Semillas de Dios.

domingo, 21 de agosto de 2016

Agosto 21. HOMILÍA XXI DOMINGO DURANTE EL AÑO. C. Vivamos de tal manera, que siempre estemos preparados, para nuestro encuentro con el Señor. Esto hará que veamos los acontecimientos de nuestra vida, sin hacernos la ilusión de que aquí, nos vamos a quedar para siempre. Desde Guatemala: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.


Vivamos de tal manera, que siempre estemos preparados, para nuestro encuentro con el Señor. Esto hará que veamos los acontecimientos de nuestra vida, sin hacernos la ilusión de que aquí, nos vamos a quedar para siempre. Feliz Domingo.


HOMILÍA PARA EL XXI DOMINGO DURANTE EL AÑO (Ciclo C).




1. Hay preguntas que siempre son inquietantes y que muchas veces nos hacemos en la vida. Una de estas preguntas es la que se refiere, al destino final de nuestra vida. Ciertamente, todos nosotros ya sabemos que vamos a morir tarde o temprano. Es algo que nunca podremos evitar, porque forma parte de nuestra naturaleza humana. Nacimos para morir.

2. Sin embargo, hay algo dentro de nosotros que se resiste, a considerar la muerte como una total destrucción. Sentimos instintivamente que, aunque tengamos que pasar por esa realidad que llamamos muerte, sin embargo, continuaremos viviendo por toda la eternidad. La muerte no es el final.

3. Este sentimiento de supervivencia eterna, se ve reforzado con la misma Palabra que Dios nos dirige. Especialmente por lo que Dios nos ha dicho, por medio de su Hijo Único Jesucristo. Él nos ha hablado muchas veces de la vida eterna. En el Nuevo testamento encontramos esta expresión «vida eterna» más de cincuenta veces.

4. Pero también Jesús nos ha dicho, que, aunque todos vamos a continuar viviendo después de la muerte, sin embargo, la vida eterna no va a ser igual para todos. Unos vivirán eternamente felices, en la unión con Dios que es la razón de nuestra existencia y otros tendrán la desgracia, de vivir eternamente alejados de Dios. Permanecerán eternamente frustrados, sin alcanzar la meta para la que fueron llamados a la vida.

5. Se le llama salvación, al hecho de poder vivir eternamente en unión con Dios. Y se le llama condenación, al hecho de vivir eternamente alejados de Él.



6. Evidentemente el deseo de vivir eternamente felices, lo llevamos grabado en nuestro corazón. Y es natural, porque para participar de esa eterna felicidad, es para lo que todos fuimos creados.

7. Pero, para poder alcanzarla, se necesita vivir de tal manera, que nuestra vida y nuestras obras estén orientadas hacia Dios y que vivamos de acuerdo a su voluntad.

8. Esto significa que todos aquellos, que no se interesan por Dios, que rechazan sus caminos, que no viven de acuerdo a su divina voluntad, si no cambian de actitud, no pueden tener una esperanza cierta, de vivir eternamente con Dios.

9. Por eso, Dios constantemente nos está invitando, a que cambiemos nuestras actitudes y a que vivamos de acuerdo, a lo que Él nos dice. Sin embargo, precisamente porque nosotros somos plenamente libres, es por lo que podemos aceptar su invitación o rechazarla.

10. De hecho, Dios no condena a nadie. Dios simplemente nos indica el camino, que nos lleva a la plenitud de la vida y el camino que nos lleva al sufrimiento eterno. Además nos concede todas las gracias que nosotros necesitamos, para permanecer firmes en el camino del bien. Pero la elección es totalmente nuestra.



11 Dios, como Padre nuestro que es, no quiere que nos condenemos. Pero, como nos ha dado la libertad, Él respeta nuestras libres decisiones, aunque estén en contra de lo que Él quiere de nosotros.

12. Viendo toda esta realidad y, sobre todo, viendo cómo está el mundo en la actualidad, brota de nuestros labios la misma pregunta, 
que una persona le hizo a Jesús en el 
relato, del Evangelio que acabamos de escuchar: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?".

13. Es ciertamente una pregunta angustiosa. Pero, en realidad, la respuesta la hemos de dar cada uno de nosotros, por medio de nuestra vida y de nuestras obras. Porque, aunque la salvación es una gracia que Dios nos concede, sin embargo, el recibir o el rechazar esa gracia, depende de cada uno de nosotros.

14. Y no pensemos que esto es algo raro. Fijémonos que nosotros en la vida, tomamos muchas veces decisiones totalmente equivocadas, a pesar de que todos nos estén 
diciendo que no lo hagamos. Somos necios. Existen en nosotros el orgullo y la terquedad que nos encierran, en determinado modo de pensar y que no nos dejan razonar.

15. Con lo que respecta a la salvación, todos nosotros escuchamos la Palabra de Dios constantemente y, nos damos cuenta de que, a través de ella, el Señor nos está diciendo lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer. De una manera insistente, Dios nos está invitando a cambiar nuestra manera de vivir y de comportarnos.



16. Y sin embargo nosotros, a pesar de que es el mismo Dios el que nos lo dice, muchas veces nos encerramos en nosotros mismos y rechazamos la palabra, que Dios nos dirige 
para nuestro bien.

17. Las consecuencias de esta actitud de rechazo, ya las empezamos a ver en este mundo. Son precisamente las situaciones de violencia, de corrupción, de maldad y de 
destrucción que estamos viviendo, lo que nos está haciendo ver las consecuencias del pecado, es decir, las consecuencias del rechazar lo que Dios nos va pidiendo.

18. Pero, si continuamos avanzando en el camino del mal y no nos convertimos, estas consecuencias las vamos a experimentar, por toda la eternidad. No porque Dios así lo quiera, sino porque nosotros rechazamos el plan de Dios.

19. A la pregunta: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?" Jesús no responde con un sí o con un no. Porque eso de nada nos serviría. A un estudiante, de nada le sirve saber si son muchos los que aprueban un curso o si son pocos. Lo que a él le debe interesar es dedicarse a estudiar, de tal manera, que pueda aprobar el curso. Lo importante no es si son muchos o pocos los que aprueben.

20. Por eso es que Jesús responde diciendo: «Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán.» Con esto nos está haciendo ver, que hemos de poner todo lo que esté de nuestra parte, para poder salvarnos.



21. El camino que nos lleva a la salvación, es un camino exigente y que pide de nosotros esfuerzo y generosidad. Y ese es el gran problema que nosotros tenemos. Estamos viviendo en una época y en una sociedad, en la que todos nos sentimos inclinados a lo más fácil y placentero.

22. Hemos ido perdiendo los valores morales del esfuerzo, del sacrificio, de la generosidad, de la perseverancia, de la fidelidad y hemos orientado nuestra vida, por los caminos del placer, de lo inmediato, de lo que no cuesta y todo esto, es algo que nos dificulta el seguimiento de Cristo.

23. Hemos perdido la capacidad del esfuerzo y de la lucha. Hay muy pocas personas, que tengan ideales elevados en la vida. La mayor parte, lo que buscan es sencillamente, pasarla bien, no tener problemas y nada más.

24. Lo vemos, por ejemplo, en los matrimonios, cuando surgen problemas, la solución se busca es lo más fácil: separarse. No se lucha por cambiar las cosas, por mejorar,
por dialogar, por poner cada uno de su parte. Simplemente no se hace ningún esfuerzo.

25. Lo vemos también, por ejemplo en los estudiantes. Todos quieren ganar el curso, pero no se esfuerzan por estudiar. Y acuden a lo más fácil: al chantaje, al copiar, a la falsificación de notas y otras cosas por el estilo.



26. Jesús nos hace ver que este modo de pensar, en lo que se refiere a Dios, no nos sirve para nada. Si queremos alcanzar la salvación, tenemos que esforzarnos por entrar por la puerta estrecha. Y solamente los que se esfuerzan por vivir, como Dios nos lo pide, son los que podrán salvarse.

27. Jesús nos invita a esforzarnos desde ahora. Este esfuerzo, no lo hemos de hacer hasta el final de nuestra vida. Porque este final puede llegar antes de lo esperado. Por eso agrega Jesús: « Si a ustedes les ha tocado quedarse afuera, cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta, entonces se pondrán a golpearla y a gritar: ¡Señor, ábrenos! Pero les contestará: No sé de dónde son ustedes. Entonces comenzarán a decir: Nosotros hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas. Pero él les dirá de nuevo: No sé de dónde son ustedes. ¡Aléjense de mí todos los malhechores! ».

28. Después de la muerte, (que es lo que significa "cerrar la puerta"), de nada nos servirá lamentarnos. Por eso Jesús nos lo hace ver desde ahora. Quedarse fuera quiere decir, estar eternamente condenados.

29. No vale con decir que somos cristianos y que hemos venido a Misa. O que hemos participado en las reuniones o que pertenecemos, a un grupo apostólico. Lo que hace falta, es el haber vivido de acuerdo a la voluntad de Dios. Las demás cosas pueden ser una ayuda, para vivir como Dios
quiere. Pero lo importante es hacer vida la Palabra de Dios.

30. Ojalá que este llamado que Dios nos hace hoy a todos nosotros, tratemos de vivirlo. Ahora todavía tenemos tiempo. Pero no sabemos cuánto tiempo nos queda. Por lo tanto, tratemos de vivir de tal manera, que cuando la puerta se cierre estemos ya unidos a Dios a través de una vida grata a sus ojos.

31. Pidámosle a Nuestro Señor, la gracia de hacer en todo su voluntad. Que no busquemos vivir de acuerdo a los criterios del mundo. Que el Evangelio, sea siempre la luz que guíe nuestros pasos. Que vivamos siempre preparados, para nuestro encuentro definitivo con Dios.



Oración de los fieles.

Celebrante: Cristo nos insiste, en que nos esforcemos por entrar por la puerta estrecha, pero muchas veces no prestamos atención y no somos capaces de ver, por dónde caminamos. Pidámosle que nos ayude, a orientar bien nuestros pasos.
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Celebrante: Padre, atiende generoso las súplicas que tu pueblo te ha presentado por:

 Jesucristo Nuestro Señor. 
Amén.


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