Semillas de Dios.

domingo, 11 de junio de 2017

Junio 11.Homilía del Domingo de la Santísima Trinidad (CICLO A). Nunca podremos comprender El Misterio de Dios. Por eso Dios quiso darse a conocer, por medio de su Hijo Amado. Avivemos nuestra Fe, para ser conscientes, de que el misterio de Dios nos rodea, nos llena y le da sentido a nuestra existencia. Nosotros también vivimos inmersos en la Santísima Trinidad. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.



Nunca podremos comprender El Misterio de Dios. Por eso Dios quiso darse a conocer, por medio de su Hijo Amado. Avivemos nuestra Fe, para ser conscientes, de que el misterio de Dios nos rodea, nos llena y le da sentido a nuestra existencia. Nosotros también vivimos inmersos en la Santísima Trinidad. Feliz Domingo.


Homilía del Domingo de la Santísima Trinidad (CICLO A)

1. Nosotros muchas veces hablamos de Dios. Pero pocas veces sabemos realmente, de Quién estamos hablando. Porque nosotros solamente podemos hablar de lo que conocemos. Y, de hecho, estamos muy lejos, de conocer a Dios tal cual es.

2. Hay personas que desprecian a Dios, o que se burlan de Él. Afortunadamente no saben lo que hacen. Porque en realidad lo único que están demostrando al hablar mal de Dios, es su gran ignorancia. Porque si conocieran verdaderamente a Dios, no solamente no hablarían de Él de esa manera, sino que doblarían ante Él sus rodillas, en una actitud de constante y humilde adoración.

3. Muchas veces, también en nuestra ignorancia, consideramos a Dios como si fuera una persona igual a nosotros, con toda esa serie de pequeñeces, egoísmos, venganzas, desquites y defectos que nos caracterizan a nosotros los humanos.



4. Otras veces consideramos a Dios, como un ser lejano y majestuoso, pero totalmente alejado de nosotros. Tan distante que 
prácticamente, no tenemos nada que ver con Él. El Dios cósmico, que vive en las alturas del cielo y que no tiene nada, que ver con nosotros.

5. Y la verdad es que Dios, no es ni una cosa ni otra. Dios es completamente distinto. Dios va mucho más allá de lo que nosotros podemos imaginar. Dios, infinito y eterno, creador del universo, se ha hecho pequeño; se ha hecho uno de nosotros y ha querido compartir en todo nuestra vida.

6. Por eso, es que un conocimiento verdadero de Dios, únicamente lo podemos alcanzar a través de Cristo. Él es quien nos ha dado a conocer a Dios. Más aún, solamente por medio de Cristo, es como podemos conocer verdaderamente a Dios.

7. Y esto, por una razón muy sencilla: porque Él es Dios. Por eso, si nosotros queremos conocer a Dios, necesitamos acudir a Cristo. Fuera de Cristo, no se puede conocer a Dios tal como es en realidad. Fuera de Cristo, solamente podemos percibir, una pálida sombra de la grandeza de Dios.

8. Cristo nos habla de Dios constantemente. Nos lo hace conocer de muchas maneras. Nos hace conocer a Dios por ejemplo, a través de las Parábolas. Nos lo da a conocer también por medio, de los signos y milagros que realiza.

9. Jesús nos hace conocer a Dios, cuando al hablar de Él, nos lo presenta como Padre. El Padre de quien procede toda paternidad. Jesús nos habla de su Padre. Y trata a Dios, como un hijo trata a su Padre. Un padre tan íntimo y familiar que Jesús, en lengua aramea le llama Abbá, es decir, Papá o papaíto.



10. Esta revelación de Dios como Padre, fue para los Judíos algo inaceptable, porque ellos consideraban a Dios, como alguien tan lejano de nosotros y tan digno de respeto, que incluso, ni siquiera se podía pronunciar su nombre.

11. Una de las razones, por las que Cristo fue condenado a muerte, fue precisamente esta: por llamar a Dios Padre suyo; por presentar a Dios como un Padre.

12. Esta es la primera y fundamental revelación que Cristo, nos hace acerca de Dios. Y es la que marca, la totalidad de nuestra vida cristiana.
 Para nosotros, pues, Dios no es un extraño. Dios es nuestro Padre. Por eso, hemos de acercarnos a Él con plena confianza. Porque sabemos que nos ama, como nadie nos ha amado jamás.

13. Al revelarnos a Dios como Padre, Cristo, al mismo tiempo, se revela a sí mismo como el Hijo. Él es el Hijo único del Padre. Ese Hijo a quien el Padre envió al mundo, para que tomando nuestra naturaleza humana, no solamente compartiera en todo nuestra realidad humana, sino para que nosotros pudiéramos alcanzar, a través de la entrega de su vida en la cruz, el perdón de los pecados y la vida eterna.

14. Este Hijo, al mismo tiempo que nos habla del Padre, es Él mismo, la revelación del Padre. Porque viéndolo a El, vemos al Padre. Al conocer a Cristo, nosotros conocemos al Padre. Conocemos su amor, su compasión, su misericordia, su paciencia, su bondad y sobre todo su cercanía a nosotros. Por eso le decía 
Jesús a Felipe: Quien me ve a mí, ve al Padre.



15. Pero esta revelación de Dios no termina aquí. Cristo nos revela el secreto más profundo de Dios que es el Espíritu Santo. El Padre y el Hijo viven unidos en el amor. Ese amor que une al Padre y al Hijo, es tan perfecto e infinito que es una persona divina.

16. El Padre y el Hijo no pueden vivir, sin amarse el uno al otro. Y este amor que procede del Padre y del Hijo, es quien hace que siendo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tres personas distintas, sin embargo, no sean tres dioses, sino un sólo Dios verdadero.



17. Este es el misterio que nosotros estamos celebrando hoy. El misterio de Dios. El misterio de la Santísima Trinidad. Dios, que es Uno y Único, no es soledad. Dios es una Familia. Es una comunidad unida por el amor. El modelo de lo que debe ser toda comunidad humana.

18. Decimos que se trata de un misterio porque, aunque sabemos que Dios es Trinidad de personas, ya que Él se ha manifestado de esta manera, y aunque no es algo absurdo y sin sentido, hablar de la Santísima Trinidad, sin embargo, nosotros, no podemos, con nuestras pobres mentes humanas, abarcar ni 
comprender la grandeza de este misterio.

19. Nosotros creemos en el Misterio de la Santísima Trinidad, no porque nosotros lo comprendamos, sino porque aceptamos la Palabra de Cristo que nos ha querido revelar,
 El Misterio de La Intimidad de Dios.



20. Pero ser cristianos, no significa solamente creer en el misterio de la Santísima Trinidad. Nosotros los Cristianos, nos hemos 
incorporado en cierto sentido a la Santísima Trinidad, porque al ser Bautizados, nos hemos incorporado a Cristo y hemos sido hechos partícipes, de su misma vida divina.

21. Además, el Padre y el Hijo, han derramado sobre nosotros el don del Espíritu Santo, por quien nosotros podemos llamar Padre a Dios. Por eso decimos que, en cierta manera y por medio de la gracia, nosotros participamos de la vida de la Trinidad.

22. Todo esto nos recuerda que nosotros, estamos llamados a reflejar, en nuestra vida personal y comunitaria, este misterio 
Trinitario. Y la manera como nosotros, reflejamos, el Misterio de la Santísima Trinidad, viviendo en la unidad. Cuando por medio del amor, superamos todas las diferencias que existen entre nosotros.



23. La Iglesia, congregada a imagen de la Santísima Trinidad, es un misterio de unidad. Porque está formada, por una gran diversidad de personas que al integrarnos a la Iglesia, por medio del Bautismo, formamos un solo cuerpo unidos en el amor.

24. El misterio de la Trinidad, es un misterio de amor y de entrega constante. Todo lo que tiene el Hijo lo ha recibido del Padre. El Padre se refleja y se manifiesta en el Hijo. El Padre y el Hijo se aman en el Espíritu Santo, de tal manera que ninguna, de las tres personas Divinas, puede existir separada de las otras dos.

25. Del mismo modo, nosotros los Cristianos debemos vivir también, el misterio de la entrega fraterna en la caridad. El verdadero sentido de la vida cristiana, lo encontramos en el compartir los dones que hemos recibido de Dios. Cuando vivimos la unidad y la 
fraternidad, es cuando de verdad nos convertimos en testigos ante el mundo, de este gran misterio que Cristo nos reveló y que hoy estamos celebrando.



26. Vamos a pedirle a Nuestro Señor, adorar con Fe Viva este misterio de la Santísima Trinidad. Y vamos a pedirle también el saber vivir de tal manera que, viviendo unidos en la caridad, demos al mundo testimonio de esta vida divina, de esa vida Trinitaria que de la que Dios, en su misericordia, ha querido hacernos partícipes, cuando nos hizo sus hijos, en el Sacramento del Bautismo.




Oración de los fieles

Sacerdote: Señor, tú nos has revelado el misterio y la esencia de tu vida divina. Recibe misericordiosamente nuestras oraciones.



Sacerdote: Señor, entre las pocas cosas que de Ti sabemos, sabemos que Tú Eres Amor y que nosotros somos imagen tuya. Actúa en nuestra inteligencia y en nuestro corazón, para que nuestras obras nos asemejen a ti. 

Por Jesucristo Nuestro Señor. 
Amén.



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