Semillas de Dios.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Septiembre 14.HOMILÍA XXIV DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A) .Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

HOMILÍA XXIV DOMINGO
 
DURANTE EL AÑO
 
(CICLO A) 
 
 
 
Conscientes de la cantidad de veces que el Señor nos ha perdonado, hemos de procurar estar siempre, dispuestos a perdonarnos los unos a los otros.
 
¿Hay alguna ofensa que no podamos personar?
 
El Señor nos perdona todo.
 
Sin excepción.
 
Feliz Domingo.
 
MONSEÑOR COLOMINAS.
 
 
 
1.La convivencia humana no es fácil ni sencilla. Muchas veces ofendemos a los demás y muchas veces también nos sentimos ofendidos. Esta situación puede provocar dos respuestas: la venganza o el perdón. 
2.La venganza nunca puede ayudar a restablecer la buenas relaciones entre las personas. Todo lo contrario.La venganza provoca nuevas venganzas y de esta manera las cosas van empeorando. Por un momento, quizá, la venganza puede provocar temor, pero eso no soluciona los problemas. 
3.Por otro lado, el perdón sí es capaz de solucionar los problemas y hacer que las partes en discordia puedan volver a encontrar la paz y la reconciliación.  
4.Perdonar, en sí mismo, no es difícil. Porque consiste simplemente en superar el hecho que nos molesta y reemprender un nuevo camino. Sin embargo, hay muchas cosas que nos detienen en el camino del perdón. 
5.Nos detiene, por ejemplo, nuestro orgullo que se ha sentido herido en lo que cree que son sus derechos. Piensa que su grandeza se derrumba en el momento en el que ofrece el perdón. Piensa que los demás se van a burlar de él. En fin, son los pensamientos de orgullo los que nos detienen en el camino del perdón. 
6.Nos detiene también el hecho de poner la ofensa en el centro de la escena y no verla en sus justas proporciones. No nos esforzamos por comprender la serie de situaciones que provocaron la ofensa. Que ciertamente no la justifican, pero que nos pueden explicar las razones que la causaron. 
7.Nos detiene también nuestra actitud egoísta y falta de generosidad. Nosotros nos ponemos en el centro del acontecimiento y solamente pensamos en nosotros mismos.  
8.Todas estas razones nos mueven a buscar una justificación que nos lleve a negarle el perdón al hermano que nos lo pide. Por eso, tratamos de mantenernos en nuestra negativa a perdonar cerrándonos a lo que Dios nos enseña. 
9.En la Lectura del Santo Evangelio vemos que San Pedro, al igual que nosotros, sentía la dificultad de perdonar a las personas que lo ofendían. Sobre todo, cuando las ofensas se repetían insistentemente. 
10.Por eso le pregunta a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces ten-go que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?»  Esta pregunta no se refiere solamente al hecho de perdonar. San Pedro lo da por supuesto. Se refiere, sobre todo, a las veces que hemos de dar este perdón a la persona que no se cansa de ofendernos. Su pregunta se refiere específicamente a los límites del perdón. 
11.Pero Jesús no se contenta con el hecho de que nosotros perdonemos a los que nos ofenden alguna o algunas veces en nuestra vida. Jesús quiere que el perdón sea constante. Quiere que perdonemos siempre. Como lo hace Dios. Dios nunca se cansa de perdonar. 

12.Por eso le responde a Pedro: «No te digo que perdones hasta siete veces, sino que perdones setenta veces siete.» Con esto, Jesús está extendiendo de una manera ilimitada el perdón. Siempre hemos de estar dispuestos a perdonar, aunque constantemente recibamos las ofensas. 
13.Es evidente que esto choca con la manera humana de pensar. Nosotros somos buenos, pero nuestro problema es que somos buenos en miniatura. Dios quiere que nosotros le imitemos en nuestra manera de actuar. Por eso les dice: «Aprendan algo sobre el  Reino  de los Cielos.» 
14.Si nosotros somos imagen de Dios tenemos que aprender a perdonar a la manera de Dios. Y solamente reflejando a Dios en nuestra vida es como nosotros podremos vivir el Reino de Dios. 
15.Hoy Jesús nos propone a todos la parábola del servidor injusto. ¿Por qué decimos que se trataba de un servidor injusto? Porque, a pesar de haberle sido perdonada una gran deuda, él no supo perdonar a un compañero suyo que le debía una pequeña cantidad de dinero.  
16.Por justicia debía de haber perdonado, ya que él acababa de ser perdonado de una deuda exorbitante. El perdón recibido se convertía en la obligación de perdonar una pequeña deuda. Era una forma de reconocer y de agradecer el perdón. 
17.En la parábola que Jesús nos propone todo es enorme y desproporcionado. Primero, Las dos deudas: una es inmen-samente grande, «diez mil talentos». Tengamos en cuenta que diez mil talentos era la mayor cantidad que se podía imaginar, pues diez mil era el número más alto que existía y el talento la medida monetaria más grande. 
18.Pero la otra deuda es una cantidad realmente insignificante. El Evangelio, habla de «cien denarios» era la cantidad que un «jornalero» común y corriente ganaba en tres meses, y por lo tanto esa cantidad significaba poca cosa para un alto funcionario como lo era el servidor que había sido perdonado.  
19.En segundo lugar, también son enormes y desproporcionadas las dos reacciones: en el primer caso, el rey es generoso al máximo, ya que perdona toda la deuda, sin que el deudor se lo haya pedido y lo hace con un gesto inesperado de compasión 
20.En cambio en el segundo caso, no existe el perdón sino la violencia. Dice el Evangelio que el servidor agarra por el cuello a su compañero y lo mete en la cárcel. 
21.Jesús enfrenta estas dos actitudes. Son totalmente distintas. Nos hace recordar que la infinita misericordia de Dios se compadece constantemente de nuestras culpas y nos ofrece incansablemente su perdón. Y nos ofrece su perdón, hasta el punto de que muchas veces nosotros como que sentimos que Dios está obligado a perdonarnos. 
22.Pero nosotros no somos así. Guardamos odios y rencores por cosas que muchas veces no valen la pena. Nos negamos a perdonar cosas que no tienen ninguna trascendencia y que si es cierto que nos duelen es porque nos han pisoteado la cola de nuestro orgullo. 

23.Si nosotros hacemos un buen examen de conciencia y vemos objetivamente nuestra manera de comportarnos ante las ofensas, vamos a descubrir que muchas veces hacemos problemas de cosas que hoy son y que mañana a nadie les interesa. 
24.Esto es algo que causa malestar a la comunidad cristiana. Las divisiones, los odios, los rencores, los deseos de venganza son cosas que destruyen nuestras comunidades. 
25.Muchas personas dejan de participar porque tal persona les dijo algo que les molesto. Porque el Padre cual no les dijo la misa que ellos querían y a la hora que ellos querían. Porque no sé quién habló mal de ellos. En fin por un montón de razones que en el fondo no tienen suficiente razón. 
26.Esto es lo que nos dice la Parábola cuando nos dice que los compañeros del siervo sin entrañas «quedaron conster-nados». Estas palabras reflejan la tristeza de nuestras co-munidades, que sufren el malestar de montón conflictos y ofensas personales. 
27.Estas palabras expresan igualmente el sufrimiento de cualquier comunidad donde, después de querer construir la unidad y la fraternidad, se dan estos conflictos, ofensas y resentimientos que vienen a provocar la desunión. 
28.Esta Parábola nos invita a preguntarnos: ¿Cómo es posi-ble que alguien a quien le han perdonado una deuda tan grande no sea capaz de perdonar una deuda tan insignificante? ¿Cómo es posible que nosotros, habiendo sido perdonados por Dios tantas veces y de faltas tan graves, como lo son nuestros pecados, nos neguemos a perdonar las ofensas de cada día? 
29.Todos los detalles que nos ofrece esta Parábola contribuyen a reforzar el contraste entre estas dos actitudes y nos hacen comprender por qué es más que justa la suerte que espera a quienes no perdonan de corazón a su hermano. 
30.El Rey le retira a su servidor el perdón que le había otorgado porque él no supo extender este perdón a su compañero. Y lo hace con toda justicia. Cada quien recibe lo que merecen sus obras. 
31.En los oídos de todos los que hemos escuchado esta parábola debería quedar resonando la pregunta del rey, ya que resume la enseñanza de la parábola: «¿No era tu deber tener también compasión de tu compañero como la tuve yo de ti?» 
32.Esto nos invita a hacer una verdadera revisión de nuestra vida. Y sobre todo, una revisión de la vida en nuestros hogares. Veamos si somos capaces de perdonar; si sabemos poner las ofensas en perspectiva, es decir, si tratamos de verlas tal cual son; porque si no, quiere decir que estamos exagerando lo que se nos ha hecho. 
33.Pidamos al Señor que nos conceda ser conscientes de nuestros pecados y del perdón que Él nos ha dado y que esta experiencia de perdón nos anime a ofrecer siempre a nuestro prójimo el regalo del perdón. 

 
Oración de los fieles 
Sacerdote: Dios es compasivo y misericordioso y siempre  está dispuesto a perdonar y a bendecir a sus hijos; por eso con fe oremos por nosotros y por el mundo entero. 
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Sacerdote: Escucha las súplicas de tus hijos, infúndenos tu misericordia, y haz que unidos a Ti demos testimonio del amor verdadero.
 
Por Jesucristo nuestro Señor.
 
Amén.
 
 
 
 

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