Semillas de Dios.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Homilía 31-12-15 Fin de Año. Y Homilía 01-01-2016 Año Nuevo. Desde Guatemala por Monseñor: Rodolfo Colominas Arango.“Que el Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la Paz”.



Comencemos el nuevo año de la mano de María. Que ella nos enseñe a servir fielmente al Señor. Que en todo hagamos su voluntad. Les deseo un año lleno de la gracia y de las bendiciones del Señor. Padre Colominas.

HOMILIA DE FIN DE AÑO



1. Estamos viviendo las últimas horas de este año. Todo nos invita a hacer un recuento, de lo que nos ha tocado vivir en estos últimos doce meses. Evidentemente, podemos encontrar que ha habido muchas cosas muy buenas: triunfos, logros, metas que hemos logrado alcanzar, el reencuentro con personas que estaban lejos de nosotros, el poder tener un techo en qué albergarnos, etc.

2. Pero también hay que reconocer, que ha habido muchas cosas que nos han hecho sufrir. Cosas que nos han dolido: separaciones, enfermedades, dificultades, fracasos, muertes.

3. Sin embargo, si vemos todo esto, bajo una mirada de Fe, tenemos que decir, que hemos de darle infinitas gracias a Dios, por todo lo que nos ha tocado vivir. No solamente por lo que nos ha gustado y nos ha parecido bueno, sino también por todo aquello que hubiéramos querido, que hubiera sucedido de otra manera. Porque debemos recordar siempre que no se mueve la hoja de un árbol, sin que Dios lo permita. De una o de otra manera, todo lo que sucede, sucede para nuestro mayor bien.

4. Es cierto que nosotros muchas veces, no sabemos comprender cómo aquellas cosas que más nos duelen, o más nos cuestan, pueden servirnos para nuestro bien. Nosotros identificamos muchas veces lo bueno con lo que nos agrada y lo malo con lo que nos hace sufrir.

5. Y en realidad, hemos de llamar bueno a aquello que nos puede ayudar, a ser mejores, a cambiar, a sacar lo bueno que hay en nuestro interior, a ser más humildes, a compartir sin
egoísmos lo que somos y tenemos. Aquello que nos lleva a cambiar, para seguir con fidelidad los planes que Dios tiene sobre nosotros.

6. Y hemos de llamar malo, aquello que nos aleja de Dios o que nos impide, abrirnos a nuestro prójimo; o sacar lo bueno y lo valioso que hay en nuestro corazón. Pero esto malo no viene de Dios, sino de la actitud que nosotros tomamos, ante los acontecimientos de la vida. Las cosas o los hechos de la vida, son solamente ocasiones que hemos de aprender a aprovechar, para nuestro bien.

7. Todo esto quiere decir, pues, que hemos de darle gracias a Dios por todo, lo que nos ha permitido vivir durante este año. Todo esto forma parte ya de nuestra historia. No lo podemos cambiar. Lo que ha sucedido es algo que ya sucedió y que en vano vamos a lamentarnos o a renegar de ello, porque las cosas no las podemos cambiar.



8. Pero, aquí está lo hermoso de estos momentos que estamos viviendo: Dios quiere concedernos la oportunidad, de comenzar un nuevo año, en el que debemos poner todo nuestro esfuerzo, por aprovechar las ocasiones que Dios nos da, para lograr un verdadero crecimiento, tanto en lo humano, como en la vida espiritual.

9. Este año que comienza, vamos a cosechar lo bueno o lo malo que hemos sembrado, en el año que ha pasado. Pero, si ponemos el mejor de nuestros esfuerzos, podremos enmendar muchas de aquellas cosas que sabemos, que no estuvieron de acuerdo con la voluntad de Dios. Una de las grandes cualidades que nosotros tenemos, es la capacidad de superarnos a nosotros mismos.

10. Día tras día, con la ayuda de la gracia de Dios, nos vamos construyendo. Nosotros somos los que vamos tomando las decisiones, correctas o equivocadas en nuestra vida. Y de estas decisiones va a depender, el bien que vayamos logrando o los sufrimientos, que vayan llenando nuestro corazón.

11. Por esta razón, en el año que va a comenzar, hemos de encaminar nuestros pasos, por los caminos que Dios nos señala, para que hasta donde sea posible, nuestras decisiones y nuestras actitudes, sean semillas de bien y de gozo para nosotros y para los demás.

12. Comenzamos el año, dentro de la Solemnidad de la Navidad. Por eso, esta experiencia de la Navidad, debe ser una luz que nos ilumine, para orientarnos en el nuevo año. Hemos dicho que la Navidad, es la celebración del hecho de que Dios está con nosotros.

13. Dios se ha venido a vivir con nosotros. Se ha hecho uno de nosotros. Ha venido a compartir con nosotros, nuestra realidad humana. Pero no ha venido como turista, sino que ha venido a tomarnos de la mano, para que nosotros emprendamos el camino, hacia la casa de nuestro Padre del Cielo.

14. Nos contaba el Evangelio que los Ángeles anunciaron a los Pastores la buena nueva, de la presencia de Dios entre nosotros. Ellos fueron a toda prisa a Belén y encontraron las cosas tal como los Ángeles les habían dicho. Encontraron a María y a José y al Niño recostado en un pesebre.



15. Esa presencia de Dios entre nosotros, la descubrieron en la pequeñez de un Niño. No en medio de las grandezas de las apariencias humanas. Un Niño pequeño. Una pequeñez que
podría cuestionarnos: Qué viene a hacer Dios entre nosotros? Porque se ve que no viene a darnos, sino a que nosotros le demos a Él. Si Dios se acerca a nosotros débil y desprovisto de todo, entonces a que ha venido?.



16. Ha venido a enseñarnos la manera, cómo nosotros podremos encontrar y experimentar el amor y la misericordia de Dios, que buscamos y necesitamos. Porque esto, precisamente lo vamos a experimentar en nuestra vida, dando lo mejor que hay en nosotros mismos. Fijèmonos que al acercarnos al Niño Jesús, vamos a darle y a ofrecerle nuestro amor y nuestro cariño. Vamos a regalarle nuestra presencia. Vamos a darle lo que nosotros somos.

17. Y esa es precisamente la manera, como nosotros podemos experimentar la presencia de Dios: saliendo de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, de nuestro orgullo y abriendo el corazón a los demás, en actitud de amor, de misericordia, de comprensión y de cariño.

18. Los pastores después contaron, lo que se les había dicho acerca de Jesús. No pudieron callar lo que habían visto y oído. Nosotros, de la misma manera que los pastores, debemos también ser proclamadores de las maravillas de Dios. Y lo vamos a hacer, a través de nuestras actitudes auténticamente cristianas.

19. Uno de los propósitos, que hemos de hacer para este año que va a comenzar debe ser, el esforzarnos por ir construyendo la Paz, para con todos los que nos rodean. Y esta paz la vamos a construir, comportàndonos para con los demás, de la misma manera como nos comportamos con Cristo recién nacido, porque Cristo está en cada una de las personas que nos rodean.



20. El Papa Francisco, en su mensaje para la Jornada de la Paz de este año, nos invita a construir la paz, dejando a un lado la indiferencia. La indiferencia, es lo que no nos deja ser solidarios, para con los que sufren. La primera forma de indiferencia en la sociedad humana, es la indiferencia con respecto de Dios, de la cual brota también la indiferencia con respecto del prójimo y ante todo lo creado.

21. La indiferencia ante el prójimo, se manifiesta de diferentes formas. Hay quien está bien informado, escucha la radio, lee los periódicos o ve programas de televisión, pero lo hace casi por mera costumbre: estas personas conocen vagamente los dramas que afligen a la humanidad, pero no se sienten comprometidas, no viven la compasión.

22. Casi sin darnos cuenta, nos hemos convertido en personas incapaces de sentir compasión por los otros, por sus dramas; no nos interesa preocuparnos de ellos, como si aquello que les acontece, fuera una responsabilidad que es ajena a nosotros, que no nos compete.



23. Desgraciadamente, la indiferencia la vivimos muchas veces en nuestros mismos hogares, con nuestros mismos familiares y con las personas cercanas a nosotros.

24. La indiferencia, y la despreocupación que [de ella] se deriva, constituyen una grave falta, al deber que tiene cada persona de contribuir, en la medida de sus capacidades y del papel que desempeña en la sociedad, al bien común, de modo particular a la paz, que es uno de los bienes más preciosos de la humanidad.

25. En su mensaje para la Jornada de la Paz, el Papa nos hace ver que hay muchos campos en los que hemos de trabajar arduamente, este año que comienza. Por eso nos pide a cada uno de nosotros los cristianos, que dejando a un lado la indiferencia, seamos portadores del Evangelio de la paz para todas las personas.



26. Que no reduzcamos nuestra vida cristiana, al terreno del culto y la devoción, sino que precisamente nuestro encuentro con Jesús, el Dios Recién nacido, nos lleve a darlo a conocer a los demás.

27. María guardaba todas estas cosas en su corazón. Que nosotros, guardando en el corazón las riquezas de nuestra Fe, las vayamos compartiendo con todos los que nos rodean. 
Que el Año nuevo sea para todos, un año de crecimiento en todo lo bueno y sobre todo, un Año, en el que la vivencia de nuestra fe, nos lleve a cada uno de nosotros a ser verdaderos constructores de Paz, en el ambiente en el que nos ha tocado vivir.

















               HOMILÍA AÑO NUEVO.

1. Hoy escuchamos por todas partes el deseo de tener “Un feliz y próspero Año Nuevo”. Es evidentemente un buen deseo. Pero creo que es solamente un deseo muy corto y pequeño. Nosotros como Hijos de Dios merecemos mucho más. Por eso, la Palabra de Dios que hemos escuchado, en la primera lectura, nos presenta el saludo de Año Nuevo que Dios nos dirige.

2. Este saludo es una bendición. Un buen deseo. Algo que nosotros necesitamos, para que el año que comenzamos tenga un sentido acorde a los planes de Dios. Presenta el modo como Dios quería que Aarón y sus hijos bendijeran al Pueblo de Israel. Esta bendición nos muestra lo mejor que nosotros 
podemos desear.

3. El Señor te bendiga. Nosotros estamos demasiado acostumbrados a las bendiciones. Tan es así, que cuando nos dicen “Que Dios te bendiga”, lo recibimos solamente como una frase o una fórmula de simple educación.

4. Sin embargo, el ser bendecidos por Dios significa recibir todo aquello que nos hace falta. Significa vivir en la amistad con Dios. Significa contar con la ayuda de Dios en cada momento de nuestra vida.

5. Dios nos bendice de muchas maneras:

> Nos da todo lo que necesitamos para vivir.

> Nos hace participar de su misma vida de la gracia.

> Nos perdona nuestros pecados y debilidades.

> Nos concede muchas cosas que nos hacen felices.

> Hace que vivamos en paz y concordia con los que nos 
   rodean.

> Nos defiende de todos los peligros que nos acechan.

> Nos da lo que más nos conviene en cada momento.

6. Las bendiciones de Dios son constantes. Por eso nada mejor se nos puede desear cuando nos dicen: “Que el Señor te bendiga”.

7. Pero además se nos dice: “Que el Señor te proteja”. Esta es también una bendición de Dios. Porque ciertamente, Dios nos protege de muchas maneras. Creo que muy pocas veces nos damos cuenta, de esa protección y de ese cuidado constante 
que Dios tiene para con nosotros.



8. El Señor, por ejemplo, nos protege:

> de nuestros enemigos.

> de los peligros corporales y espirituales.

> de las enfermedades.

> de la violencia y de la maldad.

> del hambre.

> de la desnudez.

> de los falsos testimonios y de las calumnias.

9. En una sola palabra, Dios nos protege constantemente de todo aquello que puede hacernos daño. Nos cuida como a sus hijos. Es una manera como nos muestra su Paternidad Divina.

10. Algunas veces somos tan ciegos, que pensamos que Dios no nos protege. Y la verdad es que si Dios alguna vez permite algo que nos haga sufrir, que nos molesta o no nos gusta, lo hace porque sabe que de allí podrá sacar mucho fruto, para
nuestro bien. Dios, incluso del pecado, puede sacar muchas cosas buenas para nosotros. Dios siempre nos protege. Y en esta bendición deseamos poder contar siempre con su amorosa protección.



11. “Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor”. Decimos que el rostro de Dios resplandece, cuando descubrimos su gloria y su bondad. El rostro de Dios resplandece sobre nosotros, cuando vivimos de tal manera que los que nos rodean bendicen, por nuestra causa, el nombre de Dios.

12. Cuando con la gracia de Dios, tratamos de vivir una vida que esté de acuerdo con la voluntad de Dios, nuestra existencia se transforma, en una luz que ilumina a todos los que nos rodean. Nuestra Vocación Cristiana es una vocación de ser luz. Ciertamente las tinieblas odian a la luz. Pero la luz verdadera disipa las tinieblas y las transforma en luz.

13. Dejamos que el rostro de Dios resplandezca sobre nosotros:

> Cuando no ponemos obstáculos, para que su Palabra entre en nuestro corazón.

> Cuando aceptamos lo que Dios nos pide.

> Cuando dejamos a un lado las obras de las tinieblas y 
tratamos de vivir como Dios manda.

> Cuando tratamos de ir creando en nuestro hogar un clima de unidad, paz y alegría.

> Cuando nos esforzamos por dar un buen ejemplo a los que nos rodean.

14. Evidentemente, quien deja que Dios transforme su vida, puede estar seguro de que Dios, nunca lo abandonará y podrá contar siempre con su ayuda.



15. Decimos muchas veces que “agrado quiere agrado”. Esto debemos aplicarlo también cuando hablamos de Dios. Porque nosotros, somos muy buenos para pedirle a Dios lo que 
necesitamos, pero nos cuesta darle a Dios lo que Él nos pide. Si queremos experimentar la ayuda constante del Señor, es 
necesario mantenernos fieles en su servicio. Hacer en todo su divina voluntad.

16. “Que el Señor te mire con benevolencia”. Ciertamente Dios es nuestro Padre y siempre nos mira con amor; siempre busca nuestro bien. Pero podríamos decir, hablando humanamente que muchas veces, Dios nos mira con tristeza, cuando ve que le damos la espalda y nos alejamos de Él.



17. Ojalá que Dios al mirarnos pueda exclamar, como exclamó al contemplar a Jesús saliendo de las aguas del Jordán, para emprender el camino de la evangelización y de la redención de la humanidad: “Este es mi hijo amado en el que complazco”.

18. Esta mirada benevolente de Dios, es la que llena nuestro corazón con el don de la Paz. Esa Paz que brota del vivir 
haciendo en todo, lo que agrada a Dios. Por eso, después de desear que el Señor nos mire con benevolencia, se desea que nos conceda la Paz. La Paz que representa, la totalidad de los bienes de Dios.

19. Este es el deseo y la bendición que debemos ofrecernos, unos a otros en el principio de este año. Dios nos ofrece como un regalo, su bendición. Pero de nosotros depende hacer que
esta bendición se haga efectiva. Dios nos ofrece sus 
bendiciones, pero no nos las impone. Nosotros somos libres de aceptarlas o de rechazarlas.

20. Con Cristo, Dios ha derramado sobre nosotros gracias abundantes. Ojalá que imitando a la santísima Virgen, 
sepamos abrir nuestras vidas a la acción de Dios. Que como ella aprendamos a recorrer los caminos que Dios nos indica. Y que este año sea para cada uno de nosotros un verdadero Año santo. Un año en el que nuestra experiencia de Dios sea más plena.

21. Que cada uno de nosotros sea portador de la gracia Divina a todos aquellos que sufren, o se encuentran alejados de Dios por cualquier motivo. Que de verdad seamos constructores de la Paz en nuestros hogares.



22. Que estos momentos maravillosos, en los que estamos viviendo, los vivamos intensamente y estemos dispuestos 
sinceramente a vivir de cara a Dios. Esta nueva etapa en nuestra vida debe llevarnos a ir construyendo, desde el lugar 
en donde estamos, un mundo nuevo y mejor, en el que todos 
podamos vivir como hermanos y podamos hacer presente entre nosotros, el reino de Dios.



23. El Papa Francisco, en su mensaje para la Jornada de la Paz, nos invita a no ser indiferentes, ante lo que nos toca vivir, ante los acontecimientos y ante las personas que nos rodean. Nos dice que la actitud del indiferente, es la de aquel que cierra el corazón, para no tomar en consideración a los otros, de quien cierra los ojos, para no ver aquello que lo rodea, o se escapa para no ser tocado por los problemas de los demás.

24. Necesitamos vivir la solidaridad en todos los ámbitos de nuestra vida, especialmente en las familias, que han sido 
llamadas, a una misión educativa primaria e imprescindible. Ellas constituyen el primer lugar en el que se viven y se transmiten, los valores del amor y de la fraternidad, de la convivencia y del compartir, de la atención y del cuidado del otro.

25. Gracias a Dios, hay numerosas familias que, en medio de tantas dificultades laborales y sociales, se esfuerzan 
concretamente, en educar a sus hijos ''contracorriente'', y con tantos sacrificios, en los valores de la solidaridad, la compasión y la fraternidad.



26. Que el Señor ayude y bendiga a cuantos se esfuerzan, por ir construyendo un mundo, más solidario y fraterno. Todos queremos vivir en paz. Por eso todos debemos esforzarnos, con la ayuda de la gracia de Dios, por ir construyendo este mundo nuevo que anhelamos. Ese mundo comienza en el hogar.

27. Por eso quiero implorar sobre cada uno de ustedes y sobre toda nuestra comunidad, la gracia abundante de Dios con las palabras, con las que Dios quiso que el Sacerdote Aarón bendijera al pueblo de Israel:

“Que el Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la Paz”.





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