Semillas de Dios.

domingo, 28 de agosto de 2016

Agosto 28. Homilía del XXII domingo durante el año (Ciclo C). La humildad y de la sencillez. Lo que Dios nos pide es, simplemente, vivir de acuerdo a su divina Palabra. Lo demás es lo de menos. Cuanto más sencillos seamos, mayor será nuestra alegría. Dejemos las "importancias" a los que las deseen. Nosotros hagamos lo que Dios nos pide. Feliz Domingo a todos. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.


El mensaje del Evangelio, nos habla de dos cosas que se olvidan, en el mundo en el que vivimos. Se trata de la humildad y de la sencillez. Lo que Dios nos pide es, simplemente, vivir de acuerdo a su divina Palabra. Lo demás es lo de menos. Cuanto más sencillos seamos, mayor será nuestra alegría. Dejemos las "importancias" a los que las deseen. Nosotros hagamos lo que Dios nos pide. Feliz Domingo a todos. Monseñor Colominas.


Homilía del XXII domingo durante el año (Ciclo C)


1. Los domingos y las semanas del Tiempo Ordinario, nos invitan a fijarnos en aspectos básicos de la vida cristiana: la vivencia del domingo como día del Señor, la reunión comunitaria dominical, la escucha de la Palabra en la escuela de Cristo, la celebración de la Eucaristía como alimento y motor de toda la semana...

2. La Palabra de Dios, este año centrada sobre todo en el evangelio de san Lucas, nos va dando, domingo tras domingo, lecciones muy concretas para nuestro camino cristiano. Hoy, se nos ofrece la lección de la humildad y de la generosidad desinteresada.

3. Hablar de la humildad, no parece ser un tema muy moderno. Si se nos invitara a ser eficaces o a trabajar con generosidad, nos parecería bien. Pero ¿ser humildes? y además, ¿ser desinteresados en nuestro trabajo?.

4. Sin embargo, aunque parezca raro, la lección de la sencillez y la humildad nos viene bien a todos, niños, jóvenes y mayores. Jesús nos presenta la humildad con su acostumbrada pedagogía y plasticidad, con ocasión de una comida a la que es invitado.



5. Ya en la primera lectura, nos dice el libro del Eclesiástico, que al humilde le quieren todos, y sobre todo Dios. Por lo tanto, no está mal que hoy reflexionemos sobre esta idea, en tres dimensiones:

6. Primero: Al humilde lo quiere Dios: "hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios", dice el sabio; y Jesús concreta: "todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido".

7. Tengamos muy claro que si Dios tiene predilección por alguien –y por lo mismo, Cristo, su Enviado- es por los débiles, por los últimos, por los pequeños. El salmo alaba a Dios porque "ha preparado su casa a los desvalidos", porque es "padre de huérfanos y protector de viudas".

8. Dios quiere de una manera muy especial al que es discreto, y modesto en sus pretensiones, al que es humilde y no alardea de sus cualidades o riquezas, todos le quieren; al orgulloso y engreído, o le desprecian o le tienen envidia.

9. Por eso el consejo: "En tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso". Cuanto más grande es una persona en su interior, menos se hace valer y más sencilla es en el trato con los demás: y esto es lo que hace que se le tenga más aprecio.

10. La humildad nos hace bien, sobre todo a nosotros mismos. El ser humildes, o sea, discretos en la ambición y modestos en la autoestima, afecta a la raíz de nuestro ser: nos hace conocernos y aceptarnos mejor a nosotros mismos, nos ahorra muchos disgustos y nos proporciona una mayor armonía interior.



11. Por tanto, la advertencia acerca de las ventajas, que tiene la humildad, no nos resulta inútil. Tenemos que reconocer que, en diversa medida, todos tenemos la tentación de querer aparecer como importantes, de buscar protagonismo, de ser y de tener más que los demás, de modo que los que nos rodean, se sientan obligados a admirarnos y, hasta tenernos envidia.

12. Nos cuenta el Evangelio, que Jesús vio cómo los invitados se apresuraban a elegir los mejores puestos. ¿Nos estaría viendo también a nosotros? ¿Somos de los que quieren "salir en la foto", ser el centro de la conversación, que nos vean en compañía de personas importantes? ¿Queremos superar a toda costa a los demás familiares, a los compañeros de trabajo, a los otros colaboradores de una parroquia, como los apóstoles de Jesús, que discutían quién iba ser el mayor entre ellos?.

13. El aviso es para toda la Iglesia, para que no vaya buscando el poder, ni el prestigio, ni las alabanzas humanas. Y es para cada cristiano, para que sepamos dominar nuestro deseo innato de imponernos y de ser los héroes en todo.

14. Fijémonos en que Jesús, no nos enseña normas de urbanidad en la mesa, ni leyes de protocolo social, sino una actitud humana y cristiana que a él, le parece básica: La modestia y la humildad, delante de Dios y de los demás.

15. Se trata de una actitud que podría parecer, totalmente contraria a la conducta que prevalece en este mundo, que parece una feria de vanidades. ¿A quién le gusta ocupar los últimos lugares?.

16. Jesús une, a la lección de la modestia y de la humildad, también la del desinterés cuando invitamos o damos algo a los demás. Tampoco es muy moderno este tema, porque la sociedad está fundada en el "te doy para que luego tú me des", a ser posible con intereses.

17. ¿Hay alguien que dé gratuitamente? Pues eso es lo que Jesús invita a hacer. Esta vez, su punto de mira no es el invitado que busca puestos de honor, sino el dueño de la casa que invita. Y le aconseja que no invite a los ricos, que le podrán luego a su vez invitarle a él, sino a los que sabe que no le podrán corresponder.

18. ¡Estas son dos lecciones, que no son del gusto del mundo en el que vivimos: la de ser humildes y la de dar gratuitamente, sin esperar recompensa!



19. Hay que reconocer, que es difícil asimilar esa bienaventuranza que nos dice hoy Jesús: "Dichoso tú, porque no te pueden pagar". Ya nos pagará Dios.




20. El mejor ejemplo lo tenemos en el mismo Cristo, el Siervo, que no vino a ser servido sino a servir, y que en su cena de despedida, se ciñó la toalla y lavó los pies a sus discípulos. Y lo encontramos también en su madre, María, que en en su cántico engrandece a Dios, reconociendo que es él quien lo ha hecho todo en ella, porque "ha mirado la humildad de su sierva".



21. En un momento de silencio, reflexionemos y tratemos de ver si nosotros realmente, estamos viviendo la humildad, la sencillez la gratuidad. Si sabemos dar sin esperar recibir. El ser humildes y generosos debe llenarnos de alegría, porque de esta manera estaremos viviendo con una actitud misericordiosa, a la manera de Jesús.


Oración de los fieles

Sacerdote: Oremos, hermanos a Dios Padre, por mediación de nuestro Señor Jesucristo, Cordero humilde y salvador del mundo.




Sacerdote: Recibe, Dios Padre bueno, las humildes súplicas que te dirigimos y escúchalas para que podamos ser habitantes de un mundo mejor. 



Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo Nuestro Señor. Amén.


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