Semillas de Dios.

domingo, 7 de agosto de 2016

Agosto 7. Homilía del XIX domingo durante el año (Ciclo C). Pidamos al Señor que nos conceda dar lo mejor de nosotros en este mundo, pero sin olvidarnos de que no nos vamos a quedar aquí para siempre. Nuestra casa está en el Cielo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Colominas Arango.



Todos tenemos la tentación de vivir confiados en este mundo y por eso nos olvidamos de la vida eterna. Pidamos al Señor que nos conceda dar lo mejor de nosotros en este mundo, pero sin olvidarnos de que no nos vamos a quedar aquí para siempre. Nuestra casa está en el Cielo. Preparémonos pues. Feliz Domingo.


Homilía del XIX domingo durante el año
 (Ciclo C)


1. Nuestra vida cristiana, es el único camino que podemos recorrer, para encontrarle su verdadero sentido a nuestra vida, no solamente el sentido de nuestro peregrinar por este mundo, sino también el sentido que tiene toda nuestra existencia, para poder alcanzar la meta de la vida eterna, para la que hemos sido creados.

2. Hoy San Lucas, nos hace ver que el "camino" que hemos de seguir como cristianos, ha de ser el camino de la vigilancia. Esto significa que, para seguir este camino, necesitamos ser conscientes, en primer lugar, de que no nos vamos a quedar para siempre en este mundo, porque vamos caminando hacia el encuentro definitivo, con nuestro Padre del cielo.

3. Por eso es que no podemos vivir despreocupados, sin prepararnos para nuestro encuentro pleno y definitivo con Dios. Muchas veces nos interesamos por tener lo que necesitamos, para pasarlo bien en este mundo. Y está bien. Pero lo malo es que nos olvidamos de prepararnos, para poder vivir en la Compañía de Dios por toda la eternidad.

4. El pensar que, en el momento en el que menos lo pensemos vamos a tener que dejar este mundo, no nos debe llenar de temor, sino todo lo contrario, hemos de vivir llenos de esa gozosa esperanza de llegar a nuestra verdadera patria.

5. Por eso es que San Lucas, comienza invitándonos a la confianza. Nos dice que no debemos tener miedo al pensar, que nuestra permanencia en este mundo, tarde o temprano se va a terminar. El Señor nos ha querido hacer partícipes de los bienes de su Reino. Por eso, nos pide que no pongamos nuestro corazón en las cosas materiales.

6. Claro que tenemos que utilizar y aprovechar los bienes materiales, pero sin poner en ellos toda nuestra confianza. Los bienes materiales son buenos, en la medida en que los necesitamos. Hemos de aprovecharlos, pero sin poner en ellos nuestro corazón.

7. Los bienes materiales los debemos aprovechar, para hacer muchas cosas buenas, que nos van a ir preparando un tesoro para la vida eterna. Por eso, Jesús nos dice: «Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni destruye la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón».

8. Esto significa, que no hemos de dejarnos atrapar, por la seducción que despiertan en nosotros las cosas materiales. Todo lo de este mundo lo hemos de orientar para la vida eterna. Hemos de dar gracias a Dios por lo que nos da a cada uno de nosotros y hemos de compartirlo, con nuestros hermanos más necesitados.


9. Por eso es que el Señor, nos invita hoy a vivir en una constante actitud de vigilancia. Esta es una dimensión de la fe cristiana que no debemos olvidar. Por eso es conveniente que siempre, nos hagamos estas preguntas: ¿Qué estamos haciendo de nuestra vida? ¿Cómo la administramos? ¿Vivimos despiertos en nuestra fe?.

10. La Palabra de Dios que hemos escuchado hoy, nos ponía diversos ejemplos de vigilancia. La primera lectura que escuchábamos hoy, nos ponía ante los ojos el ejemplo, de la vigilancia de los judíos en la cena de Pascua la noche de su salida de Egipto. Estaban despiertos, comieron de pie, con la cintura ceñida, con el bastón en la mano, preparados para emprender la marcha hacia la tierra prometida, convencidos de que Dios iba a actuar a favor de ellos, liberándolos de la esclavitud.

11. La segunda lectura nos presentaba también el ejemplo de Abraham, como modelo de fe. Precisamente por su fe en las promesas de Dios, fue que vivió como extranjero en la tierra que Dios le había prometido, habitó en tiendas de campaña, al igual que Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa después de él. Porque ellos esperaban una ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

12. La actitud desprendida y confiada de Abraham, ha de ser el modelo de lo que debe ser nuestra vida en este mundo. Vivimos aquí, pero esperamos la Patria eterna que Dios nos ha prometido.

13. Jesús, como un buen maestro, nos enseña con varias comparaciones, cómo debe ser de despierta y vigilante nuestra fe: nos pone como ejemplo la actitud de los siervos que aguardan la vuelta del amo. No se confían sino que están esperando el momento de su regreso.

14. También nos presenta la actitud del dueño que no sabe cuándo pueden venir los ladrones y prepara lo necesario para no dejarse sorprender. Nos habla también de la actitud vigilante del administrador que sabe que debe estar preparado a rendir cuentas de su gestión en cualquier momento...

15. Hoy Jesús nos invita a cada uno de nosotros, a vivir "ceñida la cintura y encendidas las lámparas", "como los que aguardan la vuelta del Señor". Esto no solamente se refiere a la venida última, gloriosa, del mismo Cristo, Juez de la historia, sino también a nuestra muerte, que es el momento decisivo por excelencia para cada uno de nosotros.

16. Hoy, pues, se nos invita a vivir despiertos, mirando al futuro. No nos olvidemos de que también el hombre de hoy, necesita tener presente esta llamada a la vigilancia. Porque precisamente los adelantos que han conseguido actualmente. los adelantos de la ciencia y de la técnica, pueden hacer que nos olvidemos de la verdadera vida a la que estamos llamados.



17. Humanamente, sólo pensamos en nuestro futuro y en el de nuestra familia, hacemos planes, prevenimos los posibles males, nos proveemos de los mejores mecanismos anti-robo: pero ¿Vivimos despiertos también en nuestra fe? ¿Trabajamos por ir creciendo en la vida cristiana, pensando en el futuro? ¿Pensamos que también nos puedan robar esa fe, o que nos pedirán cuentas de ella?.

18. Vigilar, pues, no solo significa no distraerse, no adormecerse, no "instalarse", satisfechos con lo ya hemos conseguido. Significa que en medio de una sociedad, que parece muy contenta con los valores que tiene, el cristiano está invitado a vivir, con una esperanza vigilante y activa.

19. Vigilar, tener las lámparas encendidas para el encuentro con el Señor, -que es algo que puede suceder en cualquier momento- significa tener la mirada puesta en los "bienes de arriba", de los que se nos hablaba el domingo pasado. Significa no dejarse encandilar por los atractivos de este mundo, que es camino y no meta, significa tener conciencia de que nuestro paso por este mundo, aunque sea serio y nos comprometa al trabajo, sin embargo, no es lo definitivo en nuestra existencia.

20. Vigilar significa vivir despiertos, en tensión. No con angustia, pero sí con seriedad. Dando importancia a lo que realmente la tiene. Como el estudiante que desde el comienzo del curso, piensa en los exámenes finales. Como el labrador que siembra y está ya pensando en conseguir una buena cosecha. Como el deportista que desde el primer esfuerzo, sueña con llegar primero a la meta, o al menos, no salirse de la carrera.

21. Una de las imágenes de la Iglesia que ahora más repetimos -sobre todo en los cantos- es la del Pueblo peregrino. Esto no supone desentendernos de lo de aquí abajo: debemos ser protagonistas, no sólo de la "espera" del Reino, sino de su construcción, ya desde ahora.

22. Dios a cada uno de nosotros nos ha dado unos "talentos" que debemos "administrar" y hacer fructificar. Precisamente porque miramos sabiamente hacia el final, luchamos y trabajamos ya desde ahora en contra del mal, sin resignarnos a la inacción.


23. La Eucaristía, es, para los cristianos, alimento para el camino: "viático". Ella nos da la fuerza que necesitamos para seguir adelante y para trabajar por el Reino. Y mientras la celebramos -hoy es un buen día para recordarlo- repetimos con frecuencia nuestra mirada hacia el futuro: "mientras esperamos la gloriosa venida...".

24. La Eucaristía, nos ayuda a tener bien firmes los pies en el suelo, con un compromiso y una misión en este mundo, pero con la mirada puesta en el final.




Oración de los fieles

Sacerdote: El Señor nos invita hoy a estar atentos y vivir unidos, como miembros del pueblo Santo que Él fundó. Pidamos al Padre que nos ayude a vivir en unidad y en la esperanza de su venida gloriosa.
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Sacerdote: Padre, atiende estas plegarias y ayúdanos en aquellas otras necesidades que Tú sabes que tenemos.



 Te lo pedimos por Jesucristo 
Nuestro Señor. 
Amén.





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