Semillas de Dios.

domingo, 31 de julio de 2016

Julio 31. Homilía del Domingo XVIII durante el año. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.Pasemos por este mundo, pero sin poner nuestro corazón en las cosas materiales, que tarde o temprano vamos a dejar. Sólo, si tenemos el corazón libre de los afanes de este mundo, podremos vivir con paz y tranquilidad. Feliz Domingo.


Pasemos por este mundo, pero sin poner nuestro corazón en las las cosas materiales, que tarde o temprano vamos a dejar. Sólo, si tenemos el corazón libre de los afanes de este mundo, podremos vivir con paz y tranquilidad. Feliz Domingo.




HOMILÍA DEL DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

1. Actualmente estamos viviendo en un mundo, en el que se vive de apariencias, en el que importa más tener cosas que ser verdaderas personas humanas. Vivimos en un mundo, en el que todo se apoya en el dinero y no se da su lugar a Dios y a los verdaderos valores.

2. Esto hace que, al actuar de acuerdo a los valores puramente humanos, no se le encuentre sentido a la vida. Y al no encontrarle sentido a la vida, simplemente se vive por vivir y se pasa por este mundo, sin saber para qué estamos aquí, ni para dónde vamos. Por eso es que muchos, lo único que buscan, es el placer y el pasarla bien en este mundo. Nunca piensan en la vida eterna.

3. Fijémonos en que hay dos modos de vivir y estar en el mundo. Tenemos, en primer lugar, el modo de vivir del hombre viejo, es decir, aquel que está alejado de Dios y hundido en la basura del mundo. Y está también el modo de vivir del hombre nuevo, que refleja en sí mismo a Cristo y hace suyos sus valores.

4. Existen aquellas personas, que buscan solamente las cosas de la tierra y ponen en ellas todo su interés, su afán y su ambición, y están también aquellas otras personas, que no se conforman con las cosas del mundo y que buscan las cosas del cielo. Estas son las personas que saben que en este mundo, solamente están de paso y han aprendido a utilizar las cosas materiales y humanas, tanto cuanto sean necesarias, sin poner en ellas su corazón.

5. Hay personas que viven pendientes de puras vanidades, exterioridades y apariencias; que andan buscando algo que les alegre, que les estimule y que les dé las ganas de vivir. Y están aquellos que han puesto su confianza en la Providencia de Dios, se dejan llevar por Él y se esfuerzan por vivir de acuerdo a su voluntad.

6. Nosotros los cristianos, no debemos tener una mirada negativa de las cosas del mundo, de los adelantos de la ciencia y de la tecnología, pero debemos ser conscientes, de que todas esas cosas materiales, no pueden ser jamás la meta de nuestros esfuerzos. Estamos llamados a mucho más: estamos llamados a vivir con Dios y a encontrar en Él nuestra plenitud. Hemos de recordar constantemente que solamente somos peregrinos en este mundo.




7. El Evangelio, que hemos escuchado hoy, nos invitaba a dejar a un lado el modo de vivir de aquellos, que viven alejados de Dios, que todo su interés y todo su afán lo ponen el tener, en el atesorar riquezas para sí mismos, y nos animaba a orientar nuestra existencia, por el camino que nos lleva a ser verdaderos hijos de Dios y a buscar aquello, que es verdaderamente valioso delante de Dios.

8. El egoísmo, que consiste en vivir uno para sí mismo, es una manera de estar en el mundo. Es un modo de pensar, de actuar, de relacionarse con los hombres y con las cosas. El punto de referencia de una persona egoísta, es el yo. Hacer sólo lo que nos gusta. Buscar solamente lo que nos conviene. Buscar solamente nuestros intereses personales. Y nada más. El egoísta no se interesa por Dios ni por el prójimo.

9. Y si vemos las cosas bajo esta luz, el trabajo, el esfuerzo con sus buenos resultados se muestran, se presentan ante el yo, como algo sin valor y sin sentido, ya que si nuestra existencia termina en la muerte, ¿de qué nos sirve el saber, el trabajo, ya que con todo esto, no podremos escapar del camino que nos lleva a la muerte?

10. En realidad, como nos lo decía hoy la primera lectura, todo lo que encontramos en este mundo es vanidad, es humo que se lleva el viento. Por eso es que, cuando el yo es el centro de la vida, vamos descubriendo que somos incapaces, por nosotros mismos, de romper el muro que nos encierra en nosotros mismos, y esto nos lleva a hundirnos, cada vez más, en el lodo del vicio y del pecado, con la mirada cada vez más puesta en las cosas de la tierra, sin la posibilidad de levantarla hacia las alturas.

11. A la persona que vive buscando y anhelando los bienes materiales, se le pueden aplicar las palabras de Jesús en la parábola del texto evangélico: "¡Tonto! Esta misma noche vas a morir. Las cosas que has acumulado, ¿para quién van a ser?". Así le sucede a aquel que atesora riquezas para sí mismo, que centra en sí mismo todo su vivir y su actuar en este mundo.

12. A nosotros se nos invita, a vivir en la presencia de Dios. Por eso es importante que nos demos cuenta, de que Dios no es contrario a nuestro yo, ni se opone a nuestra realización personal. La sabiduría eterna, nos enseña que nuestra propia realización personal, consiste y se lleva a cabo, únicamente, en el camino del vivir para Dios, en el vivir honestamente delante de los ojos de Dios.




13. El trabajo y el saber, a los ojos de Dios, tienen un sentido y un destino providenciales, que va mucho más allá de los límites puramente humanos. Todo lo que nosotros hacemos por amor Dios, en este mundo, traspasa los límites de esta vida y se convierte en nuestro tesoro delante de Dios.

14. Nosotros por el Bautismo, hemos sido transformados por Cristo a su imagen y semejanza.
Por esta razón, estamos llamados a vivir delante de Dios, sin miedo a la muerte, a la que consideramos, no como un final absurdo y sin sentido, sino como una puerta que se abre a una existencia nueva, de la que ya empezamos a participar desde este mundo, aunque sea de modo muy modesto y sencillo, y a la que llegamos a vivir en plenitud en la eternidad.

15. Por eso, el hombre nuevo, que no se acomoda a las maneras falsas de vivir que nos presenta el mundo, es una persona que tiene los pies bien puestos en la tierra, que es responsable respecto a los quehaceres de este mundo, pero su mirada y su corazón están puestos arriba, en el cielo, hacia donde camina lleno de confianza y esperanza.

16. Quien vive para Dios no se aparta del mundo, no lo desprecia ni lo odia, porque es la casa que el Padre le ha dado para que en ella habite. Trabaja como todos los demás, gasta sus fuerzas para producir riqueza, pero tiene un corazón puro y desprendido de las cosas materiales, porque sabe muy bien que los bienes de este mundo, son para el beneficio de todos, y no pueden ser injustamente acaparados en unas pocas manos. No es egoísta.

17. En vez de decirse a sí mismo: "Descansa, come, bebe, banquetea", piensa más bien en lo que puede hacer, para que todas las personas, sobre todo aquellos que están más cerca de su vida, tengan su oportuno descanso, dispongan de alimentos y puedan disfrutar de lo necesario para llevar una vida digna.

18. Hay gente que dice: "Con el dinero se puede hacer todo lo que uno quiere; abre todas las puertas". No es verdad. Con dinero no puedes comprar la felicidad, aunque a ratos puedas sentirte feliz. Con dinero tampoco puedes comprar el amor de una persona.




19. Con dinero, no puedes encontrar la paz de tu conciencia. Con dinero, no puedes ser una persona verdaderamente libre. El dinero no te hace virtuoso, más bien abre, con no poca frecuencia, la puerta del vicio y de la perdición.

20. Aunque nos cueste reconocerlo, todos deseamos tener un futuro más feliz, pero ese futuro no lo vamos a encontrar, en una cuenta bancaria bien engordada. Solamente lo vamos a encontrar, dentro de nosotros mismos, en el sagrario de nuestra conciencia, en la paz interior delante de nosotros mismos y delante de Dios.

21. Por eso, pidamos hoy al Señor que nos conceda la gracia, de saber buscar las cosas que nos llevan a prepararnos, para la vida eterna. Que no nos olvidemos de que tarde o temprano, vamos a ser llamados a la presencia de Dios y solamente podremos llevarnos a la eternidad, los méritos del bien que hayamos hecho.

22. Todo, absolutamente todo lo de este mundo, lo vamos a dejar. Por eso, sería muy triste que a lo largo de nuestra vida, nos hubiéramos preocupado solamente por acumular cosas materiales y nos hubiésemos divertido en tantas cosas, si al final nos encontramos con las manos vacías.

23. No basta con dejar a un lado el mal. Es preciso hacer el bien. Nuestra vida cristiana no consiste solamente en evitar el pecado, sino en crecer en gracia y santidad delante de Dios, por medio de las buenas obras y del ejercicio de la Caridad.

24. Pidamos hoy al Señor, que nos conceda la gracia de buscar en primer lugar, el Reino de Dios, sabiendo que todo lo demás, nos va a llegar por añadidura. Que no busquemos solamente las añadiduras, porque nos quedaremos sin el Reino de Dios.




Oración de los fieles
Celebrante: La gran lección de hoy que Jesús nos ha dado, es la de no codiciar los bienes de este mundo. Por eso, como Cristo nos enseñó, pidamos sólo aquello que realmente necesitamos.
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Celebrante: Padre haz que nuestra vida, tienda siempre hacia Ti, que caminemos siempre en tu presencia, dándole el valor justo a las cosas que tú creaste. 



Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. 
Amen.




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