Semillas de Dios.

sábado, 13 de febrero de 2016

14 de Febrero 2016.- HOMILÍA DEL I DOMINGO DE CUARESMA (CICLO C). Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.




Pidamos al Señor que nos ayude a abrir los ojos ante las tentaciones, que pretenden separarnos de Él y que nos dé las fuerzas necesarias, para resistirlas y mantenernos en el camino de la Gracia. Feliz Domingo. Padre Colominas.






HOMILÍA DEL I DOMINGO DE CUARESMA (CICLO C)


1. La cuaresma es tiempo de conversión. Este es el llamado que se nos ha hecho desde el primer día. Y nada ayuda tanto a nuestra conversión, como el recordar y el ser conscientes de todo lo bueno que Dios ha hecho con nosotros.

2. Por eso, la primera lectura nos habla de un Dios lleno de misericordia con su Pueblo. Lo libera de la esclavitud. Lo conduce por el desierto. Lo alimenta durante cuarenta años y lo lleva a la tierra prometida.

3. Nosotros también en nuestra vida hemos podido experimen-tar muchas veces el amor y la Providencia que Dios ha tenido sobre cada uno de nosotros. Lástima que nosotros solamente nos fijemos en los problemas y las dificultades que sufrimos. Y nos olvidemos de ese cuidado amoroso, que Dios tiene constantemente para con nosotros.

4. Por eso, si queremos convertirnos, es decir, si queremos 
vivir nuestra vida cristiana, como una respuesta de amor, al amor que Dios nos tiene, necesitamos descubrir, qué es lo que nos aleja de Dios y nos impide darle la respuesta de nuestro amor.



5. Esas cosas que nos están estorbando, en nuestro camino cristiano, es lo que nosotros llamamos tentaciones. 
Las tentaciones son esas llamadas, que sentimos en nuestro corazón que nos invitan, a abandonar el camino de Dios, para buscar caminos aparentemente mejores.

6. Evidentemente, estos llamados no se nos presentan con toda su crudeza, como invitaciones a traicionar el amor que Dios nos tiene. Pero sí se nos presentan, de una manera atractiva y beneficiosa. A la manera de aquel vendedor de gatos.

7. Cuentan que un hombre vio en una tienda un letrero que decía: «Se venden gatos». 
Entró y vio a un gatito que estaba tomando su leche en una hermosa taza de porcelana. Inmediatamente se dio cuenta del gran valor, que tenía esa pieza de porcelana y quiso conseguirla. Le preguntó entonces al vendedor que cuánto costaba el gato. El que vendía los gatos le respondió que valía cien quetzales. El comprador le dijo que le daría doscientos quetzales, si le vendía el gato junto con la taza en la que estaba tomando su leche. Dijo que lo hacía para que el gato se sintiera tranquilo y en confianza. Pero el vendedor le dijo que era imposible, porque esa taza tenía un valor incalculable. Entonces, –le dijo el comprador- si esa taza tiene un valor tan grande, ¿cómo es posible que en ella, le esté dando de beber a un gato? El vendedor le respondió: Lo hago para poder vender los gatos.

8. La taza era el atractivo para vender los gatos. Pero la taza no se vendía. Eso es lo que hacen los vendedores, cuando nos ofrecen ofertas y regalos. En realidad no nos están regalando nada. Nosotros somos los que lo pagamos todo. Las ofertas son solamente, un atractivo para poder vender.

9. Los pescadores lo saben muy bien. No tiran el anzuelo al agua sin carnada, porque saben que sin la carnada, no podrían pescar nada. Lo que atrae a los peces no es el anzue-lo, sino la carnada.



10. El diablo sabe perfectamente que, para alejarnos de los caminos de Dios, tiene que hacernos ofrecimientos atractivos. El demonio nunca nos invita abiertamente, a abandonar
los caminos de Dios y a lanzarnos por el camino del pecado. Lo que hace es presentarnos razones atractivas y que 
aparentemente, nos van a dar la satisfacción que nosotros deseamos.

11. Esas promesas falsas, esa ilusión de que podremos 
solucionar nuestros problemas; ese creer que vamos a alcanzar la satisfacción, de nuestros anhelos más profundos y la 
plenitud de nuestra vida, eso es lo que se llaman «tentaciones».

12. Desde el momento en el que nosotros emprendemos o queremos emprender el camino de Cristo, las tentaciones se hacen presentes en nuestra vida. Todo aquel que quiera seguir a Cristo, va a tener que enfrentarse día tras día a las tentaciones.

13. Eso es lo que a veces nos desanima y nos hace pensar que seguir a Cristo, es algo absurdo y sin sentido. No entendemos, por ejemplo, por qué muchos, siguiendo los caminos del mal y del pecado, se enriquecen y logran las metas que se han propuesto, mientras que, al que quiere seguir a Cristo, pareciera como que todo le tiene que salir mal.

14. Esto nos hace comprender claramente, cuál es la finalidad de toda tentación: alejarnos del camino de Cristo, para que sigamos otros caminos. Impedir que podamos alcanzar nuestra salvación. Hacer que pongamos nuestro corazón, en las cosas y nos alejemos de Dios.

15. Las tentaciones, a veces, nos parecen insuperables. Se nos presentan como barreras que no podemos atravesar. Hoy Jesús, hecho hombre como nosotros, nos enseña con
su ejemplo, la manera cómo podremos vencer las tentaciones.

16. En materia de tentaciones, el diablo siempre va a la van-guardia con las últimas tecnologías. Podríamos decir que aprovecha todos los adelantos de la ciencia y de la técnica, para tentarnos de una manera más efectiva. Y en realidad lo logra.

17. Sin embargo, en el fondo, todas las tentaciones que nos ofrece, se reducen a las tentaciones del tener, del poder, del saber y del placer. De una o de otra forma, todas las tentaciones se reducen a alguna de todas estas. Por eso el Evangelio nos presenta a Jesús sufriendo las mismas tentaciones que nos toca sufrir a nosotros.

18. Hay que tener en cuenta que Jesús, no solamente fue 
tentado en esta ocasión, sino que estas mismas tentaciones se fueron repitiendo, constantemente a lo largo de su vida.



19. Incluso, momentos antes de morir en la cruz, Jesús fue tentado fuertemente, cuando le gritaban: «Baja de la cruz y creeremos en ti». Sufrió también la tentación del sentirse abandonado incluso de su mismo Padre. Esto le llevó a gritar: «Dios mío, Dios mío: ¿por qué me has abandonado? »



20. Sin embargo, Cristo supo luchar valientemente para 
mantenerse firme a la voluntad del Padre. No rechazó la cruz ni se acobardó ante ella. Lo que hizo fue poner toda su 
confianza en el Padre, diciéndole con la sencillez de un hijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu».



21. El Evangelio nos presenta la tentación, de convertir las piedras en panes. Aparentemente nada era más normal que buscar una solución, fácil al hambre que sentía después de
cuarenta días de ayuno. Al fin y al cabo, Él era Dios y tenía el poder sobre la naturaleza de las cosas. Podía hacerlo. Nada se lo impedía.

22. Sin embargo, ese no era el camino que el Padre le había trazado. Cristo había venido a este mundo y se había hecho hombre, para compartir en todo nuestra condición humana. 
No debía, por lo mismo, darse un lujo, aparentemente inocente, pero que, en realidad, le venía a apartar del camino del Padre.



23. Si se había hecho uno de nosotros, tenía que compartir nuestra realidad humana con toda su crudeza y con todas sus limitaciones. Por eso le responde al tentador: «No sólo de pan vive el hombre». Es decir, no he venido a buscar mi propio beneficio, sino a hacer la voluntad del Padre que me envió. Por eso Jesús dice en otra ocasión: «Mi alimento es hacer la voluntad del Padre».

24. Por lo mismo, no busca el alimento que dura un momento y que satisface una necesidad meramente temporal, sino que busca el alimento que dura por siempre y que consiste en hacer en todo momento, lo que le agrada al Padre.

25. La segunda tentación es la de la ambición. El tener y el poder. Se le ofrece tener todo al alcance de su mano, con sólo someterse a los poderes del mundo. Esto significaba para Jesús, el abandonar su camino de servicio y de entrega, para buscar el tener y el ser servido por los demás.

26.Era la tentación de buscar su propio beneficio, abandonando al Padre y doblando las rodillas, ante el demonio. Podía haberse justificado pensando que con la ayuda del poder y de las riquezas, habría podido establecen más fácilmente el Reino de Dios y que hubiera podido socorrer, a tantos pobres y miserables, que no tienen ni lo más elemental para vivir.

27. Sin embargo, este no era el camino del Padre. Ni era tampoco su camino como Hijo. Por eso responde claramente: «Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él le darás culto». El camino que le había señalado el Padre era el camino de la entrega de la propia vida, en servicio de sus hermanos. Y el camino del Hijo, era el del amor fiel a la voluntad del Padre.



28. Finalmente, la tercera tentación es la del mesianismo fácil. Un mesianismo que renuncia a la Cruz, a la lucha de todos los días, que huye del odio, de la persecución, de la incomprensión. El camino del éxito y del triunfo fácil y vanidoso.

29. Era muy fácil tirarse desde el alero del templo y bajar sostenido por los ángeles. Era muy fácil provocar la admiración y el entusiasmo de las multitudes. Era muy agradable sentirse aclamado por el pueblo. Pero no era ese el camino que el Padre le había señalado.

30. Jesús rechaza claramente esta tentación diciendo: «Está escrito: No tentarás al Señor tu Dios». Tentar a Dios es querer llevar a cabo su obra, por medios humanos. Tentar a Dios es convertir la misión salvadora, en un espectáculo y en una diversión.



31. El camino de la salvación, es la cruz. Y sin cruz, no hay 
salvación. Fijémonos en que todas las tentaciones, quieren apartarnos de la cruz. Por eso Jesús rechazó las palabras de San Pedro, cuando le quería apartar del camino de la cruz:
«Aléjate de mí Satanás, porque tu piensas como los hom-bres. No piensas como Dios».

32. Todo esto nos invita a, hacer una revisión de nuestro 
camino cristiano y de nuestras propias tentaciones. Es muy fácil querer seguir a Cristo, por nuestro camino y a nuestra manera. Es muy fácil querer aprovecharnos de Cristo, para nuestro propio beneficio. Pero ese no es el camino de Dios.



33. Nosotros no vamos a ser cristianos a nuestra manera, sino a la manera de Cristo. Por eso tenemos que descubrir, qué es lo que nos está estorbando nuestro caminar cristiano.

34. Muchas veces queremos justificar nuestro carácter, 
nuestras mentiras, nuestras supersticiones, nuestros robos, nuestras críticas y murmuraciones, nuestra asistencia a 
centros espiritistas, de brujería o de adivinación. 
Pero tengamos claro, que esos no son los caminos de Dios. 
O estamos con Cristo o estamos en contra de Él.

35. Aprendamos a luchar, como Cristo, contra nuestras 
tentaciones de todos los días. Podríamos proponernos en 
esta cuaresma algunos de estos caminos de conversión:

> No busquemos el poder, sino la humildad.

> No busquemos la diversión, sino la conversión.

> No busquemos la burla, sino el buen humor.

> No busquemos la riqueza, sino la pobreza.

> No busquemos ser servidos, sino servir a los demás.

36. Todas estas cosas, podrán ofrecernos caminos para vencer las tentaciones y seguir con fidelidad los caminos de Dios. Pidamos al Señor su gracia para renovarnos profundamente en esta cuaresma, para poder llegar así renovados a la Pascua.




Oración de los fieles

Sacerdote: Antes de participar en la mesa del Señor, 
presentemos al Padre nuestra oración confiada, pidiendo 
por nosotros y por toda la humanidad, para que sepamos aprovechar este tiempo de conversión que nos concede.
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Sacerdote: Escucha, Padre, nuestra oración, concédenos la gracia de una sincera conversión y derrama las bendiciones de tu amor sobre toda la humanidad. 

Por Cristo, nuestro Señor.

AMÉN.


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