Semillas de Dios.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Domingo 20 de Diciembre de 2015. HOMILÍA DEL IV DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO C). María peregrina hacia nuestro corazón, para depositar en él a su Hijo el Emmanuel. Recibámoslo con júbilo, para comunicarlo a los que aún no lo conocen. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.


María peregrina hacia nuestro corazón, para depositar en él a su Hijo el Emmanuel. 

Recibámoslo con júbilo, para comunicarlo a los que aún no lo conocen. 

Feliz Domingo. Monseñor Colominas.


HOMILÍA DEL IV DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO C)


1. Dios quiere que toda la humanidad participe de su vida divina. Dios, que nos creó a su imagen, quiere que todos, llenos de gozo y alegría, lo reflejemos en nuestra manera de vivir y de comportarnos.

2. Sin embargo, nosotros nos hemos empeñado por vivir de tal manera, que en vez de reflejar a Dios en nuestras obras, reflejamos el mal y el pecado. Nos hemos alejado de Dios y este alejamiento, ha sido la causa de nuestra ruina.

3. Esta es la razón por la que el Padre Dios, tomó la iniciativa de enviarnos a su Hijo amado para ayudarnos a regresar, por medio de Él, al camino que abandonamos cuando elegimos el pecado como manera de vivir.

4. Y no contento con ofrecernos la oportunidad de descubrir el verdadero sentido de nuestra vida, quiso, además, que fuéramos sus colaboradores en la obra de la salvación de la humanidad. Por eso es que, a lo largo de la historia ha ido escogiendo a muchísimas personas para hacer presente en todas partes, la invitación a la conversión y a la vida nueva.

5. Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios eligió a una mujer, para que fuera la puerta por donde su Hijo Único, se hiciera presente en medio de nosotros. Pero no la obligó a la fuerza a ponerse a su servicio. Al contrario, respetó su libertad. Y ella, la Santísima Virgen María, libre y voluntariamente, aceptó con gusto y generosidad la misión que Dios le encomendaba.

6. Y no era sólo el hecho de ser la Madre del Hijo de Dios, sino que recibió la misión de comunicarlo, a todas aquellas personas que aún no lo conocen. Por eso es que María, hoy, en la lectura del Evangelio que hemos escuchado, se nos presentaba, como la portadora de la Palabra Eterna del Padre hecha hombre en su seno inmaculado.

7. Cuando el Ángel le anunció que iba a ser la Madre del Salvador, quiso hacerle ver la grandeza de su poder. Por eso le dijo que su pariente Isabel, una mujer ya avanzada en años, había concebido un hijo en su vejez y que ya estaba en el sexto mes la que llamaban estéril.



8. Es muy importante que nos fijemos en el hecho de que María, después de que el Ángel se retiró de su presencia, no se quedó tranquila y feliz en su casa. No quiso guardarse para sí misma, la gracia que había recibido del Señor. Sino que todo lo contrario: quiso hacerse portadora de esa presencia de Cristo el Salvador, comunicándolo a otras personas.

9. Nos decía hoy el Evangelio que María, corrió presurosa a un Pueblo de las montañas de Judea. Ella se dio cuenta de que su prima Isabel necesitaba su ayuda y su cuidado.

10. Era Cristo quien actuaba en el corazón de María,
abriéndolo a las necesidades de los demás y ella siguió 
dócilmente los impulsos del Espíritu de su Hijo y se puso en camino, para ofrecer su ayuda a quien la necesitaba.

11. Fijémonos cómo este camino que recorre María, viene a ser ya un anticipo de los caminos que su Hijo, había de recorrer para ofrecer su ayuda a todas las personas necesitadas. Más aún, es el mismo Cristo quien se pone en camino, llevado por su Madre Santísima, para comunicar el gozo de su presencia a todas aquellas personas dispuestas a recibirlo.

12. María nos enseña a todos nosotros, una maravillosa lección: hemos de comunicar a los demás, los dones que Dios nos ha concedido. No hemos de guardarlos para nosotros mismos. Todo lo que nosotros somos y tenemos, no es para nuestro beneficio personal, sino para comunicarlo a los demás.

13. Si cada uno de nosotros los cristianos, tuviésemos la actitud de María, de salir de nosotros mismos; de dejar nuestra comodidad para visitar y comunicar, a todos los que lo necesitan, la presencia de Dios, nuestro mundo sería distinto.

14. Si nosotros compartiéramos con los demás, los dones que Dios nos ha dado, nuestro mundo sería un anticipo del cielo. No habría personas solas ni abandonadas. A nadie le faltaría lo necesario para llevar una vida digna.

15. Y no vayamos a pensar que todo esto es algo bonito, pero que no se puede realizar. El libro de los Hechos de los Apóstoles, hablándonos de la Iglesia en sus comienzos, nos dice algo que debería hacernos pensar: “La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. 
Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos. No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad.”



16. A nosotros, quizá, no se nos pida vivir tan radicalmente lo que nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero sí se nos pide abrir el corazón y compartir con los demás, lo que hemos recibido de Dios. No solamente los bienes materiales y económicos, sino también las cualidades que Dios nos ha regalado.

17. Por ejemplo, todos podemos compartir nuestros 
conocimientos. Podemos ayudar a aquellas personas 
que sufren por la ignorancia. Podemos orientar a aquellas 
personas que necesitan un consejo para encontrar el buen camino. En una palabra, podemos ayudar a los demás si abrimos los ojos a sus necesidades.

18. Fijémonos en el hecho de que la Santísima Virgen, al enterarse del embarazo de su prima Isabel, no esperó a que 
le fueran a pedir su ayuda. La iniciativa brotó de ella. Era consciente de lo que había recibido del Señor y quiso comunicarlo a quien sabía que lo necesitaba.

19. Y nos dice el Evangelio que corrió presurosa a las 
montañas de Judea. El amor verdadero no se hace de rogar, no hace malas caras ni va arrastrando los pies. Corre con alegría hacia aquel que lo necesita.

20. Seguramente que en esta Navidad, hemos pensado en tantas personas que sufren la soledad y el abandono. Los ancianos, los niños minusválidos, los enfermos, los que viven en la calle. Más aún, seguramente ya les hemos dado algo para alegrar su Navidad. Esto es maravilloso. Pero yo me pregunto: ¿Por qué solamente en Navidad?

21. Ciertamente es un tiempo especial. Se trata de un tiempo en el que hasta los malvados y sinvergüenzas, sienten que les retoña la bondad en sus corazones. Pero para nosotros los cristianos, todo el tiempo debería ser Navidad y la bondad debería brotar a raudales de nuestro corazón, todo el tiempo.

22. Y no pensemos solamente en aquellas personas, que están abandonadas. Pensemos también en aquellas personas de nuestra casa, que muchas veces también necesitan de nuestro cariño, de nuestra atención, de nuestro perdón, de nuestra delicadeza. Es muy cómodo lanzar la mirada a lugares lejanos. Pero no olvidemos que cerca de nosotros, en nuestra misma casa, hay personas que nos necesitan y desean experimentar nuestro amor.



23. Fijémonos en que Isabel, no era una persona desconocida de María. Era su pariente. Y es a la primera a quien María acude para llevarle su ayuda. No le lleva bienes materiales, sino que le comunica el tesoro más grande que tiene: su Hijo Jesús, que viene a salvarnos a todos.

24. Decía el Evangelio, que en cuanto el saludo de María llegó a los oídos de Isabel, la criatura saltó de gozo en su seno. Esto nos recuerda que cuando comunicamos a los demás el amor, el gozo y la alegría, hacemos vibrar los corazones. 
Nadie puede quedarse indiferente, cuando experimenta la presencia del amor.

25. Actualmente, en nuestro mundo tan materialista, lo único que desgraciadamente hace vibrar los corazones, es el dinero, el poder, el placer y el tener. Por eso es que nos hemos vuelto tan inhumanos. Por eso es que cuando en la Navidad, brota el amor en el corazón, nos sentimos personas distintas y vemos a los demás de una manera diferente.




26. Todos podrían saltar de gozo, como lo hizo San Juan en el seno de Isabel, si recibieran de nosotros un poco de amor y de cariño. Esto es lo que nos enseña María en esta visita a su prima. No necesitamos hacer cosas raras ni especiales, sino simplemente amar sinceramente a los demás.

27. Isabel, a su vez, reconoció en la presencia de María la presencia de Cristo el Salvador. “Dichosa tú que has creído 
–le dijo- porque se cumplirá todo lo que te fue anunciado de parte del Señor.” Isabel experimenta la presencia de Dios en un simple saludo. Experimenta la alegría de saber que no está sola.

28. Cuando nosotros amamos a los demás, hay un maravilloso intercambio de amor y de cariño. Todos salimos ganando: los que dan y los que reciben. Porque para dar, hay que amar y hay que amar también para poder recibir. 
Amemos y dejémonos amar. No rechacemos los gestos de cariño de aquellos, que se quieren reconciliar con nosotros. Abramos las puertas de nuestro corazón.

29. En esta Eucaristía, vamos a recibir a Cristo en nuestro corazón. No nos quedemos gozando de esta dicha que se nos concede. Seamos también portadores de Cristo, para con todas aquellas personas que nos rodean. 

Que todos podamos experimentar en esta Navidad, la alegría de saber, que Dios está con nosotros y que en ningún momento nos ha abandonado.




Oración de los fieles
Sacerdote: Hermanos, el Señor está cerca. Salgamos a su encuentro y proclamemos su grandeza, y pidamos al Padre que nos ayude a esperar su venida con el corazón en vela.
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Sacerdote: Aquí nos tienes, Señor, para hacer tu voluntad. Bendice nuestras vidas, acoge nuestras oraciones, y ayúdanos a preparar el camino a tu Hijo que viene a salvarnos. 

Por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.



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