros. 
  1. Vamos a pedirle a Nuestro Señor que nos haga generosos para saber seguirle, sin miedo, por el camino de la cruz. Porque el camino de la cruz no es un camino dolorista y amargado, sino que es el camino esforzado y generoso de saber enfrentar nuestra vida sin cobardías y de saber luchar generosamente por hacer realidad todo lo que el señor nos va pidiendo.  
  1. Solamente con Cristianos generosos y valientes, que no huyan de la cruz se podrá ir construyendo un mundo nuevo, de acuerdo a los planes de Dios. Solamente con cristianos de carácter se podrá hacer presente entre nosotros el reino de Dios. 



 

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