Semillas de Dios.

domingo, 19 de marzo de 2017

Domingo 19. +++Santo del día SAN JOSÉ +++. HOMILÍA DEL III DOMINGO DE CUARESMA (CICLO A). Que Cristo nos conceda el agua viva, que le dé sentido a nuestra vida. Él es el único manantial, que puede satisfacer todos nuestros anhelos más profundos. No busquemos en otros manantiales. Feliz Domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.

Que Cristo nos conceda el agua viva que 
le dé sentido a nuestra vida. Él es el único manantial que puede satisfacer, todos nuestros anhelos más profundos. No busquemos en otros manantiales. 
                     Feliz Domingo.


HOMILÍA DEL III DOMINGO DE CUARESMA (CICLO A)


1. Para comprender lo que la Palabra de Dios nos quiere decir hoy, necesitamos recordar y darnos cuenta con toda claridad, de la importancia que tiene el agua en nuestra vida.

2. De hecho, nosotros no somos muy conscientes, de la gran importancia que tiene el agua, porque vivimos en un país en el que aún, por la gracia de Dios, tenemos agua en abundancia.

3. El agua es un elemento fundamental, que nos sirve para beber, para asearnos, para refrescarnos, para regar nuestras siembras, para generar energía.

4. Podemos decir, con toda verdad, que sin el agua no existiría la vida. Esta es la razón por la que el agua, en la vida cristiana, viene a ser un signo de vida, de gracia, de fecundidad.

5. En la Liturgia se usa el agua con mucha frecuencia. En el Bautismo, nos recuerda la vida nueva del Espíritu que Dios derrama sobre nosotros. En las bendiciones, el agua nos recuerda, la misericordia del Señor que hace fecundas todas nuestras actividades.

6. En la Misa, la gota de agua que se mezcla con el vino, nos recuerda lo insignificante de nuestras acciones, pero que, al unirse al sacrificio de Cristo, adquieren un valor de vida eterna.

7. Como podemos ver, el agua es un elemento sumamente importante en nuestra vida. Esto debemos tenerlo muy presente, para comprender lo que la Palabra de Dios nos dice hoy.

8. La primera lectura que hemos tenido, nos presentaba a los Israelitas murmurando en contra del Señor, porque tenían sed y no encontraban agua en el desierto. Era una situación angustiosa que los llevaba, incluso, a renegar del don de la libertad que Dios les había concedido.

9. Le dicen a Moisés: «¿Por qué nos has hecho salir de Egipto? ¿Para que ahora muramos de sed con nuestros hijos y nuestros animales?». Fijémonos en el detalle de que las dificultades, les llevan a olvidar lo que Dios les había dado en su infinita misericordia. Ellos solamente se fijan en el problema de la sed, pero no aprecian el don de la libertad.

10. No se dan cuenta de que la libertad, tiene sus exigencias. La libertad conlleva un riesgo. La libertad exige asumir una postura valiente. En cambio, la esclavitud es muy cómoda. Pero no tiene ningún futuro; la persona no puede tomar sus opciones. Una persona esclava se conforma, como los canarios en las jaulas, con recibir el alpiste que le dan.



11. El Señor conoce y comprende, las dificultades que sufre su Pueblo y no lo abandona. Le duele que desconfíe de su amor y de su Providencia. Pero no deja que su Pueblo muera de sed. Esta es la razón por la que el Señor, ordena a Moisés que golpeando con su vara la roca, haga brotar de ella agua en abundancia.

12. San Pablo en sus cartas, nos dice que esa roca, de la cual brotó agua en abundancia, para saciar la sed del Pueblo que peregrinaba en el desierto, es el mismo Cristo. La roca es golpeada, de la misma manera que Cristo, que sufrió la pasión y la muerte, para derramar sobre nosotros, los torrentes de la gracia y de la misericordia.

13. El Evangelio también nos habla del agua. Nos presenta a una mujer que tenía sed. No solamente sufría de la sed del agua natural, sino sobre todo, tenía la sed de algo que le diera, un verdadero valor y sentido a su vida.

14. Esta mujer, había tratado de construir su hogar y su felicidad cinco veces, y cinco veces había fracasado. Era una mujer que llevaba la amargura del fracaso en su alma. El ansia de ser valorada, como persona y de encontrar la felicidad quemaba su corazón.

15. Era una mujer que anhelaba algo, que le proporcionara la alegría de vivir, pero que no lo había encontrado. Su vida transcurría entre la frustración y la esperanza.

16. Como parte de sus actividades diarias, comunes y corrientes, la samaritana iba al Pozo de Jacob, a buscar agua para calmar la sed de su cuerpo. Pero, sin esperarlo, se encuentra con Jesús.

17. Ella no lo conoce. Es Jesús, quien poco a poco se le va dando a conocer, y le hace descubrir que hay un agua que es mucho más valiosa, y mucho más necesaria que el agua natural. Es el agua que Él nos da cuando derrama su gracia sobre nosotros.

18. Jesús, poco a poco, va llenando su alma con el agua de la gracia y transforma totalmente, la vida de esta mujer samaritana. Paulatinamente, Jesús va entrando en su corazón, hasta que ella llega a descubrir que Jesús es realmente el Mesías, el que tenía que venir a salvar al mundo.

19. Es interesante la reacción de la Samaritana, al descubrir quién es efectivamente Jesús. Nos dice el Evangelio que « la mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?».

20. Se olvida del agua que estaba buscando, porque ha encontrado la fuente, que salta hasta la vida eterna. Deja olvidado su cántaro en el Pozo de Jacob, y va a invitar a los de su Pueblo a acercarse a Cristo, en quien ha descubierto la fuente de la verdadera vida.




21. Esta historia de la Samaritana nos recuerda la realidad que nosotros vivimos. El mundo también, como la samaritana, tiene sed: busca el agua que le dé un sentido verdadero a la vida humana. Busca algo por lo que realmente valga la pena vivir. Pero no lo logra encontrar.

22. Todos nosotros, hemos sido creados para Dios y fuera de Dios, no podemos encontrar el sentido de nuestra existencia. La búsqueda y el vacío que sufre la humanidad en la actualidad, viene del querer encontrar el sentido de la vida, fuera de los caminos de Dios.

23. Porque, en realidad, el mundo es como un desierto en el que, solamente con lo material, nuestra vida no puede encontrar una verdadera plenitud. Porque nosotros hemos sido creados para Dios y solamente en Dios, es como nuestro corazón alcanzará a saciar su hambre y su sed más profunda.

24. Todos los caminos que la humanidad, intenta recorrer son caminos ilusorios. Prometen mucho y no dan nada. Ofrecen paraísos y hunden en un infierno. Solamente en Cristo, podremos encontrar el agua viva que le da sentido a nuestra existencia.

25. En nuestro peregrinar por el desierto de la vida, Cristo es la fuente de agua viva que nos sostiene, y que nos anima en nuestro caminar de todos los días. Cristo nos ofrece el agua de la gracia, a través de su Palabra y de los sacramentos.

26. Por eso es que, necesitamos alimentarnos constantemente de su Palabra y de la Eucaristía. Esto es lo que nos va a orientar en nuestra vida, y nos va a dar los criterios que necesitamos para poder enfrentar, las luchas y dificultades con las que nos encontramos diariamente.

27. Muchas veces nosotros, como los Israelitas, también renegamos de nuestra vida. Nos sentimos desfallecer ante los problemas, enfermedades, fracasos y penas que acompañan nuestro caminar.

28. La Palabra de Cristo y los sacramentos que nos ha dado, son los únicos que nos pueden animar y robustecer, en esta peregrinación hacia la casa del Padre del Cielo. Son los únicos que nos pueden sostener en el desierto de nuestra existencia.

29. Dios no nos ha dejado solos. Por eso es que nos envió a su Hijo Amado, para que en Él pudiésemos encontrar la fuerza que nos debe animar y sostener, a lo largo de nuestra vida.

30. Nosotros necesitamos del agua viva que mana del costado de Cristo. Por eso, hemos de hacerle caso a Jesús que nos invita diciéndonos: « Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba ». Y agrega: « El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé, se convertirá en él, en fuente de agua que brota para vida eterna. »



31. Esta agua la encontraremos siempre viva y fresca en la Divina Palabra. Alimentémonos, pues, constantemente de ella. Dediquemos todos los días un poco de tiempo, para meditarla despacio y sin prisa. Veremos como nuestra vida va a cobrar un nuevo vigor y tendremos dentro de nosotros, la fuerza para enfrentar las luchas de todos los días.

32. También encontramos esta agua viva en los Sacramentos. Especialmente en el sacramento de la Penitencia, que nos limpia y purifica de todos nuestros pecados, y en el sacramento de la Eucaristía que nos alimenta y nos robustece.

33. Hoy, más que nunca, necesitamos abrirnos al mundo de la gracia. No podemos pretender llenarnos solamente con lo material. Porque eso solamente nos va a dejar con la sed de lo infinito. Saciemos nuestra sed de plenitud en Cristo, que es la fuente de la verdadera vida.

34. Ojalá que nosotros, nos acerquemos a Cristo nuestra Roca y que toquemos Su Corazón con el bastón de la oración y Cristo, que es la fuente viva que siempre nos acompaña, derramará sobre nosotros, los torrentes de Su Misericordia.

35. Acerquémonos a Cristo y digamosle también, como la Samaritana: «Señor, dame de esa agua».




Oración de los fieles
Sacerdote: Acudamos a Dios que nos concede, la gracia de creer en Su Misericordia y que nos ofrece la salvación. Presentemosle confiados, nuestras intenciones y necesidades.



Sacerdote: Dios y Padre nuestro, escucha nuestros ruegos, haz que escuchemos tu voz, acojamos tu salvación y vivamos el mandamiento de La Caridad


Por Jesucristo nuestro Señor. 
Amén.


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