Semillas de Dios.

domingo, 12 de marzo de 2017

Marzo 12. HOMILÍA DEL II DOMINGO DE CUARESMA (CICLO A). En esta Cuaresma necesitamos vivir, ayudados por la gracia, una transfiguración personal, para que Cristo se transparente a través de cada uno de nosotros. Feliz Domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango .



En esta Cuaresma necesitamos vivir, ayudados por la gracia, una transfiguración personal, para que Cristo se transparente a través de cada uno de nosotros. Feliz Domingo.


HOMILÍA DEL II DOMINGO DE CUARESMA (CICLO A)



1. El Evangelio que acabamos de escuchar, nos hablaba de la Transfiguración del Señor. Parecería que es algo contrastante, el presentarnos en la Cuaresma este hecho Glorioso de la vida de Jesús.

2. Sin embargo, la Transfiguración de Cristo encierra, para todos nosotros, una enseñanza y una llamada muy importante para nuestra vida. De hecho, la transfiguración nos hace descubrir, el significado de la muerte de Cristo y al mismo tiempo nos invita a nosotros, a vivir también una transfiguración.

3. ¿Qué es la Transfiguración? Es un acontecimiento único en la vida de Nuestro Señor. Para poder comprender lo que significa este hecho, recordemos que el Hijo de Dios, al encarnarse y hacerse hombre como uno de nosotros, se manifestó, en todos los momentos de su vida, como un hombre común y corriente, de tal manera que todos los que se acercaban a Él, solamente veían a un ser humano como cualquier otro.

4. Pero Cristo, nos lo enseña nuestra Fe, no era simplemente hombre. Era en realidad, el Hijo de Dios, la Segunda persona de la Santísima Trinidad, que se había revestido de nuestra naturaleza humana. Y que se hizo hombre, de tal manera que su divinidad, en todo momento, estuvo oculta por su humanidad.

5. En el hecho de la Transfiguración, Cristo, en una visión momentánea, manifiesta, delante de sus discípulos, la gloria de su divinidad. Una gloria que las palabras humanas no pueden describir, porque va más allá de todo lo humano.



6. Por eso es que el Evangelista San Mateo, nos dice que: « A la vista de ellos, su aspecto cambió completamente: su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz.» Pero, evidentemente, la experiencia de la transfiguración, fue mucho más que un simple acontecimiento lleno de luz.

7. La Transfiguración fue un encontrarse con la realidad de la divinidad de Cristo. Les hizo descubrir que Cristo era verdaderamente el Hijo de Dios. En este hecho, Cristo les manifiesta en un instante, que Él es verdaderamente el Hijo de Dios.

8. Para nosotros, como para los discípulos, la Transfiguración de Cristo, tiene una razón de ser muy clara: el hacernos descubrir cuál es el verdadero significado de su muerte.



9. Cristo no murió simplemente, como un hombre víctima de una mera conjura humana. Su muerte no fue el simple hecho, de morir ajusticiado como un criminal. Su muerte fue en realidad un verdadero sacrificio por el que Cristo, entregando su vida, expió los pecados de toda la humanidad. Su muerte fue realmente el sacrificio que nos reconcilió, con el Padre Celestial y nos alcanzó el perdón de todos nuestros pecados.

10. Si la muerte de Cristo, hubiera tenido solamente un significado humano, en realidad, no significaría mayor cosa para nosotros. Por eso es que era necesario descubrir que Cristo se ofrecía a sí mismo, como la víctima que había de reconciliar a la humanidad con Dios.

11. Este sacrificio de salvación, solamente podía ser ofrecido por alguien que fuera verdaderamente hombre, para que pudiera morir de verdad. Pero era también necesario que, además de ser hombre, fuera Dios, para que su sacrificio tuviera un valor infinito, por el que se pudiera alcanzar el perdón de la deuda infinita de nuestros pecados.

12. Nosotros los seres humanos, somos tan limitados que, aún ofreciéndonos todos en sacrificio, no alcanzaríamos a reparar el daño, ni siquiera de uno solo de nuestros pecados.


13. La muerte de Cristo fue, pues, un sacrificio redentor, por medio del cual Cristo, nos rescató del pecado y de la muerte y nos abrió las puertas de la vida eterna.

14. Nosotros no nos salvamos por el hecho de que seamos muy buenos, sino porque Cristo al morir por nosotros, nos rescató de la eterna condenación merecida por nuestros pecados. El mérito de nuestras buenas obras, nos viene de la Gracia de Cristo, y no propiamente de las obras que realizamos.

15. Por eso es que sin el Sacrificio de Cristo, todos nosotros estaríamos condenados, aún cuando nuestra vida estuviera llena de obras buenas. El ser humano no se salva por sus propios méritos, sino por los méritos de la muerte de Cristo.



16. Los apóstoles se iban a encontrar con el escándalo de la cruz. Para ellos hubiera sido el gran fracaso si Cristo, no les hubiera hecho descubrir la gloria de su divinidad a través de su Transfiguración. Con este hecho, Jesús quería fortalecer a sus discípulos, para que ellos pudieran comprender, el verdadero sentido de Su Muerte y de Su Resurrección.

17. Para nosotros, en este tiempo de Cuaresma, la Transfiguración de Cristo tiene, además, otro significado. Es una llamada para que todos nosotros, podamos vivir también una transfiguración.

18. Recordemos que Cristo manifestó que verdaderamente era el Hijo de Dios, mostrando Su Gloria en la Transfiguración.
Ahora bien, nosotros también somos hijos de Dios. Hemos nacido a la vida divina, en el momento de nuestro Bautismo. Sin embargo, todos nuestros pecados y nuestras debilidades, ocultan y opacan esta vida divina que llevamos en nosotros.

19. Por eso es que la Cuaresma, debe ser para nosotros el tiempo en el que, apartando de nosotros todo ese lodo de pecado que llevamos encima, manifestemos delante de los demás, que verdaderamente somos hijos de Dios y que llevamos en nosotros una vida nueva.



20. La Cuaresma tiene que llevarnos a vivir una verdadera transfiguración. Tiene que encaminarnos a vivir de tal manera que, a través de nuestra vida y de nuestras obras, se manifieste que realmente somos hijos del Padre Celestial.

21. El mundo necesita descubrir, que la vida a la que Dios nos ha llamado, no es la que se desliza en medio de las inquietudes materiales de la vida. Sino que nuestra verdadera vida, es la vida de hijos de Dios, que es la que le viene a dar sentido, a toda nuestra actividad humana.

22. Nosotros los cristianos hemos descubierto, por medio de Cristo, que nuestra vida no está encerrada en los límites del tiempo y de lo material. Nuestra vida ha comenzado en el tiempo, pero se ha de prolongar por toda la eternidad.

23. Nuestros afanes no pueden ser simplemente afanes materiales, sino que todo lo que nosotros hagamos en este mundo, debe irnos preparando para la vida que no termina y que alcanzará su plenitud, en La Casa Eterna del Padre.

24. El Concilio Vaticano II nos dice, que Cristo « es aquel a quien el Padre Resucitó, Exaltó y Colocó a su derecha, constituyendolo juez de vivos y de muertos. Y que nosotros, vivificados y reunidos en su Espíritu, caminamos como peregrinos, hacia la consumación de la historia humana. »



25. Esto significa que el tiempo de la Cuaresma, debe llevarnos a vivir de tal manera, que a través de cada una de nuestras acciones, se vaya manifestando esa vida divina que recibimos en el Bautismo.

26. La Cuaresma debe impulsarnos a no vivir de una manera meramente humana, sino a vivir como hijos de Dios. Ahora bien, ¿Cómo vamos a vivir como hijos de Dios? Hay muchas formas. Cristo nos las ha señalado en el Evangelio. Por ejemplo, vivimos como hijos de Dios cuando:
> Los bienes materiales no constituyen el único afán de nuestra vida.
> Sabemos tratar con amor y con respeto, a todas las personas que nos rodean.
> Sabemos perdonar las ofensas que recibimos.
> Tenemos una sincera actitud de servicio para con nuestro prójimo.
> No hacemos acepción de personas y tratamos a todos, con el mismo amor y respeto.
> Somos misericordiosos y abrimos el corazón, a todos los necesitados.
> Nos esforzamos por vivir en paz con todos.
> No nos sentimos más que los demás, por lo que 
tenemos o por lo que sabemos.
> Vivimos en comunión con nuestro Padre del Cielo.
> Nos dejamos llevar por los impulsos del Espíritu Santo.
> Rechazamos el mal en cualquiera de sus formas.
> Somos sinceros, honrados, fieles a nuestra propia vocación.



27. Como podemos ver, hay muchas formas como nuestra vida, puede irse transfigurando para mostrar que, en verdad, somos hijos de Dios. Lo importante es ir quitando de nosotros, todo aquello que opaca esta vida divina, de modo que la luz de Cristo pueda brillar a través de nosotros.

28. Nuestra renovación en esta Cuaresma, debe llevarnos a vivir nuestra vocación cristiana en serio, de tal forma que nos transformemos verdaderamente, en una luz que ilumine nuestro mundo y que haga descubrir a todos que, el designio de Dios, es que vivamos felices en esta vida y que nuestro gozo, se prolongue por toda la eternidad.

29. Hagamos, pues, un sincero examen de conciencia, para descubrir qué es lo que tenemos que cambiar, en nuestra manera de vivir, de tal forma, que nos vayamos transfigurando y así podamos, transparentar la vida divina que hemos recibido en el Bautismo.




Oración de los fieles

Sacerdote: Elevemos nuestras suplicas a Dios Padre, rico en misericordia, y presentemosle con Fe, nuestras intenciones y necesidades.


Sacerdote: Dios todopoderoso, que por el misterio pascual de tu Hijo, nos ofreces la salvación; acoge las oraciones que con Fe te hemos presentado, y no permitas que seamos tentados, más allá de nuestras fuerzas. 



Por Jesucristo nuestro Señor. 
Amén.


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