Semillas de Dios.

domingo, 30 de abril de 2017

Abril 30. III de Pascua. Homilía. Hoy se nos invita a levantar nuestro ánimo, a escuchar con atención lo que el Señor nos dice y a descubrirlo presente con nosotros. Esto es lo que va a transformar nuestra vida y nos va a convertir en testigos del Señor. Feliz domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


Hoy se nos invita a levantar nuestro ánimo, a escuchar  con atención lo que el Señor nos dice y a descubrirlo presente con nosotros. Esto es lo que va a transformar nuestra vida y nos va a convertir en testigos del Señor. Feliz domingo.



HOMILÍA DEL III DOMINGO DE PASCUA (CICLO A)




1. En su primera predicación, el día de Pentecostés, el Apóstol San Pedro nos hablaba de Jesús y hacía ver, cómo El nos manifestó su misión divina por medio de milagros, signos y prodigios. Cristo no solamente habló ni hizo promesas, sino que mostró con sus obras, que El era realmente lo que decía. Que en verdad era el Hijo del Padre del Cielo.

2. En la segunda lectura, el Apóstol san Pedro nos vuelve a hablar, y nos hace reflexionar sobre El Amor que Cristo nos tiene. Este Amor le hizo entregarse a sí mismo a la muerte, para alcanzarnos a todos La Salvación. Nosotros podemos alcanzar la salvación, gracias a que Cristo, entregó Su Vida por nosotros. Se trata, pues, de un Amor que no se queda en palabras, sino que se muestra en obras concretas.

3. Sin embargo, a pesar de que Cristo, nos ha mostrado de tantas formas su poder y su amor, constantemente nos encontramos con muchos cristianos desanimados, cristianos sin ilusión. 
Cristianos que se sienten defraudados por Cristo.

4. Y nos preguntamos: ¿Cuál es la causa de que sientan, que Cristo los ha defraudado? Y podemos encontrar varias respuestas:

* Sienten que de balde están viviendo una vida cristiana, 
porque les ha ido mal en los negocios, porque se han 
enfermado, porque tienen problemas y dificultades.

* Sienten que Cristo no les ayuda en los problemas, que no encuentran en sus oraciones, la respuesta que ellos quieren. Sienten que a veces Dios, se les oculta en el silencio.

* Sienten que de nada les sirve la vida cristiana, porque siempre andan con mala suerte, todo les sale mal, sus enemigos los están destruyendo.

5. Es comprensible que se sientan mal. Porque a nadie le gustan los problemas, las dificultades ni los fracasos. Sin embargo, hay que decirles muy claramente, que no hay razón para que se sientan defraudados por Cristo. Porque Cristo en ningún momento los ha defraudado.

6. Fijémonos bien que en ninguna parte del Evangelio, Cristo nos hace la promesa de que todo, nos va a ir bien si nosotros nos metemos en su camino. Cristo no ha prometido a nadie que va a tener suerte en la lotería, o éxito en los negocios, ni salud a prueba de bombas. Sino que todo lo contrario. Cristo a todo aquel que quiera seguirle, Cristo le ofrece la Cruz, le ofrece el ser despreciado, el ser perseguido. Y nos dice esto: “El que persevere hasta el final, [en medio de todos esos problemas y dificultades] ese se salvará”. Esto quiere decir, que el que sepa llevar con Cristo su cruz y sus luchas de cada día, ese será el que va a encontrar la verdadera vida: La Vida Eterna.

7. Esto quiere decir que somos nosotros, los que nos defraudamos a nosotros mismos, esperando lo que no debemos esperar y dejando a un lado, el camino que Cristo nos señala. El camino de Cristo es el camino de la Cruz. Y ciertamente el que quiera seguir a Jesús, va a encontrar la cruz en todo 
momento.



8. La lectura que hemos tenido hoy del Evangelio, nos presenta esta situación. Dos de los discípulos de Jesús se sienten defraudados por El. Por eso se alejan de Jerusalén y dejan a un lado sus esperanzas en Cristo. Ellos esperaban que Cristo fuera un jefe, un caudillo que liberara al pueblo de Israel, de la opresión de los Romanos. Sin embargo, Cristo murió en la Cruz y allí se les acabaron sus sueños.

9. Han oído hablar ciertamente de la resurrección de Cristo, pero no han creído, a quienes decían que Cristo estaba vivo. Ellos recorren amargados el camino a Emaùs. Pero de pronto, en ese camino, alguien, a quien ellos no conocen, se les acerca y se pone a caminar con ellos. Se une a su conversación y ellos le cuentan la causa de su tristeza y de su desánimo.



10. Ese personaje misterioso y desconocido, les empieza a hablar y les va haciendo comprender cómo el Mesías, tenía que padecer y morir, para poder entrar en su gloria. Les va explicando las Escrituras que ya anunciaban la Pasión de Cristo y les va haciendo comprender, poco a poco, cual era el plan de Dios.

11. Ellos están admirados y se encariñan con ese personaje 
desconocido, tanto es así que lo invitan a quedarse con ellos, porque ya era tarde y no era prudente caminar de noche. Ese personaje acepta y se sienta a la mesa con ellos.



12. Y aquí sucede lo inesperado. Ese personaje durante la cena, realiza unos gestos que eran muy conocidos por estos discípulos. Ellos habían visto a Jesús hacerlos muchas veces. “Tomó el Pan, lo bendijo, lo partió y se los dio”. Estos gestos eran muy simples, pero fueron los que revelaron claramente quién era ese personaje. Era nada menos que Jesús, a quien ellos daban por muerto y fracasado. Cristo estaba allí, vivo y lleno de vida. Cristo había estado todo el tiempo con ellos. Cristo no los había defraudado. Y en cuanto lo descubrieron, Cristo desaparece de sus miradas, pero permanece vivo y presente en sus corazones.



13. Ellos toman el camino de regreso a Jerusalén. Ya no les importa que sea de noche. Llevan ahora una luz que los ilumina y tienen en sus corazones, una fuerza nueva que los impulsa: La Fe Viva en la Resurrección de Cristo. Ahora han comprendido que los caminos de Dios son distintos de los caminos de los hombres. Han comprendido que nosotros, nos contentamos con las migas que nos tira el mundo y despreciamos, el banquete de vida que Dios nos ofrece por medio de su amado Hijo.

14. Nosotros, como los discípulos de Emaùs, también necesitamos descubrir esta presencia viva y real de Cristo en nuestra vida.

15. Necesitamos hacer este descubrimiento, para no 
desanimarnos ante la cruz que nos encontramos constantemente en nuestro camino, porque precisamente por el hecho de ser cristianos, nos hemos metido en el camino de la cruz.

16. La conciencia de esta presencia de Cristo con nosotros, es lo único que puede fortalecernos y animarnos, para poder luchar cada día y mantenernos fieles, en el camino de nuestra vida cristiana.

17. Nosotros no hemos de seguir a Cristo, para buscar una solución a nuestros problemas de cada día. Hemos de seguirlo:
* Porque lo amamos y porque creemos en El.
* Porque sabemos que solamente en El, vamos a encontrar el sentido de nuestra vida.
* Porque aunque aparentemente, el caminar con El no produce frutos para esta vida, sin embargo sabemos que El, nos lleva de la mano a la verdadera vida.



18. La participación constante en la Eucaristía, debe ser para nosotros una renovación permanente de nuestra Fe. Debe ser un redescubrir que Cristo, está con nosotros y que nos acompaña en cada momento. El descubrir esta presencia de Cristo en la Eucaristía, debe llevarnos de la mano a descubrirlo también, en los distintos acontecimientos de nuestra vida:
* En la caridad de los que nos rodean
* En la mano amiga que nos ayuda cuando más lo necesitamos.
* En la sonrisa que nos anima en medio de las luchas.
* En esos momentos de alegría que vienen a endulzar nuestras penas.

19. Cristo está presente con nosotros y a través de nosotros. 
Pidamos al Señor que nunca nos sintamos solos. Que no busquemos a Cristo, solamente para solucionar nuestros problemas, sino que nos pongamos en sus manos para que El realice en nosotros, esa obra de Gracia y Santidad que ha determinado, llevar a cabo en la vida de cada uno.




Oración de los fieles

Sacerdote: Dios resucitó a Jesús y Él, nos ha rescatado del pecado y de la muerte; por eso, confiadamente le presentamos nuestras intenciones y necesidades.


Sacerdote: Manifiestaté, Señor, en nuestras vidas, explícanos el sentido de las Escrituras, y ayúdanos a reconocerte, en la fracción del pan, cada vez que compartimos nuestros bienes con los más necesitados. 

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.




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