Semillas de Dios.

domingo, 9 de octubre de 2016

Octubre 9. HOMILÍA DEL DOMINGO XXVIII DURANTE EL AÑO (CICLO C). Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango. Hacer lo que nos pide la Fe, es la clave para ser verdaderos cristianos.


HOMILÍA DEL DOMINGO XXVIII DURANTE EL AÑO (CICLO C).



Hacer lo que nos pide la Fe, es la clave para ser verdaderos cristianos. La obediencia de la Fe, es algo que cuesta, porque nos pide dejarnos a nosotros mismos. Pero es la que nos lleva a crecer, en la gracia y en el amor a Dios. Feliz Domingo.











1. Posiblemente alguna vez, hayamos oído hablar de “La obe-diencia de la fe”. Esta es una expresión que nos indica, que nuestra Fe no es solamente, para tenerla en la mente o en el corazón, sino que es para ponerla en práctica.

2. Abraham, por ejemplo, vivió la Obediencia de la Fe en cada uno de los momentos de su vida. Él creyó en Dios y orientó toda su vida, por los caminos que Dios le señaló. Obedeció a Dios con una actitud de Fe.


3. El modelo más acabado, de la de la obediencia de la Fe, lo encontramos en la Santísima Virgen. Ella, no solamente le respondió al Señor “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”, sino que cada momento de su vida, lo vivió en una actitud de fe y de obediencia a lo que el Señor le iba pidiendo.

4. Este domingo, se nos habla de la obediencia de la Fe. Los diez leprosos, se fían de la Palabra de Jesús y se ponen en camino para presentarse a los sacerdotes, a fin de que reconocieran, que están curados de la lepra. No habían experimentado su curación, pero obedecen a Jesús poniéndose en camino, porque han creído en su Palabra. La Fe en Cristo fue lo que hizo que se pusieran en camino.

5. En la primera lectura que hemos escuchado hoy, nos hemos encontrado también con otro ejemplo, de la obediencia de la Fe en Naamán el sirio, que a pesar de su resistencia inicial, termina por obedecer las palabras de Eliseo, a instancias de sus siervos, sumergiéndose siete veces en el Jordán, con lo que quedó curado.

6. La Obediencia de la Fe, hace que Pablo termine encadenado por anunciar la Palabra de Dios y tenga que sufrir, no pocos padecimientos. Predica la Palabra no por lucirse y por sentirse importante delante de los demás, sino porque obedece al Señor que lo mandó a Evangelizar. Obedece porque ha creído en la Palabra del Señor.

7. Las dos curaciones milagrosas que hemos escuchado hoy, ponen de manifiesto el poder de la Obediencia de la Fe.

8. Fijémonos en el detalle de que, en estos milagros, no nos encontramos con gestos curativos, ni de parte de Eliseo ni de parte de Jesús.

9. No se mencionan palabras especiales, dirigidas al enfermo, como sucede en otros relatos de milagros. Hay solamente un mandato. El de Eliseo a Naamán suena así: “Ve y báñate siete veces en el Jordán”. A los leprosos Jesús les dice: “Vayan y preséntense a los sacerdotes”.


10. Tanto Naamán, como los diez leprosos, todavía no han sido curados, ni siquiera saben si lo serán. Pero tienen Fe y 
obedecen. Y la fuerza de su confianza y de su obediencia, hizo posible el milagro.

11. La obediencia, a lo que se les ha mandado encierra ya, al menos, un grado mínimo de fe en la persona a la que se obedece. Una fe que no está exenta de tropiezos y dificultades.

12. Esto es patente en la historia de Naamán. Él tenía otro modo de pensar y otras expectativas sobre el milagro y sobre el modo de realizarse: “¡Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma, y sanaré de la lepra!”.

13. Pero nada de esto se efectuó. Ni siquiera vio a Eliseo, pues el mensaje del profeta, le llegó por un intermediario. Naamán estaba hecho una furia, y ya se regresaba a su casa, habiendo perdido toda esperanza de curación.

14. En el camino, persuadido por sus siervos, obedeció, se bañó en el Jordán y “su carne volvió a ser como la de un niño pequeño, y quedó curado”.

15. Naamán, por fin, se dio cuenta de que no son las aguas las que curan la lepra, sino el Espíritu de Dios que se sirve del Jordán, como de otros muchos otros medios, para hacer el bien y salvar al hombre.

16. Los diez leprosos, ante el mandato de Jesús, se pusieron en camino hacia el templo de Jerusalén. Tenían que recorrer un largo camino. Seguían siendo leprosos y... ¿cómo subir así hasta Jerusalén y presentarse a los sacerdotes? ¿No sería mejor esperar hasta constatar que estaban realmente curados?.

17. Vencieron estas dificultades y, en el camino sintieron que su carne se renovaba y quedaba sanada. La Obediencia de la Fe posee el poder del milagro. ¿No es acaso también la Obediencia de la Fe, la que hace que Pablo esté encarcelado por el Evangelio? ¿La que permite a Pablo, soportar cualquier sufrimiento, para que la salvación llegue a todos?.

18. Sin embargo, hay que decir que no bastaba con quedar curado de la lepra. Era necesaria una “curación” integral. Naamán quedó curado de lepra, pero seguía enfermo de ceguera espiritual.



19. Como hombre bien educado, regresa a la casa de Eliseo y le ofrece, en señal de agradecimiento, ricos regalos. Eliseo los rechaza. Ahora, ante el hombre de Dios, comienzan a
abrírsele los ojos, sobre el verdadero Dios, hasta el punto de llegar a decir: “Tu siervo no ofrecerá ya holocaustos ni 
sacrificios, a otros dioses sino solamente al Señor.

20. Algo semejante le sucede, a uno de los leprosos al quedar curado. Nueve de ellos, prosiguen su camino hacia Jerusalén, 
se presentan al sacerdote y regresan felices, a la casa con su familia, olvidándose de Jesús e imposibilitando con ello, el que Jesús les otorgue la Salvación que Él ha venido a traer a los hombres.

21. Pero, el último, un samaritano, al verse curado, siente 
interiormente el impulso, de volver a Jesús para agradecérselo. Se postra a sus pies en adoración agradecida.

22. Y Jesús le concede, no sólo verse libre de la lepra, sino también del pecado, de todo aquello que le impedía obtener la salvación. “Vete, tu fe te ha salvado”.

23. A Pablo, el encuentro con Jesús, en el camino de Damasco, le ha abierto los ojos a la Fe en Cristo, liberandole de su manera farisea de pensar, de su odio a los cristianos, incluso de las mismas debilidades humanas, hasta el punto de soportar serenamente, las cadenas de la prisión y de mantenerse firme, en el seguimiento y anuncio del mensaje Evangélico.

24. Todo ser humano, desde su nacimiento hasta su muerte, se pasa gran parte de la vida obedeciendo. Como personas que somos y como cristianos, necesitamos ser conscientes de las razones que tenemos para obedecer.

25. Primeramente hemos de recordar que La Obediencia, le Agrada a Dios. Dios no es un extraño, es nuestro Padre. ¿Cómo no buscar agradarle?.



26. Jesús, nuestro modelo, es el testigo supremo de Obediencia. Obedeció a Dios, en los largos años pasados en Nazareth, sometiéndose a sus padres.



27. Obedeció a Dios durante su vida pública, teniendo como su alimento diario, la Voluntad de su Padre. Le obedeció hasta la muerte y tuvo una muerte de cruz. El amor infinito al Padre le acompañó y fortaleció interiormente, de modo que al obedecer, se sintiera animado a cumplir en todo su voluntad.



28. María, a lo largo de toda su vida, es también un ejemplo para nosotros, y nos enseña a creer plenamente, en La Palabra del Padre y a Obedecer sin pedirle razones. Simplemente se dejó llevar, por lo que el Señor le iba pidiendo.



29. El carácter social del hombre y el carácter comunitario de la Fe, hablan por sí mismos de la necesidad, de una 
organización, de una autoridad, y, por consiguiente, de la necesidad de la Obediencia. La Obediencia, cuando se hace con Fe y con Amor, infunde una gran paz en el que obedece.

30. La Obediencia creyente y amorosa, contribuye 
poderosamente, a la maduración de la personalidad cristiana, que tiene como programa, por encima de todo, hacer: La 
Voluntad de Dios. “Ante todas las cosas, tu Voluntad, Señor”.

31. Todo esto nos invita, a hacer una revisión de nuestra vida cristiana, que se fundamenta en la Obediencia de la Fe. Hay muchos que se han querido construirse, un cristianismo a su gusto y a su medida. No obedecen lo que el Señor les pide, a través de Cristo y de su Iglesia.

32. Esta es la razón, por la que no podemos experimentar muchas veces: Las Maravillas de Dios. Nos pasa lo que a Naamán el Sirio. Él no quería obedecer y veía las cosas,
desde una mirada puramente humana. Por eso compara los ríos de su tierra con el río Jordán.

33. En realidad la eficacia de la curación, no estaba en el río, sino en la Obediencia fundamentada en la Fe. Lo mismo 
sucedió con los leprosos. Ellos hubieran podido pedir a Jesús, una prueba de que ya estaban curados. Pero no lo hicieron. Simplemente obedecieron confiados, en La Palabra de Cristo. Por eso Jesús le dice al samaritano, que su Fe es lo que lo ha curado, no solamente en el cuerpo, sino en el espíritu.

34. Toda nuestra vida cristiana se fundamenta en la Fe. Hemos de obedecer a lo que se nos pide. Dios nos habla a través de su Palabra, a través de los Pastores de la Iglesia, a través de los Mandamientos. Simplemente hemos de obedecer.

35. Decir que somos cristianos, y negarnos a hacer lo que se nos pide, es un absurdo. No podemos vivir una verdadera vida cristiana, si seguimos solamente nuestros gustos y caprichos. 
No se trata de hacer aquello que nos “nace”, sino de cumplir fielmente, con una actitud de Fe, lo que el Señor nos pide.

36. Supliquemoslé hoy al Señor, en esta Eucaristía, que nos conceda la Gracia, de vivir la Obediencia de la Fe. Que nos dejemos llevar por Él, en cada momento de Su Vida, para que 
Su Espíritu, nos pueda ir transformando en personas nuevas, que transparentemos a Cristo, que Vino para hacer en todo:
 La Voluntad del Padre.

APARICIÓN DE LA VIRGEN MARÍA A SANTIAGO. EN VIDA DE ELLA.
 EL PILAR DE ZARAGOZA. PATRONA DE ESPAÑA. 12 DE OCTUBRE. 
JUNTO AL APÓSTOL SANTIAGO. FIESTA 25 DE JULIO.

Oración de los fieles.
Sacerdote: Presentemos ahora nuestras peticiones, sabiendo que nuestro Padre Dios, nos ama infinitamente y está siempre dispuesto a derramar sobre nosotros:
 Los tesoros de su Misericordia.
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Sacerdote: Señor atiende con generosidad, las peticiones que tu pueblo te ha presentado, confiado en El Gran Amor que nos Tienes. 
Por Jesucristo Nuestro Señor.
 Amén.


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