Semillas de Dios.

domingo, 14 de mayo de 2017

Mayo 14.Homilía para el V Domingo de Pascua (Ciclo A). Dejémonos llevar por Cristo y encontraremos, el verdadero sentido de nuestra existencia. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.





A pesar de todo lo que el mundo piensa, nuestra vida tiene un verdadero sentido. Jesús nos lo dice hoy, cuando nos enseña que Él, es camino que hemos de seguir para no equivocarnos, con aparentes verdades y poder así llegar a la verdadera vida. Dejémonos llevar por Cristo y encontraremos, el verdadero sentido de nuestra existencia. Feliz Domingo.










Homilía para el V Domingo de Pascua (Ciclo A)


1. Para comprender la riqueza del mensaje que nos presenta hoy el Evangelio, necesitamos mirar con mucha sinceridad y con mucha claridad, la realidad que estamos viviendo actualmente en el mundo.

2. Se trata de toda esa situación de violencia, impunidad, corrupción, explotación de las personas. El mal presente en todas partes tiene una raíz: la pérdida de los valores humanos, morales y, sobre todo de los valores espirituales.

3. De hecho, tenemos que reconocer que hemos expulsado a Dios de entre nosotros. Hemos querido vivir una falsa libertad, prescindiendo de Dios, de su Palabra, de sus mandamientos y las consecuencias las estamos experimentando, cada vez con más crudeza.

4. Estamos viviendo en la actualidad, lo que hace ya varios años el Papa Benedicto XVI, al comenzar su Pontificado, denunció como el gran peligro de nuestro tiempo: el relativismo. Quizá esta palabra no nos diga mucho, pero se está refiriendo a algo muy concreto: el mundo en la actualidad ya no cree en la verdad.



5. De hecho hoy día se niega que exista la verdad. Hoy se dice que cada quien tiene su propia verdad. Y por lo tanto, lo que para alguno es verdadero, para otro puede ser falso. Unos creen en una cosa y otros en algo muy distinto. Hoy día se dice que cada quien, puede creer lo que se le venga en gana y nadie puede decirle que está equivocado.

6. Lo mismo se puede afirmar con respecto al bien. En el mundo actual no se reconocen los límites del bien y del mal. Lo que para unos es algo bueno, resulta que para otros es algo malo. Cada quien considera bueno o malo, según su propio modo de pensar.

7. Por eso es que, para muchas personas no existe el pecado, ni la virtud. Todo depende de lo que cada quien piense. Por consiguiente, no se puede condenar a nadie. Cada quien puede hacer lo que se le venga en gana. Porque si no existe, ni moralidad ni inmoralidad. Simplemente todo es amoral.

8. Ahora bien, démonos cuenta de que, en un mundo en el que todo es relativo y en el que la persona puede hacer, lo que se le venga en gana, prácticamente la vida humana es imposible. Y de hecho eso es lo que nosotros estamos viviendo en la actualidad.

9. Este relativismo que aparentemente se queda solamente en el plano de las ideas, de hecho, en la práctica, viene a destruir toda posibilidad de convivencia humana. El ser humano se convierte en una amenaza para sus semejantes.



10. Por mucho que se diga, necesitamos tener muy claro lo que es la verdad, lo que es el bien, lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer. El relativismo jamás puede ser la norma del comportamiento humano.

11. La persona humana, solamente puede vivir como persona, en la medida en la que vive la verdadera libertad. Y una persona solamente es libre, cuando vive de acuerdo a los verdaderos valores, que son los que Dios nos ha señalado.

12. Cuando no vivimos de acuerdo a estos valores, terminamos esclavizándonos a nuestros instintos, a nuestras pasiones, a los caprichos de unos cuantos. Perdemos la verdadera libertad. Perdemos el sentido de la vida humana.

13. Esto es lo que actualmente, está conmoviendo a la humanidad entera. Esto es lo que ha venido a llenar nuestra vida, de temor y de inseguridad. Y podríamos decir que, humanamente hablando, no existe ninguna respuesta, que pueda devolverle su sentido a la vida de la humanidad.

14. Por eso es que las palabras del Evangelio que hemos escuchado hoy, son para todos, no solamente una esperanza, sino la única y verdadera solución a lo que vivimos en la actualidad. Nos decía hoy Jesús: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí.”



15. Con estas palabras, Jesús nos invita a volver nuestra mirada a Él, para encontrar la paz y la alegría. El mundo y todos nosotros, necesitamos
retomar en serio nuestra vida cristiana. Ese es el único camino por el cual, podremos encontrar de nuevo el sentido del bien y de la verdad.

16. Primeramente necesitamos creer en Dios, que no se trata solamente de una creencia, sino que significa confiar plenamente en Dios. Poner en Él la totalidad nuestra vida. Porque lejos de Dios y al margen de Él, nuestra vida pierde totalmente su sentido.

17. Luego necesitamos creer en Cristo. Aceptar su Palabra. Hacer lo que Él nos pide. El Evangelio no es un libro de cuentos o una obra de literatura. El Evangelio es el mismo Cristo, que es la Palabra Eterna del Padre, que nos lleva a la plenitud de la vida.

18. Ante la desorientación que sufre el mundo actual, y ante el desconocimiento de la Fe cristiana que sufren muchísimas personas, podemos hacer nuestras las palabras del Apóstol Santo Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber cuál es el camino?”.

19. Muchas personas, al no conocer lo que Cristo nos ha enseñado, no comprenden lo que es la vida cristiana. Por eso es que no saben cuál es el sentido que tiene la vida cristiana, ni saben hacia dónde van. Estas personas son las que a pesar de que cumplen con un conjunto de prácticas piadosas, no saben qué camino es el que tienen que seguir.



20. Jesús nos ofrece hoy una respuesta clara: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí.” Esta respuesta de Cristo despierta en nosotros una nueva pregunta: ¿Cómo puede alguien afirmar que para llegar a Dios, no hay más camino que Él?.

21. Sin embargo, Cristo no solamente hace esta afirmación, sino que los signos y milagros que ha realizado, y sobre todo el hecho de su propia Resurrección, confirman que Él no es un embustero o un desquiciado, sino que se trata verdaderamente del Hijo de Dios hecho hombre, uno con Dios-Padre, Señor de la Vida.

22. Cristo no se nos ofrece, pues, como una opción más en el mundo. Cristo no es uno de tantos caminos que nosotros podemos seguir. Nos
dice que Él es el Camino. Ahora bien, ¿qué significa que Él sea el camino para ir al Padre?.

23. Por camino, los judíos entendían la norma de conducta establecida en la Ley de Moisés. Hasta entonces el camino que conducía a la vida, era la Ley dada por Dios a su pueblo por medio de Moisés.

24. Al decirnos: “Yo soy el Camino” Jesús nos está diciendo que guardando sus mandamientos, el creyente alcanza la salvación, al entrar en una profunda comunión de Amor con Él y con el Padre.



25. De aquí se desprende que cuando Cristo nos dice. Yo soy el Camino, no se refiere sólo a sus mandamientos, sino también a su propia Persona. Él es el modelo de nuestra vida.

26. Jesús agrega: “Yo soy la Verdad”, es decir, Él es el único capaz de hablar, con toda verdad acerca de Dios. Él es el único que, viniendo de Dios, conoce a Dios y puede dar testimonio de Él. Y puesto que es el único, que posee la verdad sobre Dios, es también el único que posee la verdad completa, sobre el ser humano: su origen, su identidad, el sentido de su existencia, su destino último.

27. Finalmente, Jesús afirma: “Yo soy la Vida”, es decir, en cuanto que es el Señor de la Vida. Él es para el ser humano la razón de ser de su existencia y el fundamento de una vida que, pasando por la muerte y resurrección, se prolongará por toda la eternidad, en la comunión con el Padre Dios.

28. Mientras nosotros los seres humanos, sigamos viviendo al margen de Dios, y olvidados de Cristo y de su Palabra, seguiremos hundidos en el relativismo que le ha quitado el sentido a nuestra vida y que es lo que actualmente, está destruyendo a la humanidad.

29. Fijémonos en que en esto, no se trata de ser modernos o de ser anticuados, se trata de ser lo que somos. Como personas humanas somos imagen y semejanza de Dios. Necesitamos, pues, reflejarlo. Dios es la verdad plena. Dios es el bien absoluto. Por eso, solamente en Dios podremos saber, lo que es verdadero y lo que es realmente bueno.

30. No hagamos, pues, de nuestra vida cristiana, algo externo, como un ingrediente más en la vida. Dejemos que Cristo sea el centro de toda nuestra existencia. Tomemos en serio nuestra vida cristiana. Aunque parezca ir en contra de la corriente del mundo, regresemos a Cristo Camino, verdad y vida.

31. Dejémonos llevar por Él y veremos cómo nuestra existencia, va a volver a encontrar su riqueza y su plenitud. La verdadera felicidad solamente la podemos encontrar, en Cristo que nos lleva al encuentro del Padre, y nos comunica Su propio Espíritu, que es el Espíritu del Amor.



Oración de los fieles
Sacerdote: Sabiendo que somos hijos de Dios y miembros del pueblo que Cristo adquirió con su sangre, oremos unidos en un mismo Espíritu.




Sacerdote: Padre bueno, manifiéstate en nuestros corazones, para que, confesando nuestra fe en Ti, vivamos en tu verdad y caminemos siempre en tu presencia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


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