Semillas de Dios.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Domingo 1 de Noviembre. HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS. Desde Guatemala por. Monseñor Rodolfo Colominas Arango.




La santidad parece al hombre de hoy, como algo fuera de la realidad. 

Y precisamente por esta razón, es que el mundo anda como anda: 

Mal. 

Necesitamos ser santos, para ir transformando la realidad de nuestro mundo.

Animémonos, porque lo necesitamos urgentemente. 

Feliz Domingo. Monseñor Colominas.


HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD 
DE TODOS LOS SANTOS.

1. La solemnidad que hoy estamos celebrando nos recuerda el verdadero sentido de nuestra vocación cristiana. Dios nos ha llamado a todos nosotros a la santidad. Todos nosotros, por el hecho de ser cristianos, debemos ser santos.

2. La santidad no consiste en hacer cosas raras, ni en vivir una vida triste y sin entusiasmo. La santidad, tampoco consiste en estar haciendo milagros, ni en andar corriendo tras las procesiones por todas partes.

3. La santidad consiste en reflejar el amor y la misericordia de Dios, en nuestras obras de todos los días. La santidad consiste, en vivir cada momento de nuestra vida, movidos por el amor a Dios y a nuestro prójimo. En una palabra: La santidad consiste en Amar.

4. La razón de nuestra vocación a la santidad, nos la da San Juan, en la segunda lectura que hemos tenido hoy, cuando nos recuerda que todos nosotros, somos hijos de Dios: « Miren -nos dice San Juan- qué amor tan especial nos ha tenido el Padre: Que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos en realidad. »

5. Nosotros nacimos a la vida de hijos de Dios, el día en que fuimos bautizados. El Bautismo es un nuevo nacimiento. Por medio de la gracia, Dios nos hace sus hijos y nos injerta en Cristo, para formar con Él un solo cuerpo.

6. Por lo mismo, si nosotros somos hijos de Dios y estamos íntimamente unidos a Cristo, hemos de vivir de acuerdo a lo que somos; de acuerdo a la vida divina que hemos recibido. Vivir esa vida nueva es precisamente lo que llamamos santidad.



7. Esta vida nueva, nos lleva a actuar de una manera nueva. Jesús nos enseña, en la lectura del Evangelio, cuál ha de ser el nuevo modo de vivir, que debemos tener los hijos de Dios. Las características que ha de tener, este modo nuevo de vivir lo encontramos en las bienaventuranzas.

8. Las bienaventuranzas, nos señalan las características que ha de tener nuestra vida, en cualquier ambiente en el que vivamos y en medio de las personas, con las que nos toque vivir.

9. Al vivir las Bienaventuranzas, no solamente estaremos viviendo como hijos de Dios que somos, sino que además iremos creciendo en gracia y en santidad.

10. La primera característica que ha de tener nuestra vida cristiana es la pobreza. Una pobreza que no consiste en no tener nada, sino en no tener el corazón apegado a las cosas. El verdadero pobre, es aquel que ha puesto su confianza solamente en Dios y no en las cosas materiales.



11. La pobreza es la que vacía nuestro corazón, de las cosas inútiles de esta vida y deja lugar suficiente, para que Dios sea el que llene, la totalidad de nuestro ser. La pobreza es fuente de paz y de alegría, porque confiamos en la Providencia de Dios que siempre nos da lo que necesitamos para la vida.

12. La segunda característica que debe tener la vida del cristiano, es el saber reconocer las propias faltas y los propios pecados. Es una actitud de humildad que nos impulsa a reconocer lo que somos en realidad.

13. Este reconocer nuestras debilidades y miserias, es lo que abre nuestro corazón para recibir los consuelos de Dios, que no solamente nos perdona, sino que nos da su gracia, para superar nuestras miserias.

14. La tercera característica que debe tener nuestra vida es la actitud de la paciencia. La paciencia, nos lleva a darle a cada cosa el tiempo que necesita. Nos lleva a vivir sin las prisas ni las angustias, propias de nuestra sociedad actual.

15. Así como los frutos de la tierra van madurando poco a poco, así también en nuestra vida, poco a poco vamos alcanzando las metas que debemos alcanzar. La paciencia todo lo alcanza. Por eso es que la paciencia, nos exige siempre la perseverancia en el esfuerzo que realizamos.

16. La santidad lleva al cristiano a buscar la justicia. Por eso es que la cuarta característica que debe marcar nuestra vida ha de ser el hambre y la sed de la justicia. Justicia que significa darle a cada quien, lo que a cada quien le corresponde. Tratar a cada persona como debe ser tratada.

17. Muchas veces, por ejemplo, dejamos a Dios a un lado y no somos justos con Él. En la familia, muchas veces no se da a la esposa o al esposo, la atención y el cariño que se merecen. O también los hijos con frecuencia, no saben agradecer y corresponder a sus papás, lo que hacen por ellos.



18. Mucho de lo que nos toca sufrir en el mundo actual, viene precisamente de la falta de justicia. El verdadero hijo de Dios debe ser justo, porque su Padre Dios es infinitamente justo con todos.

19. La justicia está unida íntimamente a la misericordia, que es la quinta característica que debe distinguir a todo hijo de Dios. La compasión y la misericordia, deben estar 
presentes siempre en nuestros corazones. De esta manera, estaremos reflejando a Dios en nuestra vida.

20. No podemos ser indiferentes, ante el dolor y el sufrimiento de nuestros hermanos. Así como Dios se compadece de nosotros, así también nosotros debemos compadecernos de los demás. Y por supuesto que no se trata de una compasión sentimental, sino en una compasión que nos lleve a ser solidarios y a ayudar en la medida de nuestras posibilidades a los que sufren y pasan necesidad.

21. Todo hijo de Dios debe mantener limpio su corazón. Las impurezas y maldades no nos dejan contemplar a nuestro Padre Dios. Muchas personas dicen que están perdiendo su Fe. Lo que les sucede en realidad, es que la suciedad de sus pensamientos, de sus sentimientos, de sus deseos y de sus obras les cierran sus ojos, para contemplar las cosas que se refieren a Dios.

22. Por eso nos dice Jesús, que la sexta característica de todo hijo de Dios, es la de tener siempre limpio el corazón, de todo aquello que no agrade a Dios.

23. La séptima característica es la de ser constructores de la paz. El verdadero hijo de Dios jamás se deja llevar por la violencia. Al contrario, sabe poner la Paz, entre las personas y en los ambientes.



24. Todos sabemos por experiencia que la construcción de la paz, es algo que realmente urge. Si nosotros somos hijos de Dios, debemos esforzarnos, porque la paz se haga presente en todas partes.

25. Finalmente, el verdadero hijo de Dios se caracteriza, por saber mantenerse firme en medio de las luchas y dificultades. No abandona jamás a Cristo, aunque tenga que sufrir por amor a Él insultos, persecuciones y calumnias.

26. Todos los santos han vivido el espíritu de las Bienaventuranzas. Y todos nosotros estamos llamados a ser santos. Ojalá que nos esforcemos por avanzar por caminos de santidad, para que de verdad, la vida de hijos de Dios se manifieste en cada una de nuestras obras.

27. Ojalá que viviendo íntegramente nuestra vocación cristiana, lleguemos a gozar algún día en el cielo, de la compañía de todos los santos y elegidos. en la amorosa presencia de nuestro Padre Dios.



Oración de los fieles

Sacerdote: Dios, Padre Nuestro, tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, nos ha dicho que hemos de ser santos, como tú eres Santo. Por eso, guiados de su Palabra te presentamos ahora nuestras súplicas.




Sacerdote: Acepta, Padre Celestial, estas súplicas que con fe, humildad y amor te hemos presentado. 

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. 

Amén


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