Semillas de Dios.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Noviembre 6. HOMILÍA DEL XXXII DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO C). ¿Para qué nos apegamos tanto a este mundo y a sus cosas, cuando con Dios lo vamos a tener todo? Ahora vamos de paso hacia nuestra verdadera casa, y a nuestra verdadera patria. Feliz domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.



¿Para qué nos apegamos tanto a este mundo y a sus cosas, cuando con Dios lo vamos a tener todo? Ahora vamos de paso hacia nuestra verdadera casa, y a nuestra verdadera patria. Feliz domingo. 
Padre Colominas.


HOMILÍA DEL XXXII DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO C).




1. Hace pocos días, celebrábamos la fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los difuntos. Al celebrarlas, no solamente estábamos recordando, a todos aquellos 
hermanos nuestros que nos precedieron en la vida y en la Fe. Estábamos profesando unas de las verdades fundamentales de nuestra Fe: La Fe en la resurrección y la Fe en la Vida eterna.

2. Nosotros los seres humanos, llevamos dentro de nosotros el instinto de la inmortalidad. Hay algo en nuestro interior que nos dice, que la muerte no puede ser el final de nuestra existencia. Nos rebelamos ante la simple idea de desaparecer para siempre.

3. Esto lo ha sentido la persona humana, desde el principio de los tiempos. Allí tenemos constancia de este sentimiento, en los ritos funerarios que han existido en todas las civilizaciones en los que de una ú otra manera, se nos habla de una vida que no termina. De una vida después de esta vida.

4. Incluso, en los tiempos que nos ha tocado vivir, en los que el materialismo solamente acepta y admite, aquello que puede ver y tocar y rechaza aquello, que no se puede demostrar de alguna manera, la idea de la vida perdurable permanece de muchas formas. Por ejemplo, hay personas que quieren que su cuerpo, sea conservado en congelación para que, según ellos, puedan ser resucitados cuando la ciencia logre, hacer volver a la vida a los que han muerto.

5. Otros se desviven por encontrar, buscando, entre la multitud de nuestros genes, aquel que pueda asegurar una vida que no se termine. Otros luchan por encontrar algo que los rejuvenezca y les asegure, una victoria sobre la muerte.

6. Algunas religiones nos hablan de la reencarnación, que es una forma de seguir viviendo, aunque sea en otro cuerpo. Otros, conscientes de que son incapaces, de vencer a la muerte, tratan de perdurar a través de sus obras, de su fama o por lo menos a través del recuerdo.

7. Cuántas veces, en los entierros escuchamos a personas que le dicen, ante el cuerpo inerte de la persona fallecida: « Vivirás por siempre en nuestro recuerdo». «Jamás te olvidaremos». «Tu memoria permanecerá por siempre entre nosotros». Son frases que de una o de otra manera, nos hablan de una vida que no se termina.



8. Hoy la Palabra de Dios, nos habla de La Vida Eterna. Nos recuerda que todos nosotros vamos a resucitar. Nos hace ver que la muerte, es algo que forma parte de nuestra existencia humana, pero que de ninguna manera es el final de nuestro ser.

9. Nos hace descubrir que la muerte es solamente, un paso que nosotros damos a una nueva vida. Una vida que ciertamente es, totalmente distinta a la que tenemos en la 
actualidad, pero que es una vida mucho más plena y mucho más perfecta. Una vida sin las limitaciones que tenemos, en nuestra vida actual.

10. En la Palabra de Dios se nos habla muchísimo de la muerte y constantemente se nos hace ver, que no se trata de un final, sino de un paso que nosotros damos hacia La 
Eternidad. Es un dejar de estar en este mundo, para empezar a vivir en La Eternidad.



11. El cristiano que une su propia muerte, a la de Jesús, ve la muerte como una ida hacia Él y como una entrada en La Vida Eterna. Por eso es que para el cristiano, la muerte no es algo que deba llenarnos de temor, sino más bien de Esperanza.



12. La muerte pone fin a la vida del hombre, como tiempo abierto a la aceptación o rechazo, de La Gracia Divina manifestada en Cristo. Nosotros tenemos plena libertad en esta vida, de elegir el camino, que Cristo nos propone y que nos lleva al gozo eterno. O de elegir el camino, que nos lleva a nuestra eterna condenación.

13. En la Palabra de Dios, se nos habla de la vida como de el tiempo, en el que nosotros vamos sembrando la semilla. Y se nos habla de La Vida Eterna, como del tiempo en el que nosotros, vamos a cosechar los méritos de las obras, que hayamos realizado a lo largo de nuestra existencia terrena.



14. Por eso es que el Nuevo Testamento, habla del juicio principalmente, en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura insistentemente, la existencia de la retribución inmediata, después de la muerte de cada uno, como consecuencia de sus obras y de su fe.



15. La parábola del pobre Lázaro y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón, así como otros textos del Nuevo Testamento, nos hablan de un último destino del alma, que puede ser diferente, para los que hayan vivido de acuerdo a la voluntad de Dios y para aquellos que la han rechazado.

16. La doctrina que la Iglesia, siempre ha enseñado que cada persona humana, después de morir, recibe en su alma inmortal, su retribución eterna en un juicio particular, en el que se examina la vida de la persona en su relación con Cristo, para recibir después, una purificación, o bien para entrar inmediatamente, en la bienaventuranza del cielo, o bien para condenarse inmediatamente para siempre.


17. Esto tiene que hacernos reflexionar. No vivimos en el vacío. Somos responsables de todas las obras que realizamos. Nuestras buenas obras, no se quedan en el olvido. Y las malas obras, de las que no nos hayamos arrepentido y no hayamos sido perdonados, podrán acarrearnos una eterna condenación.


18. El hacer el bien y el mantenernos firmes en nuestra Fe, es la prenda que nos asegura una eternidad plenamente feliz. El alejarnos de Dios y el no vivir, de acuerdo a Sus Mandamientos, es el camino más seguro, para vivir sufriendo eternamente.



19. Cuando hablamos de la vida eterna, hablamos no solamente del gozo eterno, sino también de un castigo eterno. Todo depende de la manera como nosotros, hayamos vivido en esta vida temporal y terrena.



20. Esto, evidentemente, no debe llenarnos de miedo, sino que debe animar nuestra Esperanza y tiene que motivarnos, a vivir haciendo siempre el bien. Muchas veces pensamos, que no vale la pena hacer el bien. A veces, hasta nos parece, que el destino final de malos y buenos es el mismo. Pero Cristo nos enseña claramente que cada quien, recibirá lo que haya merecido con sus obras.

21. La Esperanza en La Resurrección, nos debe animar y fortalecer ante el sufrimiento y el dolor. Como nos lo presentaba hoy la primera lectura, cuando nos hablaba de los siete hermanos, que padecieron el suplicio por mantenerse fieles a la Ley de Dios.



22. Ellos, antes de morir expresan su Fe en la vida eterna cuando dicen: «Asesino, nos quitas la vida presente, pero el Rey del mundo nos resucitará. Nos dará una vida eterna a nosotros que morimos por mantenernos fieles a sus leyes.» «Más vale morir a manos de los hombres y aguardar las promesas de Dios que nos resucitará; tú, en cambio, no tendrás parte en la resurrección para la vida.»


23. Nosotros no esperamos la recompensa, de nuestras buenas obras en esta vida. Nuestra esperanza está en La Eternidad. Sabemos, como dice San Pablo: « Desde ahora, me aguarda la corona de la justicia que aquel Día, me entregará El Señor, El Justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor.Su Venida Gloriosa. »

24. Jesús en el Evangelio, les anuncia claramente a los saduceos la realidad de la Resurrección cuando afirma: « En cuanto a saber si los muertos resucitan, el mismo Moisés lo dio a entender, en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por él.»



25. No nos desanimemos, pues, ante las dificultades y las luchas que encontramos en nuestra vida. Lo único que se nos pide, es permanecer firmes en nuestra Fe. Esta vida pasa. Pero la vida no se termina. Vivimos por toda la eternidad.

26. Vayámonos preparando pues, para La Vida Eterna, haciendo vida todo lo que Cristo nos enseña en su Palabra. El materialismo que vive el mundo, nos ahoga y nos lleva a la 
desesperación. En cambio nuestra Fe en la vida eterna nos anima, nos fortalece y nos llena de Esperanza.

27. La Fe en La Vida Eterna, nos hace descubrir que nuestra existencia en este mundo tiene un sentido. En cambio, si no tenemos Fe en La Vida Eterna, no nos queda sino exclamar como lo hacían los antiguos paganos: 
« Comamos y bebamos, que mañana moriremos. »

28. Pidamos al Señor, que avive nuestra Fe en La Vida Eterna. Él nos ha dado muchas pruebas, de que la vida no termina con la muerte del cuerpo. La principal de todas es Su Misma Resurrección. No nos dejemos arrastrar por el materialismo del mundo.

29. Vivamos de tal manera, que cuando El Señor nos llame a Su Presencia, podamos presentarnos con los brazos llenos y cargados, de buenas obras, y que podamos escuchar aquellas alentadoras palabras: « Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. »




Oración de los fieles
Sacerdote: Pidamos al Dios compasivo y misericordioso, rico en amor y fidelidad, que escuche las súplicas de su pueblo.



Sacerdote: Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos, por tu bondad, lo que pedimos con fe. 



Por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.


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