Semillas de Dios.

sábado, 16 de agosto de 2014

No tengamos miedo de importunar al Señor en nuestra Oración. Agosto 17. HOMILÍA DEL XX DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A).Aunque a veces nos destantee, siempre nos escucha y nos ayuda. Feliz domingo. Monseñor Colominas.Desde Guatemala.

 
 
Feliz domingo.
 
Monseñor Colominas.
 
 
HOMILÍA DEL XX DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A) 
 
1.Nuestro trato con Dios es un trato fundamentado en el amor. Por eso es que uno de los elementos fundamentales en nuestra relación con Dios es la oración. La vida cristiana no consiste simplemente en el hecho de cumplir con una serie de leyes y mandamientos. Se trata sobre todo de vivir una relación amorosa con Dios. 
2.Esto significa que nosotros no podemos vivir nuestra vida cristiana sin la base y el apoyo de la oración. Porque la oración es un encuentro amoroso y personal con Dios.  
3.La Oración es abrir de par en par nuestro corazón a nuestro Padre Dios para manifestarle lo que somos y para dejarlo entrar a Él en nuestro interior. 
4.pero, a pesar de todo esto, la oración es uno de los elementos que más descuidamos en nuestra vida cristiana. No la valoramos. No le damos un espacio en nuestra vida. De hecho, muchas cosas son para nosotros mucho más importantes que la oración. Para algunos, la oración “es perder el tiempo”. 
5.Pero la oración es tan importante para la vida cristiana como lo es el diálogo en la vida de las personas. La única manera como nosotros podemos conocernos, comprendernos, relacionarnos y amarnos es a través del diálogo.  
6.El origen de los problemas que existen en los hogares y en la sociedad humana, proceden generalmente de la falta de diálogo. Dos mudos no podrán entenderse jamás. 
7.Si no dialogamos, no nos podremos comprender los unos a los otros. De allí surgen los prejuicios, los malos entendidos, los resentimientos y tantas cosas que amargan nuestra vida. 
8.Nosotros dialogamos con Dios a través de la Oración. En ella escuchamos lo que Él quiere y espera de nosotros. En ella nosotros le manifestamos lo que llevamos en el corazón: nuestras penas y alegrías; nuestras esperanzas y desalientos; nuestras debilidades y nuestras fortalezas. 
9.No hay nada que se pueda comparar con la oración. Por eso alguien decía que la oración es la omnipotencia del hombre y la debilidad de Dios. Lo que quiere decir que nosotros todo lo podemos alcanzar por medio de la Oración y Dios no puede resistirse a la fuerza que tiene la oración. 
10.Sin embargo, aunque esto suena tan hermoso, muchas veces nosotros sentimos como que la oración no funciona. Nos parece que muchas veces estamos hablando con la pared. No encontramos respuesta. No sabemos si se nos escucha. Nos rodea el silencio y la total desolación. 
11.Necesitamos aprender a orar. A veces nos falta fe. Otras veces nos falta humildad. Otras veces nos falta perseverancia. El Evangelio que acabamos de escuchar quiere enseñarnos cómo debe ser nuestra oración. 
12.Nos habla de una mujer que tiene una hija gravemente enferma. La que sufre no es solamente la hija, sino de una manera muy especial la madre. Sufre al ver sufrir a su hija.  
13.Esta mujer es pagana. No pertenece al pueblo de Israel. Sin embargo, ella ha oído hablar de Jesús, de su poder y de su misericordia. 

14.Por eso, cuando se entera de que Jesús pasa por ese lugar, acude corriendo a su encuentro para suplicarle por su hija. En cuanto vio que Jesús se acercaba, empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio.» 
15.Sin embargo, ante esta súplica salida del corazón angustiado de una madre, Jesús no responde absolutamente nada. Se hace el sordo. Se hace el desentendido.  
16.Esto es sumamente duro. Gritar y clamar y no encontrar ninguna respuesta es sentir que nuestra voz no alcanza a llegar a Aquel que debería escucharnos. Es sentir que nosotros no le interesamos o que no valemos nada para Él. 
17.Esto es lo que nos pasa muchas veces en nuestra oración. Invocamos y suplicamos al Señor y la única respuesta que recibimos es el silencio. Esto nos lleva a cuestionarnos seriamente acerca del valor de la oración, e incluso acerca de la misma existencia de Dios. 
18.¿Qué es lo que podemos hacer en esos momentos? Esta mujer nos enseña con su ejemplo. Esta mujer nos enseña que hemos de perseverar en la oración aunque no tengamos una respuesta o aunque algunos se sientan molestos.  
19.Eso fue lo que sucedió con los discípulos, que se sintieron molestos por las súplicas insistentes de esta mujer. Ellos no aguantaron y se acercaron a Jesús para decirle: «Atiéndela, mira cómo grita detrás de nosotros.» 
20.La oración nos pide perseverancia. No se trata de pedir una vez y que de una manera mágica obtengamos la respuesta. El Señor nos deja clamar y suplicar. Y es necesario clamar y suplicar para que de veras seamos conscientes de nuestra necesidad y avivemos nuestra fe en Jesús. 
21.Ante la petición de sus discípulos, Jesús les respondió: «Yo solamente he sido enviado a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.» Con lo cual estaba afirmando que, ya que esta mujer no era Israelita, no tenía Él por qué atenderla.  
22.Esto quería decir que esta mujer no tenía derecho a recibir la ayuda de Jesús. Se trataba de un evidente desprecio. Era el reflejo del desprecio que los judíos sentían hacia los que no eran judíos. Era la actitud de exclusión que los Israelitas tenían para con los de otras religiones. 
23.Nosotros mismo, a veces, pensamos que solamente nosotros tenemos derecho a ser escuchados por Dios. Nos imaginamos que Dios es solamente Dios para nosotros. Pensamos que solamente nos va a ayudar a nosotros y a los demás los va a dejar a un lado. 
24.Jesús, en su respuesta, quiere hacer ver a los que le rodean que esas actitudes de exclusión y de desprecio no van con Él. Es cierto que por un momento Él las asume. Pero es solamente para hacer reflexionar a sus discípulos y para hacer crecer la fe de esta mujer. 
25.La mujer, a pesar de lo que ha escuchado, no se desanima. Corre. Se adelanta. Se pone delante de Jesús. Le tapa el camino. Y, puesta de rodillas, le dice: «¡Señor, ayúdame!» Ya es una súplica cara a cara. Su rostro se encuentra con el rostro de Jesús. Se oye el palpitar de los dos corazones. 
26.Entonces Jesús le dijo: «No se debe echar a los perros el pan de los hijos.» Se trata ahora de una respuesta muy dura. Es prácticamente un insulto. Pero démonos cuenta de que Jesús continúa reflejando la misma actitud de desprecio que los Judíos tenían hacia los pueblos paganos. Jesús quiere que sus discípulos escuchen el eco de sus mismas palabras en las palabras que Él está diciendo. 

27.Los Israelitas llamaban “perros” a los paganos. Era una palabra despectiva. Y Jesús la usa para que ellos se den cuenta de lo duro y grosero que es despreciar a los demás, sean quienes sean. 
28.Pero a pesar de todo, esta mujer no contesta insulto con insulto, sino que con una gran humildad, le dice a Jesús: «Es verdad, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.» 
29.Es realmente admirable la actitud de esta mujer. Persevera en su petición a pesar de todo. No se desanima. Crece en la fe. Vive la perseverancia. Muestra una gran humildad. Nos enseña lo que debemos hacer nosotros en nuestra oración. 
30.¿Cómo hubiéramos actuado nosotros en el lugar de esta mujer? ¿Qué le habríamos respondido nosotros a Jesús? Posiblemente le hubiéramos insultado con lo más ofensivo de nuestro vocabulario y nos hubiéramos ido de allí. 
31.Pero qué distinta fue la actitud de esta mujer. Y qué distinta va a ser ahora la actitud de Cristo contrastando con la actitud de los Israelitas.  
32.Hasta ahora ha actuado y respondido como ellos. Pero ahora va a responder como verdadero Hijo de Dios. Hasta ahora ha actuado como hijo de Israel pero ahora nos va a enseñar cómo debemos vivir los hijos Reino de Dios.  
33.Conmovido por la actitud humilde y perseverante de esta mujer Jesús responde: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.» Y afirma el Evangelio que en aquel momento quedó sana su hija. 
34.Jesús alaba la fe de esta mujer. Una fe mucho más firme y segura que la de los israelitas. Las únicas veces que Jesús alaba la Fe de las personas lo hace refiriéndose a la Fe de los paganos.  
35.Jesús alaba la Fe del Centurión y la Fe de esta mujer pagana. En cambio, en ningún momento alaba la Fe de Israel. Pensemos, ¿Alabará Jesús la fe de nosotros los cristianos? No lo sé. La respuesta la tenemos nosotros. 
36.Jesús nos enseña que para acercarse a Dios es necesaria la fe, la humildad, la perseverancia. Y no podemos creer que tenemos derechos especiales por el hecho de ser cristianos, o consagrados a Dios, o por pertenecer a determinado grupo o movimiento.  
37.Dios es Dios de todos y nos ama a todos. El hecho de ser cristianos tiene que ser para nosotros una razón que nos lleve a vivir mejor nuestra fe. Que nos lleve a abrir el corazón a los demás en una actitud de comprensión y de misericordia. 
38.Nosotros hemos recibido mucho de Dios. Por eso hemos de responderle con todo el corazón y con toda nuestra vida. Hemos de responderle con nuestra oración firme y perseverante. 
39.Pidamos a Jesús que nos conceda la gracia de saber aprender la lección que nos quiso dar hoy y que la Fe, el amor, la perseverancia y la misericordia sean el sello de cada una de nuestras obras. 

 
Oración de los fieles 
Sacerdote: Sabiendo que el Señor siempre nos aguarda para concedernos la ayuda de su gracia, presentémosle confiadamente nuestras súplicas. 
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Sacerdote: Oh Dios, que amas a los hombres y quieres que todos se salven, escucha las oraciones que con fe te hemos  presentado y danos tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 
 

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