Semillas de Dios.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Septiembre 21.Homilía del XXV Domingo durante el año (Ciclo A) . Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

El Señor nos invita a todos a trabajar en la Evangelización.
 
No importa a qué hora nos llame:

Lo importante es responder a su llamada y hacer lo que esté a nuestro alcance.
 
Para un premio de gloria no hay trabajo grande.
 
Feliz Domingo.
 
Monseñor Colominas.
 
 
 
Homilía del XXV Domingo durante el año (Ciclo A) 
 
  1. Dios siempre viene a desconcertarnos. Siempre hace lo que nosotros menos esperamos. Y lo hace así, no porque quiera molestarnos, sino porque quiere que nos demos cuenta de que Dios es totalmente distinto de todo lo que nosotros podemos imaginar. 
  1. Nosotros hemos pensado muchas veces que Dios hace las cosas a nuestro modo y que actúa como actuamos nosotros. Pero Dios no es así. Él va mucho más allá de nuestros  límites humanos. 
  1. Esto tiene que alegrarnos, porque si Dios actuara como actuamos nosotros, ciertamente no tendríamos ni la más remota esperanza de salvarnos. Porque la salvación es un don que Dios nos concede y no algo que nosotros podamos merecer por nuestras obras. 
  1. De acuerdo a la justicia humana, la entrada al cielo sería prácticamente imposible, ya que todos nosotros pecamos y fallamos de muchas maneras. Sin embargo, sabemos, porque Jesús nos lo ha dicho, que si nosotros nos arrepentimos y tratamos de cambiar nuestra vida, el Señor nos abre las puertas de la salvación. 
  1. E! amor de Dios va mucho más lejos que la justicia. La justicia humana es entendida por nosotros, en el mejor de los casos, en términos exactos: “A cada uno lo que le corresponde”. 
  1. De acuerdo a la ley humana: dar menos de lo que a una persona le corresponde es algo injusto. Y también es injusto, el darle más de lo que le toca. Cuando hablamos de justicia, nos olvidamos de la generosidad. En lo humano, la justicia no tiene nada que ver con el amor. 
  1. Estos estrechos límites de la justicia humana son los que nosotros le queremos imponer a la justicia de Dios. Nos olvidamos de que la justicia de Dios está regida por el amor. Y Dios es justo cuando ama y no cuando castiga. 
  1. Cuando nosotros pensamos que la justicia de Dios es igual a la humana, no solamente no podemos entender la justicia de Dios, sino que esto viene a producir en nosotros diversas actitudes.  
  1. En algunas personas, por ejemplo, provoca el miedo. Se pierde la esperanza. Muchos piensan que la justicia divina los va a hundir en lo más profundo del infierno por sus pecados. Piensan que Dios los va a “castigar” por sus pecados. 
  1. En otros, la justicia de Dios, viene a defraudarlos, porque están esperando que llueva fuego del cielo sobre los malvados y los pecadores y, de hecho, ese fuego nunca cae. Sienten que Dios no es justo. 
  1. Nosotros somos los que pretendemos imponerle a Dios las normas estrechas de nuestro modo de actuar. Queremos imponerle a Dios nuestros propios pensamientos y nuestros propios caminos humanos.  
  1. De esta manera nos olvidamos de que toda justicia humana, todo pensamiento humano, todo camino humano, tiene siempre algo de injusto y no cubre las exigencias de la justicia divina.  


  1. Olvidamos que el querer que Dios actúe de acuerdo a nuestras medidas humanas fue la causa del primer pecado de la humanidad: querer decidir lo que es el bien y lo que es el mal. Nosotros queremos ser como Dios y queremos que Dios sea como nosotros. 
  1. La lectura del Evangelio nos presenta la parábola de los trabajadores contratados para trabajar en una viña. Nos presenta la escena de unos jornaleros que esperan en la plaza a que el dueño de una gran viña los contrate para ir a trabajar en sus campos. 
  1. Este no es un caso imaginativo, sino que refleja bien la situación de Galilea en tiempos de Jesús. La gente solía reunirse en las plazas para ver si alguno los contrataba. Estaban esperando sin hacer nada por el momento. 
  1. De pronto aparece el propietario de una viña que viene y contrata a unos jornaleros, a primera hora de la mañana, y quedan de acuerdo en recibir un denario por el trabajo del día. Hasta aquí todo es normal; la escena era muy familiar para los aldeanos del tiempo de Jesús. No hay nada de extraordinario. 
  1. Pero luego el dueño de la viña regresa y va llamando también a otros obreros en distintas horas del día, incluso lo hace hasta una hora antes de que se termine la jornada. Con los nuevos llamados, el Señor no acuerda una paga precisa, sino que les dice simplemente: «Les daré lo que sea justo». 
  1. La parábola nos lleva a preguntarnos: ¿Qué es lo que hará el amo con estos últimos?  ¿Qué es lo justo? La respuesta es desconcertante e inesperada: el amo da a todos la misma paga, incluso a los últimos.  
  1. Los obreros de la primera hora se sienten molestos. Por eso reclaman que lo que el amo ha hecho no es justo. Y, evidentemente, lo mismo pensamos nosotros: una sola hora de trabajo no merece la misma paga que una jornada entera. 
  1. Nosotros tenemos la idea de que el que ha trabajado más recibirá más y que el que ha trabajado apenas una hora tendrá que recibir mucho menos. Sin embargo, el amo de la Parábola no actuó así, sino que a todos les dio lo mismo. 
  1. Ciertamente, a los primeros no los engañó, porque les dio el denario que había prometido darles. Pero estos, al ver que a los últimos les daba un denario, pensaron que a ellos les daría mucho más. Se hicieron la ilusión de que recibirían una paga especial y sin embargo, recibieron lo mismo. 
  1. En el fondo, no reclaman por razón de justicia, sino que se muestran envidiosos de que los otros hayan sido tratados como ellos. El problema está en que quieren defender la diferencia.  
  1. Lo que les irrita es que no haya distinción entre los que trabajaron más y los que trabajaron menos. Ellos se sienten ofendidos no por el hecho de recibir una paga insuficiente, sino por ver que el amo es bueno con los otros. 
  1. Esta parábolas quiere hacernos reflexionar sobre la envidia que siente el justo frente a un Dios cuyo comportamiento y amor es desconcertante, gratuito y escandaloso. 


  1. La parábola no quiere enseñarnos, en primer lugar cómo hace Dios las cosas, aunque ciertamente nos lo deja ver bien claro, sino más bien quiere enseñarnos cómo han de conducirse los justos ante la misericordia de Dios.  
  1. Nosotros nos encontramos con el perdón que Dios derrama a manos llenas. Vemos que Dios perdona de una manera total y absoluta a personas que han sido sinvergüenzas y bandidas y nos imaginamos que nosotros merecemos un trato especial ya que hemos sido siempre fieles. Ya que hemos trabajado duramente en la viña del Señor. 
  1. Y sin embargo, el Señor no nos da cosas especiales. Por eso es que nos sentimos molestos ante quienes se acercan a Dios, después de haber llevado una vida descarriada y libertina, y no solamente son perdonados, sino que muchas veces son tratados mejor que nosotros. 
  1. Cuando Jesús pronunció esta parábola quería responder a las críticas que le hacían los Fariseos y los escribas por compartir con los pecadores (los obreros de última hora). Jesús quiere mostrar que Él no establece diferencias entre justos y pecadores. Sino que su amor es para todos, sin distinción.  
  1. Jesús explica su comportamiento recordándonos la misericordia del Padre, que hace salir el sol sobre buenos y malos y que derrama su lluvia sobre justos e injustos. En el fondo, lo que Dios nos da no es fruto de nuestros merecimientos, sino de su infinita misericordia. 
  1. Nosotros debemos sentirnos felices por lo que Dios nos da, ya que si tuviéramos que recibir lo que de acuerdo a lo que según la justicia humana nos corresponde, no recibiríamos nada. 
  1. El comportamiento de Jesús, que acoge a los pecadores y marginados, manifiesta que la oferta de gracia que Dios hace a través de Él es puro don, amor gratuito, desconcertante y escandaloso. 
  1. La parábola de los obreros de la viña nos recuerda a los creyentes algo de suma importancia: con un corazón envidioso jamás podremos entender al Dios bueno que anuncia Jesús. 
  1. Pongamos un ejemplo tomado del mismo Evangelio. Cuando uno de los malhechores que estaban crucificados junto a Jesús le dice: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino.» Jesús le respondió: «En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.» 
  1. Uno podría ponerse a pensar que Jesús no es justo porque a este le ofrece el cielo inmediatamente, mientras que a nosotros nos toca pasar un montón de penalidades en la vida para poder tener la esperanza de la salvación.  
  1. Sin embargo, Jesús nos está mostrando de esta manera que lo que Dios quiere es nuestra conversión y nuestra salvación. Por eso nos decía hoy la primera lectura: Que el malvado deje sus caminos, y el criminal sus proyectos;  vuélvanse al Señor, que tendrá piedad de ustedes, porque está siempre dispuesto a perdonar. Pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes. 
  1. Alegrémonos pues, de que los caminos de Dios no sean como los nuestros y pidamos a Dios la gracia de saber agradecer siempre lo que Él nos da.  
  1. Que nunca sintamos envidia por el bien que Dios regala a los que según nosotros no lo merecen, sino que, al contrario, nos sintamos siempre agradecidos y felices por la bondad y la misericordia que Dios derrama siempre sobre nosotros, a pesar de que no lo merecemos. 


Oración de los fieles 
Sacerdote: Hermanos, cerca está el Señor de los que le invocan decíamos hoy en el Salmo—; por eso presentémosle nuestras oraciones y pidámosle por nosotros y por el mundo entero. 
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Sacerdote: Escucha, Padre, las oraciones de tus hijos, concédenos trabajar con entrega por el Reino, y haz que un día el cielo sea nuestra morada. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 
 
 

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