Semillas de Dios.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Domingo 6 de Diciembre de 2015. HOMILÍA DEL II DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO C). Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.




Que la voz de Juan el Bautista, nos anime a vivir, 

una verdadera conversión en este Adviento: 

Preparen los caminos del Señor.  

Feliz Domingo. Monseñor Colominas.














HOMILÍA DEL II DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO C)



1. El Evangelio que acabamos de escuchar, nos  presenta a San Juan el Bautista. Es todo un personaje. Es el ejemplo de lo que deberíamos ser todos nosotros los cristianos. Es un hombre que vive plenamente la misión que Dios le encomendó: La misión de prepararle el camino al Señor.

2. Juan vive en unas circunstancias históricas concretas. En sus tiempos, como en los nuestros, hay muchas cosas positivas y muchas cosas negativas. La situación social, política y religiosa del Pueblo de Israel, no estaba precisamente en uno de sus mejores momentos.

3. La dominación romana y las luchas por el poder se hacían sentir. La vida religiosa de los judíos, se había convertido en una pura apariencia. Los valores y los modos de pensar puramente humanos, habían contaminado la relación de los Israelitas con Dios.

4. Es en esta situación concreta en la que le toca vivir, en donde Juan el Bautista proclama la Palabra de Dios. Y es, a esas personas concretas, a quienes Juan les anuncia un mensaje de conversión y de arrepentimiento.

5. Juan no ha ido al desierto por iniciativa propia, para llamar a las multitudes a la conversión. Ha ido al desierto porque Dios lo ha llamado y lo envió a predicar. El Evangelio nos decía que “la palabra de Dios le fue dirigida a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto”.

6. ¿Qué significa el desierto? El desierto es el lugar de la soledad y del silencio. Por eso es que se convierte en el lugar del encuentro con Dios. Ciertamente, Dios habla en todas partes. Dios se encuentra en todo lugar. Pero nosotros solamente podemos escuchar su voz, cuando hay silencio en nuestro corazón.

7. A nosotros nos cuesta mucho escuchar la voz de Dios, porque vivimos sumergidos en la bulla y en la prisa. Tenemos mucho ruido alrededor de nosotros e, incluso, tenemos mucho ruido en nuestro corazón.

8. Muchas veces el ruido lo buscamos, porque en el fondo, tenemos miedo de escuchar la voz del Señor. Tenemos miedo de que vaya a destruir nuestra comodidad y nuestra seguridad. Tenemos miedo de que Dios nos vaya a complicar la vida.

9. Juan supo escuchar la llamada que Dios le hacía. No se hizo el sordo a su voz. Por eso agrega el Evangelio: “Juan empezó a recorrer toda la región del río Jordán, predicando bautismo y conversión, para obtener el perdón de los pecados”.

10. Su voz debe haber sonado nueva y extraña. Desde hacía varios siglos, que ya no se escuchaba la palabra de los verdaderos profetas. La religión de los judíos, ya no era fruto de un encuentro vivo y personal con Dios. Se había convertido en una serie de prácticas religiosas, que había que cumplir y un conjunto de leyes que había que obedecer.

11. Juan predica algo nuevo: La conversión para obtener el perdón de los pecados. Una conversión que solamente puede brotar, del encuentro personal con Dios y del reconocimiento de los propios pecados.

12. La misión que Dios le había encomendado era recordar la invitación, que siglos antes había hecho el profeta Baruc: “Jerusalén, despójate de tus vestidos de luto y aflicción, y vístete para siempre con el esplendor de la gloria que Dios te da; envuélvete en el manto de la justicia de Dios y adorna tu cabeza con la diadema de la gloria del Eterno.



13. Esta voz de Juan el Bautista, que nos invita a despojarnos del mal que nos aflige y nos destruye, no es una voz del pasado. Es una palabra siempre actual. Es una palabra que resuena hoy y que se dirige a nosotros los cristianos, porque también nosotros necesitamos renovarnos desde lo más profundo de nuestro ser, para poder vivir la vida nueva que Cristo nos ha comunicado.

14. Nosotros, como los Israelitas, tenemos la tentación constante de querer convertir nuestra vida cristiana, en un conjunto de prácticas religiosas externas. Esto es algo muy cómodo, pero no nos sirve de nada, porque no nos lleva al encuentro con Dios.

15. Nosotros estamos llamados a vivir una vida nueva. Pero no la podremos vivir, si no abrimos nuestro corazón a la Palabra de Dios. Necesitamos vivir una conversión. Y esa es la invitación que hoy nos hace Juan el Bautista.




16. La conversión nos pide a todos vivir un cambio en nuestra manera de pensar, de sentir y de valorar las cosas. Esa conversión solamente puede ser el fruto de un encuentro, cara a cara con Dios. No podemos convertirnos si no nos encontramos de una manera personal con Él.

17. Decimos que nos encontramos con Dios, cuando nosotros, lo dejamos entrar en nuestra vida y no tenemos miedo de que su luz ilumine nuestras oscuridades, para hacernos descubrir nuestra realidad.

18. Esta luz Dios nos la ofrece por medio de su Palabra. La Palabra que encontramos en las Sagradas Escrituras. La Palabra que es Cristo nuestro Señor. Cristo es una luz que se opone y que rechaza las tinieblas de las apariencias, de las falsedades y de las mentiras.



19. Pero tenemos que admitir, que muchas veces le tenemos miedo a la Luz que Dios nos ofrece, porque nos lleva a descubrir las oscuridades que hay en nuestra vida. Por eso ponemos muchos estorbos, para no dejar que esa luz nos ilumine. Esta es la razón por la que no dejamos las tinieblas y no nos convertimos en Luz.

20. San Juan Bautista nos dice claramente: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros allanados. Lo torcido será enderezado, y serán suavizadas las asperezas de los caminos”.

21. Enderezar nuestros caminos quiere decir, que debemos tratar de vivir y de actuar con honradez. Comenzando por una honradez y una rectitud humanas. Seamos sinceros primero con nosotros mismos y admitamos, aunque nos duela, que no estamos viviendo como Dios quiere que nosotros vivamos.

22. Mientras nosotros pensemos que a Dios lo podemos engañar, o que podemos vivir una vida cristiana a nuestro modo, no estaremos actuando con rectitud. Y, por lo mismo, jamás podremos vivir un verdadero encuentro con el Señor.

23. Necesitamos reconocer con humildad que:
No podemos hacer de nuestra vida cristiana un
simple ingrediente social. No podemos vivir un divorcio entre la fe y la vida. No podemos dejar a un lado la palabra de Dios y vivir a nuestro gusto.
No podemos ser verdaderos cristianos, siguiendo los criterios del mundo.
No importa vivir de cualquier manera, porque Dios de todos modos nos va a dar la salvación.
Mientras no rompamos con el pecado, jamás 
podremos ser verdaderos cristianos.

24. Esto es lo que nos dice hoy San Juan Bautista, cuando nos pide que “los barrancos sean rellenados y los montes y cerros allanados. Que lo torcido se enderece, y que se quiten las asperezas de los caminos”.

25. Esta es la tarea, que nosotros tenemos que llevar a cabo en este Adviento. Este es el camino de conversión, que es el único que le va a permitir a Cristo a llegar a nuestras vidas. No hay otro camino. No basta con ser cristianos. Es necesario vivir plenamente nuestra Fe.



26. La conversión, no solamente nos abre el camino para vivir un verdadero encuentro con Cristo, sino que nos lleva a vivir en comunión y solidaridad con todos nuestros hermanos.

27. Cuando nos acercamos a Cristo Luz, no solamente nos encontramos con la Luz, sino que nosotros mismos nos transformamos en Luz y empezamos a iluminar a todas las personas que nos rodean.

28. Es necesario que cada cristiano se convierta en una luz potente, que logre disipar las tinieblas de nuestro mundo. Nosotros hemos sido creados para vivir en la luz y no en las tinieblas. Si sentimos la vida como algo aburrido y sin sentido, es porque nos hemos empeñado en vivirla, en medio de la oscuridad del mal y del pecado.

29. Aprovechemos este tiempo del Adviento, para vivir plenamente un encuentro con Cristo, en la Oración y en la meditación pausada y sincera de su divina Palabra. Acudamos a los Sacramentos y no pongamos estorbos a la acción de Dios en nosotros.

30. Hagamos caso a la palabra de San Juan Bautista, que nos repite insistentemente: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. No perdamos la oportunidad que Dios nos ofrece. 
Nosotros merecemos vivir en un mundo mejor. Pero esto depende de nosotros.

31. Pidamos al Señor, que nos haga ver con claridad, lo que hemos de cambiar en nuestra vida, para poder vivir eternamente con Él.




Oración de los fieles

Sacerdote: Con gozo por la cercanía de Dios, despojémonos de cuanto nos esclaviza y aleja de Él, y pidámosle que nos ayude, a preparar la llegada del Mesías Salvador a nuestras vidas.




Sacerdote: Escúchanos, Señor, que confiamos en ti, agranda nuestra capacidad de entrega y amor para colaborar eficazmente, en el anuncio de tu Evangelio, y para preparar los corazones a la conversión a Ti. 


Por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.


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