Semillas de Dios.

domingo, 23 de octubre de 2016

Octubre 23. HOMILÍA DEL XXX DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO C). La humildad y la sencillez, son la puerta que nos hace agradables ante Dios. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.



 La humildad y la sencillez, son la puerta que nos hace agradables ante Dios. Todo lo que recibimos del Señor, son dones de su Misericordia y no fruto de nuestros méritos. Pidamos a Dios saber ser humildes, para aceptar todo lo que Él quiera pedirnos. Estamos en sus manos. Feliz Domingo. 
Padre Colominas.

HOMILÍA DEL XXX DOMINGO DURANTE EL AÑO
(CICLO C).


1. Una de las virtudes más agradables a Dios, es la humildad. Y al mismo tiempo, la humildad es una de las virtudes más despreciadas por los hombres. Y es porque el mundo busca las apariencias; se nos enseña a presumir de lo que muchas veces no somos; se nos enseña a sentirnos más que los demás.

2. Evidentemente, los caminos de Dios y los caminos de los hombres, son caminos completamente distintos. Por eso es que a veces, no entendemos lo que Dios nos va pidiendo. Por eso es que con frecuencia, huimos de los caminos que Dios nos va señalando.

3. Sin embargo, aunque ciertamente la humildad no es una virtud muy codiciada, sin embargo es una virtud indispensable, porque es la única que nos puede dar la paz del corazón. La humildad nos hace descubrir la verdad de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. El que está en la verdad no tiene nada que temer. Puede vivir en paz.

4. Hay que tener muy claro, que la humildad no consiste en menospreciarse a uno mismo, ni en perder la autoestima. Es todo lo contrario. Es reconocer nuestro verdadero valor. Es aceptar nuestra realidad tal como es. Es aceptar que tenemos cosas muy buenas y que tenemos también grandes defectos.

5. Una persona humilde, es la que reconoce sus limitaciones y no se desprecia a sí misma por ello. Sabe hasta dónde puede llegar y lo aprovecha, para acercarse a los demás tal y
como es, sin máscaras que oculten sus defectos, pero tampoco que oculten sus virtudes.

6. Una persona humilde, reconoce ante los demás lo bueno y lo malo que hay en ella. No se deja atemorizar por las críticas que recibe de los otros y es capaz de aceptarlas con sereni-dad. Pero tampoco se llena de orgullo y vanidad, ante las alabanzas y las felicitaciones.

7. Desgraciadamente, con mucha frecuencia nos hace falta la humildad. Y lo que es peor: nos hace falta ser humildes delante de Dios. Muchas veces nos presentamos delante de Él, llenos de orgullo y de vanidad. Por eso es que Dios no 
escucha nuestras peticiones.

8. La Sagrada Escritura nos hace ver, que a Dios no le agradan las personas orgullosas y vanidosas. Y que por el contrario, Dios se siente complacido con las personas humildes y 
sencillas.



9. La Escritura nos dice por ejemplo: « Yo, el Señor, humillo al árbol elevado y elevo al árbol humilde ». «Todo será transformado: lo humilde será elevado, lo elevado será humillado. » Jesús nos lo decía de otra forma cuando proclamaba: « El que se humilla será enaltecido; y el que se enaltece a sí mismo será humillado ».

10. Jesús mismo se nos presenta en el Evangelio, como ejemplo de humildad cuando afirma: «Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas ». Pero no nos pide que tengamos una humildad falsa o aparente, porque la falsa humildad equivale al orgullo. Jesús quiere que seamos humildes de corazón, es decir, con toda sinceridad.

11. Otro texto de la Escritura nos dice: 
« Adelante de la gloria va la humildad ». Con lo que se nos está enseñando, que la verdadera grandeza de la persona, siempre va precedida de la humildad. Cuanto más grande e importante sea una persona, más humilde debe ser.

12. Agrega también la Escritura: « Busquen la justicia, busquen la humildad; y encontrarán refugio el Día de la cólera del Señor ». Lo que significa que, si somos justos y humildes, cuando el Señor venga a juzgarnos, podremos acogernos a Su Amor y a Su Misericordia.

13. Finalmente, recordemos aquel texto de San Pablo en el que nos dice: « Los exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que vivan de una manera digna de la vocación, con la que han sido llamados, vivan con toda humildad ».

14. Como podemos ver, la Escritura es muy insistente, en lo que se refiere a la humildad, porque solamente con una actitud humilde, es como podemos agradar a Dios.

15. Esta actitud humilde debe llenar toda nuestra vida y sobre todo, debe caracterizar nuestro encuentro con Dios en La Oración. Para que nuestra oración, sea escuchada por Dios, debe brotar de un corazón humilde.

16. Y cuando decimos que la humildad, debe estar presente en nuestra oración, estamos afirmando, que hemos de presentarnos delante de Dios, con lo que nosotros somos en realidad. Nosotros en la oración, no vamos a presumir delante de Dios, ni a presentarle la factura de las cosas buenas que hemos hecho.



17. Nosotros en la oración, vamos a pedirle a Dios todo lo que necesitamos, porque nos reconocemos limitados, débiles y pecadores. Nos acercamos a Él, porque sabemos que, sin su ayuda, nada podemos hacer.

18. Pero a nosotros nos cuesta entender esta verdad. Por eso Jesús, viendo que algunos de sus oyentes, estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás, nos propuso a todos la parábola, de aquellas dos personas que subieron al templo a orar.




19. Uno de ellos era un fariseo y oraba así en su corazón: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese publicano. Yo ayuno dos veces por semana y doy el diezmo de todas mis entradas.»

20. Aparentemente, este hombre le está dando gracias a Dios, pero fijémonos en que no le da gracias por su amor ni por su misericordia, sino porque él «no es como los demás». Este fariseo se siente satisfecho de sí mismo. Presume delante de Dios de las cosas buenas que hace. Y lo que es peor, se juzga a sí mismo mejor que los demás. Es el hombre que se siente satisfecho de sí mismo.

21. Pero, ¿será en verdad esa su realidad? ¿No habrá en ese hombre ningún defecto? ¿Acaso, en él, todo es perfección? Su orgullo y su vanidad no le dejan mirarse a sí mismo. Es por eso que se considera mejor que los demás.

22. Pero Dios sí conoce el interior de su corazón. Solamente Dios puede juzgar la realidad de su vida. Por eso es que a Dios no le gusta que presumamos de lo que no somos, y tampoco le gusta que presumamos de lo que sí somos. Porque si algo bueno hay en nosotros es gracias a la gracia de Dios.

23. «¿Qué hay en ti que no hayas recibido?» nos dice San Pablo. Y ¿quién es quien nos lo ha dado? Todo lo hemos recibido de las manos de Dios. Hemos de agradecer. Pero no hemos de presumir.

24. El otro hombre es totalmente distinto. No presume de nada. Ni siquiera se atreve a levantar los ojos. Se golpea el pecho en señal de arrepentimiento y dice solamente: «Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador.»



25. La diferencia entre estas dos actitudes es abismal. Y la diferencia del fruto que cada uno de ellos recibe, también es inmensa. Solamente puede recibir el perdón y la misericordia de Dios el que se acerca a Él con una actitud humilde y sincera.

26. Esta es la invitación que la Palabra de Dios nos hace hoy: nos invita a que seamos humildes y sinceros delante de Dios. Porque solamente en la medida en que la humildad, se haga presente en nuestra vida, podremos experimentar La Infinita Misericordia de Dios.

27. Seamos humildes en nuestra oración. Como nos decía hoy la primera lectura: « La oración del humilde atravesará las nubes, no se consolará hasta que no sea escuchado ». Ese es el secreto para poder ser escuchados por Dios.

28. Presentemonos ante Dios tal como somos. Dios no nos pide máscaras ni apariencias. Nos pide que le abramos el corazón y que pongamos ante Él todas nuestras miserias. El nos purificará y nos renovará con el poder de Su Gracia.

29. Seamos humildes de una manera especial, en El Sacramento de la Penitencia. Muchos no confiesan todos sus pecados, porque el orgullo mete en ellos la vergüenza y los respetos humanos. Una confesión que no sea hecha con humildad, no produce ningún fruto.

30. Muchas veces confesamos los pecados de los demás, pero no nuestros pecados. Muchas veces le echamos la culpa a los demás, pero no reconocemos nuestra propia responsabilidad. Muchas veces nos presentamos como víctimas, pero no decimos lo que le hacemos a los demás.

31. ¿Qué fruto puede producir una confesión hecha de esta manera? La humildad y la sinceridad, son las dos bases en las que se apoya el perdón que Dios nos ofrece. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de confesar siempre, con humildad nuestros pecados.

32. Hagamos una sincera revisión de nuestra vida. Tratemos de descubrir si, de verdad, somos humildes. Tratemos de identificar las máscaras que nos colocamos, para ocultar nuestra verdadera realidad.

33. Pidamos al Señor, el ser verdaderamente humildes, para poder encontrar en sus brazos el descanso y la paz.



Oración de los fieles

Sacerdote: Ahora, con la humildad y la confianza del Publicano, presentemos a nuestro Padre del cielo, nuestras intenciones y necesidades.



Sacerdote: Padre acepta estas plegarias que tu pueblo con humildad, te ha presentado y atiende lo que en ellas te suplica. 


Te lo pedimos por 
Jesucristo Nuestro Señor. 
Amén.




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