Semillas de Dios.

domingo, 16 de abril de 2017

Abril 16.HOMILÍA DEL DOMINGO DE PASCUA (CICLO A). RESURRECCIÓN ALELUYA. Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.



HOMILÍA DEL DOMINGO DE PASCUA (CICLO A).


1. Alegrémonos hermanos, porque Cristo ha resucitado. Esta es la buena noticia que debe impregnar hoy y siempre nuestra vida. La alegría de la resurrección, no nos viene simplemente del hecho de que Jesús resucitó, sino porque esta resurrección de Cristo se convierte para todos nosotros. en la esperanza de nuestra resurrección personal.

2. La resurrección de Cristo, es la que nos fortalece y nos 
mantiene firmes en la esperanza, ya que nos hace ver que el dolor y el sufrimiento, no tienen la última palabra en la vida de las personas. Si bien nos hacen sufrir, son solamente un paso, para una vida nueva e infinitamente mejor.

3. La Resurrección de Cristo, nos hace ver las cosas de una 
manera totalmente distinta, ya que nos da la seguridad, de que aunque nos parezca muchas veces que las cosas se hunden, siempre existe la esperanza de vivir en un mundo mejor.

4. La Resurrección de Cristo, nos hace ver que el mal y que el pecado ya no tienen un poder absoluto en el mundo. Nos da la seguridad de que la muerte, ya no es el punto final de nuestra existencia.

5. Cristo Resucitado es el vencedor del mal, de la muerte y del pecado. La muerte ha perdido ya su dominio, porque Cristo al Resucitar, ha roto las cadenas, con las que tenía prisionera a la humanidad entera.

6. Durante la Cuaresma y durante la Semana Santa hemos 
meditado repetidas veces el Santo Vía Crucis. Hemos 
contemplado el largo camino que Jesús recorrió, y que terminó en su muerte y sepultura. Un camino de dolor y de sufrimiento. Un camino como el que muchas veces, nos toca recorrer a lo largo de nuestra vida.

7. Sin embargo, si la vida de Cristo, tan llena de dolores y 
sufrimientos; y si nuestra vida personal que también está llena de penas y de fracasos, terminara en el sepulcro, tendríamos que decir que la vida de Cristo y nuestra propia vida, sería 
algo absurdo, vacío y sin sentido.




8. El Evangelio que hemos proclamado en este día, abre ante nosotros las puertas de la Fe y de la Esperanza, al afirmar que nuestra existencia no termina en la muerte, porque Cristo ha Resucitado. Y todos nosotros, los que nos hemos unido a Él muriendo en el Bautismo, también tenemos la Esperanza, de participar de su gloriosa resurrección.

9. Nosotros ahora proclamamos la Resurrección de Cristo, sin embargo, llegar a la certeza de que realmente Cristo, había Resucitado, no fue un camino fácil ni sencillo. Y no fue fácil, porque significaba dejar a un lado, nuestro modo humano de pensar, para empezar a ver las cosas de la misma manera, como Dios las ve.

10. La Fe en la Resurrección comienza con un susto, con una sorpresa. Nos dice el Evangelio que « El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba.»

11. Lo normal era que el sepulcro estuviera cerrado. No 
solamente porque así lo habían dejado, sino porque además, los mismos judíos habían pedido a Pilatos, que se pusiera un pelotón de soldados, para que los discípulos no robaran el cuerpo de Cristo, y fueran diciendo después que Cristo había resucitado. Y Pilatos les dio los soldados que habían pedido.

12. María Magdalena, al ver que el sepulcro estaba abierto y vacío, hizo lo que hubiéramos hecho cualquiera de nosotros. «Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto". »

13. Simplemente les dice lo que ha visto. No interpreta ni dice nada, acerca de La Resurrección. Por eso, Pedro y Juan salen corriendo camino del sepulcro. Corren. No van a paso lento. Porque aquello es muy importante.

14. Pedro entró en el sepulcro. Y contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte.

15. Lo que vieron fue algo muy sencillo, pero para ellos cobró un significado muy especial. Dice el Evangelio « que los discípulos vieron y creyeron, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos. »

16. Vieron el sepulcro vacío y al verlo creyeron porque no había huellas de violencia. Nadie había violado el sepulcro. Nadie se hubiera llevado el cuerpo de Cristo sin las vendas y el sudario. Todo estaba en orden. Cristo había vencido las ataduras de la muerte.

17. Este hecho de la Resurrección, es el que le da sentido a toda la vida de Cristo. Y solamente cuando vemos nuestra vida a la luz de la Resurrección, es cuando también nosotros descubrimos su verdadero sentido.



18. Cristo no está en el sepulcro, porque verdaderamente ha Resucitado. Este hecho, más adelante se va a hacer cada vez
más claro. Hasta el punto de que los discípulos podrán ver, tocar, platicar y convivir con Cristo.

19. Sin embargo, tenemos que tener muy claro que la 
Resurrección de Cristo, no consistió en un volver a la misma vida que había tenido antes. Cristo resucitó, pero con una vida nueva, totalmente llena del Espíritu. Tiene todas las 
características de un cuerpo normal, pero tiene también las características de un Espíritu.



20. Cristo aparece y desaparece. Está en un lugar y puede trasladarse a otro instantáneamente. Puede comer. Puede ser tocado. Es tangible. Pero puede atravesar las paredes. Es una nueva forma de vivir. Pero es el mismo Cristo. Por eso, en una ocasión les pide que vean sus manos y sus pies atravesados por los clavos, y su costado abierto por la lanza del soldado. Las huellas de la pasión están presentes en Su Cuerpo.

21. Cristo, pues, verdaderamente ha Resucitado. Eso es lo que proclama San Pedro hoy en la primera lectura: « Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él, después de que Resucitó de entre los muertos. »

22. Pedro no habla de algo que se hubiera aprendido de memoria, sino de su propia experiencia de Cristo Resucitado. Una experiencia que Él y los demás apóstoles, proclamaron y defendieron al precio de su propia sangre.

23. Nosotros los cristianos también debemos ser testigos de la Resurrección. Porque nosotros mismos, al incorporarnos a Cristo en el Bautismo, hemos participado también de su muerte y Resurrección. Vamos a ser testigos de la Resurrección, viviendo de una nueva manera: haciendo vida el Evangelio.

24. San Pablo nos recordaba hoy, esta nueva manera de vivir que debe marcar, todas nuestras acciones. Nos decía: « Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. » Estamos en este mundo, pero no hemos de poner nuestro afán en las cosas del mundo, sino en los bienes del espíritu.

25. Nuestros intereses en la vida, deben ser muy distintos a los intereses, de aquellos que no creen en Cristo y que no han resucitado con Él en las aguas del Bautismo. Tenemos que buscar primero el Reino de Dios y todo lo demás, vendrá a nosotros como una añadidura.




26. Estamos en el mundo, pero nuestra vida va más allá. 
Estamos llamados a vivir eternamente con Cristo. Por eso nos dice San Pablo: « Pongan todo su corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra. Porque ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. »

27. ¿Cuáles son los bienes del Cielo en los que hemos de poner nuestro interés y nuestro afán? La Palabra de Dios nos lo recuerda constantemente: En primer lugar y sobre todo, hemos de buscar la Caridad. Hemos de amarnos los unos a los otros, como Cristo nos ha amado.

28. La Caridad es el tesoro más grande que nosotros podemos tener. Y juntamente con la caridad hemos de vivir con humildad y sencillez. La alegría debe marcar nuestra vida. Debemos ser misericordiosos, con todos los que nos rodean. Hemos de estar dispuestos, a repartir el perdón a manos llenas.

29. La servicialidad debe marcar, nuestro comportamiento con todos los que nos rodean. Hemos de hacer siempre el bien, incluso para con aquellos que nos han tratado mal. En una palabra, los bienes del cielo son aquellos que hacen que nuestra vida, se asemeje a la vida de Jesús.

30. Esto hará que esa nueva creación; que ese mundo nuevo que Cristo inaugura con su Resurrección, se vaya haciendo visible dentro de ese mundo viejo, lleno de maldad, de violencia y de pecado.

31. Hemos de vivir como Cristo. Esto es lo que hace que 
nosotros, nos convirtamos en luz del mundo, en levadura que transforma la humanidad y en sal, que le da su verdadero sentido a la existencia humana. Esa es la grandeza de la 
Resurrección de Cristo que estamos celebrando hoy.

32. Por eso termina San Pablo diciéndonos: « Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con Él. » La Resurrección de Cristo, nos hace ver que estamos llamados a vivir, por toda la eternidad. Y nos muestra que solamente viviendo, la vida nueva que hemos recibido de Él en el Bautismo, es como podremos llegar a vivir eternamente con Él.

33. Así, pues, llenemos de alegría nuestro corazón. Que las dificultades de nuestra vida no nos ahoguen. Avivemos nuestra Fe en Cristo resucitado. Nosotros sabemos muy bien en quien hemos confiado y sabemos que Cristo, no nos defraudará jamás porque Él es Dios.

34. Unamos a Cristo nuestra vida. Hagamos nuestros sus sentimientos. Hagamos que su reino se extienda por todo el mundo. Y que la plenitud de vida que inunda el mundo en la Pascua, llegue a todos aquellos que se debaten en el dolor, la angustia, la guerra y la violencia.

35. Alegrémonos pues, hermanos, porque Cristo ha 
Resucitado. Alegrémonos porque Cristo vive entre nosotros, y reina inmortal y glorioso por los siglos de los siglos.




Oración de los fieles
Sacerdote: Hermanos, Cristo ha Resucitado y vive para 
interceder por nosotros; por eso presentemosle confiadamente nuestras intenciones.



Sacerdote: Te glorificamos Señor y te pedimos que tu gracia 
renueve nuestras vidas, las sumerja en tu misterio, para que un día podamos disfrutar en plenitud de tu Resurrección. 



***Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.***


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