Semillas de Dios.

domingo, 28 de mayo de 2017

Mayo 28.HOMILÍA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (CICLO A). El Señor sube a los cielos, pero no se aparta de nosotros. Está más presente y nos acompaña de muchas maneras. Alegrémonos con su Ascensión y aprendamos a descubrirlo constantemente junto a nosotros. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


El Señor sube a los cielos, pero no se aparta de nosotros. Ahora está presente de muchas maneras, de tal manera que podemos decir que ahora, está más presente y nos acompaña de muchas maneras. Alegrémonos con su Ascensión y aprendamos a descubrirlo constantemente junto a nosotros. Feliz Domingo.


HOMILÍA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (CICLO A)


1. Hoy celebramos la Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor al Cielo. La Ascensión es, la consumación de la Resurrección. Cristo, después de haber Resucitado, vuelve a La Gloria del Padre, llevando consigo, el trofeo de la humanidad nueva en Su Cuerpo Glorioso.

2. Esta fiesta de La Ascensión del Señor, es una fiesta de triunfo y de esperanza. Es una fiesta de triunfo, porque el poder de la muerte y del pecado, han quedado derrotados. Es una fiesta de esperanza, porque a donde Cristo, que es nuestra cabeza, ha ascendido, esperamos ir a gozar también nosotros que somos sus miembros.

3. El cuerpo Glorioso y Resucitado de Cristo, es la primicia de la nueva humanidad. El triunfo de Cristo, Dios y hombre verdadero, es el anuncio de nuestro propio triunfo.

4. Cristo sube al cielo ante la admiración de sus discípulos. Nos cuenta la primera lectura que le sale al encuentro una nube, que es el signo de la presencia del Padre que acoge al Hijo vencedor que retorna a la gloria, después de haber rescatado a la humanidad, del castigo que la condenaba eternamente.


5. Sin embargo, esta fiesta, aunque nos habla del final de la misión redentora de Cristo en este mundo, no nos está hablando de un final, sino de un comienzo. Ya que con el retorno de Cristo a la Gloria del Padre, comienza el tiempo de la misión de la Iglesia en este mundo.



6. Cristo sube a la gloria de Dios, pero continúa su obra en el mundo a través de su Iglesia. La Iglesia es la presencia de Cristo en el mundo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo que peregrina en el tiempo.

7. La Iglesia continúa a lo largo de los siglos, la obra que Cristo comenzó. Más aún, es Cristo quien continúa su obra a través de su Iglesia. Todo lo que Jesús hizo y todo lo que Jesús dijo, se sigue realizando por medio de la Iglesia.

8. Por lo tanto, Cristo no solamente permanece entre nosotros acompañándonos y sosteniéndonos, en nuestro peregrinar hacia la Casa del Padre, sino que sigue estando presente en todas las circunstancias de la historia humana, para hacer llegar a todos los ambientes La Salvación de Dios.

9. La Iglesia continúa la obra de Cristo que es la Evangelización. A través de ella, Cristo continúa anunciando La Palabra de Salvación en todas las lenguas del mundo. Cada vez que la Iglesia predica, es Cristo quien sigue proclamando la buena noticia de la salvación.



10. Por eso dice Jesús claramente: « Quien a ustedes los escucha, a mí me escucha; y quien a ustedes los rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.» Lo que significa que la Iglesia no actúa en nombre propio, sino en el nombre de Cristo.

11. El perdón de los pecados, también se ofrece a todas las personas por medio del ministerio de la Iglesia. La Palabra de Cristo: «Hijo, tus pecados te quedan perdonados» siguen resonando todos los días en el mundo, ante el escándalo y el desprecio de los modernos fariseos.

12. Cuántas personas reciben todos los días el perdón de sus pecados y recobran la Paz, gracias a esta palabra de perdón que se repite incesantemente por medio de los sacerdotes. A
pesar de la debilidad humana de los sacerdotes, Cristo por medio de ellos sigue derramando a manos llenas el perdón.

13. Cristo a través de su Iglesia y de la acción de todos los cristianos, sigue consolando a los que se encuentran tristes y desanimados. Cuántas lágrimas va enjugando Cristo por medio del amor y de la misericordia, de aquellos miembros de su cuerpo que se acercan a los que sufren.



14. Cristo sigue curando, todas las enfermedades y dolencias que hace sangrar el corazón humano. No son precisamente las curaciones físicas y materiales, las que nos hablan de La Acción de Cristo en el mundo de hoy. Son las curaciones 
espirituales las que proclaman las maravillas de su poder.

15. Gracias a la palabra oportuna, de tantos cristianos que se acercan a los que sufren, muchas personas dejan a un lado los resentimientos, se reconcilian, ofrecen el perdón de las ofensas que han recibido, se animan a permanecer junto al familiar postrado en la cama o en la silla de ruedas. Es La Palabra de Cristo, pronunciada por los cristianos, la que hace que muchas personas se pongan en paz, con el prójimo y consigo mismas.

16. También es Cristo quien está junto al enfermo y al lado del que sufre, en todos aquellos que saben brindar el regalo de su presencia, o que saben ofrecer un lugar en sus hombros, para que puedan llorar y desahogar sus penas.

17. Podríamos decir, con toda verdad que por medio de su cuerpo, que es la Iglesia, que la formamos todos los que hemos sido incorporados a Él por El Bautismo, Cristo está Presente en todas partes y ayuda a todos los que sufren.



18. Para hacer más viva y eficaz su presencia en el mundo, Cristo prometió derramar sobre los cristianos su mismo Espíritu, El Espíritu Santo, para que así como el Espíritu Divino, lo
impulsó a Él hasta la entrega de su vida en la Cruz, así nos lance también a nosotros a entregar nuestra vida, por el bien de nuestros hermanos.



19. Hoy, al celebrar La Ascensión de Nuestro Señor, hemos de tomar conciencia de la misión que Cristo, nos encomendó para poder anunciar y hacer presente el Reino de Dios, en todos los ambientes en los que se desarrolla la vida humana.

20. Hoy el Evangelio nos recuerda las palabras de Cristo: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos, sean mis discípulos. Bauticenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a guardar todo lo que yo les he enseñado a ustedes. Y sepan que yo estoy con ustedes, todos los días hasta el final de los tiempos.»



21. Cristo, con la autoridad que le corresponde como Hijo de Dios, Señor y Salvador nuestro, nos envía a todos los rincones del mundo, a anunciar el Evangelio. Nosotros estamos encargados de dar a conocer a Cristo, a todas las personas de todos los tiempos y de todos los lugares.

22. Pero esto no lo vamos a hacer solamente con nuestras palabras, como quien se ha aprendido bien la lección. Hemos de hacerlo con toda nuestra vida y con todas nuestras obras.

23. Eso es lo que se nos quiere enseñar, cuando en la primera lectura se nos dice: « Ustedes serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta el último lugar de la tierra.

24. A través de nuestra vida hemos de manifestar al mundo cómo es la vida nueva que Él nos comunicó. De esta manera iremos haciendo que el Evangelio, vaya llenando la vida de
toda la humanidad.

25. Si nosotros vemos la realidad de nuestro mundo bajo la luz del Evangelio, vamos a descubrir que es mucho lo que nos queda por hacer. Más aún, cada día se hace más grande la tarea que tenemos que desempeñar, porque el mundo corre velozmente hacia una descristianización.



26. El mundo, en vez de irse acercando a Cristo, se está alejando cada vez más de Él. Y nosotros tenemos una buena parte de responsabilidad en esto, ya que no hemos tomado en serio la tarea que Cristo nos confió.

27. No podemos quedarnos indiferentes, ante esta realidad que estamos viviendo. Es necesario que todos nosotros, hagamos el firme propósito de vivir y de actuar, como verdaderos testigos de Cristo.

28. No hace falta que agarremos camino y que nos vayamos quién sabe a dónde. El último rincón de la tierra es donde nosotros vivimos. Y es allí en donde hemos de hacer presente, el Evangelio de Cristo.

29. La misión de la Iglesia, por ejemplo, se hace presente en cada uno de los hogares, en la medida en que los papás, conscientes de su vocación cristiana, evangelizan a sus hijos, con el ejemplo de su propia vida y con el anuncio del Evangelio.

30. Esta tarea se resume en dos palabras: Bauticenlos y Enseñenles, a guardar lo que yo les he enseñado. Muchos papás bautizan a sus hijos por la fiesta que van a hacer. Pero no se preocupan de enseñarles a vivir de acuerdo a la Fe, que se ha sembrado en sus corazones.

31. La humanidad del futuro, se está gestando en cada uno de los hogares. Ojalá que no vayamos preparando, una humanidad peor que la que tenemos ahora.



32. Cristo nos hace una promesa, que no debemos olvidar en los momentos difíciles: Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos.  
Por lo tanto, confiados en Su Fuerza y en Su Gracia, llevemos adelante la misión de llevar a todos, el anuncio de la Buena noticia de La Salvación.


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