Semillas de Dios.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Septiembre 7. Homilía del XXIII domingo del T.O.(Ciclo A). Ayudémonos unos a otros a ser mejores. Tratemos de vivir con el espíritu del Reino de Dios. Feliz domingo.Monseñor Colominas desde Guatemala.

Ayudémonos unos a otros a ser mejores.
 
Tratemos de vivir con el espíritu del Reino de Dios.
 
Feliz Domingo.
 
Monseñor Colominas
 

 
 
 
Homilía XXIII domingo del T.O.(Ciclo A) 
 
  1. Cuando Dios creó a la humanidad la creó formando una unidad: la unidad de una familia. Podríamos decir que la humanidad, al ser imagen de Dios, reflejaba en un principio la unidad existente en la Santísima Trinidad.  
  1. Era precisamente esta unidad la que hacía que la persona humana pudiera desarrollar todas sus potencialidades y capacidades; que pudiera sacar y aprovechar toda esa riqueza que llevaba en su interior. 
  1. Pero cuando el pecado se hizo presente en la vida de la humanidad, vino a destruir esta unidad querida por Dios y vino a enfrentar a las personas entre sí. El pecado hizo que la persona humana se separara no solamente de su Creador, sino que rompiera también la unidad con sus hermanos. Esto nos lo muestra claramente la Biblia cuando nos cuenta, por ejemplo, que: 
  • Adán acusa a Eva de haberlo engañado dándole a comer del fruto prohibido. 
  • Caín mata a su hermano Abel por envidias y celos. 
  • Las personas se separan y se enfrentan porque no pueden entenderse y dejan inconclusa la torre se Babel. 
  1. Podríamos decir que la historia de este enfrentamiento de hermanos en contra de hermanos es algo que constituye la historia de toda la humanidad. Constituye incluso la historia de muchas de nuestras mismas familias. 
  1. Este enfrentamiento se manifiesta de muchas maneras. Una de ellas es la falta de solidaridad y de interés que mostramos hacia nuestros hermanos. Nos importan poco sus problemas. Pocas veces prestamos nuestra colaboración para ayudarlos en sus necesidades. Vemos el mal que se realiza y sin embargo nos quedamos callados. No les tendemos la mano para ayudarles a crecer espiritualmente. 
  1. Ahora bien, todo esto es fruto del pecado. Por eso, cuando Cristo vino a destruir el pecado de la humanidad, no solamente nos alcanzó el perdón, sino que nos enseñó una nueva manera de vivir, de pensar y de obrar.  
  1. Para que el pecado no siguiera destruyendo a la humanidad era necesario que aprendiéramos a vivir de una nueva manera. Por eso Cristo, por medio del Bautismo, hizo de cada uno de nosotros una persona nueva.  
  1. Cristo nos invitó a formar parte del Reino de Dios, que es un Reino totalmente distinto de los reinos humanos. Un Reino que tiene valores y metas totalmente diferentes de los que tiene el mundo. Es un Reino que se caracteriza por vivir el amor en todas sus dimensiones. La Ley del Reino de Dios es la Ley de la Caridad. 
  1. La Iglesia fue fundada por Cristo para continuar la obra de la salvación. Por eso es que, al mismo tiempo que la Iglesia anuncia el Reino de Dios, también lo ha de vivir y lo ha de manifestar en sí misma.  
  1. La Iglesia debe hacer lo mismo que hizo Cristo. Él, no solamente proclamó el Reino de Dios, sino que lo manifestó en sí mismo. El Reino de Dios se realiza plenamente en Cristo, porque Cristo obedece la voluntad del Padre hasta la muerte y una muerte de Cruz. 


  1. Todos podían descubrir y comprender lo que era el Reino de Dios viéndolo presente en  la manera de vivir y de actuar de Cristo. Y actualmente ese reino se hace presente en la Iglesia. El mundo solamente podrá comprender lo que es el Reino de Dios a través del testimonio de la vida de la Iglesia. 
  1. Esto, nos pide hacer una revisión de nuestra manera de vivir. Porque ciertamente, con mucha frecuencia, la manera como nosotros vivimos nuestra vida cristiana, está muy lejos de ser un verdadero testimonio del reino de Dios.  
  1. En muchas ocasiones nosotros lo que de hecho reflejamos son los criterios y los valores del mundo que nos rodea. Esta es la razón por la que surgen tantos problemas en la Iglesia. No es porque seguimos lo que Cristo nos enseña, sino porque seguimos los valores del mundo y, evidentemente, estos valores son totalmente diferentes de los valores que Cristo nos enseñó. 
  1. Hoy la Palabra de Dios que hemos escuchado, nos invitaba a reflexionar sobre uno de estos valores del Reino de Dios. El valor  de la solidaridad. Si la Ley de Cristo es la Ley del Amor, es claro que la solidaridad tiene que hacerse presente en la vida de nosotros los cristianos. 
  1. Recordemos que una de las consecuencias que tuvo el pecado fue la de romper la unidad que existía en el género humano. Esto hace que una de las características del Reino de Dios es la solidaridad. Pero una solidaridad fundamentada en el amor. Una solidaridad que nos lleve a sentirnos responsables los unos de los otros. 
  1. La persona humana madura como persona cuando toma conciencia de su propio yo; cuando toma conciencia de que tiene un yo que es distinto de los demás y que es libre para adoptar decisiones responsables. Pero esta responsabilidad sobre las propias acciones no encierra a la persona en sí misma, sino que la hace responsable también de la vida y de las decisiones de los demás. 
  1. Muchas personas no pueden vivir una verdadera vida cristiana, porque no han madurado como personas humanas. Ya sabemos que antes de ser cristianos hay que ser plenamente humanos. La gracia de Dios perfecciona la naturaleza humana, pero no la cambia. Si, como personas, no somos maduros, tampoco lo vamos a ser como cristianos. 
  1. La falta de madurez de la persona humana se manifiesta de muchas maneras, como serían por ejemplo cuando: 
  • Muchos no son conscientes de lo que son y de lo que valen. Viven comparándose a los demás. Se sienten más o se sienten menos que otros. Son sombras que se mueven cuando el otro se mueve. 
  • Muchos tampoco saben aceptarse tal como son: con sus cualidades y sus deficiencias. Viven descontentos de sí mismos. No se aprecian. 
  • Muchos no son capaces de tomar sus propias decisiones y viven pendientes de lo que dicen los demás. Esto se muestra en la constante necesidad que tienen de recibir una aprobación de lo que hacen. 
  • Muchos constantemente le echan la culpa a los demás por sus errores y fracasos. No aceptan su condición de personas libres, capaces de tomar sus propias decisiones y de asumir las consecuencias de sus propias decisiones. 
  1. Cuando alguien no ha madurado como persona, esto tiene como consecuencia el encerrarse en sí mismo en una actitud egoísta olvidándose de los demás. Muchas veces vemos los males que nos rodean, encogemos los hombros y los dejamos pasar. 
  1. El cristiano debe vivir en una actitud distinta. El Cristiano no puede ver que su hermano sigue un mal camino o hace cosas que lo llevan al mal y quedarse con los brazos cruzados. La solidaridad nos obliga a ayudar al hermano a encontrar el camino del bien y de la verdad. 


  1. Jesús nos lo recuerda hoy: « Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano » 
  1. Esta corrección fraterna que Cristo nos pide brota del amor del que nos hablaba hoy san Pablo cuando nos decía que todos tenemos para con el prójimo la deuda del amor. Este amor nos debe llevar a ser solidarios. A buscar el bien de nuestros hermanos. No se trata, por supuesto, de convertirnos en jueces de los demás. No se trata tampoco de condenar, sino de ayudar. 
  1. Muchas veces vemos el mal que se comete y nos quedamos callados. Otras veces, lo que es peor, nos dejamos llevar por la crítica y la murmuración. Lo que Jesús nos pide es que no sigamos esos caminos falsos, sino que ayudemos a los demás a crecer y a mejorar.  
  1. Es cierto que todos somos débiles y fallamos. Pero también es cierto que todos necesitamos recibir la ayuda de quienes nos tienden la mano para levantarnos.  
  1. La Corrección fraterna no es  cosa fácil ni sencilla. Posiblemente cuando tratamos de ayudar a un hermano que está fallando, nos va a responder con una grosería o un insulto. Esto no debe desanimarnos. Al contrario. Debe hacernos sentir en paz, porque hemos hecho lo que Cristo nos pide. 
  1. Jesús nos enseña también que otra de las formas como nosotros mostramos nuestra solidaridad es a través de la Oración: «Les aseguro también –nos dice Jesús-, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. »   
  1. Nuestra solidaridad se apoya en Cristo. Nosotros formamos con Él un solo cuerpo. Y es por medio de Él por quien todos nosotros nos acercamos al Padre. Por eso, al ser solidarios en la oración, nuestra solidaridad se hace fuerte porque Cristo está en medio de nosotros y el hace que nuestra oración sea escuchada por el Padre. 
  1. Creo que si muchas veces sentimos nuestra vida cristiana como algo vacío y sin sentido es porque la hemos querido vivir de una manera individualista y llena de egoísmo. Jesús nos invita hoy a encontrar esta maravillosa dimensión de la solidaridad. Esto nos hará no solamente no sentirnos solos, sino que nos ayudará también a encontrar fuerza y entusiasmo en el seguimiento de Cristo. 
  1. Pidamos al Señor la gracia de ir madurando como personas y de ir creciendo como hijos de Dios. Que podamos dar ante el mundo el testimonio de una nueva manera de vivir. Que, como Cristo, vayamos anunciado el reino de Dios a través de nuestra manera de vivir: con una auténtica solidaridad fundamentada en la Caridad. 


 
Oración de los fieles 
Sacerdote: Sabiendo que el amor a Dios y al prójimo son el fundamento de nuestra vida, oremos al Padre para que nos enseñe a amar. 
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Sacerdote: Enséñanos a amar, escucha nuestras oraciones y no permitas que nunca nos apartemos de Ti. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 
 

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