Semillas de Dios.

domingo, 16 de octubre de 2016

Octubre 16. HOMILÍA DEL XXIX DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO C). La clave de nuestra vida está en la Oración, porque es el encuentro personal con Aquel que sabemos que nos ama. No la descuidemos. Feliz Domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.



Nuestra vida está en la Oración, porque es el encuentro personal, con Aquel que sabemos que nos Ama. No la descuidemos. Feliz Domingo. Padre Colominas.


HOMILÍA DEL XXIX DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO C).



1. Nosotros necesitamos respirar para poder vivir. Gracias a la respiración, el oxígeno del aire entra a nuestro cuerpo para hacer que cada uno de sus órganos, pueda desempeñar bien todas sus actividades. Es tan importante la respiración que se dice que, en gran parte, la salud de una persona, depende de la forma cómo respire.

2. Nosotros, en nuestra vida espiritual, también necesitamos respirar. Esa respiración del alma es lo que nosotros llamamos «Oración». La oración es indispensable para poder vivir nuestra vida cristiana. Santa Teresa de Ávila nos decía que la oración, es tan importante que «el que ora se salva y el que no ora se condena»

3. Muchos cristianos, de hecho, no viven como cristianos o viven a medias su vida cristiana, por la sencilla razón de que no hacen oración, o también porque muchas veces, no la hacen como deberían hacerla. Por eso es que Jesús, en el Evangelio, nos habla muchas veces de la oración.

4. La primera lectura que escuchamos, hoy nos hablaba de una batalla que sostuvieron los Israelitas en contra de los amalecitas. A lo largo de toda la batalla, Moisés se dedicó a la oración con las manos en alto. Mientras Moisés oraba, los Israelitas dominaban en el campo de batalla. Pero cuando Moisés se cansaba y bajaba los brazos, entonces los Israelitas empezaban a ser vencidos.

5. Esto hizo que Aarón y Jur, le sostuvieran a Moisés los brazos en alto durante todo el tiempo que duró la batalla. Gracias a
la oración de Moisés, los Israelitas alcanzaron una rotunda victoria en contra de los Amalecitas.



6. Esto es para nosotros un maravilloso ejemplo, de la importancia que tiene la oración en nuestra vida. La vida cristiana es una constante lucha en contra del mal y del pecado. Nosotros tenemos que luchar valientemente, si de verdad queremos seguir a Cristo.

7. Nosotros nos encontramos constantemente con las tentaciones, con los criterios del mundo, con las ocasiones de pecado, con personas que nos quieren apartar de los caminos de Cristo, que nos presentan otros caminos, que se ven más atractivos y fáciles que el camino que Cristo nos señala.

8. Con frecuencia nos faltan ganas, de vivir con espíritu de Caridad. Nos cuesta perdonar a los que nos han ofendido. Nos cuesta servir a nuestros hermanos. En una palabra, nos cuesta mucho hacer el bien.

9. De esto no debemos extrañarnos, porque desde que el pecado original entró al mundo, nuestra naturaleza humana está inclinada al mal. Nosotros necesitamos de La Gracia de Dios, para poder vivir nuestra vocación cristiana con entrega y fidelidad.

10. La Gracia de Dios llega hasta nosotros, a través de dos canales principales: la oración y los sacramentos. Si abandonamos la oración y nos alejamos de los sacramentos, es moralmente imposible que podamos vivir bien nuestra vida cristiana.



11. El abandono de la oración, nos lleva como consecuencia al abandono de los sacramentos. Pero, por el contrario,
conforme nosotros vayamos viviendo una vida de oración, vamos a sentir cómo los sacramentos, son una verdadera necesidad en nuestra vida.

12. Jesús, no solamente nos da ejemplo de oración y nos orienta cómo hacer la oración, sino que en muchas ocasiones nos enseña también cómo debe ser nuestra oración.

13. Cuando Jesús, por ejemplo, nos habla de la vigilancia, nos hace ver que ésta ha de estar acompañada de la oración: «Vigilen y oren para no caer en la tentación».

14. Nos hace ver también que Dios siempre escucha nuestra oración y a través de ella nos da a conocer su voluntad. No siempre Dios nos da lo que nosotros queremos, pero nos da lo que nosotros realmente necesitamos.

15. Nos dice que, para hacer bien nuestra oración, la debemos hacer con mucha humildad. Nosotros vamos a pedirle al Señor su ayuda y no a imponerle nuestra voluntad. Una persona que pide un favor no debe pedirlo con orgullo, sino con humildad.

16. La Sagrada Escritura nos enseña que «Dios resiste a los soberbios y da Su Gracia a los humildes.» Por lo mismo, si queremos que nuestra oración sea atendida por Dios, necesitamos presentarnos delante de Él con mucha humildad.

17. Nuestra oración debe ser confiada, porque no se apoya en nuestras propias fuerzas, sino en el poder y en la misericordia de Dios. Nosotros hemos de confiar, porque sabemos que Dios es nuestro Padre y que nos ama sin medida.



18. Nuestra oración la debemos hacer en el silencio y en la soledad de nuestro corazón. No oramos para que
los demás nos feliciten, sino para estar a solas con Dios. Nuestra oración no debe ser jamás un espectáculo, para que los demás nos admiren, sino un encuentro de corazón a corazón con Dios.

19. Por eso nos decía Jesús: «Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.» Ese aposento del que habla Jesús es nuestro corazón; es lo más profundo de nuestro ser. Allí es donde nosotros podemos encontrarnos con Dios y escuchar su voz.

20. Nosotros no oramos basándonos en nuestros propios méritos, sino en los méritos de Jesús. El es quien ruega al Padre por nosotros. Por eso hemos de pedir en su nombre. Como Él mismo nos lo decía: « Todo lo que ustedes pidan al Padre en mi nombre se lo concederá.» Y agrega: «En verdad les digo: lo que pidan al Padre en mi nombre se lo dará. Hasta ahora nada le han pedido ustedes en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su gozo sea completo. »



21. Hemos de hacer la oración con recta intención, es decir, buscando solamente La Gloria de Dios. Cuando uno ama a una persona, no se acerca a ella solamente a buscar algún favor o algún beneficio, sino que se acerca para estar con la persona amada. El recibir o el no recibir la ayuda que necesitamos, es algo completamente secundario.

22. Nosotros muchas veces somos como aquellos niños o aquellos jóvenes, que solamente se acuerdan que tienen padres cuando les hace falta algo. Pero mientras tanto, no
tienen ningún gesto de cariño, no se acercan a ellos, ni ponen atención a sus consejos.

23. Nosotros nos acercamos muchas veces a Dios, porque nos estamos tronando los dedos y no sabemos qué hacer. Está bien que nos acerquemos cuando tenemos necesidad. Pero, si verdaderamente amamos a Dios, vamos a buscarlo aunque no nos haga falta nada en especial.

24. Lo importante en la Oración es estar con Dios, gozar de Su Presencia, escuchar Su Voz, estar dispuestos a hacer en todo momento lo que sabemos que a Dios le agrada.



25. Hoy Jesús nos habla de un aspecto muy importante de la oración, que es la perseverancia. Hemos de clamar e insistir en la oración. No porque Dios no nos oiga, ni porque se haga el sordo, sino porque nosotros, a través de la súplica perseverante, vamos aprendiendo a desear y a abrir nuestro corazón, para poder recibir y apreciar lo que valen Los Dones de Dios.

26. Imaginémonos que si, necesitando ser insistentes en la oración, nos olvidamos de ella cuando no nos urge algo. Cuánto más dejaríamos a Dios a un lado, si en la oración solamente fuéramos a pedir y a recibir al instante lo que nos hace falta.

27. Jesús nos pone la parábola, de un juez malvado que no quería hacerle justicia a una pobre viuda, que constantemente le pedía que le solucionara su caso. Nos dice Jesús que este juez, con lo pícaro y sinvergüenza que era, sin embargo, para que la viuda no lo siguiera importunando, decidió hacerle justicia.

28. Jesús hace la siguiente reflexión: «¿Se han fijado en las palabras de este juez malo? ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos, si claman a él día y noche, mientras él deja que esperen? Yo les aseguro que les hará justicia, y lo hará pronto ».

29. Ante el mal presente en el mundo, nosotros como Moisés tenemos que levantar nuestras manos pidiendo a Dios que su Reino se haga presente entre nosotros. Mientras nosotros los cristianos mantengamos una constante actitud de oración, ciertamente el mal no podrá dominar a la humanidad.

30. Pero el problema está en ver, si nosotros sabemos ser perseverantes en la oración. Por eso es que Jesús nos pregunta: « Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?». Esto quiere decir: ¿Estaremos dispuestos a mantener nuestra actitud orante todo el tiempo?.



31. Recordemos que de esto depende, que nuestro mundo vaya cambiando y que el reino de Dios, se vaya haciendo presente entre nosotros, cada vez con más fuerza.

32. Nuestra oración deberá ser primeramente personal. Todos los días hemos de dedicar un poco de tiempo a la oración. Hemos de ser perseverantes como la viuda del Evangelio. Los primeros frutos de la oración los vamos a recibir nosotros.

33. La Oración nos va a hacer ir cambiando poco a poco. El hierro no puede meterse al fuego sin que se vaya calentando cada vez más, hasta el punto en el que podamos decir que el hierro se ha transformado en fuego.



34. Pues lo mismo nosotros, no podemos vivir una verdadera vida de oración, sin que poco a poco Dios, se vaya manifestando en nuestra manera de vivir, de pensar y de actuar.

35. Si todos nosotros, como comunidad, nos unimos en la oración, nuestro mundo va a ir sintiendo, cada vez con mayor fuerza, la acción del Espíritu que hace maravillas y que puede llenar de vida los huesos resecos y calcinados de la humanidad, como nos lo presentaba en cierta ocasión el profeta Ezequiel.

36. Perseveremos, pues, en la oración. Hagamos oración en nuestras familias. Hagamos oración en los diversos grupos de nuestras comunidades. Hagamos Oración con toda la Iglesia. Hoy más que nunca, la oración es no solamente necesaria, sino que es urgente e indispensable.

37. Ojalá que Dios con conceda a todos un verdadero espíritu de oración, de manera que podamos, como nos lo aconseja el Apóstol San Pablo, orar incesantemente. No nos cansemos de pedir a Jesús que nos enseñe a orar.




Oración de los fieles

Sacerdote: Siguiendo lo que Jesús nos ha enseñado, pidamos que nos conceda ser insistentes en la oración, que nuestra plegaria confiada esté siempre en nuestros labios y en nuestro espíritu. Por eso, con confianza, presentemos nuestras peticiones.





Sacerdote: Escucha Padre de Amor estas súplicas que con fe y humildad te hemos presentado. 


Por Jesucristo Nuestro Señor. 

Amén.



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