Semillas de Dios.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Noviembre 20. HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY (CICLO C). Todo cristiano forma parte del Reino de Cristo. Por eso debemos hacer en todo, lo que Cristo nos pide. Reconocemos a Cristo como nuestro Rey, cuando hacemos su Divina Voluntad. Feliz Domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.



Todo cristiano forma parte del Reino de Cristo. Por eso debemos hacer en todo, lo que Cristo nos pide. Reconocemos a Cristo como nuestro Rey, cuando hacemos su Divina Voluntad. 
Feliz Domingo. Padre Colominas.


HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY (CICLO C).




1. Hoy hemos llegado al último domingo del Año Litúrgico. Por eso la Iglesia nos invita a celebrar llenos de alegría. La Solemnidad de Cristo, Rey del Universo. Podríamos decir que todo lo que nosotros hemos ido meditando a lo largo de todo el año, se resume en el reinado de Cristo.

2. Pero no bastaría con que nosotros, celebráramos y reconociéramos que Cristo es nuestro Rey. Es necesario que en la realidad de nuestra vida, dejemos que Cristo sea nuestro Rey. Es necesario seguir y vivir de acuerdo con lo que Cristo nos pide.

3. Cristo es un Rey que no se impone a la fuerza. No nos impone su Reino en contra de nuestra voluntad, porque Él nos quiere hijos y no esclavos. Nos lo propone y nos invita. Pero de nosotros depende, responderle aceptando o rechazando su Reino.

4. Para comprender lo que es el reino de Cristo, es necesario que nos fijemos en el Evangelio que la Iglesia, nos propone hoy. Se trata de un texto de San Lucas, en el que se nos presenta a Jesús clavado en la cruz, despreciado, humillado y materialmente hecho pedazos.




5. ¿Por qué está Jesús clavado en la Cruz? ¿Por qué se le ha sometido a esa muerte tan ignominiosa? Por una razón muy sencilla. Porque había declarado que era Rey. Los judíos y sus autoridades sentían que el Reinado de Cristo, era para ellos una amenaza.

6. En nuestros tiempos, también se siente temor al Reinado de Cristo. Muchos piensan que Cristo les va a arruinar la vida, que les va a quitar la alegría, que les va a matar toda esperanza. Por eso atacan de tantas maneras a Jesús. No quieren aceptar su reino.




7. Evidentemente los Judíos, no sabían en qué consistía el Reinado de Cristo. Lo consideraban como un reino de tipo humano. Pero el mismo Cristo, nos hizo ver que su reino no es de este mundo. Que no es un reino a la manera de los reinos de este mundo. Se trata del reinado de Dios, en el corazón de todas las personas.




8. Nos dicen los Evangelios, que poco antes de ser condenado a muerte, Jesús había reconocido, delante de Pilatos, que era el Rey de los judíos. Sin embargo, no se trataba de una pretensión ilusa de Cristo.

9. No se trataba del delirio de un loco. Cristo no se había constituido a sí mismo como Rey, ni tampoco se estaba apropiando indebidamente de un título, que no le correspondía al considerarse Rey.




10. Acordémonos que ya, recién nacido, los Magos de Oriente, por una revelación, lo habían reconocido como Rey. Según sus creencias, ellos relacionaron la estrella que vieron en Oriente, con el nacimiento del Rey de los judíos.

11. También nos dice el Evangelio que Natanael, uno de sus primeros discípulos, lo reconoció como el Rey de Israel, cuando Jesús le dijo que lo había visto, debajo de la higuera antes de que Felipe lo llamara.




12. Y, asimismo la muchedumbre, saciada por los panes y los peces, multiplicados milagrosamente por Jesús, quería proclamarlo Rey, y por eso, en aquella ocasión, Jesús se retiró a la soledad de la montaña.




13. Sin embargo, el domingo anterior a su muerte, el Domingo de Ramos, Jesús acepta los clamores de la gente que lo proclaman hijo de David y Rey, e incluso, reprende a los fariseos que se 
escandalizaban por esto, diciéndoles que si la gente se callara, hasta las piedras gritarían.

14. Con su entrada triunfal en Jerusalén, cabalgando sobre un borrico, se cumplió lo que Dios anunció por boca del profeta Zacarías: «No temas, hija de Sión. Mira a tu rey, que llega montado en un borriquito».

15. Y al viernes siguiente, sabiendo que le esperaba la muerte, no teme proclamar delante de Pilatos su condición real, aunque dejando claro, que su Reino no es de este mundo.

16. El Evangelio nos hace ver que, a pesar de las burlas que se escucharon al pie de la Cruz, la inscripción: «Este es el Rey de los judíos», referida a Cristo, era verdadera. Tan seguro estaba el Señor del poder que garantizaba su realeza, que no tenía necesidad de demostrarlo a los que le desafiaban diciendo: «Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»




17. Pero Jesús no hizo lo que ellos le decían, puesto que si Jesús, hubiera querido demostrar a la manera humana que era Rey, se hubiera comportado como tantos poderosos de este mundo, que necesitan mostrar su fuerza y hacer alarde de grandeza, para ser respetados por otros que también se consideran fuertes.

18. Jesús, en cambio, siendo Dios y absolutamente poderoso; Señor y Rey de cuanto existe y dueño de todo el poder que puede ser imaginado, no siente esa necesidad. Ya antes había dicho 
claramente: «Doy mi vida porque quiero y tengo poder para tomarla de nuevo.»

19. Lo dice claramente: Nadie me quita la vida, sino que yo la doy libremente. Tengo poder para darla y tengo poder para tomarla de nuevo. Por esto, como un signo de que Él era el Señor de la vida, poco antes de morir, le dice al buen ladrón que lo reconoce como Rey: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso.»




20. Está claro que Cristo es Rey, pero muchos no comprenden esta realidad. Cuando estaba clavado en la cruz, estaba rodeado de una multitud. Quizás eran los mismos que lo habían visto hacer 
milagros. Posiblemente eran los mismos que lo aclamaron, el Domingo de Ramos. Pero ahora estaban de espectadores.

21. Ellos al verlo clavado en la cruz, ensangrentado, casi sin apariencia humana, ni por casualidad podían imaginarse que Cristo, era verdaderamente el Rey del Universo. Y es porque Dios, no necesita de las apariencias humanas, para ser verdaderamente Rey. Por eso, deja que los hombres, lleguen hasta el límite de sus posibilidades: lo empujan hasta la muerte. Pero Él destruye la muerte, con su Resurrección y entra así en su Reino de Gloria.



22. Allí estaban también las autoridades de los judíos, que veían con desprecio a aquel desecho 
de hombre y se burlaban de Él. 
Para ellos el letrero, que lo proclamaba Rey de los Judíos, era solamente un elemento más de la burla.

23. Junto a Cristo estaban también los soldados. A ellos, nunca se les hubiera ocurrido pensar que Aquel, a quien habían clavado en la cruz y de quien, se habían burlado cruelmente en la flagelación y en la coronación de espinas, era en realidad el Rey de los cielos y de la tierra.




24. Incluso, uno de los dos ladrones que estaban crucificados con Él, lo insultaba y le pedía que se salvara a sí mismo y que los salvara a ellos. Para ese ladrón, Cristo era solamente un malhechor semejante a ellos.

25. Solamente el otro ladrón, de entre todos los que rodeaban a Jesús, fue el único que supo ver, con una actitud de Fe, a Aquel que estaba crucificado junto a él. Y movido por la Fe, le pidió que se acordara de Él. Y Cristo como respuesta le concedió la vida eterna.

26. Este ladrón fue el único, entre todos los que allí estaban, que supo ver a Jesús, con los ojos de la Fe y por eso, mereció ser el primero en recibir el premio, de participar de la misma gloria de Cristo.

27. También en nuestro tiempo, muchos son incapaces de comprender, que puedan existir maneras de reinar distintas, a las que ellos conocen. Ellos conocen los reinados de la fuerza, las riquezas, las influencias... Es cierto que con esos poderes, se imponen algunos materialmente, pero no duran para siempre.

28. Son reinados que pasan y que no dejan huella. Toda su gloria se derrumba convirtiéndose en basura. Por eso nos conviene recordar, como nos lo enseña el salmo segundo, refiriéndose a Nuestro Señor, que su Reino es un Reino eterno y todos los reyes le servirán y obedecerán.

29. A pesar de las dificultades, con las que nos podamos encontrar, podemos sentirnos siempre seguros, porque sabemos que el reino de Cristo es un Reino de justicia, de amor y de paz y además, porque también sabemos, que este Reino no tendrá fin, como lo decimos al recitar el Credo.

30. El Cristiano, viviendo ya desde ahora el Reino de Cristo, ha de sentir la necesidad de difundir entre todas las personas que lo rodean, el mensaje del Evangelio, que es lo único que le puede dar sentido a toda la vida humana.




31. La gran Solemnidad que hoy celebramos, nos debe llenar, por tanto, de una alegría contagiosa. Pero ojalá que no nos conformemos, con estar llenos de alegría interiormente, ni tampoco de compartirla sólo con "los nuestros", recordemos que estamos llamados a, hacer participes a todos los que nos rodean, de la alegría de ser hijos de Dios.




32. La misma Gracia que nos hace formar parte de la familia de Dios, ha puesto, por así decir, en cada uno, la responsabilidad imperiosa de comunicar a la humanidad entera, la gran verdad de nuestra 
gozosa condición. Este es un tesoro demasiado valioso, como para dejarlo encerrado dentro de cada uno de nosotros, puesto que su valor se acrecienta en nosotros, cuanto más lo compartimos.

33. Ojalá que esta Solemnidad de Cristo Rey, nos haga ser conscientes, de que no solamente hemos de dejar que Cristo, reine en nuestra vida, sino que además hemos de anunciar y proclamar a todos, este Reinado de Cristo que es lo único, que le puede dar sentido y valor a la vida humana.





Oración de los fieles
Sacerdote: La victoria de Cristo sobre la muerte tras su Resurrección, lo hace digno de todo principado, poder y majestad, como nos dice San Pablo. Por mediación de ese Rey presentemos al Padre nuestras peticiones.




Sacerdote: Padre, en esta Solemnidad de Cristo Rey del Universo, te pedimos que, por su mediación, obtengamos para tu pueblo. lo que con confianza te suplicamos.


 Por Jesucristo Nuestro Señor.

+++ AMÉN +++





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