Semillas de Dios.

sábado, 12 de diciembre de 2015

13 de Diciembre.HOMILÍA DEL III DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO C). Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango. Abramos el corazón para recibir a Cristo que viene a nosotros..



Necesitamos vivir la alegría. La verdadera alegría, es la que nos viene del Señor y que se nos ofrece en abundancia este Adviento. Abramos el corazón para recibir a Cristo que viene a nosotros. Feliz domingo. 
Padre Colominas.


HOMILÍA DEL III DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO C)


1. Dos, de las tres lecturas que acabamos de escuchar, nos 
invitan a estar alegres. Es una invitación importante, porque la vida de muchos de los aquí presentes, están llenas de amarguras y de tristezas. Sin embargo, hay que hacer notar que esta invitación a la alegría, no es una invitación vacía. Tiene una razón.

2. El profeta Sofonías, nos invita a alegrarnos porque Dios, Nuestro Señor, ha cambiado nuestra suerte; porque ha alejado de nosotros a nuestros enemigos. Por lo tanto, no tendremos que temer desgracia alguna, porque en medio de nosotros está el Señor.

3. San Pablo nos dice, que hemos de alegrarnos porque el
 Señor está cerca de nosotros. Porque la paz de Dios, que es mayor de lo que podemos imaginar, guardará nuestros 
corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.

4. No se trata, por lo tanto, simplemente del hecho de 
alegrarnos por alegrarnos, sino de alegrarnos porque el Señor, quiere cambiar nuestra vida y porque desea hacernos vivir, de una manera nueva y distinta.

5. Nos alegramos porque nuestra vida, va a recobrar el sentido que Dios quiso darle y que perdió a causa del pecado de la humanidad. En adelante, ya no vamos a vivir por vivir, sino que vamos a empezar a vivir, la verdadera vida para la que fuimos creados.

6. Dios nos llamó a la existencia, para hacernos participar de su gozo infinito. Dios nos creó para que vivamos eternamente felices, comenzando a vivir este gozo, ya desde ahora. Por lo
mismo, la invitación que se nos hace a la alegría es una 
invitación a vivir de acuerdo al Plan de Dios.

7. No olvidemos que las penas y tristezas, han llenado la vida de nuestro mundo, porque hemos querido construir nuestra existencia, no solamente al margen de Dios, sino incluso la hemos querido construir en contra de Dios.

8. Solamente viviendo de acuerdo a la voluntad de Dios, es como nosotros podremos alcanzar la verdadera felicidad; esa felicidad que permanece por siempre y que siempre se mantiene a pesar de todo.




9. El Evangelio que hemos escuchado hoy, nos cuenta que, ante la predicación de San Juan el Bautista, la gente no se quedaba contenta sólo con escuchar su Palabra, sino que veía la necesidad de ponerla en práctica.

10. Juan el Bautista en el desierto no era (como son algunos predicadores hoy día) un espectáculo destinado a divertir y a entretener. Su voz no resonaba en el desierto para quitar el aburrimiento de las multitudes. Sino todo lo contrario.

11. La voz de Juan, era portadora de la voz de Dios. 
En realidad, era la voz de Dios la que ellos escuchaban. Y la voz de Dios, es siempre una voz que exige una respuesta en la 
propia vida.

12. Por eso, la gente le preguntaba a Juan: «¿Qué debemos hacer?». «¿Qué respuesta hemos de dar a la Palabra que hemos escuchado?». El les contestaba: «El que tenga dos vestidos, que dé uno al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo.»

13. Los cobradores de impuestos también le preguntaban: «Maestro, ¿qué tenemos que hacer?» Y Juan les decía: «No cobren más de lo establecido.»

14. También los soldados le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?» Juan les contestaba: «No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con su sueldo.»

15. A lo largo de este tiempo el adviento, la Palabra de Dios ha estado resonando en nuestros oídos. No ha resonado para entretenernos o para divertirnos. La Palabra de Dios ha llegado hasta nosotros, para que nosotros vivamos una conversión.

16. Nosotros también tenemos que preguntarnos: «¿Qué es lo que debemos hacer?» No olvidemos que precisamente, a través de nuestra conversión personal, es como va a llegar a nosotros la vida nueva que Dios quiere comunicarnos. Nuestra conversión, es la que va a hacer surgir un mundo nuevo.




17. La salvación se nos ofrece como un don, pero nosotros tenemos que poner nuestro esfuerzo, para hacer que esta salvación se haga realidad en nuestra vida. Dios nos ofrece su paz y su gracia, pero nosotros tenemos que poner nuestro esfuerzo.

18. Si las cosas no cambian, no es porque Dios nos haya abandonado, ni porque Dios no se dé cuenta de la situación que vive la humanidad, sino porque nosotros esperamos que Dios lo haga todo. Nosotros ensuciamos el agua y después queremos que Dios nos la limpie, para que podamos beber de ella.

19. Nos hemos olvidado de que Dios, nos llamó para hacernos sus colaboradores, en la construcción de un mundo nuevo. Por lo mismo, tenemos que poner lo que está de nuestra parte, para que la Palabra de Dios se haga realidad entre nosotros.

20. Esta es la razón por la que nosotros tenemos que 
preguntarnos también, como lo hicieron los judíos: 
« ¿Y nosotros qué es lo que tenemos que hacer? »

21. La respuesta dependerá, de lo que somos cada uno de nosotros. Pongamos algunos ejemplos que pueden ayudarnos a reflexionar y nos pueden orientar por dónde deberá ir nuestra conversión.

22. ¿Eres tú padre de familia? Puedes proponerte, por ejemplo:
* Dominar tu mal carácter.
* Ser más responsable en las cosas de tu hogar.
* Compartir con los miembros de tu familia.
* Estar dispuesto a dialogar, escuchando a los demás, tratando de comprenderles.
* Dejar a un lado el trago o cualquier otro vicio.
* Dar buen ejemplo de vida cristiana, siendo el primero en vivirla.

23. ¿Tú eres Madre de familia? Tu tarea podría ser:
* No estar alegando y regañando todo el santo día.
* Saber corregir oportunamente y con cariño.
* Compartir las alegrías y las penas de los hijos.
* Tener alegría, buen humor y paciencia.

24. ¿Tú eres hijo? Pues procura:
* Ser obediente a lo que tus padres te piden.
* No creer que tus padres tienen la obligación de 
  satisfacer tus caprichos.
* Evitarles gastos y molestias innecesarias.
* Colaborar en las tareas de tu casa. Al paso que ayudas, aprendes para el futuro.
* Acostumbrarte a decir la verdad, a ser ordenado, a ser respetuoso.




25. ¿Eres esposo o esposa? Es importante que trates de:
* Tener gestos de cariño y de amor para con tu cónyuge.
* Estar siempre dispuesto a dialogar, sin querer tener siempre la razón.
* No llenarte de celos por lo que tus amistades te contaron.
* Tener confianza en tu cónyuge y estar dispuesto siempre a perdonarle.
* No hacer aquello que bien sabes que le disgusta.
* Ser siempre sincero, usar un tono de voz cariñoso.
* Tenerle paciencia con sus defectos y limitaciones.

26. ¿Eres suegro o suegra? Haz la lucha por:
* No meterte en la vida de tus hijos casados.
* No criticar la vida o las actitudes de tus yernos o de tus nueras.
* Respeta la autoridad de tus hijos sobre tus nietos.
* Ser cariñoso o cariñosa, pero no quieras ser el centro de la vida de tu familia.
* Procura estar siempre dispuesto/a a ayudar, pero sin quitar responsabilidades.
* Esfuérzate por ser fuente de alegría para los que te rodean.

27. Como podemos ver, hay muchas maneras de responder, al llamado que Dios nos hace a la conversión. Son cosas concretas que están al alcance de nuestras manos. No necesitamos hacer cosas especiales.

28. En el poco tiempo que nos queda ya del Adviento, 
procuremos esforzarnos por ir cambiando. Esto hará que el Reino de Dios, se vaya haciendo presente en medio de nosotros. Nosotros salimos ganando.

29. Esta es la mejor preparación que podemos tener, para la Navidad. Y lo bueno será, que no solamente nos va a beneficiar en la navidad, sino que nos servirá para toda la vida.

30. Pidamos al Señor que nos ayude con su gracia a vivir una verdadera conversión. Que su llegada nos encuentre con un corazón y un espíritu nuevo.





Oración de los fieles
Sacerdote: Con espíritu agradecido y con sencillez de corazón, oremos a Dios que nos anuncia la paz, y nos da la esperanza.



Sacerdote: Escucha, Señor, nuestras súplicas y nuestra acción de gracias; haz que amemos siempre tu voluntad y que no ahoguemos nunca el fuego de tu Espíritu, que nos invita a ser fieles a Ti, que sellaste con nosotros una promesa de salvación. 


Por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.



















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