Semillas de Dios.

domingo, 14 de septiembre de 2014

LECTURAS DEL LUNES XXIV DEL T. O. 15 DE SEPTIEMBRE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES (BLANCO).Y a ti, una espada te atravesará el alma.

LECTURAS DEL LUNES XXIV DEL T. O. 15 DE SEPTIEMBRE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES (BLANCO)


Y a ti, una espada te atravesará el alma.

 





ANTÍFONA DE ENTRADA (Cfr. Lc 2, 34-35)



El anciano Simeón dijo a María: Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción; y a ti, una espada te atravesará el alma.



ORACIÓN COLECTA



Dios nuestro, que quisiste que junto a tu Hijo en la cruz estuviera de pie su Madre, compartiendo su dolor, concede a tu Iglesia que, asociada con ella a la pasión de Cristo, merezca participar de su gloriosa resurrección. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.



LITURGIA DE LA PALABRA



Si hay divisiones entre ustedes, entonces ya no se reúnen para celebrar la cena del Señor.
 




De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 11, 17-26




Hermanos:

Con respecto a las reuniones de ustedes ciertamente no puedo alabarlas, porque les hacen más daño que provecho.

En efecto, he sabido que, cuando se reúnen en asamblea, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo.

Es cierto que tiene que haber divisiones, para que se ponga de manifiesto quiénes tienen verdadera virtud.

De modo que, cuando se reúnen en común, ya no es para comer la cena del Señor, porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro se embriaga.

¿Acaso no tienen su propia casa para comer y beber?

¿O es que desprecian a la asamblea de Dios y quieren avergonzar a los que son pobres?

¿Qué quieren que les diga?

¿Que los alabe?

En esto no los alabo.

 
Porque yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido:

Que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

"Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes.

Hagan esto en memoria mía".
 
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo:

"Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre.

Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".

Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.



Palabra de Dios.



Te alabamos, Señor.






Del salmo 39
 




R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

 
Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: "Aquí estoy". R/.
 
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón. R/.
 
He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor. R/.
 
Que se gocen en ti y que se alegren todos los que te buscan. Cuantos quieren de ti la salvación, repiten sin cesar: "¡Qué grande es Dios!". R/.





SECUENCIA



Esta secuencia es opcional tanto en su forma larga como en su forma breve, desde * ¡Oh dulce fuente de amor!




La Madre piadosa estaba ¡Oh cuán triste y afligida
junto a la cruz, y lloraba estaba la Madre herida,
mientras el Hijo pendía; de tantos tormentos llena,
cuya alma triste y llorosa, cuando triste contemplaba
traspasada y dolorosa, y dolorosa miraba
fiero cuchillo tenía. del Hijo amado la pena! 
  
¿Y cuál hombre no llorara Hazme contigo llorar
si a la Madre contemplara y de veras lastimar
de Cristo en tanto dolor? de sus penas mientras vivo;
¿Y quién no se entristeciera, porque acompañar deseo
Madre piadosa, si os viera en la cruz, donde lo veo,
sujeta a tanto rigor? tu corazón compasivo.
  
Por los pecados del mundo, ¡Virgen de vírgenes santas!,
vio a Jesús en tan profundo llore ya con ansias tantas
tormento la dulce Madre. que el llanto dulce me sea;
Vio morir al Hijo amado porque su pasión y muerte
que rindió desamparado tenga en mi alma de suerte
el espíritu a su Padre. que siempre sus penas vea.
  
¡Oh dulce fuente de amor!, Haz que su cruz me enamore
hazme sentir tu dolor y que en ella viva y more
para que llore contigo. de mi fe y amor indicio;
y que, por mi Cristo amado, porque me inflame y encienda
mi corazón abrasado y contigo me defienda
más viva en Él que conmigo. en el día del juicio.
  
Y, porque a amarlo me anime Haz que me ampare la muerte
en mi corazón imprime de Cristo, cuando en tan fuerte
las llagas que tuvo en sí. trance, vida y alma estén;
Y de tu Hijo, Señora, porque, cuando quede en calma
divide conmigo ahora el cuerpo, vaya mi alma
las que padeció por mí. a su eterna gloria. Amén.
 




ACLAMACIÓN

 

R/. Aleluya, aleluya.
 

 

Dichosa la Virgen María, que sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor. R/.


Y a ti, una espada te atravesará el alma.
 




Del santo Evangelio según san Lucas: 2, 33-35




En aquel tiempo, el padre y la madre del niño estaban admirados de las palabras que les decía Simeón.
 
Él los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció:
 
"Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones.
 
Y a ti, una espada te atravesará el alma".




Palabra del Señor.



Gloria a ti, Señor Jesús.





ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS



Recibe, Dios misericordioso, las súplicas y ofrendas que te presentamos para alabanza de tu nombre, al venerar a la santísima Virgen María, a quien, bondadoso, nos entregaste como piadosísima Madre. Por Jesucristo, nuestro Señor.



Prefacio de santa María Virgen (conmemoración).



ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Cfr. 1 P 4, 13)



Alégrense de compartir ahora los padecimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria, el júbilo de ustedes sea desbordante.



ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN



Alimentados con el sacramento de la redención eterna, te pedimos, Señor, que, al conmemorar el dolor de la santísima Virgen María, completemos, a favor de la Iglesia, lo que falta en nosotros a los padecimientos de Cristo.
 
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
 
AMÉN.
 
 

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