Semillas de Dios.

domingo, 25 de junio de 2017

Junio 25. HOMILÍA DEL XII DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A). Nuestro mundo anda como anda, porque nosotros los cristianos, hemos descuidado nuestra misión evangelizadora. Todos podemos ayudar a los que nos rodean, a conocer las riquezas del evangelio. No se trata de que hagamos mucho o hagamos poco. Lo importante es que lo hagamos. El resto es del Señor. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.



Podríamos decir que nuestro mundo anda como anda, porque nosotros los cristianos, hemos descuidado nuestra misión evangelizadora. Todos podemos ayudar a los que nos rodean, a conocer las riquezas del evangelio. No se trata de que hagamos mucho o hagamos poco. Lo importante es que lo hagamos. El resto es del Señor. Feliz domingo.


HOMILÍA DEL XII DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A)


1. Una de las cosas que nos detienen en la vida es el miedo. Se dice que el miedo, es la angustia que se siente en el alma causado por un riesgo o por un mal, real o imaginario, que sentimos que va a venir sobre nosotros. Muchas veces el mal es algo imaginario. Generalmente tenemos miedo de todo aquello que no conocemos.

2. El miedo nos lleva a experimentar una sensación de inseguridad. Nos hace sentirnos amenazados hasta el punto, de perder nuestra paz individual. El miedo nos hace perder el control de nuestra acciones y muchas veces nos paraliza.

3. Nosotros los cristianos estamos llamados, a ser testigos de Cristo en el mundo. Hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio, en todos aquellos ambientes en los que se desarrolla la vida humana. Hemos de dar a conocer el mensaje de Salvación que hemos recibido de Cristo.

4. Nuestra vocación es una Vocación de Apóstoles. Solamente podremos vivir en serio nuestra vocación cristiana, en la medida en que demos a conocer a Cristo a todos aquellos que no lo conocen.

5. Solamente podremos vivir como Cristianos, en la medida en la que hagamos presente el Evangelio, en los diversos ambientes en los que se desarrolla nuestra vida. No somos cristianos solamente para prender candelas.



6. Sin embargo, de hecho, muchas veces no vivimos una vida apostólica. Y no precisamente porque no amemos a Cristo. Ni tampoco porque nos falte la fe. No lo hacemos
sencillamente porque en el fondo, tenemos miedo de la forma o de la manera, como los demás vayan a recibir la Palabra que les anunciamos.

7. Tenemos miedo de las burlas, de las críticas, del rechazo o de los ataques que podamos recibir. Tenemos miedo de que la Palabra que anunciamos, nos vaya a comprometer a vivir de una manera consecuente con lo que decimos. Tenemos miedo a fallar. Todo esto nos detiene y no nos deja cumplir, con la Misión que Cristo nos encomendó.

8. La lectura que hemos tenido del Santo Evangelio, nos presenta algunas de las enseñanzas que Jesús les dio a sus discípulos, cuando los envió a anunciar el reino de Dios.

9. Por eso vemos que Jesús los exhorta insistentemente, a que sean valientes, a que no se desanimen, a que mantengan el buen ánimo y la fortaleza. Fijémonos en el hecho de que Jesús les insiste por tres veces: «No tengan miedo».



10. Esta expresión aparece más de 142 veces, en el Antiguo Testamento, para manifestar la ayuda divina. Por ejemplo, Dios mismo le dice a Josué, cuando lo puso al frente del Pueblo de Israel, después de la muerte de Moisés: « ¡No tengas miedo ni te asustes!». Cuando Dios llama al profeta Jeremías, él siente miedo de ir a anunciar la Palabra de Dios y el Señor le dice: «Irás, y dirás todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para salvarte ».



11. Ahora bien, esta palabra de consuelo la dirige Jesús a sus discípulos, para que superen el miedo y la angustia que trae consigo, el anuncio del Evangelio, por el hecho de la persecución que muchas veces se levanta en contra de aquellos, que anuncian la Palabra de Dios.

12. En ningún momento, Jesús quiso ocultar la verdad a sus discípulos. Le hizo ver muy claramente que el anunciar la Palabra, pone al Evangelizador en una situación muy difícil. Les decía en una oportunidad: « Miren que los envío como ovejas en medio de lobos. Sean, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas.»



13. Los discípulos, durante el tiempo que estuvieron con Jesús, tuvieron la oportunidad de gozar en su compañía, de las mieles del éxito y la fama. Pero también experimentaron, muy de cerca, la amargura de la adversidad y la persecución. Eso era un anticipo de lo que más tarde, sería la vida de muchos de ellos y de otros muchos que los siguieron.



14. ¿Cómo justifica Jesús el anuncio de la persecución para ellos? La razón que les da es que ello, no pueden tener una suerte distinta a la suya: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo». Sin embargo, al parecer, los discípulos estaban acobardados y asustados, ante lo que se les venía encima. Y esto sucedía también en muchas de las comunidades, a las que Mateo dirigía su Evangelio.

15. Esta es la razón por la cual, la lectura del Evangelio, de manera insistente nos motiva, nos fortalece y nos da razones para que en medio de las dificultades, no nos desanimemos. Nos invita a no tener miedo y nos da a conocer, las razones por las que hemos de estar en paz en medio de las dificultades.


16. La primera de las razones que nos presenta Jesús, es la fuerza incontenible del Evangelio que vamos a anunciar. No se trata de nuestra fuerza personal. No se trata
de nuestros conocimientos y de nuestra sabiduría. Es el mismo Evangelio, el que tiene la fuerza para quebrar la dureza de los corazones, y entrar hasta lo más profundo de ellos.

17. Nada ni nadie podrá contra él, si es proclamado con convicción y libertad. Y para anunciarlo hay que emplear o todas las «azoteas», es decir, hay que usar todas las formas y aprovechar todos medios que estén a nuestro alcance, para difundir y comunicar el mensaje del Evangelio.



18. La Palabra de Dios, no es una doctrina secreta que solamente, puedan conocerla unos cuantos iniciados. La Palabra de Dios es el Mensaje de Amor que el Padre, dirige a toda la humanidad por medio de su Hijo amado.

19. Cristo prolonga su presencia y su acción, a través de todos los que formamos la Iglesia, es decir, a través de todos los que hemos nacido, a la vida nueva por medio del Bautismo.

20. Una segunda razón que nos da Cristo, es la fortaleza interior de los mismos evangelizadores. Podrán perseguirlos y encadenarlos; podrán matarlos, pero no podrán paralizar la fuerza de su espíritu, no podrán anular su libertad y su vida.



21. Por eso es que Jesús nos dice que no hay que temer, a los que pueden quitar la vida del cuerpo, sino a quienes pueden ocasionarnos la ruina definitiva, quitándonos la vida eterna. El hecho de vernos privados de la vida nos ofrece, incluso, el mayor de los premios y de las 
recompensas: El vivir y reinar eternamente con Cristo.



22. Tenemos a lo largo de la historia de la Iglesia, esas inmensas legiones de mártires que mantuvieron firme su fe y proclamaron la Palabra, aún en medio de las persecuciones. Incluso, aquí en Guatemala, en las diversas persecuciones que ha habido en contra de la Iglesia, han sido muchos los que sin miedo, han entregado su vida por Cristo.

23. Y recordemos que no solamente, se entrega la vida por Cristo a través de la muerte, sino a través de la fidelidad a nuestra vocación cristiana, en medio de las dificultades de todos los días. Por ejemplo, recordemos cuántas madres de familia entregan la vida, manteniéndose fieles a su Fe y a su misión como cristianas, a pesar del sufrimiento, de la pobreza, de un esposo violento y borracho, de unos hijos rebeldes y mal agradecidos.

24. Cuántos catequistas, viven generosamente su ministerio evangelizador, a pesar del cansancio, de la falta de respuesta en las comunidades, de las críticas y de las burlas. Esto es entregar la vida por Cristo. Y a todos nos dice Cristo: «No tengan miedo».



25. La tercera razón para no tener miedo, es la especial providencia de Dios, en favor de los que son enviados. La superación del miedo, se fundamenta en la confianza inquebrantable que los discípulos, deben tener siempre en Dios, a quien reconocen e invocan como Padre.

26. El cuidado que Dios tiene por sus discípulos, llega hasta extremos insospechados. Para hacernos comprender esta providencia de Dios, Jesús nos ofrece a una comparación muy elocuente: Si el Padre cuida hasta de los pájaros más pequeños e insignificantes, y tiene contados hasta los cabellos de los discípulos, por los que ni ellos mismos se preocupan, ¿cómo no va a ocuparse de sus hijos queridos que anuncian la Buena Noticia? .



27. Sin embargo, no basta con no tener miedo. El Evangelio concluye, invitando a apuntarse valientemente y con todas las consecuencias en el bando de Jesús. Las últimas palabras del Evangelio se refieren al momento definitivo, al juicio que tendremos después de esta vida. Porque no debemos olvidar que todos, hemos de presentar cuentas delante del Padre de lo que hemos hecho durante nuestra vida.



28. Jesús nos presenta un hecho bastante fácil de entender: todo aquello que suceda en el momento de la persecución, se repetirá en el momento del juicio. Es decir, los discípulos que hayan sabido dar testimonio de Jesús ante los hombres, escucharán el testimonio y la defensa de Jesús en favor suyo delante Dios. Pero aquellos que se hayan dejado dominar por el miedo y la cobardía, y le hayan negado se encontrarán con que también Jesús, los negará delante de su Padre Celestial.

29. Esto debe animarnos, pues, a esforzarnos por ser verdaderos apóstoles y testigos de Jesús. No importa que muchos nos rechacen y no quieran oírnos, porque a final de cuentas, los que salen perdiendo, no somos nosotros, sino todos aquellos que rechazan y se burlan del Evangelio.

30. El Evangelio se presenta, como una oferta y solamente aquellos que la reciban, son los que van a resultar beneficiados. Como dice Jesús: « El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. » Y lo repite en otra parte cuando afirma: « El que cree en Él, no será juzgado; pero el que no cree, ya está
juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo Único de Dios. »

31. Así pues hermanos, no tengamos miedo de hacer presente el Evangelio y sus valores en nuestros ambientes. Es una maravillosa oportunidad que Cristo nos ofrece, para colaborar con Él y al mismo tiempo es la oportunidad, de hacer posible nuestra salvación. No lo pensemos dos veces y pongámonos al servicio del Reino de Dios.



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