Semillas de Dios.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Noviembre 15. Homilía del XXXIII domingo durante el año (Ciclo B). Désde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango. QEPD Muertos Atentados París. FRANCIA.

Cada día nos hemos de ir preparando para nuestro encuentro con nuestro Padre Dios. Recordemos que la vida eterna la comenzamos empezado a vivir desde el día de nuestro Bautismo. Vivámosla intensamente. Buen domingo.
Monseñor Colominas.

Homilía del XXXIII domingo durante el año (Ciclo B).


1. Muchas personas se preguntan: ¿Cuándo va a ser el fin del mundo? ¿Cuándo será el retorno glorioso de Cristo? ¿Será pronto o va a tardar? Estas preguntas ya se las hacían los primeros cristianos. San Pablo les decía que no debían preocuparse y que han de esforzarse por vivir como el Señor nos lo manda.

2. Hay épocas en las que estas preguntas acerca del fin del mundo se multiplican, sobre todo cuando se empieza a anunciar que el fin del mundo se acerca. Y, peor aún, cuando se atreven a señalar fechas y se apoyan en los acontecimientos que vemos que suceden en la naturaleza.

3. El cristiano no debe angustiarse por conocer anticipadamente el futuro, ni tampoco debe vivir preocupado por estas ideas catastróficas. Una cosa que debemos tener siempre presente, es que el futuro de la humanidad y de cada uno de nosotros en particular, está en las manos de Dios.

4. Por eso que el cristiano no debe estar pendiente de curiosidades imaginarias, para adivinar su futuro o el futuro del mundo, sino que ha de vivir el presente con actitud vigilante, positiva y esperanzada.

5. Más aun, nosotros los cristianos, si de verdad creyéramos lo que decimos en nuestra profesión de fe: que creemos en la vida del mundo futuro y en la vida eterna, deberíamos ser los más felices, seguros y esperanzados de los hombres.

6. Porque el saber cuándo será el fin del mundo, no nos va a aprovechar para nada y nos va a quitar la paz. En cambio el
saber que estamos en las manos de nuestro Padre Dios, va a llenarnos de una confianza total y absoluta. Ya sabemos que Dios siempre busca el bien para nosotros, aunque a veces nosotros no entendamos cómo lo va a lograr.



7. Lástima que nosotros no siempre mostramos, que vivimos confiados en las manos de Dios. Porque solamente podremos vivir con alegría y confianza, cuando vivimos de acuerdo a la voluntad de Dios. El hacer siempre lo que Dios nos pide, es la fuente de la paz y de la alegría plena.

8. Pero, sobre todo, en lo que se refiere nuestra fe en "la vida futura", necesitamos ser más coherentes con lo que nos enseña nuestra fe. Y, concretamente, debemos ser conscientes, de que la vida futura no empieza en un momento determinado, cuando se nos apaga aquí en este mundo la luz de la vida, sino que la vida futura, empieza ya desde el momento en el que nacemos y se va desarrollando diariamente para transformarse, en el momento de nuestra muerte, en una plenitud de vida.

9. Esa plenitud de vida, se manifiesta en el amor fraterno, en la solidaridad, la paz y la justicia que todos anhelamos y que identificamos con el Reino de Dios. Pero este Reino es algo que no se hará realidad entre nosotros automáticamente, sino que se hará presente, como fruto de nuestra responsabilidad personal. Como fruto de la acogida que le demos a la Palabra de Dios.

10. Hoy Jesús, nos ha propuesto la comparación de la higuera. Es una invitación que el Señor nos hace, para que vivamos con una actitud vigilante y para que aprendamos a interpretar los signos de los tiempos.

11. Nos dice que cuando las ramas de la higuera se ponen tiernas y brotan las yemas, se sabe que la primavera está cerca pero que aún no ha comenzado. La palabra "cerca" es clave de esta comparación. Los signos de los tiempos, no anuncian el fin del mundo, sino la cercanía del Reino de Dios, para cualquier generación ya sea de ayer, de hoy o de mañana.

12. Necesitamos, por lo mismo, darnos cuenta de que nuestra vida cristiana en este mundo, debe ser tan sólo el comienzo, en el tiempo, de lo que nos va a tocar vivir en la eternidad. Ahora hemos de vivir, en la fe, lo que vamos a vivir plenamente en la vida eterna.



13. En la vida eterna, en la que el Reino de Dios se va a hacer presente con toda su plenitud, vamos a participar de la vida de Dios, de su bondad, de su propia manera de entender los acontecimientos, de ver a los hombres, de tratarlos, de amarlos; participaremos de su felicidad, que es una felicidad que consiste en darse sin límites a los demás.

14. Esto es lo que decimos los cristianos que será la vida futura y en eso creemos. Pero, hasta que llegue ese maravilloso momento, de hecho, estamos viviendo, en muchas ocasiones, una vida que no tiene nada que ver, con ese final feliz que proclamamos y esperamos.

15. De hecho, nuestro modo de vivir, aquí y ahora, en nada se parece al modo de vivir de Dios, que conocemos perfectamente, porque fue el modo de vivir de Cristo. Hay una gran distancia entre lo que Cristo vivió y nos enseñó y lo que, de hecho, nosotros estamos viviendo.

16. Aprendan de la higuera, dice Marcos hoy. Cuando las ramas se ponen tiernas y les brotan las yemas, saben que la primavera está cerca. En nuestros tiempos nos encontramos con muchas señales que nos invitan a vivir en la esperanza.

17. Por eso tenemos que aprender a leer las páginas del Evangelio, que nos hablan del final de los tiempos. Porque tenemos el peligro de quedarnos solamente, en ese conjunto de imágenes aterradoras, como las que hemos escuchado en el Evangelio de hoy.

18. Pero, si nos fijamos bien, la enseñanza de Jesús no está centrada en la destrucción ni en el castigo, sino en algo que es muchísimo más importante y esperanzador que es la "parusía" o sea, la segunda venida del Hijo del hombre.






19. Las imágenes cósmicas del sol, de la luna y de las estrellas subrayan la grandiosidad de esta venida gloriosa. Son, pues, un lenguaje simbólico que manifiesta la transcendencia del hecho y anuncia el punto culminante de la historia universal.

20. La historia final del mundo no es una catástrofe, sino la llegada de la salvación que Dios ofrece amorosamente, a todos los que abrieron su corazón a la Palabra de Dios y vivieron de acuerdo a ella. No podía ser de otra manera, pues ya en el comienzo de la historia humana, la creación fue el gran gesto de amor de Dios.

21. Es un acontecimiento positivo. Es el último tramo de la historia de la salvación. El Hijo de Dios, con la gloria de Resucitado, hará un juicio y reunirá a todos los elegidos. Es el momento definitivo, en el que los que entregaron su vida
a Cristo, viviendo de acuerdo al Evangelio, verán que sus esperanzas no eran vanas.

22. Y será el momento en el que, los que tercamente rechazaron las invitaciones que Cristo les hacía a la conversión y a seguir el camino de su Palabra, se darán cuenta (pero ya muy tarde) de que rechazaron la vida, para escoger el camino de la muerte y la destrucción.

23. Después de todo el camino recorrido, desde el primer pecado de la humanidad, con la venida gloriosa de Cristo, va a comenzar la nueva creación, cuando se haga realidad el plan que Dios tuvo desde el principio, al crear el universo entero.

24. Pidamos hoy al Señor, que nos conceda la gracia de vivir constantemente preparados para recibirlo, llenos de gozo, el día de su venida. Que toda nuestra vida la vivamos de cara al encuentro pleno y definitivo con el Señor.




Oración de los fieles

Sacerdote: Hermanos, Cristo se ofreció en sacrificio de una vez para siempre, Él es el Sumo Sacerdote capaz de compadecerse de nosotros y de interceder ante el Padre por cuanto necesitamos y deseamos. Por eso, presentemoslé nuestras intenciones.
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Sacerdote: Señor Jesús, intercede por tu Iglesia, bendícela con tu gracia y guárdala de todo mal hasta el día de tu retorno glorioso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


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