Semillas de Dios.

viernes, 25 de diciembre de 2015

HOMILÍAS DE NOCHEBUENA Y NAVIDAD 24 y 25 DICIEMBRE 2015. CICLO C.Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.Dios se hizo uno de nosotros, para que nosotros vivamos su vida divina. Una santa Navidad para todos.





Que la humildad y la sencillez del Hijo de Dios hecho hombre, nos haga vivir en la verdad y dejar a un lado las apariencias. Dios se hizo uno de nosotros, para que nosotros vivamos su vida divina. Una santa Navidad para todos.
MONSEÑOR COLOMINAS.









HOMILÍA PARA LA MISA DE LA NOCHEBUENA.




1. Hoy nos hemos reunido, llenos de alegría, para celebrar la Nochebuena. Esta es una noche que llamamos «buena», porque el Señor en ella nos ha dado el mayor de los bienes: nos ha dado a su Hijo único para que por medio de Él, podamos alcanzar la salvación.

2.    De una o de otra manera, todos nos hemos estado 
preparando para esta noche. Unos, hemos estado conscientes, 
de lo que realmente significa la Navidad y hemos estado anhelando, la venida de Cristo nuestro salvador.

3. Otros, se han estado preparando para tener una fiesta con la familia, con los amigos o con aquellas personas, con las que se sienten a gusto. Lo que han estado esperando es la fiesta. Y eso es lo que van a tener.

4. Por eso es que no todos, vamos a poder celebrar de la misma manera esta noche santa. Unos la celebrarán en un plano puramente humano. Será una fiesta como tantas otras fiestas que hay a lo largo del año. Será una fiesta tradicional, muy alegre, si se quiere, pero no les dejará nada especial en el corazón.

5. A nosotros se nos invita a celebrar, lo que realmente es la Navidad. Pero esto, solamente lo podremos lograr si nos acercamos a Jesús, que ha nacido por nosotros. Si vivimos un encuentro, con Cristo hecho hombre por nosotros. Eso es lo que le va a dar, su verdadero sentido a lo que estamos celebrando esta noche.

6. Para poder celebrar de verdad la Navidad, necesitamos 
tener algo en nosotros; algo que es fundamental y necesario. Necesitamos tener en nuestro corazón la simplicidad, la sencillez, el hacernos pequeños y humildes como los niños.

7. Nosotros los seres humanos, tendemos siempre a complicar las cosas. Nos enredamos en nuestros valores y en nuestros modos de pensar puramente humanos; buscamos afanosamente las apariencias; buscamos el quedar bien con los demás; nos fijamos mucho en las cosas externas y todo esto es lo que nos hace, perder de vista lo que de verdad es la Navidad.

8. Necesitamos aprender a actuar y a pensar a la manera de Dios, quien realiza sus grandes maravillas en el silencio y en la sencillez de todos los días. Dios no busca guardar las apariencias, porque no tiene que quedar bien con ninguno.

9. Dios no necesita manifestarse a través de grandezas 
humanas, porque a Él no le interesa impresionar a nadie. Recordemos que Dios actúa siempre al margen y fuera de todos nuestros modos humanos de pensar.

10. La actitud humilde, simple y sencilla que se nos pide, para poder vivir en serio la Navidad, nos lleva a tener una de esas cualidades, que nosotros los adultos admiramos y envidiamos de los niños: la capacidad de asombrarnos ante las maravillas que Dios realiza.

11. Nosotros los adultos, tenemos el gran defecto de 
cuestionarnos todo; de darle vueltas a las cosas preguntándonos el porqué de cada una de ellas; todo lo medimos y lo pesamos en términos económicos y utilitarios. Por eso es que siempre nos quedamos con las manos vacías.

12. Ante las diversas circunstancias de la vida, siempre nos preguntamos: ¿para qué sirve esto? ¿qué voy a sacarme con eso? ¿cuánto cuesta esto? ¿cuánto tengo que gastar? Posiblemente, en lo humano, todas estas preguntas sean
válidas y necesarias, pero, en las cosas de Dios, esto es lo que nos impide apreciar y hacer nuestras sus maravillas.

13. Dios es infinitamente gratuito. Por eso es que lo único que se nos pide en esta Navidad, es tener el corazón abierto, para poder admirar lo que Dios ha hecho por nosotros y para recibir el don que nos hace, de su Hijo amado Jesucristo. Cuanta mayor sencillez tengamos en nuestros corazones, mejor podremos vivir la Navidad.

14. En la primera lectura que hemos escuchado esta noche, se nos invitaba a alegrarnos. Y nos preguntamos: ¿Alegrarnos, por qué? La misma lectura nos daba la respuesta: "Porque un Niño nos ha nacido, porque un hijo se nos ha dado".

15. Pero, ¿acaso no nacen niños todos los días y a toda hora? 
Es cierto. Y también es cierto que el nacimiento de un niño, de todo niño, debe ser para todos un motivo de alegría y de esperanza. Todo niño que nace, representa un futuro que comienza.

16. Pero hoy nos alegramos, por el nacimiento de un Niño a quien la humanidad, ha estado esperando largos siglos; un Niño que nos ha sido prometido por el mismo Dios; un Niño que viene a cambiar radicalmente nuestra vida; un Niño que viene a ofrecernos la Paz, el amor, la justicia, la libertad.

17. Nos lo decía hoy, en la primera lectura, el Profeta Isaías: este Niño lleva sobre sus hombros el signo del imperio. Ha venido para gobernar el universo entero. Su nombre será: "Consejero admirable", "Dios poderoso", "Padre sempiterno", "Príncipe de la Paz".

18. Este Niño ha venido, para extender por todas partes su imperio, para establecer una Paz sin límites. Ha venido para reinar desde ahora y para siempre.

19. Esto es lo que hace que su nacimiento llene de alegría a todas las naciones y que despierte en nosotros, la esperanza de un futuro mejor.

20. Sin embargo, Jesús no viene a imponer a la fuerza su Señorío. Nosotros somos libres de aceptar su Reino o de rechazarlo. De nosotros depende, el que este Niño cambie realmente nuestras vidas y podamos alcanzar todo aquello que anhelamos.

21. Por eso es que esta noche, lo hemos escuchado hoy en el Evangelio, Dios nos ha enviado a sus ángeles (la palabra ángel significa mensajero), para anunciarnos esta gran noticia y para invitarnos a acercarnos a Él. El anuncio de los ángeles resuena hoy, de nuevo, en nuestro mundo. Y hoy, nosotros, necesitamos aceptar esta invitación.

22. ¿Qué es lo que dicen los ángeles? Dicen: "No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría en todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: Encontrarán al Niño, envuelto en pañales y recostado en un pesebre".

23. Aquí es en donde vemos cómo Dios, rompe todos los moldes humanos. Y es aquí en donde nosotros necesitamos tener la sencillez y la humildad de los niños, para poder aceptar esta realidad que Dios nos propone.

24. Este Niño que viene a gobernar el universo entero, no nace en un palacio, sino que viene al mundo en un establo; en un lugar destinado para los animales. Y nace en ese lugar, porque no encontró lugar entre los hombres. Nace así, porque formaba parte de una familia pobre. Nace así porque está desprovisto de toda importancia humana.

25. Aquí es en donde necesitamos avivar nuestra capacidad de admiración, para asombrarnos de las maravillas de Dios, que no necesita de las grandezas humanas, para hacerse presente en medio de nosotros. Posiblemente, si de nosotros hubiera dependido, Jesús hubiera nacido en un lugar diferente. Pero no era ese el plan de Dios.

26. Para poder encontrarnos personalmente, con este Jesús que nace en Belén, necesitamos tener la sencillez de los pastores, para poder aceptar que Dios se hace presente entre nosotros, en la persona de un Niño que, envuelto en pañales, está recostado en un pesebre.

27. Hoy, Jesús se hace presente de la misma manera: en lo humilde, en lo pobre, en lo insignificante, en aquello que humanamente no cuenta. Allí es en donde está presente el Señor que nace en Belén. Allí es en donde lo podremos reconocer. Y allí es donde siempre lo vamos a encontrar.

28. La Navidad nos está dando la clave, para poder vivir siempre nuestro encuentro con Jesús. A Jesús lo vamos a encontrar en los pobres, en los que sufren, en los que no valen nada, en los que son despreciados. Lo vamos a encontrar en todas esas circunstancias de nuestra vida, que nos molestan y que nos hacen sufrir.

29. Y encontrándonos con Jesús, es como vamos a encontrar la paz, el gozo, la esperanza, la plenitud de la vida que todos anhelamos. ¡Qué distinto sería nuestro mundo si supiéramos encontrarnos con Jesús, que se acerca a nosotros de maneras tan diversas e inesperadas!

30. No vamos a encontrar a Jesús en las riquezas, ni en el poder, ni en los placeres, ni en las apariencias humanas. Lo vamos a descubrir en todo aquello, que no es atractivo a los ojos humanos, pero que Dios ha querido hacer suyo, para que no tengamos miedo de acercarnos a Él.

31. Alegrémonos pues hermanos, porque Dios hoy se ha hecho presente entre nosotros y nos invita a acercarnos a Él. No olvidemos las palabras del ángel, porque ellas nos van a abrir los ojos para descubrir a Jesús en las personas pequeñas y humildes, en los acontecimientos insignificantes, en las pequeñas cosas de cada día.

32. Ojalá que no nos quedemos solamente en la fiesta de la Navidad, sino que tratemos de descubrir, todos los días, a Jesús que está muy cerca de nosotros y que espera nuestro cariño, nuestra comprensión, nuestra cercanía, nuestro amor. Entonces veremos cómo, la luz de la Navidad, iluminará toda nuestra vida y le dará un nuevo resplandor.



Oración de los fieles
Sacerdote: Presentemos hermanos, en esta noche luminosa, nuestras esperanzas y anhelos a Jesucristo. Palabra cumplida del Padre, el Dios con nosotros, y con espíritu de adoración. Supliquémosle pues, con confianza.
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Sacerdote: Señor, que has querido que tu Hijo se encarnara en nuestra carne para recapitular todas las cosas y salvarnos; atiende por su intercesión cuanto te hemos suplicado, y no dejes de acompañarnos, mientras caminamos hacia la plenitud de nuestra historia, donde todos seremos uno en el amor. 


Por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.





HOMILÍA DE LA MISA DEL DÍA DE NAVIDAD.




1. Hoy, en esta celebración se nos invita a todos, a llenarnos de alegría. El profeta Isaías nos decía hoy en la primera lectura: “Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor rescata a su pueblo, consuela a Jerusalén.”

2. ¿Cuáles son estas ruinas de las que habla el profeta? Estas ruinas somos nosotros. ¿Por qué decimos que nosotros somos esas ruinas? Si nosotros recordamos el plan que Dios tuvo al crear a la humanidad, la hermosura y la perfección con la que creó a nuestros primeros padres, podríamos decir que, de hecho, estamos en ruinas. En medio de nuestras miserias, apenas se puede entrever, la grandeza que Dios quiso para la persona humana.

3. Pues a estas ruinas, que somos nosotros, se nos invita ahora a gritar llenos de alegría, porque el Señor ha venido hasta nosotros, para rescatarnos de nuestras miserias, para restaurarnos y darnos de nuevo la grandeza que habíamos perdido.

4. Nos dice el Profeta: “Tus centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque ven con sus propios ojos al Señor, que retorna a Sión.” En la Navidad, nosotros podemos ver a Dios con nuestros propios ojos, porque Él se ha revestido de nuestra carne mortal; se ha hecho uno de nosotros.

5. Lástima que nosotros nos acostumbramos con mucha facilidad, a ver las maravillas de Dios y hemos perdido nuestra capacidad de asombrarnos. Cuando nosotros vemos la escena del establo de Belén, nos parece algo muy bonito, muy simpático y muy tierno. Pero no nos sentimos impresionados, por lo que realmente significa, esa realidad del establo de Belén.

6. No nos impresionamos al ver que el mismo Dios, creador y Señor del universo, hecho hombre, nace en la pobreza y en la miseria de un establo. No ha encontrado un lugar en la posada.

7. En Belén contemplamos que el dueño de todo, se despoja de todo, para enriquecernos con su pobreza. Que el que es el consuelo de los tristes y refugio de los oprimidos, se acerca a nosotros, pidiendo el calor de nuestro cariño.

8. Tengamos muy claro que la Navidad no es una fiesta infantil. Es la presencia del Dios del universo, en medio de nosotros; Dios que se hace hombre y nos ofrece su amor y su vida; Dios que se hace hombre, para que el hombre pueda participar de su vida divina.

9. La lectura de la Carta a los Hebreos, nos hace ver que Dios desde el principio de los tiempos, se ha estado comunicando de muchas maneras a la humanidad. Nos decía que en distintas ocasiones y de muchas maneras, habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas.

10. Y, ¿Por qué Dios quiere comunicarse con la humanidad? Por una razón: porque Dios nos ama y quiere hacernos participar de su vida, de su amor, de su intimidad.

11. Y, por si todo esto fuera poco, la Carta a los Hebreos agrega algo muy importante: “Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual hizo el universo.”

12. Dios nos habla por medio de su Hijo. Su Hijo es la Palabra de amor, que Dios nos dirige a cada uno de nosotros. En su Hijo, el Padre nos ha dado a conocer cuál es el camino que nosotros, hemos de seguir, para poder vivir una vida nueva.

13. Gracias a Cristo, nosotros tenemos la posibilidad de conocer y entrar en comunión con el Padre. La carta a los Hebreos nos da a conocer quién es Cristo: “El Hijo –dice- es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa.” Cristo, en sí mismo es la Palabra del Padre. Y por medio de Cristo y de su Palabra podemos conocer al Padre.




14. La lectura del Evangelio que acabamos de escuchar, completa lo que nos ha dicho la Carta a los Hebreos y nos hace descubrir, quién es realmente ese niño que nace en Belén.

15. Además, nos hace ver la actitud que nosotros debemos tener, ante el hijo de Dios hecho uno de nosotros. Y nos invita a abrir el corazón, a la vida nueva que nos ofrece.

16. Primeramente nos enseña, que ese Niño que nace en Belén, es el mismo Dios que creó los cielos y la tierra. Es el Hijo único del Padre que está con Él, desde toda la eternidad. Eso es lo que nos enseña cuando afirma que: “En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio Él estaba con Dios.

17. Cristo, Palabra del Padre, ha estado siempre con Él y por medio de Él, fueron creadas todas las cosas. Afirma el
Evangelio que “Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe.” El Hijo, por lo tanto, es creador juntamente con el Padre y el Espíritu Santo. Ese Niño que nace es nuestro Creador, Nuestro Señor.




18. Cristo, que es la Palabra viva del Padre, es para nosotros la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Esta Palabra que nos ofrece la vida, ha estado siempre presente en el mundo. Se ha manifestado de muchas maneras. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

19. La humanidad, ha cerrado los oídos a la voz de Dios y continúa rechazando la Palabra de Dios. Cuántas veces Dios nos ha llamado a la conversión y nos ha invitado a vivir una vida nueva, y no le hemos sabido escuchar.

20. Es triste constatar que esta Palabra “vino a los suyos y los suyos no la recibieron.” Nosotros mismos, que hemos nacido a la vida de hijos de Dios por el Bautismo, muchas veces no hemos querido aceptar la Palabra que ha venido a nosotros. Allí está la razón por la que no somos, lo que deberíamos ser. No vivimos como Hijos de Dios.

21. Pero agrega el Evangelio: “A todos los que recibieron la Palabra eterna del Padre, les concedió poder llegar a ser hijos de Dios”. Hemos nacido a la vida divina por medio de la Palabra. Recobramos la gracia, cuando la perdemos, por medio de la Palabra. Y esa Palabra nos transforma y nos renueva en la medida en la que la dejamos habitar entre nosotros.

22. Hoy, en esta solemnidad de la Navidad, estamos celebrando llenos de alegría que Aquel, que es la Palabra, se hizo hombre y habitó entre nosotros. Que Dios se ha hecho uno de nosotros y nosotros podemos contemplarlo cara a cara. Podemos acercarnos a Él sin temor. Podemos hablar el mismo lenguaje, porque se ha hecho uno de nosotros.

23. En Cristo podemos contemplar la gloria de Dios, porque esa gloria le corresponde a Cristo, como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

24. Ese es el gran misterio de la Navidad. Este es el Niño que nace entre nosotros. Este es el Dios que nos ama como nadie nos ha amado jamás.

25. Ojalá que esta Navidad sea para todos nosotros, la ocasión de acercarnos más íntimamente a Jesús. Recordemos que nuestra vida no tiene ningún sentido, si la vivimos alejados de Cristo. Recordemos que hemos sido creados para Dios y que solamente en Él, podremos encontrar nuestra plenitud.

26. Por eso, en esta Navidad, no nos quedemos solamente en las cosas externas propias de este tiempo del año. Tratemos de profundizar en lo que realmente significa, este misterio maravilloso del “Dios con Nosotros”. Recordemos que no estamos solos. Dios nos acompaña en todo momento.

27. Avivemos nuestra Fe, como San José y la Santísima Virgen, para poder descubrir, en ese Niño que tiembla entre las pajas del Pesebre, al Dios infinito y eterno, Creador y Señor de todas las cosas, que se hizo uno de nosotros, para que nosotros pudiéramos participar, por la gracia, de su vida divina.

28. Reflejemos en nosotros el misterio de la Navidad, amando con todo nuestro corazón a nuestro prójimo, en quien Cristo se ha hecho presente y a quien quiere, que le manifestemos nuestro amor.






Oración de los fieles 
Sacerdote: Presentemos al Padre las necesidades y deseos de todos los hombres, y pidamos a Jesús, el niño de Belén, que interceda por nosotros con gemidos humanos y divinos.
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Sacerdote: Padre bueno, mira a tu pueblo que vuelve los ojos a Belén, y dale la paz que te suplica al adorar a tu Hijo; haz que en todos los corazones, hoy se manifieste tu salvación, y atiende cuanto con fe te hemos suplicado. 


Por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.




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