Semillas de Dios.

domingo, 5 de febrero de 2017

Febrero 5. HOMILÍA V DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A).Necesitamos ser luz, para iluminar las tinieblas que nos rodean. Necesitamos ser sal, para darle el sabor de Cristo al mundo y no nos ocultemos, porque somos una ciudad construida en lo alto del monte. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


Necesitamos ser luz, para iluminar las tinieblas que nos rodean. Necesitamos ser sal, para darle el sabor de Cristo al mundo y no nos ocultemos, porque somos una ciudad construida en lo alto del monte. Feliz Domingo.


HOMILÍA V DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A)




1. El domingo pasado, Jesús nos enseñaba cuáles eran las actitudes fundamentales que debemos tener, nosotros los cristianos para poder participar del reino de Dios. Esas 
actitudes, eran en concreto las Bienaventuranzas. Allí está compendiado el espíritu que debe impulsar, al verdadero cristiano.

2. Hoy Jesús nos invita a dar un paso más, en el camino de su seguimiento. Nos invita a considerar cuál es en concreto, la misión que tenemos nosotros los cristianos en el mundo. Y nos presenta también, por consiguiente, los peligros que podemos encontrar, en el cumplimiento de esta misión.

3. Esto nos lo explica Nuestro Señor, por medio de unas 
sencillas comparaciones, pero que están llenas de un profundo sentido. Nos compara a nosotros los cristianos con la sal, con la ciudad puesta en lo alto de un monte y nos compara con una vela encendida. Reflexionemos un poco sobre cada una de estas comparaciones.

4. La sal: Nosotros usamos la sal, fundamentalmente para dos cosas: para darle sabor a los alimentos y para evitar que los alimentos se descompongan. Todos conocemos por experiencia lo desagradable que es, comer la comida sin sal. La sal le da gusto y hace apetecibles los alimentos.

5. Para que la sal le dé sabor a la comida, es necesario que se mezcle con ella. Y al mezclarse, la sal necesariamente se disuelve y de esta manera, es como comunica su sabor a todo lo que la rodea. Si la sal no llegara a los alimentos o no les diera sabor, de nada serviría. Si la sal pierde su sabor, dice Jesús, no sirve para nada. Solamente sirve para tirarla a la calle, para que la pisoteen las personas que pasan.

6. Esta comparación nos hace ver cuál es la misión del 
cristiano en el mundo: Llenar los ambientes, en los que se desarrolla la vida de las personas, del sabor, del sentido, del espíritu de Cristo.

7. Nosotros, que nos llamamos cristianos, tenemos que vivir este espíritu en nuestra vida y también debemos comunicarlo a los demás. No podemos ser cristianos sin vivir de acuerdo al espíritu de Cristo. Pero no basta tampoco tener este espíritu: es necesario comunicarlo a los demás.

8. La presencia del cristiano, en la vida de las comunidades y de los distintos ambientes, en los que se desarrolla la vida humana debe hacerse sentir. Su influencia debe ser clara. Eso es lo que se llama precisamente la evangelización: hacer presente en los ambientes, en los que se desarrolla la vida humana, el Evangelio de Cristo, para que, actuando desde dentro de esos ambientes, los renueve y los transforme de acuerdo a los planes de Dios.



9. Pero evidentemente, para comunicar el sabor de Cristo a lo que nos rodea, debemos estar llenos de su espíritu. Porque un cristiano a medias, o un remedo de cristiano, no hace presente a Cristo en ningún ambiente. Todo lo contrario. Es una presencia vacía y muchas veces incluso, hasta contraproducente.

10. Por eso nos dice Jesús, que de qué sirve la sal si pierde su sabor. Un cristiano que no influya positiva y activamente, en el ambiente en el que vive, es un cristiano que no sirve para nada. No tiene sentido su seguimiento de Cristo. Como dice Jesús, lo único que merece es ser pisoteado por todos. Ser arrojado a la calle y ser despreciado como una cosa sin valor.

11. Este comunicar el sabor de Cristo, no lo vamos a hacer cargando la Biblia bajo el brazo, ni hablando todo el día de Dios. Lo vamos a hacer, con el ejemplo de una vida recta, digna, santa, de acuerdo a la voluntad de Dios.

12. Lo que debe ser la vida del cristiano, nos lo presentaba ya la primera lectura: parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres, viste al que va desnudo y no cierres tu corazón a las necesidades de tu prójimo. Destierra la violencia, la opresión, la maldad. Son cosas concretas que podemos designar, con un nombre muy concreto: vivir la caridad y la misericordia para con los demás. Actuar rectamente. No ajustarse a los criterios del mundo.



13. Esto debe ser para nosotros, todo un programa de vida. Tenemos que ser un ejemplo para los demás. Y este ejemplo se nota en la manera de vivir. No hay necesidad de palabras o de discursos. Porque hablar es muy fácil y no cuesta nada. Lo que de veras cuesta, es vivir como Cristo nos pide que vivamos. Eso es tener el sabor de Cristo en nuestra vida.

14. Esto nos lleva de la mano a la segunda comparación: Nosotros somos como una ciudad, puesta en lo alto de un monte. Una ciudad así colocada, no puede ocultarse ni puede disimular su presencia, ante los ojos de los que la rodean. Lo mismo sucede con el cristiano. Para bien o para mal, todos tienen su mirada puesta en él. Por esta razón no podemos ni debemos en ningún momento, disimular nuestra condición de cristianos. No solamente sería una cobardía, sino que no estaríamos haciendo aquello que Cristo nos encomendó: Ustedes serán mis testigos hasta el último rincón de la tierra.

15. Esto nos lleva a comprender, claramente la tercera comparación: Nosotros somos como una vela encendida. Nos dice Jesús que una vela, no se enciende para meterla debajo de la cama, o para encerrarla en un armario o para meterla debajo de una caja. Porque entonces no tendría sentido el haberla encendido. Una vela se enciende pero para que alumbre a todos los de la casa.

16. Lo mismo sucede con el cristiano. Nosotros en el momento de nuestro Bautismo, hemos sido iluminados por Cristo. Si nosotros escondemos nuestra luz. Si no iluminamos a los demás con el testimonio de nuestra vida, nuestra condición de Cristianos no tiene sentido. Sería algo absurdo. Entonces, ¿Para qué seríamos cristianos?



17. Por lo mismo, tenemos que ser un verdadero ejemplo, para todos los que nos rodean. Nuestro testimonio debe ser de tal manera, que anime a los demás, a alabar y glorificar al Padre Dios. Mientras nuestra manera de vivir, no sea una luz para los demás, no podemos decir que estamos viviendo como verdaderos cristianos.

18. No nos confundamos. Nosotros no podemos hacer consistir nuestra vida cristiana, en una serie de prácticas religiosas. Nuestra vida Cristiana es Vida. Y sabemos que la vida es vida, cuando se vive. Si no se vive, quiere decir que no es vida.

19. Esto nos lleva a ver claramente, que la responsabilidad que nosotros los cristianos, tenemos en el mundo es muy grande. Nosotros podemos y estamos llamados, a cambiar el mundo y el estado actual de las cosas.

20. A veces nos rompemos la cabeza, pensando qué podemos hacer para que nuestro mundo, vaya cambiando. Y nos proponemos muchas cosas que al final de cuentas, no las llevamos a la práctica. Una sola cosa tendríamos que
hacer: ser consecuentes con nuestra Fe. Somos Cristianos. Hemos de vivir, pues, como cristianos. Hemos de tomar en serio nuestra Vocación.



21. Hoy tenemos que hacer, una pequeña revisión de nuestra vida cristiana para ver, primero, si en nuestra vida existe el sabor de Cristo. Si nuestra mentalidad y nuestra manera de vivir, es auténticamente cristiana. No podremos actuar como la sal, si nosotros mismos no tenemos sabor de Cristo.

22. Luego hemos de preguntarnos, si realmente somos 
valientes, para no ocultar nuestra condición de Cristianos. Y si descubrimos que somos cobardes, preguntémonos sobre el por qué o la razón, por la que actuamos de esta manera. Porque si nosotros amamos a Cristo, no podemos avergonzarnos de Él. ¿O es que nos falta amor?

23. Finalmente, preguntémonos si es que iluminamos a los demás, con nuestra manera de vivir, con nuestro ejemplo. Nosotros los que hemos conocido a Cristo y hemos 
comprometido con Él nuestra vida, debemos ser ejemplo vivo para los que nos rodean.

24. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia, de saber vivir nuestra Fe de una manera consecuente. Que no tengamos miedo a vivir como auténticos cristianos. Que nuestro amor a Cristo no lo mostremos solamente con unas candelas, sino con el testimonio de una vida, que anime a los demás a comprometer su vida con Cristo.




Oración de los fieles
Sacerdote: Presentemos nuestras peticiones a nuestro 
Padre Dios, que es Luz y Amor, y pidamoslé por la paz y la 
felicidad, de todos los hombres y mujeres de la tierra.



Sacerdote: Padre, haz que todos los que formamos tu Iglesia, seamos verdaderos portadores de Cristo, para que todos reconozcan en Él, la Luz que el mundo necesita. 

Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


No hay comentarios: