Semillas de Dios.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Noviembre 27. HOMILÍA DEL I DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO A). Para comenzar el Adviento, dejemos a un lado la bulla, la propaganda mercantilista y las distracciones que nos invaden en este tiempo, para que podamos acoger a Cristo en el silencio de nuestras almas. Cristo viene a invitarnos a seguir su camino y a vivir como Él. Abramos el corazón para recibirlo.. Desde Guatemala por : Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.




Para comenzar el Adviento, dejemos a un lado la bulla, la propaganda mercantilista y las distracciones que nos invaden en este tiempo, para que podamos acoger a Cristo en el silencio de nuestras almas. Cristo viene a invitarnos a seguir su camino y a vivir como Él. Abramos el corazón para recibirlo. Cristo viene a nosotros y si no lo acogemos, seguirá de largo y nos quedaremos con las manos vacías. Feliz Domingo. 
Monseñor Colominas.


HOMILÍA DEL I DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO A)



1. Hoy estamos comenzando un nuevo año Litúrgico. Lo comenzamos con el tiempo del Adviento. En este tiempo se nos invita a abrir nuestro corazón, para recibir al Señor que viene a nosotros. Es cierto que el Señor ya vino a nosotros, al hacerse hombre. Pero el Señor, sigue llegando a nuestras vidas de muchas maneras, y por eso hemos de estar siempre dispuestos a recibirlo.

2. Recordemos que Dios, no vino a pasar vacaciones aquí en la tierra. Dios vino para comunicarnos el don de la salvación. Y Dios viene ahora, para invitarnos nuevamente a participar de su misma vida, para que podamos vivir y gozar con Él por toda La Eternidad.

3. Recordemos que Dios nos creó, para que participáramos de Su Gloria y de su Eterna Felicidad. Y, que, a pesar de que el pecado vino a trastornar el plan de Dios, Él no nos abandonó, sino que mantuvo firme este deseo, de que todos pudiésemos participar de Su Eterna Felicidad. Dios quiere que todos nos salvemos.

4. La Salvación es un Regalo que Dios nos ofrece. Es un don gratuito así como lo fue también, la vida que recibimos. Pero no nos imaginemos que, por el hecho de que La Salvación, sea un Don Gratuito de Dios, nosotros no tenemos que hacer nada, para alcanzar la vida eterna.

5. Por el contrario. Hemos de hacer todo lo que Dios nos pide, para poder alcanzar este regalo de La Salvación que nos ofrece. Dios es infinitamente misericordioso, pero debemos irnos preparando, a lo largo de nuestra vida, para el momento en el que el Señor, nos llame a su presencia.

6. A lo largo de nuestra vida, Dios nos está dando constantemente, la oportunidad de arrepentirnos y de ser perdonados. No esperemos que, en el último momento, llegue un sacerdote y nos administre los últimos Sacramentos. Porque esto es, algo que no siempre puede suceder.



7. La Salvación es un camino, que hemos de recorrer juntos, Dios y nosotros. La Salvación se va haciendo realidad en nuestra vida, en la medida en que nosotros nos esforzamos, por vivir de acuerdo a la Palabra de Cristo.

8. Hay algunos que piensan que La Salvación, es algo que esperamos alcanzar después de la muerte. Como si esta vida de ahora, fuera distinta de la vida eterna. En realidad:
 La Salvación comienza ya en este mundo. Ahora es cuando empezamos a vivir la Salvación, o empezamos a vivir la condenación.

9. Empezamos a vivir La Salvación y la vida nueva, que Cristo nos ofrece, cuando vivimos de una manera agradable a Dios, nos mantenemos en la gracia de Dios y tratamos de que nuestra vida, esté de acuerdo con su voluntad.

10. Ciertamente, nosotros no nos vamos a salvar por nuestros méritos, ni por las grandes cosas que hayamos hecho. Porque Dios, no se deja impresionar por los méritos humanos. Aún cuando seamos muy buenos y santos, la salvación siempre será un Don Gratuito de Dios.

11. Nuestras buenas obras, son una condición que Dios nos pone, para que podamos alcanzar La Salvación. Pero en definitiva, nos salvamos por un don gratuito y misericordioso de parte de Dios.

12. El fundamento de la Esperanza Cristiana, está en el hecho de que la Salvación, es un don de Dios y, por lo
tanto, si vivimos de acuerdo a lo que Cristo nos ha enseñado, podemos tener La Esperanza, de alcanzar algún día la plenitud de La Salvación.



13. Precisamente porque La Salvación es un Regalo de Dios, por eso es que hemos de vivir con responsabilidad. La Salvación, nos la está ofreciendo el Señor en cada momento de nuestra vida. Somos nosotros quienes libremente, la aceptamos o la rechazamos, según sea la actitud que tengamos frente a Cristo, que se nos manifiesta en cada uno de nuestros hermanos, en cada uno de los acontecimientos y circunstancias de la vida.

14. Cuando vivimos y actuamos con Caridad, para con nuestro prójimo, estamos abriendo las puertas de nuestro corazón, para recibir El Don de La Salvación que Dios nos ofrece. Cuando nos esforzamos por vivir la justicia, la reconciliación y la paz, a lo largo de nuestra vida, nos vamos preparando para recibir, el Don de la Salvación Eterna.

15. Hoy, Jesús, en la lectura del Evangelio que hemos escuchado, nos invitaba a vivir con una actitud vigilante. No debemos pasar nuestra existencia despreocupados, como lo hizo la gente que vivía en tiempos de Noé. Ellos sólo se interesaban, por tener una vida cómoda y confortable. Hacían lo que se les daba la gana. Por eso, no hicieron caso de las llamadas a la conversión que se les hacía.

16. Por eso fue que, cuando llegó el diluvio, a todos los encontró desprevenidos, porque no quisieron vivir, como Dios se los estaba pidiendo. Vivir en actitud vigilante, es hacer lo que el Señor nos ha indicado, para que en el momento en el que Él llegue, estemos listos para salir a su encuentro.

17. La Salvación, nos dice Jesús, no nos va a llegar por parentesco o por contagio. No nos vamos a salvar por el hecho, de que alguna persona de nuestra familia, sea muy buena y santa. De nada nos servirá a nosotros, la santidad de esa persona, si nosotros no nos esforzamos también, por vivir santamente.



18. Cada quien será juzgado de acuerdo a sus propias obras. Eso es lo que nos quiere enseñar Jesús cuando nos dice: « Estarán dos en el campo: uno será tomado, el otro dejado; dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada, la otra dejada. » Cada quien será responsable de sus propias obras.

19. Lo que la Palabra de Dios, nos pide en este Domingo, es que vivamos preparados para recibir al Señor, que viene a nosotros en cada uno, de los acontecimientos de la vida. Que recibamos a Cristo que se acerca a nosotros, en la persona de cada uno de nuestros prójimos. Que le hagamos caso a Cristo, que nos habla de muchas formas y que nos pide una respuesta.

20. No esperemos a que el Señor llegue, de una manera espectacular. Él llega siempre de la manera más inesperada. Puede llegar a través de una enfermedad, o en la visita de un amigo, o en un problema que surge en nuestra vida, o en un pobre que pide nuestra ayuda, o de una persona que nos pide perdón.

21. Lo importante es que tratemos, de reconocerlo en cada una de estas llegadas, para que cuando venga al final de nuestra vida, estemos preparados para vivir Eternamente con Él.

22. Recordemos las palabras finales del Evangelio de hoy: 
«Estén preparados, porque en el momento que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre. » 
Que así como nos
preparamos, para celebrar materialmente la Navidad, así también hemos de prepararnos, para acoger a Cristo que viene a ofrecernos La Salvación.

23. No tendría sentido prepararnos para celebrar la Navidad, si no nos preparamos para recibir a Cristo. 
No confundamos la Navidad con Cristo. 
La Navidad es una fiesta, en la que actualmente ya, desgraciadamente, de hecho, nos hemos olvidado de Cristo. Y lo verdaderamente importante, es que nos preparemos para recibir a Cristo, aunque no podamos celebrar, externamente, las fiestas navideñas.

24. Pidámosle a Jesús La Gracia, de recibirlo en nuestra vida, para poder hacer en todo momento, su Divina Voluntad. Que vivamos de tal manera, que podamos experimentar vivamente, su presencia entre nosotros.




Oración de los fieles

Sacerdote: Vigilantes ante la próxima llegada del Mesías, elevemos nuestras oraciones a Dios, para que nos prepare a vivir El «Encuentro», con su enviado Jesucristo, y para que el mundo entero lo reconozca, como El Esperado de los Tiempos. El libertador. Presentemos nuestras peticiones.




Sacerdote: Gracias, Padre, porque siempre nos escuchas; mira con piedad nuestras súplicas confiadas, modela nuestros corazones para acoger, tu próxima venida, y haz que un día, te contemplemos cara a cara, y cantemos con los santos tus grandezas



Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.




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