Semillas de Dios.

domingo, 22 de noviembre de 2015

22 de Noviembre 2015 Domingo . HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY (B). Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango. Dejemos que Cristo sea quien gobierne y le dé sentido a nuestra vida.




Dejemos que Cristo sea quien gobierne y le dé sentido a nuestra vida. Su Reinado no es un reinado de honor, sino un reinado efectivo, que nos lleva a vivir de una nueva manera y hacer realidad el Reino de Dios. 

Feliz domingo. Monseñor Colominas.


HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY (B)


1. Hoy celebramos el último domingo del año Litúrgico. Y lo celebramos con una fiesta muy especial: con la Solemnidad de Cristo Rey. Con esta fiesta recordamos que Cristo es el Rey y el centro del universo.

2. Esta fiesta viene a ser la respuesta a la pregunta que constantemente, se había estado formulando el Evangelista San Marcos a lo largo de todo este año: ¿Quién es Jesús? Hoy se nos ofrece la respuesta: Jesús es el rey del Universo.

3. Esa es la razón de su poder y de su gloria. Esa es la razón por la que vino hasta nosotros y compartió nuestra vida. Esa es la razón por la que se compadeció de los dolores y de las miserias de la humanidad.

4. Para comprender lo que significa el Reinado de Cristo, 
tenemos que escuchar lo que nos dice la lectura del Evangelio de San Juan que hemos escuchado el día de hoy.

5. Nos presentaba a Jesús en uno de los momentos más duros de su vida. Podríamos decir con toda certeza que estaba viviendo el momento de la verdad. Está delante de Pilatos y está siendo juzgado. Su vida y su prestigio están en juego.
















6. Por un lado, nos encontramos con un pueblo que 
aglomerado en las afueras del tribunal, es azuzado por los sumos sacerdotes y los fariseos. Este pueblo está pidiendo a 
gritos su muerte. Por otro lado está un hombre, que no era judío, y que quería hacer justicia. Al menos una justicia humana apegada a la verdad.

7. Se da cuenta de que Jesús es inocente de todas las 
acusaciones que le hacen. Pero la presión que hay sobre él es
muy grande. Por eso interroga a Jesús para ver si 
encuentra alguna forma de poder salvarlo. Se entabla un diálogo entre Pilatos y Jesús.

8. Pilatos le hace una pregunta muy seria a Jesús: "¿Eres tú el Rey de los judíos?" Eso era lo que había oído decir. O, al menos, le interesaba saber si Jesús estaba peleando, por alcanzar el poder en el reino de Judea. Esa ya hubiera sido una razón para poder condenarle como sedicioso.

9. La pregunta que le hacía Pilatos: "¿Eres tú el Rey de los judíos?" equivalía a decir: ¿Tú quieres o pretendes ser el Rey de los Judíos?

10. Jesús le contestó con otro interrogante: "¿Viene de ti esta pregunta o estás repitiendo lo que te han dicho otros de mí?" Con esto Jesús le quería decir: ¿Te interesa realmente saber quién soy. O simplemente estás viendo si lo que te han dicho es cierto?



11. Es importante que Pilatos vea cuál es su verdadera
 intención. Porque Pilatos no es solamente un hombre público, es también una persona necesitada de la salvación.

12. Pilatos deja a un lado la pregunta de Jesús y le cambia un poco el tema diciéndole: "¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?" Quiere saber si Jesús ha estado buscando reinar en Israel. Quiere saber si ha estado al frente de una insurrección.

13. Pilatos ve las cosas a la manera humana. En Cristo ve solamente a un hombre que es acusado y que quieren condenarlo a muerte. De acuerdo a la ley romana, no se puede condenar a una persona a la muerte, si no hay pruebas de su culpabilidad. Por eso quiere averiguar lo que ha hecho Jesús.

14. Ante esta pregunta, Jesús le contesta, abriendo poco a
poco la puerta al descubrimiento de su verdadera realidad. Le dice: "Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de acá."

15. Cristo le responde a Pilatos que por un lado Él es Rey, pero que por otro lado, su Reino no es como los Reinos de este mundo. Esa es precisamente la razón de la sencillez con la que se ha entregado.



16. Ya lo había dicho Jesús mucho antes: «Nadie me quita la vida. Yo la entrego libremente porque tengo el poder de entregarla y poder para volverla a tomar». Con esto le estaba diciendo que Él era el Señor de la vida. De su vida y de nuestra vida.

17. Cristo no ha luchado. No tiene un cuerpo de 
guardaespaldas que lo esté custodiando. Cristo no ha huido ni se ha escondido. Por eso les había dicho a los soldados que habían ido a capturarlo: «¿Han salido ustedes con espadas y palos como si fueran a capturar a un delincuente? Yo estaba todos los días en el Templo con ustedes, y no me capturaron; pero esta es su hora y el poder de las tinieblas. »

18. Todo esto hace pensar y reflexionar a Pilatos. Se da cuenta de que no está ante cualquier persona. Por eso le dirige ya una pregunta muy concreta: "Entonces, ¿tú eres rey?"



19. Y la respuesta de Jesús es también muy concreta: "Tú lo has dicho: Yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz."

20. Cristo está expresando la verdad más profunda de su
propio ser. Está manifestando su realeza. Y si nosotros aceptamos la verdad, vamos a aceptar también la Palabra que nos está diciendo.



21. Cristo, precisamente en estos momentos en los que Él sabe que va a ser condenado a muerte, manifiesta, por primera vez con toda claridad que es Rey y que ha venido a este mundo para reinar.

22. Sin embargo, el reinado de Cristo es totalmente distinto. No es un reino que tenga territorio. Es un Reino universal. Se extiende a todas las personas, de toda raza, de toda lengua y de todo tiempo.

23. El Reinado de Cristo no es un reinado que se imponga a la fuerza o que se defienda con las armas. Es un Reinado que se acepta libremente y que le da a las personas la verdadera libertad.

24. No es un Reino como los reinos del mundo en el que el interés esté en el poder, en las riquezas y en el oprimir a las personas. Es un Reino que llega a lo más profundo del corazón de las personas y las lleva vivir un cambio radical. Las lleva a ser auténticamente humanas.

25. Por eso nos dice que su Reino no es de este mundo. Sin embargo, se hace realidad en este mundo y se trata de un Reino que de una o de otra manera viene a cambiar todos los demás reinos que existen sobre la faz de la tierra.



26. Por lo mismo, aunque no es de este mundo ni actúa a la manera de los reinos de este mundo, tiene una influencia decisiva para toda la humanidad, de tal manera que la presencia del Reino de Cristo va haciendo cambiar a toda la humanidad.

27. Es importante que nosotros tengamos muy claro en
qué consiste el reino de Cristo. Nos lo dice hoy la misma Liturgia en el Prefacio de la Plegaria Eucarística.

28. El Reino de Cristo es un Reino eterno. Es un Reino que comenzó desde el primer momento de la creación del universo y durará por toda la eternidad. Cristo es un Rey eterno, porque es Dios y reina juntamente con el Padre y el Espíritu Santo.



29. Cristo es Rey por su propia naturaleza. No se trata de un reinado adquirido a través de una lucha o que se lo hayan regalado. Es Rey porque es Dios.

30. Por la misma razón es un Reino Universal. Todo ser existente está sometido al reinado de Cristo. La persona humana es el único ser de la creación que por ser libre, puede aceptar libremente este reinado o puede rebelarse en contra de él, con todas las consecuencias que esto le puede acarrear.



31. Es un Reino en el que la Verdad está presente. En su Reino no hay mentiras ni engaños. Por eso le decía Jesús a Pilatos: «Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz.» El amor a la verdad nos hace pertenecer al reino de Cristo.

32. Es un Reino en el que se respeta la vida. Dios es el único dueño de la vida. Él es el Señor y el dador de la vida. En el Reino de Cristo se vive la vida en plenitud, porque se nos quita todo aquello que nos impide vivir de acuerdo a los planes de Dios.

33. Es un Reino de Santidad, donde el infinitamente Santo que es Dios se refleja en cada uno de nosotros. Una santidad que nos lleva a vivir la misericordia, la compasión, el perdón. Una santidad que nos lleva a ser solidarios. Una santidad que nos lleva a la comunión con Dios.

34. Es un Reino de gracia, porque es un regalo de Dios 
hacia cada uno de nosotros. Es algo gratuito y nos lleva a vivir una verdadera la participación en la misma vida de Dios. Somos sus hijos. Es un Reino en el que todos formamos una familia: la familia de los hijos de Dios.



35. Por consiguiente, el reinado de Cristo es un Reinado de justicia y todos aquellos que forman parte de este Reino, saben ser justos en todas sus actuaciones. Justos con Dios. Justos con el prójimo. Justos con la naturaleza y justos consigo mismos.

36. Podríamos resumir diciendo que el Reinado de Cristo tiene una sola Ley, que es la ley del amor. Todas las características del reinado de Cristo son fruto del amor.

37. ¿Qué significa todo esto? Significa que cuando vivimos el Reino de Cristo, podemos vivir en Paz. Pero no una Paz que brote de acuerdos, de tratados o del temor a una destrucción total. Sino de una Paz que es el resultado del vivir de acuerdo en todo con la voluntad de Dios.



38. Cristo es el rey de este reino. Y todo lo que nos ha pedido y enseñado en el Evangelio, es una invitación para que libremente aceptemos su reinado en nuestra vida. Es una invitación para que le dejemos reinar en nuestro corazón.

39. Lo que actualmente vivimos es simplemente la muestra y el ejemplo palpable de lo que es la vida humana, cuando rechaza a Cristo como Rey. Si nosotros queremos que haya un cambio en nuestra vida, abramos nuestro corazón y pidamos a Cristo que sea nuestro Rey.

40. Tenemos todas las posibilidades de ser inmensamente felices. Pero de nosotros depende. Todo está en que dejemos Reinar a Cristo en nuestra vida.


Oración de los fieles
Sacerdote: El Reino que Jesús vino a instaurar no es de este mundo. Pidámosle que su gracia y su paz estén en nuestros corazones para que podamos adelantar su reinado en la tie-rra.





Sacerdote: Reina, Señor, en nuestra historia, excluye de nuestra tierra la codicia, la ambición y la arrogancia, y danos aguardar con esperanza la venida definitiva de tu Reino de justicia, amor y paz. 

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. 

Amén.


No hay comentarios: