Semillas de Dios.

domingo, 2 de abril de 2017

Abril 2.Homilía del V Domingo de Cuaresma (Ciclo A). Jesús nos grita: ¡sal fuera! Hagamosle caso y rompamos el sepulcro de nuestros pecados que nos encierra, mediante una sincera conversión, para poder empezar a vivir la vida nueva que Cristo nos ofrece. Feliz Domingo.Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.

Jesús nos grita: ¡sal fuera! Hagamoslé caso y rompamos el sepulcro de nuestros pecados que nos encierra, mediante una sincera conversión, para poder empezar a vivir la vida nueva que Cristo nos ofrece. Feliz Domingo.


Homilía del V Domingo de Cuaresma (Ciclo A)




1. Faltan solamente dos semanas para la Pascua. Y conforme van pasando los días, la Liturgia nos invita insistentemente, para que nos vayamos preparando con más intensidad para vivir en serio y para aprovechar, la plenitud de vida que se nos ofrece en la Pascua.

2. El Evangelio de San Juan nos ha presentado hoy, la tercera de sus "catequesis bautismales", y esta vez lo ha hecho bajo el aspecto de la Vida. En domingos anteriores, el Evangelio de San Juan nos ha enseñado que Cristo, es el Agua viva (tercer domingo) y que es la Luz que nos ilumina destruyendo nuestras tinieblas (cuarto domingo), hoy nos hace ver que Jesús también es la Vida y la Resurrección.

3. Cristo, el Hijo único de Dios, ha querido hacerse uno de nosotros para resucitarnos, y sacarnos del sepulcro de nuestros pecados (eso es lo que se nos ha dicho hoy en la primera lectura y en el evangelio), y ha venido hasta nosotros para darnos la vida nueva de resucitados, para que ya no vivamos según la carne sino según el Espíritu (esto es lo que se nos decía en la segunda lectura).

4. Cristo no quiere que nuestra vida, se quede abandonada en el sepulcro de nuestros pecados y que se pudra. Cristo quiere que muramos a nuestro hombre viejo para, después, resucitarnos y hacernos hombres nuevos, según el Espíritu.

5. Hoy, en el Evangelio hemos escuchado el relato de la resurrección de Lázaro del sepulcro. Este hecho, marca el punto culminante de la actividad de Jesús. Es el más grande de sus milagros.



6. Mediante este extraordinario milagro, Jesús, el Señor, trata de vencer la incredulidad de los judíos. Precisamente en la batalla que se libra entre la fe y la incredulidad, Jesús nos ofrece el don de un testimonio mayor. Sin embargo, el corazón de los judíos se cierra, y en vez de abrirse a la Fe, este hecho los lleva a tomar la decisión oficial de matar Jesús y también a Lázaro, porque era el testimonio vivo del poder divino de Cristo.

7. El camino de la cruz ya está trazado. Pero, en el plan de Dios, la cruz va a ser solamente el comienzo de la exaltación y glorificación, del Padre en su Hijo amado Jesucristo. La conjura de los hombres, en el plan de la Providencia, se pone al servicio de los designios de Dios. Los enemigos de Cristo, sin saberlo, están colaborando con los designios de salvación que Dios tiene.

8. Ante los hechos que nos narra el Evangelio, surge una pregunta: si Lázaro es amigo íntimo de Jesús y Jesús es el Señor de la vida, ¿por qué Jesús permitió que muriera Lázaro y que lo pusieran en el sepulcro?.

9. Hay que tener muy claro que muchas veces, Jesús permite un mal, para que se manifieste más plenamente la gloria de Dios. Jesús no utiliza su poder divino, para evitar la muerte ignominiosa de la cruz. Por eso, Él mismo irá al encuentro de su propia muerte, por decisión personal.

10. Cristo irá en busca de su “Hora”, de esa hora que tanto lo angustiaba pero que, al mismo tiempo, anhelaba con ardor, porque iba a ser la hora de la glorificación de su Padre y la hora de nuestra salvación, mediante el Misterio de su muerte y resurrección.



11. Esta es la razón por la que Jesús no impidió la muerte de su amigo Lázaro, porque sabía que, de esta forma, iba a resplandecer la gloria de su Padre. Y de la misma manera, tampoco evitaría su propia muerte, para que el Padre fuese plenamente glorificado en su Hijo Amado.

12. Sólo muriendo por nosotros, nos sacaría del sepulcro y nos daría una vida nueva. Por eso es que la muerte y resurrección de Lázaro, constituyen un anticipo de su propia muerte y resurrección. Viendo su resurrección, los apóstoles sentirán fortalecida su fe y se prepararán, para la gran prueba de la Pasión.

13. Finalmente, Jesús también nos quiere gritar hoy a cada uno de nosotros, como le gritó en ese entonces a Lázaro: “Lázaro, sal fuera”. Sal fuera del pecado. Sal fuera de tu incredulidad. Sal fuera de tu pereza. Sal fuera de tu desaliento. Sal fuera de tu egoísmo.

14. Cristo no quiere que nos pudramos en el sepulcro de nuestros pecados, pues “la gloria de Dios es que el hombre viva”, como decía San Ireneo. Salgamos, pues, de nuestros sepulcros y veremos la luz, la vida y la resurrección de Cristo.



15. En el sepulcro sólo hay gusanos, oscuridad, descomposición, podredumbre y muerte. Y Cristo, que es el Señor de la vida, quiere hacernos participar de su vida divina e inmortal. Dios nos creó para tengamos la plenitud de la vida y no para que nos quedemos abandonados en nuestros sepulcros.

16. Por eso, meditemos un poco sobre nuestra realidad personal:
* ¿Estoy en el sepulcro del pecado, o ya he experimentado durante la Cuaresma, la vida nueva en Cristo Jesús?
* Cada vez que pecamos, ¿escuchamos la voz de Cristo que nos dice: “Sal fuera”?
* ¿Realmente creemos que Cristo es la Vida y la Resurrección, para todos los que le seguimos?

17. Dios nos ofrece, en la muerte y resurrección de Cristo, la gracia de vivir eternamente con Él. De nosotros depende, el aceptar la vida que Cristo nos ofrece, o quedarnos hundidos en la muerte y la destrucción personal.




Oración de los fieles



Sacerdote: Presentemos ahora, al Único Señor, de quien viene la misericordia y la vida, nuestras necesidades e intenciones personales.



Sacerdote: Dios de la vida y de la historia, mira con piedad las oraciones de tu pueblo, y haz que los que esperamos en Ti, nunca nos veamos defraudados. 



Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.



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