Semillas de Dios.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Septiembre 11. Homilía del XXIV Domingo durante el año (Ciclo C). Dios quiere que participemos de su misma vida. Por eso es que tiene misericordia con nosotros y, a pesar de nuestros muchos pecados, nos ofrece constantemente el perdón y la reconciliación. De nosotros depende el aceptar el perdón que nos ofrece. No desperdiciemos su Misericordia. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.




Dios quiere que participemos de su misma vida. Por eso es que tiene misericordia con nosotros y, a pesar de nuestros muchos pecados, nos ofrece constantemente el perdón y la reconciliación. De nosotros depende el aceptar el perdón que nos ofrece. No desperdiciemos su Misericordia.   
Feliz domingo. Padre Colominas.













Homilía del XXIV domingo durante el año (Ciclo C).



En el capítulo 15 de san Lucas, que se ha llamado "el corazón del evangelio", describe Jesús cómo es el corazón de su Padre, un corazón lleno de misericordia.

Las lecturas de hoy nos presentan a Dios con un corazón lleno de amor, capaz de comprender y perdonar.

La lectura del Éxodo describe el pecado del pueblo elegido, un pecado grave, contra el primer mandamiento: La idolatría. 
Pero, sobre todo, la actitud de Dios que se deja convencer por la intercesión de Moisés, se "arrepiente de la amenaza" y perdona al pueblo. Así aparece Dios: Lo suyo es perdonar.

Pero, sobre todo, Jesús, en las tres parábolas de hoy nos "retrata" a su Padre como el pastor que recupera gozosamente a la oveja, como la mujer que celebra el hallazgo de la moneda y como el padre que perdona, y hace fácil la vuelta al hijo que se había marchado. Aunque el mejor retrato de Dios no está en las parábolas: Está en Cristo mismo, que actuó siempre como el Buen Pastor, acogiendo, siendo tolerante, perdonando.



Todos somos pecadores. De alguna manera, todos somos un poco el pueblo idólatra, la oveja aventurera, la moneda que se pierde, el hijo que escapa de casa. Ahora, podemos tomar conciencia de esta situación y, sobre todo, podemos alegrarnos de que nuestro Dios, es un Dios lleno de Misericordia, que nos comprende y nos perdona cuando, como el hijo pródigo, nos ponemos en camino hacia él.

El evangelio de hoy quiere convencernos, de que es posible la vuelta, la conversión, y que Dios nos espera; y, por tanto, quiere alegrarnos, de la Reconciliación que Él nos ofrece, sobre todo en El Sacramento de la Reconciliación. Jesús nos dice algo que podría extrañarnos: con nuestra vuelta, le damos una gran alegría a Dios.

La segunda lección que recibimos hoy, es la capacidad que deberíamos tener también nosotros de perdonar, igual que perdona Dios.

Moisés, en la la lectura, aparece como un hombre de gran corazón. Ante la queja de Dios ("se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto"), inteligentemente vuelve la idea del revés ("¿por qué se va a encender tu ira sobre tu pueblo, que tú sacaste de Egipto?") y consigue El Perdón de Dios para los suyos.



El pastor no abandona a la oveja, sino que toma la iniciativa y la busca y se alegra al encontrarla. La mujer no ceja hasta encontrar la moneda, y comparte su alegría con las vecinas. El padre del hijo pródigo, no le echa en cara su conducta: le perdona y le organiza una fiesta.

Tenemos muchas ocasiones, en la vida de familia o de comunidad, en las relaciones sociales y laborales, de imitar o no esta actitud de Dios. ¿Tenemos un corazón magnánimo, fácil para perdonar? ¿Somos capaces de interceder por los demás, como Moisés? ¿O actuamos como los fariseos, que se creen santos, o como el hermano mayor, que no acepta que se perdone a su hermano?.

Si el hijo pródigo, se hubiera encontrado con nosotros, al volver a casa. ¿Hubiera terminado igual la historia? ¿nos alegramos del bien ajeno? ¿hacemos fácil la rehabilitación del que ha pecado, o le echamos continuamente en cara sus fallos? ¿somos capaces de adelantarnos, de dar pasos de reconciliación antes que nadie?.




Cuando celebramos la Eucaristía, nos preparamos a la comunión, diciendo en el Padrenuestro: "Perdónanos", porque todos somos indignos de acudir a su mesa, y a la vez "Como nosotros perdonamos", porque no podemos acercarnos juntos a comulgar, si no estamos en actitud de Reconciliación.

Y nos damos la paz con los más cercanos. Son las dos lecciones de hoy, plásticamente traducidas, en el momento culminante de la Eucaristía: Nos alegramos del perdón de Dios, y manifestamos nuestro propósito, de imitar su corazón misericordioso, perdonando también nosotros.



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