Semillas de Dios.

domingo, 15 de enero de 2017

Domingo 15 de Enero. HOMILÍA DEL II DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A). Cristo, el Cordero de Dios, al hacerse uno de nosotros, quiso cargar con todos nuestros pecados, para que nosotros pudiéramos participar de su Vida Divina. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.





Cristo, el Cordero de Dios, al hacerse uno de nosotros, quiso cargar con todos nuestros pecados, para que nosotros pudiéramos participar de su Vida Divina. Ojalá que nosotros vivamos de tal manera, que esa vida se manifieste en cada una de nuestras obras. Feliz Domingo.


HOMILÍA DEL II DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A)

1. El Evangelio nos habla hoy del comienzo de la misión evangelizadora de Jesús. Es Juan el Bautista quien presenta a Jesús al Pueblo de Israel. Y lo hace con unas palabras que vienen a ser como el resumen de la misión de Cristo.

2. «Ahí viene -dice Juan- el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo.» Esta expresión “Cordero de Dios” les estaba recordando a los Israelitas al cordero pascual, que era sacrificado todos los años en nombre de todo el pueblo, después de haber cargado sobre él los pecados de Israel.

3. Y esa es precisamente la misión de Jesús: ofrecer su vida por nosotros y por nuestra salvación. Cargar con todos nuestros pecados para destruirlos en el sacrificio de la Cruz.

4. Cristo no vino simplemente a anunciar una nueva doctrina. Vino a transformar a los hombres, desde lo más profundo de su corazón. Y esta transformación se realiza, no solamente a través de los nuevos valores que nos enseña, sino a través de la vida nueva que nos comunica.

5. Esta vida nueva, no la empezamos a vivir solamente por el hecho, de cambiar nuestra manera de comportarnos, sino muriendo con Cristo y resucitando juntamente con Él, en el Sacramento del Bautismo.

6. En el Bautismo, nosotros participamos de la vida nueva de hijos de Dios, incorporándonos a Cristo. Nosotros al ser bautizados, somos injertados en el Cuerpo de Cristo y participamos de su misma vida, de tal forma que Cristo vive en nosotros y nosotros participamos de la vida de Cristo.




7. La vida cristiana, no es simplemente una moral que se asume, sino una nueva vida que recibimos, y que nos lleva a vivir de una forma totalmente nueva y distinta. Es la vida de la gracia, que consiste en vivir la misma vida de Cristo.

8. Por eso es que en la vida cristiana, es fundamental vivir la vida de la gracia, a impulsos del Espíritu Santo para que, movidos por Él, hagamos nuestros los nuevos valores que Cristo nos ha enseñado.




9. Los valores del Evangelio, no se pueden vivir plenamente, sin la fuerza de la gracia de Dios. Y si realmente, la gracia llena nuestros corazones, ésta nos llevará a vivir como Cristo nos ha enseñado.

10. Este cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nos ha asociado a Él para que seamos los continuadores de su obra salvadora. Nosotros no solamente estamos llamados, a vivir una vida nueva, sino que tenemos la misión de hacer que esta vida llegue a todas las personas.

11. San Pablo, en la segunda lectura, nos decía: « Ustedes fueron llamados a ser santos, juntamente con todos aquellos que por todas partes, invocan el Nombre de Cristo Jesús ». Estamos, pues, llamados a vivir una vida santa y a compartirla con otras personas.

12. Muchos no conocen a Cristo, por eso es que, nuestra misión, es ayudar a todos los que nos rodean a descubrir a Jesús. Tenemos la misión de anunciar el Evangelio de Cristo. Tenemos la misión de dar a conocer, la vida nueva de hijos de Dios, que Él quiere que todos vivamos.




13. Nuestro mundo necesita hoy urgentemente conocer a Cristo. Solamente viviendo la vida de la gracia, es como la humanidad podrá encontrar el único camino, que la llevará a vivir en un mundo verdaderamente humano, en el que de verdad merezca la pena vivir.

14. Nuestro mundo ha progresado admirablemente en el aspecto material, técnico y científico. Pero estamos completamente subdesarrollados, en lo que se refiere a los valores del espíritu. Y no debemos olvidar que lo material, no se puede sostener si no se apoya sobre la base de los valores espirituales.

15. Tenemos, pues una importante misión que llevar a cabo. No podemos contentarnos con vivir de una manera recta y honrada. Tenemos que hacer que la luz de Cristo, brille en todos los hombres. Tenemos que hacer que los valores del espíritu, impregnen toda la vida humana.

16. ¿Qué podemos hacer? Muchas veces nos imaginamos que no podemos hacer nada, porque nos imaginamos que no somos personas que puedan ejercer, una influencia sobre los demás. Pero, en realidad, todos podemos hacer mucho, desde el lugar en donde Dios nos ha colocado.

17. Por ejemplo, como padres de familia, se puede ir formando a las nuevas generaciones en los valores del espíritu. Los padres de familia deben ir formando a sus hijos, con un verdadero espíritu cristiano.

18. Esta formación cristiana, no es algo que pertenezca al orden de los gustos. Es algo que corresponde, a la misión propia de la paternidad y de la maternidad. El futuro de las personas y de la humanidad, está en las manos de los padres de familia.

19. Muchos se preocupan de promover a sus hijos en el aspecto material. Y está bien. Pero la persona humana, no depende de los bienes que posea. La base de la persona humana está en los valores espirituales.

20. Por eso, los padres de familia, han de llevar a cabo una verdadera evangelización con respecto de sus hijos. Somos cristianos. Hemos de vivir en serio nuestra vida cristiana y hemos de procurar que nuestros hogares, sean verdaderamente cristianos.




21. Por eso, las diversas manifestaciones de la fe cristiana, deben estar presentes en todos los hogares. Por ejemplo: la oración en común, la lectura familiar de la Palabra de Dios, el estudio en familia de la doctrina cristiana, la participación de la familia en la Eucaristía dominical.

22. Esto no significa que los padres de familia sean «fanáticos». Significa, más bien, que son consecuentes con su Fe cristiana. Nosotros decimos muchas veces que queremos ser auténticos. Decimos que nos cae mal la falsedad y el engaño. Por lo tanto, si somos cristianos, no debemos tener miedo, a manifestar abiertamente nuestra Fe.




23. Precisamente los valores cristianos, se han ido perdiendo por la vergüenza y la cobardía de aquellos que se dicen cristianos, pero que no viven consecuentemente su Fe. En cierto sentido, ha sido nuestra vergüenza y nuestra cobardía, las que han abierto la puerta, a esa degeneración que actualmente vive la humanidad.

24. Pero la vida el cristiano no se desarrolla solamente en el hogar. Por eso, otro de los campos en los que se desarrolla nuestra vida,
es el trabajo. Y ahí también tenemos que vivir, consecuentemente nuestra vida cristiana.

25. Viviremos como cristianos consecuentes, en la medida en la que hagamos presentes los valores del Evangelio, en nuestras actividades diarias. No se nos está pidiendo vivir masticando pedazos del Evangelio en la boca. No se nos está pidiendo ponernos de rodillas, al comenzar nuestras labores diarias. Lo que se nos pide es reflejar, la vida divina de la gracia en todas nuestras acciones.

26. Esta vida de la gracia la podemos reflejar de muchas maneras. Por ejemplo: a través de la servicialidad para con nuestros hermanos, ofreciendo a los demás una sonrisa, la alegría, el buen humor; ofreciendo una orientación o un buen consejo a los que lo necesitan; animar a los que se sienten desesperados; siendo puntuales, honrados, dedicados al trabajo.

27. Cristo es el Cordero de Dios que vino a quitar el pecado del mundo. Nosotros estamos llamados a continuar la obra de Cristo. Y vamos a quitar el pecado del mundo en la medida, en la que ayudemos a los demás a amarse como 
hermanos.




28. Cristo murió en la Cruz para destruir el pecado. Nosotros iremos muriendo cada día, en la medida en la que nos esforcemos por hacer agradable la vida a los demás. Nosotros podemos ir construyendo un mundo nuevo, desde el lugar en el que Dios nos colocó.

29. A nosotros se deben aplicar las palabras que nos decía hoy el Profeta Isaías, en la primera lectura: «Tú serás una luz para las naciones, para que mi salvación llegue hasta el
último extremo de la tierra.» Tenemos que ser una luz en un mundo que vive en tinieblas. Esa es nuestra misión.

30. Vamos a pedirle a Nuestro Señor, la gracia de ser fieles a la misión que nos ha encomendado, de ser los continuadores de su obra de salvación. Que sepamos ponernos en sus manos, para que la salvación llegue hasta el último rincón de la tierra.




Oración de los fieles
Sacerdote: En este domingo vemos como el Bautista da testimonio, de Jesús como Hijo de Dios, siguiendo su ejemplo, pidamos al Padre, que seamos verdaderos testigos de su Hijo.
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Sacerdote: Padre, atiende estas necesidades que tu pueblo te presenta, para que lleguemos a ser verdaderos testigos de tu Hijo. 


Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.



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