Semillas de Dios.

domingo, 21 de mayo de 2017

21 de Mayo.HOMILÍA DEL VI DOMINGO DE PASCUA (CICLO A). Cristo se despide de nosotros, antes de subir al cielo. Pero no nos deja solos. Nos promete enviar al Espíritu Santo, para que con su ayuda, podamos vivir de acuerdo a su Palabra y llevemos a cabo, la misión de anunciar por todo el mundo el mensaje del Evangelio. El Señor nos invita a ser sus testigos y a mostrar con nuestra vida, que existe un nuevo modo de vivir. Feliz Domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


Cristo se despide de nosotros, antes de subir al cielo. Pero no nos deja solos. Nos promete enviar al Espíritu Santo, para que con su ayuda, podamos vivir de acuerdo a su Palabra y llevemos a cabo, la misión de anunciar por todo el mundo el mensaje del Evangelio. El Señor nos invita a ser sus testigos y a mostrar con nuestra vida, que existe un nuevo modo de vivir. Feliz Domingo.

HOMILÍA DEL VI DOMINGO DE PASCUA (CICLO A).

1. Este domingo nos invita a prepararnos para La Ascensión del Señor. La Ascensión del Señor, es un momento importante dentro de la vida de la Iglesia, porque es cuando la Iglesia y todos nosotros los cristianos, a lo largo de todos los siglos, empezamos a llevar a cabo la misión evangelizadora que Cristo nos encomendó.

2. En esta despedida, Jesús nos da algunas recomendaciones y nos hace, algunas promesas fundamentales para que nosotros podamos continuar, su obra evangelizadora, para llevar la salvación a todos los rincones de la tierra.

3. Primeramente nos dice: «Si me aman, cumplirán Mis Mandamientos.» Esto quiere decir que la señal, por la que nosotros mismos vamos a poder darnos cuenta, de que si de verdad amamos al Señor, está en el cumplimiento fiel de Sus Mandamientos.

4. Pero debemos tener muy claro, que cuando nosotros hablamos de los mandamientos que nos ha dejado Jesús, no nos estamos refiriendo exclusivamente a leyes, mandatos o prohibiciones, sino que estamos hablando de los valores, de los criterios de Cristo que son los que han de orientar nuestra vida. Los Mandamientos de Cristo, abarcan la totalidad de sus enseñanzas.



5. Por lo mismo, no vamos a vivir como a nosotros nos guste, o vamos a hacer lo que nos resulte más cómodo, sino lo que Cristo nos ha enseñado. No vamos a acomodar el camino de Cristo a nuestro gusto o a nuestras 
conveniencias, sino que, si de veras lo amamos, vamos a manifestar a través de nuestra vida, todo lo que Él nos ha enseñado.

6. Y todo esto lo vamos a vivir, no impulsados por el miedo o por el temor de irnos al infierno, sino porque creemos en Él, porque hemos aceptado su Palabra y hemos dejado que su Amor, llene la totalidad de nuestra vida.

7. La vida cristiana, no es fundamentalmente el cumplimiento de unas leyes, sino que es la expresión del amor que le tenemos a Nuestro Señor. Este amor nos lleva a hacer vida todo lo que Él nos ha dicho. Por eso es claro lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.»

8. Este cumplimiento de la Palabra de Jesús, de Sus Mandamientos, no lo vamos a hacer impulsados solamente por las fuerzas humanas. No se nos olvide que toda nuestra vida cristiana, es obra de La Gracia. La vida cristiana es un don de Dios y, en cada uno de nuestros pasos, el Señor está con nosotros, nos acompaña y nos auxilia con La fuerza de Su Gracia.

9. Por eso es que Jesús, después de recomendarnos que cumplamos Sus Mandamientos, nos hace La Promesa del Espíritu Santo. El más grande de todos los Dones que Cristo nos envía desde el Padre. El Padre y el Hijo, envían al Espíritu Santo para que nos acompañe, en todo momento y para que podamos hacer vida La Palabra de Cristo.



10. Jesús nos explica de distintas formas, lo que significa para nosotros El Espíritu Santo. Le llama Consolador. La palabra que usa el Evangelio en griego, es muchísimo más expresiva. Le llama «Paráclito». Y con esta Palabra, nos está indicando la misión que el Espíritu Santo, tiene para con cada uno de nosotros.

11. El Paráclito es, en primer lugar un Maestro. El Espíritu Santo es quien nos lleva, al conocimiento de la verdad plena. Nosotros conocemos y hemos escuchado la Palabra de
Jesús, pero esta Palabra solamente la podremos comprender, en toda su riqueza, si somos enseñados por El Espíritu Santo.

12. Este Divino Espíritu, es quien hace que esta Palabra, resuene en nuestros corazones y nos diga algo personal e íntimo, a cada uno de nosotros.

13. Todos hemos podido tener esta experiencia: hemos leído La Palabra de Dios en nuestra casa; la hemos meditado; la hemos estudiado, incluso hemos leído algunos comentarios; la hemos compartido quizá con otras personas.

14. Sin embargo, cuando esta Palabra se proclama en la Iglesia y la volvemos a escuchar, con atención y humildad, esa misma Palabra, nos dice algo totalmente nuevo y distinto.

15. Es en ese momento, cuando podemos experimentar al Espíritu Santo, presente en la Iglesia y actuando en su Iglesia, nos habla al corazón y nos lleva a comprender de una manera más plena la Palabra de Cristo. Esa es la primera función del Paráclito: hacernos comprender la Palabra del Señor.



16. El Paráclito, también nos anima y nos fortalece en nuesras debilidades y en nuestros desánimos. Por eso, cuando en los momentos en los que vamos perdiendo el entusiasmo, por vivir nuestra vida cristiana, es fundamental 
pedir la ayuda del Espíritu Santo, porque Él ciertamente nos va a fortalecer y nos va a animar, para perseverar en el camino de Jesús.

17. Todos los grandes santos se han dejado impulsar por el Espíritu Santo. Él es quien los ha sostenido, en los momentos duros y difíciles. Y por eso es que podemos estar seguros de que Él jamás nos abandona.

18. Al Paráclito también le llamamos Consolador, porque en nuestras penas y en nuestras tristezas, inunda nuestro corazón de esos consuelos espirituales, que nos reconfortan y que nos devuelven la ilusión, en el seguimiento de Cristo.



19. Cuántas veces el cristiano se siente solo, despreciado, incomprendido, incluso por los de su misma casa y los de su misma familia. El Espíritu Santo, es quien nos reconforta, nos reanima y quita de nuestro corazón la tristeza, para que con su ayuda sigamos viviendo con alegría, nuestra vocación cristiana.

20. El Paráclito es quien nos va señalando los caminos que hemos de seguir. Esto lo escuchamos en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando se nos dice, por ejemplo, que cuando San Pablo quería anunciar el Evangelio en Asia, el Espíritu Santo se lo había impedido. Lo mismo le sucedió, cuando intentó dirigirse a Bitinia a evangelizar, tampoco se lo permitió el Espíritu de Jesús.

21. A nosotros, el Espíritu Santo, nos va guiando de muchas maneras. Y lo vemos claramente a través de la historia de la Iglesia. Cómo el Espíritu Santo la ha ido llevando, por caminos a veces completamente incomprensibles, pero que en realidad han sido los mejores.

22. Jesús afirma que el mundo, no puede recibir al Espíritu Santo, porque no lo conoce. Los criterios propios del mundo: el afán del poder, la búsqueda del placer, el materialismo, la falta de compromiso y de generosidad. son las que impiden que El Espíritu de Dios entre en el corazón de los hombres.

23. No lo puede recibir, pero no porque Dios no lo envíe, sino porque los corazones de muchas personas, están cerrados a la acción del Espíritu de Dios. Por eso es que tenemos que pedir para nosotros, y para toda la humanidad,
que nos conceda a todos la humildad necesaria, para dejarnos llevar por el Espíritu de Dios, que es el único que nos conduce a la verdadera vida.

24. Al Enviarnos Al Paráclito, Jesús no nos deja solos, sino que por medio de Él, continúa guiándonos y sosteniéndonos. Esta es la razón por la que, aunque La Ascensión de Cristo a los Cielos, nos llena de la natural tristeza de la
 separación, sin embargo, debe ser para nosotros fuente de un gozo inmenso.



25. Nosotros sabemos que Jesús, no nos deja solos y que siempre nos acompaña por medio de su Espíritu, y nos acompaña de una manera mucho más plena y total, porque ahora actúa, en cada uno de nosotros, desde lo más profundo de nuestro corazón.

26. Pidamosle hoy a Jesús que nos conceda la gracia de amarlo, con todo nuestro corazón. Que este amor nos lleve al cumplimiento fiel de su Palabra y que el Espíritu Santo que Él envía sobre nosotros, sea quien que vaya guiando día tras día nuestra vida, hasta que podamos llegar a gozar eternamente en la gloria de nuestro Padre del Cielo.



Oración de los fieles



Sacerdote: Dejemos que el Espíritu de Jesús actúe en nosotros y pidamos a Dios, por las necesidades todas la humanidad.



Sacerdote: Te suplicamos, Señor, que no nos dejes desamparados, que tu Espíritu venga en ayuda de nuestra debilidad, y que el Mandamiento del Amor que Cristo nos dejó, sea una realidad en la Iglesia. 

Por Jesucristo nuestro Señor.

AMÉN.



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